Capítulo 2
No podía. No podía traicionar a su amigo. A su mejor amigo. A su casi único amigo. Pero él todavía no había hecho nada, y Ron ya lo odiaba. Él no tenía la culpa de lo que sentía Hermione, pero se sentía muy querido por la chica. Esa mirada abrasadora que le proporcionaba cuando él se había quedado sin palabras ante la belleza que descubrió en un instante... Ante la belleza, que si dejaba escapar, no se lo perdonaría. Nunca podría estar con otra mujer u otra chica, nunca. Habiendo conocido a Hermione, nada mejor podría pasarle en la vida. Era afortunado, sí. Y podía conseguir cuanta mujer pidiera. Pero no era lo mismo. Nada era lo mismo con Hermione mirándolo de esa manera...
-¡¡Harry!! –exclamó comenzando a enfadarse Hermione-. ¡Harry, ¿vas a decirme qué te pasa?! Hace tiempo que estás así, y aún no me dices que pasó. ¿Qué dice la lechuza? –lo zarandeó de un hombro, y logró sacar a Harry de su ensimismamiento.
-¿Eh? –preguntó él, atontado.
-¡Olvídalo! Jamás me prestarás atención –dijo dándose vuelta. Le dio la espalda. Eso fue lo único que logró que Harry volviera totalmente a la realidad. Pero al mismo tiempo viéndola allí, de espaldas, con el pelo hacia un costado dejando al descubierto parte de su cuello que luego era tapado por la túnica del colegio... No quería volver a la realidad. Amar a Hermione en silencio era lo más hermoso que le había pasado en su vida. Lo mejor. Más que destruir a Lord Voldemort. Mucho más. Al verla, sus problemas se minimizaban a un punto increíble. Y no quería dejar de observarla. El pequeño y discontinuo sollozo de la chica hizo que bajara de su nube. Que bajara para seguir observándola, para seguir acariciándola con la mirada, al paso que se acercaba.
-Hermione, yo... –aún tenía el pergamino que le había entregado Pigwidgeon en la mano. Lo observó con la luz de la luna alumbrándolo. Ron se había arriesgado a lo peor. Él no jugaría sucio. Si tenía que dejar a Hermione con Ron, lo haría. Pero no iba a hacer como que no había leído la carta. Es más, si era necesario se lo diría-. Hermione...
-¿Qué? -dijo ella, aún de espaldas.
-Te llegó una carta –sentenció extendiéndole el pergamino. La chica lo tomó rozando la mano de Harry. Él se ruborizó y le sonrió a su amiga. No sabía cuál sería su reacción al leer el trozo de papel mal cortado.
Hermione no parecía entender del todo las palabras que le obsequiaba Ron a través de un papel. Y menos parecía entender la actitud de Harry, quien se acercaba a ella, un poco más decidido.
-Hermione yo... lo leí –dijo con una pequeña sonrisa.
-Ah... –dijo Hermione sin saber qué decir al respecto-. Y...
-No me había dado cuenta hasta ahora pero yo... yo... yo te quiero Hermione –declaró asustado.
-¿¡Qué?! –había esperado tanto tiempo para eso... Pero después de la carta de Ron, las cosas no eran lo mismo. Esperaba poder hablar con él, y convencerse de que Harry no le convenía. Pero ahora el chico se le declaraba...-. Harry... Harry yo...
-Lo sé. Tenemos que hacer algo con Ron -ella asintió sonriente. Si convencía a Ron, podría hacer lo que siempre había querido. Harry...
-¿Se te ocurre algo?
-Ni idea. La verdad es que él piensa que a mí... -suspiró confuso-. Cree que me gusta Cho Chang. Ella solo es... bueno, tú sabes que estuve con ella en quinto. Pero a ustedes dos les aclaré que nada me pasaba con ella después de eso... Cho es solo como un... pasatiempo arruinado.
-¿Arruinado? –preguntó al oír con atención, las palabras del que, quería, fuese algo más que su amigo.
-Sí... no lo sé –sonrió-. La verdad es que hace días se me está dando... más por Ginny que por Cho. Pero realmente no me gusta ninguna de las dos. A Ginny la aprecio sí, pero es algo más como una hermana menor.
-¿Y ahora? ¿Hay alguien que te guste? –preguntó decidida a escuchar una buena respuesta. Lamentablemente no la obtuvo.
-¿A ti? ¿Te gusta alguien?
-Te quiero Harry –dijo ella sonriendo, y entrelazando sus manos alrededor del cuello de Harry.
-Y yo te amo, Hermione –respondió él, tomándola de la cintura.
Se besaron. Ninguno podía soltar al otro. Ninguno se sentía capaz de separar los labios. Ninguno estaba preparado para separarse del otro y afrontar la realidad. Ninguno quería afrontar que no debían estar juntos. Ninguno quería traicionar a Ron. Ninguno.
-No nos queda mucho tiempo –dijo Hermione soltando a Harry al escuchar un ruido proveniente de la escalera más cercana-. Vamos Harry. Apurémonos –dijo comenzando a ponerse nerviosa. Igual no pudo evitar sonreírle a Harry-. Luego hablaremos de esto.
-De acuerdo. Accio mapa del merodeador –el vidrio, intacto, aún se mantenía en a un costado esperando a recibir la orden para volver a su lugar. El mapa llegó volando. Ambos estaban listos para subirse a la Saeta. Así que Harry le estrechó una mano a Hermione para ayudarla. Antes de subirse, ella le dio un cálido beso. Pero ese beso fue interrumpido por algo...
Un golpe sordo y seco los interrumpió. Alguien estaba del otro lado de la puerta, y ellos no pensaban quedarse por mucho tiempo para averiguarlo. Ambos se subieron a la escoba, y Harry emprendió vuelo hacia la noche.
-Espera un minuto –rogó Hermione alzando su varita. ¡Por supuesto! Casi se olvidaba del vidrio...-. Reparo –susurró Hermione apuntando a la ventana, mientras Harry viraba bruscamente para acercarse un poco más-. Lo haces bien –declaró Hermione sujetando la cadera de su compañero para no caerse.
-Abre el mapa –dijo él con una sonrisa. Nada lo reconfortaba más que recibir halagos por su forma de volar.
-Es que aún no me enseñas cómo se usa esto –se disculpó ella tomando el mapa, con seguridad, en las manos. Harry descansó en el aire. Se volteó, sacó su varita y dijo:
-Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas –la misma lectura de siempre se alzó en el pergamino.
"Canuto, Cornamenta, Lunático y Colagusano: Le dan la bienvenida al 'mapa del merodeador'"
-Abre en el tercer pliegue a la derecha. Allí está la torre de astronomía, y podremos saber quién estaba allí –ella buscó en el mapa hasta encontrarlo. El cartelito dorado con letras negras le decía que 'Ronald Weasley', se hallaba bajando las escaleras de la torre.
-Oh, no. Harry, adivina quién estaba del otro lado de la puerta.
-Ni idea –dijo él algo preocupado.
-Ron –inquirió ella apoyando su cabeza en el hombro de Harry. Sabía qué les esperaba al entrar en la sala común de Gryffindor, y no quería vivirlo.
-¡Maldita sea! –exclamó él con pesar-. ¿Habrá escuchado?
-Por supuesto que sí –añadió ella enfadada.
-Ay, Hermione –se lamentó Harry
-Pero ya no hay nada que hacer. Tendremos que enfrentarlo decirle lo que nos pasa.
-Así es –dijo Harry recobrando un poco las esperanzas, y pensando que aún, su amistad con el chico no estaba perdida del todo.
Llegaron a la ventana de la habitación de los chicos.
-Mmm... Dean, Seamus y Neville deben de estar durmiendo, mejor entramos a la sala común –dio una voltereta en el aire, y una ventana los esperaba abierta. Eso no era un buen indicio...
Entraron con un poco de dificultad, ya que la nieve tapaba gran parte de agujero y lo que quedaba era un estrecho hueco por el que a duras penas pudieron pasar. Al tocar tierra firme, se sacudieron la nieve, y Hermione se encontró con algunos copos blancos en el pelo enmarañado, que con el pasar del tiempo se le había alisado un poco. Harry tomó su escoba, y antes de voltearse a ver, recibió un codazo de su amiga que lo hizo entorpecer.
-¿Qué? –se quejó en un susurro, tocándose donde había recibido el golpe de su amiga. Se volteó a mirar. Allí, junto al fuego que chisporroteaba al igual que sus ojos, Ronald Weasley se confundía con el empapelado color rojo que proporcionaba la sala común de Gryffindor.
-Ron, nosotros... –empezó a hablar Hermione, sin palabras coherentes.
Pasara lo que pasara, Harry no olvidaría los buenos momentos que había pasado con Ron, ni tampoco olvidaría: (y aquí comenzó a sonrojarse)
La belleza de su amiga. Así como tampoco sus labios que le proporcionaban calidez faltante en su vida.
Definitivamente: "... era tan bella..."
