Capítulo II: Aquí termino
Entro y remojo sus labios pasando la lengua por ellos. Sentía que el corazón se le quería salir del pecho. Kagome Higurashi había despertado en él, el deseo de hacerle el amor incontrolablemente a una mujer sin importar el lugar o la hora. Con un demonio, eso solo le podía pasar a él.
Vio como Inuyasha le hacia señas para que tomara su lugar en la mesa principal. Se acerco rápidamente y para su desgracia le había tocado al lado de Kagome. – Genial- pensó
Atención- dijo Inuyasha levantando su copa y agudizando su garganta. Le tomo un poco de tiempo a los presentes de dejar de hacer lo que hacían para dirigir su atención al apuesto Inuyasha Taisho.
Primero que todo- dijo el acomodando el cuello de su camisa- quiero darle las gracias a todos por asistir a lo que será hoy la cena de compromiso entre la mujer más hermosa que he podido conocer y yo. Giro su mirada y le tomo la mano a Kagome para que se levantara- Kagome Higurashi ha traído a mi vida seguridad, alegría y sobre todo mucho amor y ganas de vivir. – Inuyasha no pudo evitar sentir un aire de superioridad ante las miradas de todos los hombres presentes en la sala.
La fecha de la boda aun no está definida, pero me alegra saber que tanto como yo, Kagome quiere que sea lo más pronto posible. Y como muchos otros sabrán, la unión de las dos familias, será beneficiosa para ambos imperios. – Inuyasha levanto su copa en el aire.
Ahora para terminar este brindis. –Inuyasha hizo una pausa al escuchar el sonido de unos tacones acercándose a la mesa principal. Sintió sus manos helar y miro a Kagome quien aun sonreía esperando que terminara su discurso.
Inuyasha intento continuar pero el miedo le hizo un nudo en la garganta cuando vio aquella figura femenina parada en el centro del salón con un vestido rojo y un sobre en sus manos. Intento aflojar la corbata.
No te atrevas a anunciar tu matrimonio con ella- dijo la mujer que estaba a su lado mientras el posaba besos en sus hombros.
Entiende Kikyo- dijo Inuyasha alejándose un poco- lo que tú y yo tenemos solo son buenos momentos. Kagome es la mujer para mí. – dijo el intentado no sonar como un cínico.
Si tan mujer es- dijo Kikyo- ¿Qué diablos buscas en mi?- le pregunto
Ya te dije- Inuyasha se puso de pie y empezó a cambiarse- Kagome es especial, linda, inteligente. Tú y yo bien sabemos que mi familia nunca te aceptara. Tú solo eres una empleada mas de mi padre mientras Kagome es la heredera al imperio Higurashi.- esa era la verdad.
Kikyo arrugo el entrecejo y apretó los labios con tanta fuerza que palidecieron.- tú anuncias tu matrimonio con ella y te juro que Kagome Higurashi desaparecerá de Tokio. – Inuyasha la miro con desprecio y con un movimiento brusco cerró la puerta del cuarto y se fue.
Inuyasha- dijo la mujer sonriendo.- Kagome-
Inutaisho miro a Kikyo con sorpresa- Kikyo permíteme recordarte que Inuyasha como mi hijo es tu jefe y te debes referir a él con respeto.
Kikyo solo sonrió. – con su permiso señor Inutaisho. Pero Inuyasha es para mí más que el hijo de mi jefe. – podía ver la confusión en los ojos de los presentes. Pero sobre todo, la de Kagome.
¿Qué haces aquí?- le pregunto Inuyasha intentado esconder el miedo y el temblor de su cuerpo en el tono de su voz.
Mi nombre, para los que no me conocen, es Kikyo. – Aclaro ella- llevo trabajando para la familia Taisho casi cinco años. Y en ellos tuve el placer de toparme con el menor de los herederos quien me dio más que un puesto de trabajo. Me dio su cama. – sonrió al ver como Kagome giro su mirada a Inuyasha buscando una explicación.
Kikyo acerco a la mesa el sobre que tenía en sus manos. – Es una pena- dijo intentado ocultar el brillo de sus ojos- que el día que se supone debía ser uno de los mejores de tu vida, te enteres que tu novio te engaña con otra mujer. – Kagome saco las fotos que habían en el sobre y las miro aterrada. Inuyasha intento arrebatárselas de las manos, lo menos que quería era que Kagome lo viera besándose con Kikyo en los distintos viajes de negocios a los que había asistido.
Inuyasha- dijo ella mirándolo o intentando hacerlo tras la cortina de lágrimas que sus ojos intentaban contener. – Kagome puedo explicarlo- dijo el mirándola con dolor. – solo dame unos minutos.
Escucho a Kikyo reír- unos minutos tomo lo que me hiciste en el jardín hace unas horas. – y le guiño el ojo.
Kagome dejo las fotos en la mesa y se disponía a salir del salón cuando un sonido ensordecedor le pego en los oídos y un dolor en la cabeza la hizo perder el equilibrio. Sesshomaru se puso de pie para ayudarla a caminar. Estaba fría, como un muerto. Tenía los labios temblorosos y los ojos rojos. Y el casi no podía contener las ganas de matar a Inuyasha a golpes.
Sácame de aquí- le pidió Kagome y en un segundo todo quedo en negro.
Cuando despertó, aun podía escuchar aquel chillido en sus odios que la dejo sorda por unos momentos. Se sobo la frente y soltó un suspiro. Miro a su alrededor y el cuarto en donde se encontraba se le hacía desconocido, entonces escucho voces provenir de afuera. Debía estar en alguna de los cuartos de la mansión Taisho.
Inutaisho abrió la puerta con cautela. Lo miro confundida. Parecía que le hubieran caído quince años en una noche al señor. Se acerco a su cama apoyándose al bastón que traía que más manos y los dos quedaron en silencio.
¿Cómo te sientes?- pregunto sin mirarla a la cara.
Bien- dijo ella controlando su respiración. Ahora podía recordar el porqué fue a parar a esa cama.- Inuyasha- susurro.
El está abajo, disculpándose con los invitados y enviándolos a casa- dijo Inutaisho – la vergüenza que nos ha hecho pasar esta noche es insoportable.
Kagome torció la boca y pudo sentir como con cada recuerdo de lo que Kikyo dijo el corazón se le agitaba con violencia. – y ella, ¿Dónde está?
Kikyo desapareció del salón cuando Sesshomaru te subió al cuarto. Todos afuera están muy preocupados. No me atrevo hablar con tus padres aun. –Vio como Kagome empezó a jugar con las sabanas.- ¿Qué pasara ahora?- le preguntó
Kagome lo miro, y por primera vez sintió odio y ganas de golpear a alguien. –Inuyasha y yo no nos casaremos. – Dijo ella tragando fuerte- y en cuanto a los imperios. No quiero ninguna asociación con el suyo.- soltó todo el aire que había retenido-
Pero- intento argumenta Inutaisho- no digas mas padre- escucho una voz detrás de ellos- Kagome está en todo su derecho de cancelar el acuerdo de fusión entre los dos imperios. En cuanto a su boda con Inuyasha, sería lo más prudente.- Sesshomaru tomo un buen bocado de aire antes de proseguir.
¿Por qué sería lo más prudente?- pregunto Inutaisho-
Kikyo está embarazada. Tiene un poco más de 3 meses. Los resultados estaban en el sobre con las fotos de…- Sesshomaru hizo una pausa y trago – de las aventuras de Inuyasha. – detestaba ser el portador de malas noticias. Y mucho más si era él, el que tenía que rendir cuentas por las estupideces de su hermano. Los ojos de Kagome se cristalizaron y antes de que ella pudiera llevar sus manos a la cara, las lágrimas ya corrían por ella.
Lo odiaba, lo detestaba con todas sus fuerzas. Inuyasha solo le había mentido y jurado amor eterno mientras se revolcaba con otra. Miro sus manos, las venas se le marcaban con violencia de la fuerza que ejercía contra la sabana y le dieron ganas de rasgarla.
Inutaisho se llevo la mano a la frente y sacudió su cabeza, esto tenía que ser una maldita pesadilla. – Se pueden retirar- dijo ella sentándose.
Inutaisho intento decir algo pero una mirada de Sesshomaru lo hizo callar al instante y se apresuro a salir del cuarto. Tenía una cuentas que saldar con Inuyasha.- tú también – dijo ella en tono bajo ahogándose con un hipo.
Necesito que firmes estos papeles- dijera él, extendiendo las hojas y una pluma. Se dejo caer en la cama con pesadez y la miro con tristeza.- ¿Cómo te sientes?- le pregunto sabiendo aun que la respuesta era más que obvia.
¿Cómo crees?- le pregunto ella. –siento que Inuyasha me jugo todas las cartas de la baraja. Siento que me han quitado toda la felicidad y solo siento ganas de gritar y llorar y golpear todo a mi paso. – Kagome se ahogaba en los sollozos. – me siento hasta con ganas de morir.
Estiro su mano hasta el bolsillo de su saco y le entrego un pañuelo. – te ves mejor sin lagrimas en la cara- dijo el sonriendo de medio lado. Tomo el pañuelo y se seco las lagrimas lo mas que pudo y apenas podía leer la letra tan pequeña de los papeles- ¿Qué es esto?-
Inuyasha y tú compartieron muchos bienes mientras estuvieron comprometidos. Una de las clausuras de los contratos que firmaron al obtener propiedades nuevas era que gran parte de estas pasarían a tu poder si en cualquier momento el compromiso era terminado por algo que pasara con Inuyasha, a Inuyasha, o por Inuyasha. Supongo que tu abogado carga esto a todos lados. Porque hace menos de una hora llego con maletín en mano y con esto para que lo firmaras.
Kagome torció la boca. Firmo sin mirar y a letra torcida. – Ya te puedes ir-dijo – odio que me vean llorar.
Sesshomaru soltó un suspiro y no dijo más. Tomo los papeles y salió del cuarto tan rápido como pudo.
Debían ser un poco más de la media noche. Se levanto de la cama y miro su reflejo en el espejo de la puerta. El cabello enredado. El vestido arrugado. Descalza y sin ánimos de nada. Tenía la boca seca y los ojos hinchados de tanto llorar. Abrió la puerta con rapidez y bajo las escaleras tan rápido como pudo. La mansión estaba a oscuras. Solo ella rondaba los pasillos de la casa en busca de sus cosas. No quería estar ahí otra noche más. Encontró sus bolso y sin pensarlo decidió irse con unos zapatos de Sango puestos. No le importaba nada y sin ponerle atención al sonido de la alarma de la puerta, la abrió, salió y la cerró.
Sesshomaru aun estaba en su cuarto leyendo unos papeles del trabajo. O por lo menos intentándolo. Aun no podía sacar de su mente el fiasco en que había terminado la fiesta y menos aun la cara de Kagome ante todo lo ocurrido. Arrugo una de las hojas y la dejo caer al suelo. – maldito Inuyasha. – murmuro. Se asomo por la ventana de su cuarto y apoyo la frente en ella. Igual que tanto le afectaba. No era problema de él ni mucho menos tenia porque sentirse tan mal al respecto. Le estaba dando más importancia de la que necesitaba.
Una figura corriendo en los jardines frontales hacia la rejas hizo que su pupila de dilatara. Y solo pudo salir corriendo.
Hacia un frio endemoniado esa noche y ella con un simple vestido. Tenía las manos y los pies adormecidos pero ella estaba determinada a llegar a aquel local donde Inuyasha la llevaba cuando querían escapar de sus compromisos sociales. Ahí le darían ayuda para llamar a su casa y que fueran por ella. Pero con un diablo sentía que estaba caminando en la dirección opuesta. Vio varia luces de carros venir en su dirección pero no les puso atención hasta que uno de ellos se detuvo frente a ella. Entonces lo vio salir. Sesshomaru estaba ahí con un abrigo medio puedo y el pecho descubierto. El cabello despeinado y podía ver el miedo en su cara.
¿Qué piensas que haces Kagome?- saliendo del carro solo tuvo que dar unos cuantos pasos para quedar a su lado.
No quería estar en tu casa- dijo sin mirarlo.- quítate, necesito llegar a un lado.-
No vas a llegar a ningún lado así- dijo el agarrándola de las manos- con un joder te estás congelando del frio y buscando una mala hora en estas calles. –
¿Y qué te importa a ti?- le dijo ella con amargura. – tú no sabes lo que siento en estos momentos. Tú no sabes que es que la persona que más ames te traicione como lo hizo Inuyasha. Tú sabes que es saber que el amor de tu vida, le declara amor a otra y le deja un hijo. – ahora si lloraba. Lloraba con ganas, lloraba y se ahogaba entre palabras. –y yo de estúpida, creyendo que Inuyasha no me hacía el amor, porque decía que lo propio era llegar al matrimonio. – Kagome le dio un golpe al pecho de Sesshomaru, y otro, y otro más… y solo se detuvo cuando Sesshomaru la rodeo con sus brazos. –Maldito hipócrita- susurro.
Yo sé que no lo sé- dijo el intentándola arropar un poco con su abrigo.- yo se que Inuyasha te lastimo pero no por el tienes que hacer esto. – Sesshomaru le levanto el rostro. – Inuyasha hará su vida con otra mujer que no desea a su lado y tú deberás seguir con la tuya y olvidarte de él.
Lo haces sonar tan fácil- dijo ella aun llorando y con el entrecejo arrugado.- pero tú no sabes que es amor.
Si lo sé- dijo el mirándola con ternura. – porque alguna vez lo experimente con Kagura y ahora solo quedan los recuerdos y que queme en el infierno pero desde que te vi en el jardín no he podido dejar de sentir atracción por ti. Kagome por los dioses, me sentí atraído a la futura esposa de mi hermano y mi desgracia hubiera sido tener que convivir contigo y no poder hacer nada.
Mientes- dijo ella empujándolo en un intento fallido. – mientes, solo me das palabras de consuelo porque sientes lastima por mi- lo acuso.
Soy un hombre directo Kagome- dijo el- y no tengo por qué mentir.
Kagome trago en seco. Ahora si tenía la vida hecha. Primero Inuyasha la engañaba con Kikyo y ahora tenía al hermano diciéndole que sentía atracción por ella.
Te llevare a tu casa- dijo él y con el cansancio que tenía ella solo se dejo llevar por él.
Cinco años desde la separación de Kagome e Inuyasha habían pasado. Y ella estaba fuera de Japón. Gracias al imperio que heredo de sus padres era una de las mujeres más poderosas de Europa y sus negocios prosperaban. Pero lo que no prosperaba era el corazón.
Recordó a Inuyasha- su hijo ya debe tener cinco años- murmuro.
¿Qué hijo?- le pregunto la voz de su asistente. – nadie Ayame. No seas metida- le dijo sacándole la lengua.
Pensando en los Taisho- concluyo. La vio arrugar la frente y sabia que le había atinado a la respuesta. –O en Sesshomaru- y la vio saltar de su silla. ¡Bingo!
No digas tonterías. – dijo Kagome intentando mantener la calma. Sesshomaru y yo solo somos conocidos.
Si claro- dijo Ayame burlándose. – venga que conocido que te ha tenido suspirando cinco años y cuando lo ves en los eventos te tiemblan las piernas. –
Creo que necesito una asistente que sepa menos- dijo Kagome dándole una mirada matadora a Ayame.
Si mal no recuerdo tu no es que hayas ido en malos términos con Sesshomaru. Aunque Inuyasha sea un caso aparte. Sesshomaru tampoco puede esconder que cuando te ve parece que le adornaran el mundo con luces y dulces. – Ayame le paso unos documentos de contabilidad. – de hecho, al único que maldices de esa familia es a Inuyasha. Y con toda razón.
Ya no digas mas- dijo Kagome. – ellos no son nada para mi
¿Ni después del beso?- le pregunto Ayame, viéndola tragar en seco. Vale que hoy le hubiera a dado a todo.
Ya te dije que no- Kagome sintió una corriente helada pasarle por la espalda. – además esta Bankotsu que me ha ayudado mucho y estoy decidida a darme una oportunidad con él.
Áyame soltó una risa – pobre Bankotsu ni lo quieres- dijo
Si lo quiero- dijo- solo que no es fácil superar lo que Inuyasha hizo ni amar sin confiar a ciegas como lo hice una vez. Tampoco es fácil amar después de haber estado tan enamorada.
Enamorada de ¿Inuyasha o Sesshomaru?- pregunto Ayame.
Kagome guardo silencio. Áyame siempre encontraba la forma de ponerla entre la espada y la pared cuando hablaban de lo ocurrido.
Y bien, ¿de Inuyasha o de Sesshomaru?- pregunto de nuevo.
¿Está todo listo para el viaje a Japón?- pregunto intentando cambiar el tema.
Ayame arrugo los ojos. – sí. Todo está listo. Solo falta que decidas la hora del evento de caridad- comento y tomando los libros de contabilidad salió de la oficina.
Kagome soltó un respiro de alivio. Con eso la había hecho dejar el tema. Se arreglo el cabello un poco y vio un mensaje de Ayame en su bandeja de entrada. –Si acaba de salir de aquí- pensó Kagome. Abrió el mensaje y arrugo el entrecejo. Maldita Ayame!- salió de la oficina caminando rápido aun recordando lo que le escribió.
Y bien. Enamorada de quien ¿Inuyasha o Sesshomaru?
Ayame Toikio
