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Aquí y Allá, Inseparables

Colección de drabbles y viñetas Iwaizumi x Oikawa

Disclaimer: personajes no son míos


II. Alambres
Summary: Iwaizumi se encarga de las tareas sucias

Iwaizumi era, por iniciativa propia, quien tomaba las decisiones. Todas. Las arriesgadas, las absurdas, las necesarias, y las urgentes. La que estaba por tomar era, tal vez, una mala decisión. Mala en un sentido ético. En la práctica, era lo mejor que podía hacer.

—Manos a la obra —murmuró y tronó sus dedos vendados.

Se consiguió con la amiga de una amiga el horario de la ex, esa presumida de la falda corta que jamás le cayó bien, y cuando ella estaba en gimnasia y él en matemáticas, Iwaizumi pidió permiso para ir al baño y, con disimulo, guardó en el bolsillo del pantalón un alambre delgado.

Oikawa, quien moqueaba cabizbajo, ni se enteró.

Los pasos de Iwaizumi apenas se escucharon sobre el suelo de baldosas ajedrezadas. Pero en lugar de doblar a la derecha para ir a los baños, sus pies bajaron uno por uno los escalones de cemento hasta el segundo piso, el primer piso, la planta baja, y luego, ingresó en el pasillo de las taquillas. Era él contra el tiempo, y sin embargo, actuó calmado.

Cuando las chicas tienen gimnasia, suelen dejar la bandolera en las taquillas. En la correa de las bandoleras, hay quienes cuelgan muñequitos y llaveros para adornar un poco y darle personalidad a lo que no tiene sentido que sea distinto. Y esos muñequitos y llaveros, a veces, son regalos de sus novios, o en su defecto, de sus ex novios.

Iwaizumi buscó entre sus ropas el pedazo de papel donde le garabatearon los ideogramas del nombre de la ex, y con sus dedos vendados, fue pasando por las etiquetas de las taquillas hasta llegar a aquella que coincidía con el nombre que buscaba.

Se giró para corroborar que estaba solo.

Lo estaba.

Entonces sacó el alambre del bolsillo y lo introdujo en la cerradura de la taquilla.

Y en algún momento, sonó clic.

Quince minutos más tarde, Iwaizumi llegó al salón. Veinte minutos después, Oikawa recibió el estúpido llavero de alien por el que tanto había llorado. Iwaizumi no le miraba a él.

—No puedo estar siempre recuperando tus cosas. Tus novias solo te duran dos días, deberías saberlo ya.

—¡Esta vez sentí que iba en serio! ¡Lo prometo!

Iwaizumi no se lo discutió ese día. Mejor burlarse después, cuando estuviese más animado.

—¡Nos íbamos a casar! —insistió Oikawa.

No se iba a burlar, pero por si acaso, le dio un cabezazo que los mareó a ambos. Y aunque Oikawa nunca le dio las gracias de manera formal, ese día pagó él el ramen de cerdo de Iwaizumi, y al siguiente dejó su llavero en la taquilla de su amigo. Porque Oikawa, también guarda alambres en sus bolsillos.


Notas: dedicado a quienes rompen con sus novias/os, a los que hacen lo que sea por subir los ánimos, y a los que guardan alambres delgados en sus bolsillos solo por si acaso. A los que se escabullen del salón de clase, y a Oikawa por tener llaveros de otro mundo. Japiera.


Disclaimer adicional: esto de las dedicatorias al final del capítulo, no es original mio. Se lo vi a una genial escritora de fic de otro fandom, y como los jazzistas, decidí incorporarlo en este. Asondomar, qué probabilidad hay de que leas esto no sé... pero que sepas que eres grande. Mucho muy muy.