Capitulo Dos

La habitación era pequeña, sólo una cama de dos plazas, un ropero, una mesa de luz con una lámpara que parecía no tener mucho más tiempo de vida y un espejo de cuerpo entero. En el extremo sur derecho se ubicaba una puerta de madera rojiza que daba paso a un cómodo y funcional baño.

La vista es hermosa pensó Hermione mientras miraba por una de las tres ventanas que tenía la habitación. Podía ver el largo de los jardines hasta el inicio del bosque prohibido. No era muy fanática de las alturas, pero vivir en el séptimo piso tenía sus ventajas.

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Encierro Supremis!" exclamó Hermione con vehemencia.

La puerta desapareció como tal dejando en su lugar un panel liso de madera incrustado en la pared.

Ninguna cerradura, ningún picaporte. La única manera de entrar era con un hechizo explosivo y si alguien se atrevía a lanzar uno Hermione desaparecía mucho antes de que puedieran alcanzarla.

Asi, tal vez, podría dormir.

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"Señorita Granger" sintió Hermione detrás suyo, la voz delicada y levemente difónica de Minerva McGonagall dirigiéndose a ella.

La mujer estaba impecable, como siempre, en su túnica negra azabache. Su rostro anguloso y delicado reflejando un cansancio que sólo años de tanta actividad era capaz de conseguir. Los ojos celeste agua la miraban preocupada, aunque su postura demostraba simpatía y alegría de verla.

"Buenos días profesora" saludó Hermione.

En los primeros cinco días que ya había estado viviendo en el castillo no había tenido mucha oportunidad de sociabilizar con nadie exceptuando con los alumnos en hora de clase.

"Ya me puedes llamar Minerva querida, ahora somos pares"

"Dudo que lo consiga, los hábitos son difíciles de abandonar" contestó Hermione.

"Haz como prefieras" concluyo McGonagall con un gesto de su mano que indicaba cualquiera de las dos opciones estaba bien.

"¿Pasa algo profesora?" preguntó Hermione al ver el repentino tono serio de su ex-maestra de transfiguraciones.

"No es nada serio Hermione, solo quería hablar contigo un momento" la joven asintió incitándola a que prosiguiera. Estaban en la mitad del pasillo del área de los profesores, no había riesgo de que algún alumno las escuchara. "Quería saber como te habías adaptado al regreso del señor Malfoy, se de la particular rivalidad que existió entre ustedes dos, y no siempre fue inocente".

El estomago de Hermione dio un vuelco. En su cabeza se proyectaba una vez mas la mirada de asco y odio que Malfoy le había dado en el salón de clases.

No tenia mucho para decir.

"Flitwick me pidió que lo acepte" McGonagall asintió. Entendía.

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Hermione estaba sentada en su cómoda oficina cuando un decidido repiqueteo sonó en el vidrio. Una pequeña lechuza color caramelo con enormes ojos miel descansaba del otro lado con un sobre en la boca.

Ginny.

Enseguida se puso de pie y avanzó a toda velocidad hacia la ventana.

"¡Hola Bludger!" saludó tomando el sobre con una mano y acariciando a la lechuza detrás de las alas con la otra. El animal emitió un suave pitido de apreciación antes de voltear y emprender vuelo una vez más.

Hermione se sentó en la enorme silla de terciopelo color rubí antes de abrir la carta y comenzar a leer con euforia.

Querida Hermione,

¿Cómo vienen esas clases? Espero que brillantes, como lo eres tú. ¡Estoy tan contenta por tí!

Lo malo de que estés allí es que no te tengo cerca para visitarte y contarte mis patéticas peleas con Harry o los golpes que me he estado ligando en las practicas con las Holyhead. Lo que quiero decir es ¡Te extraño! Todos los hacemos. Si. Todos. Lo prometo.

El fin de semana que viene estaba pensando en ir a Hogsmeade. Si puedes lograrlo tu también avísame así nos encontramos.

¡Cuánto antes!

Cariños,

Ginny.

Hermione no pudo evitar sonreír de oreja a oreja.

"Yo también te extraño Gin"

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La biblioteca estaba por cerrar. Hermione avanzaba a toda velocidad por los fríos pasillos de piedra del colegio.

No me cierres, no me cierres pensó casi como una plegaria.

Necesitaba sacar dos libros de encantamientos, pero sobre todo el último tomo de 'Runas en desaparición, un estudio en profundidad'. No veía la hora de prepararse una tetera y perderse en las gruesas páginas del libro.

"¡Si! ¡llegue!" exclamó Hermione ganando una mirada de horror de parte de dos Ravenclaw. "Estudien chicos" agrego con decisión. Los alumnos comenzaron a caminar mas rápido en dirección contraria a ella. "Jovenes…" suspiró con decepción.

Sus pies avanzaron firme y decididamente hacia el interior de su habitación favorita en todo el castillo. La tenue luz de las velas acompañadas por la iluminación de pequeñas lamparas en las mesas de roble la ponía en un estado de calma automático.

El lugar, como ella esperaba, estaba desierto. Sólo un par de estudiantes estaban terminando de guardar sus pergaminos, listos para marcharse.

"¡Señorita Granger, no!" exclamó madam Prince al verla entrar. Dedo en el aire, ojos marrones escondidos detrás de una gruesa capa de maquillaje oscuro y el cabello negro noche sujetado en un prolijo rodete.

"Madam Prince, por favor, ya se lo que quiero, prometo no demorarla."

Mucho… Terminó de pensar Hermione.

"Si cree que no recuerdo sus días de estudiante está muy equivocada" Hermione le dio una sonrisa enorme de esas que dejan a la vista todos los dientes. Era un 'por favor' camuflado. "De acuerdo…de acuerdo..."

"Usted es la mejor Madam Prince, sépalo" la mujer bufó casi con indignación aunque Hermione consiguió ver la pequeña sonrisa de orgullo que pretendía esconder.

Sus pies, una vez más, comenzaron a moverse con decisión hasta las enormes estanterías de madera repletas de libros que iban del techo hasta el suelo. Era como un laberinto para cualquiera que no estuviera familiarizado con su distribución.

"Encantamientos… Encantamientos…" murmuró Hermione mientras buscaba dos particulares títulos "¡Ajá! Ahora runas."

Esta vez se adentró más entre las interminables filas de libros. La sección de Runas estaba al fondo, justo antes de que empezara la sección prohibida.

Sus ojos estaban concentrados en la curtida tapa de cuero marrón con ornamentadas letras doradas que relataban algo de hechizos curativos, haciendo que la visión con la que se encontró fuera doblemente horrorosa.

Desplegado casi como el hombre del Viturvio de Da Vinci se encontraba Draco Malfoy. Manos y pies colgando de gruesas sogas que surgían de las mismas estanterías que los rodeaban. Su rostro estaba golpeado y su pelo le tapaba más de la mitad de la cara, pero era él. Su brazo derecho al descubierto mostraba el tatuaje negro de una serpiente y una calavera que lo había mandado a Azkaban. Al lado de dicho tatuaje la palabra 'Traidor' aparecía escrita en la misma piel. A Hermione le recordó enseguida a la marca que le había dejado Bellatrix Lestrange el día que la había torturado en la mansión Malfoy.

Sangre sucia

Todavía se veía con claridad a contraluz.

Su primer instinto fue dejar caer los libros al piso y permanecer estática con la boca abierta. Tardó unos segundos hasta tomar su varita y cortar con cuatro movimientos veloces las sogas. El cuerpo de Malfoy cayó al suelo con un fuerte golpe.

No pudo evitar escuchar el gruñido de queja que resonó en la garganta de su estudiante.

No estaba muy segura que hacer, si acercarse a ayudarlo, si gritar por asistencia, si quedarse quieta y no decir nada…

Sin ser consciente de ello tomo la decisión de hacer lo último.

Malfoy lentamente se puso de pie ignorando por completo la presencia de Hermione. Aun erguido sus ojos se concentraban en sus zapatos, no en ella.

Las piernas largas y delgadas de él comenzaron a moverse. Al principio era un movimiento lento e incómodo aunque enseguida se convirtieron en rápidos y fluídos avances.

"¿Quién?" Preguntó Hermione apresuradamente antes de que Malfoy se pudiera alejar.

No obtuvo respuesta.

"Dije ¿Quién? ¿Quién fue? ¿Quién lo hizo?" Draco se detuvo, pero ni siquiera volteó a verla. "Malfoy ¿Quién fue? Necesito que me digas quien hizo esto porque merece un castigo" Hermione insistió intentando no perder la calma.

No eran más compañeros de clase, ella ahora era una profesora y el un alumno, tenía que respetarla como tal.

El no pareció coincidir ya que comenzó a avanzar en dirección contraria a donde ella permanecía parada con los libros a sus pies.

"¡Maldita sea Malfoy! Me lo debes después de q-" fue un segundo en que el cuerpo entero de él volteó, sus ojos grises destellando ira se posaron en los de ella. En sólo dos zancadas estaban frente a frente, meros centímetros separándolos.

"No te debo nada Granger, absolutamente nada" soltó Malfoy casi con veneno en la voz. Su dedo largo y fino clavándose una y otra vez debajo de la clavícula izquierda de ella "No pedí por tu ayuda, no quiero tu ayuda y no necesito tu ayuda. No me importa que seas profesora, no te voy a tratar con respeto porque para mi sos la asquerosa y patética sangre sucia que siempre has sido. Lo único que vas a provocar en mi es asco y repulsión, nunca respeto. Prefiero volver a Azkaban y pasar el resto de mis días allí que respetarte" Malfoy terminó justo antes de que Madam Prince apareciera donde ellos se encontraban.

"Señorita Granger dijo q- ¡Señor Malfoy! ¿Qué hace todavía aquí? La biblioteca cerró. ¡Retírese de inmediato!" Así como quien no quiere la cosa la bibliotecaria de olvidó de Hermione y prosiguió a escoltar al alumno de Slytherin hasta la salida.

Granger no consiguió moverse, lo único que pareció capaz de hacer fue intentar lograr que el aire llegara a sus pulmones, aunque parecía un pez fuera del agua, incapaz de respirar.

No llores se suplicó a si misma.

Su cuerpo se agachó a tomar los libros del piso y enseguida emprendió su camino fuera de la biblioteca. Necesitaba volver a su habitación.

Necesitaba volver a sentirse segura.

No fue hasta que estaba abriendo la puerta de su dormitorio que notó el dolor que sentía justo arriba del corazón. Probablemente se iba a encontrar con un moretón.