Capítulo 2

No quise ni pude salir del aula hasta que transcurrió una hora después de aquel suceso. Las prácticas ya se habían reanudado e incluso habían finalizado, pero yo seguía allí, en la misma posición en la que acabé tras cerrar la puerta. No quería que nadie me descubriera de los que quedaban en la escuela; mucho menos el cretino de Claude o con Adrien, a quién no sabría cómo mirar a la cara. Me dolía la situación que pasaría ahora Adrien, pero más me dolía la realidad de lo que implicaba la discusión entre ambos chicos.

¿De quién estarían hablando ambos chicos? ¿Qué tan importante era para Adrien esa persona? ¿Cómo había podido estar tan ciega de no haberme percatado antes? Lloré, lloré como nunca lo hice. Porque forma indirecta y tras la reacción de Adrien para con Claude, él me había rechazado indirectamente. Era irónico el hecho de que nunca le quise confesar mis sentimientos para evitar salir dañada como ahora. Era realmente injusto que a pesar de no habérselo confesado nunca ahora esté sufriendo igualmente

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Intenté librarme de toda la tristeza que me embargaba y abrumaba aquel viernes sola en el aula hasta que me aseguré no quedó nadie en el recinto. Al llegar a casa mi madre me preguntó por el motivo de mi tardanza aquel día puesto que no solía llegar tan tarde a casa a pesar de que me quedaba haciendo el aseo. Intenté mostrar mi mejor cara y con cierta pena para disimular le dije que estuve estudiando en la biblioteca y se me pasó el tiempo volando. A decir verdad, no sé si pude convencerla, pero sé que me dejó mi tiempo y mi espacio. Sabía entenderme en cualquier situación y me defendió ante mi padre cuando se mostró preocupado al no verme salir de mi habitación en lo que restó del fin de semana. No contesté mensajes de Alya para quedar durante el sábado. No estaba de ánimos. Internamente me decía que tenía que seguir adelante, soltar todo lo que tenía y mostrar mi mejor sonrisa a la semana siguiente al volver a clases. Pero por dentro sabía que por mucho que me lo dijera eso resultaría una tarea para nada fácil. Estaba tan abrumada con todo aquello que me olvidé por completo de la preocupación anterior que tenía con mis exámenes finales. Al menos el de física, que era el peor, lo tendría a finales de la semana y tendría más tiempo para estudiar…pero no tenía muchas esperanzas en aprobarlo.

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A diferencia de toras mañanas en las que siempre me levantaba tarde para comenzar el aseo de las clases, esta vez, hoy lunes, me levanté temprano, y para mi sorpresa…dormí bien. Me encontraba tranquila y en paz, aunque era irremediable sentir que me faltaba algo…algo…que ni siquiera supe cómo identificar. Era como si me encontrase demasiado abrumada por tantas cosas que no era capaz de procesar nada de manera clara. Era como tener la mente embotellada… y así llevo toda la mañana.

Al llegar a la escuela el aula estaba aún vacía así que me dispuse a ordenar cosas y preparar los materiales previos para las clases de hoy así como escribir también en el pizarrón. No me di cuenta de cuando Alya llegó a la clase y me saludó, preguntando que tal me había ido mi fin de semana. Tuvo que hacerme gestos con la mano frente al rostro para lograr captar mi atención.

-Pero bueno chica, ¿qué te pasa hoy? No parece ni que estés en las nubes como es normal. Pareces alicaída y actúas como una autómata- Dijo un poco frustrada mi amiga en el recreo.

-No es nada tranquila- Dije lo más tranquila y suavemente posible para no preocuparla. Pero mi calma pareció preocuparla más- Es solo que no me he encontrado muy bien este fin de semana y no he podido descansar muy bien…

-A mii no me engañas boba- Dijo despeinándome un poco. El día de hoy estaba tan distraída que ni siquiera me había percatado hasta el momento de que no me había hecho mis típicas coletas y llevaba el cabello suelto.- No luces el ánimo de siempre, estás demasiado distraída pensando en dios sabe qué y sobre todo, ni siquiera te has mencionado hoy a "quién tu sabes" en todo el día.

-¿Qué tiene que ver eso?- Dije esta vez un poco extrañada y captando toda mi atención mi compañera.

-¿Cómo que qué tiene que ver? Es raro, por no decir IMPOSIBLE, en el que no te quedes divagando o hablando conmigo sobre ÉL, o sobre algo que tenga que ver o le influya a ÉL.- Dijo recalcando todo con pausas exageradas.

-No es para tanto Alya- Dije queriendo evitar el tema- Es solo…

-¿QUÉ? ¡Oh, no! ¿Quién eres tú y que has hecho con mi mejor amiga? ¿Tienes fiebre? Te ha tenido que dar una insolación por esta calor infernal, tiene que ser eso o…

-¡ALYA!- Exclamé frustrada captando la atención de algunos de nuestro compañeros en el patio, cosa que ni me importó tampoco cuando por dentro sabía que de haber sido otra ocasión me hubiera muerto de la vergüenza. Le aparté la mano que había puesto en mi frente para comprobar mi temperatura y le miré seria al frenar su acelerado discurso anterior.

-Deja de exagerar. Enserio. Estoy bien solo necesito descansar eso es todo.

Intenté evitar su mirad de reproche y de preocupación. No quería ni podía hablarle del tema: primeramente porque ella no sabía que me quedaba prácticamente todas las tardes en la escuela tras el aseo para ver a los de esgrima, y segundo porque quería intentar pasar página lo más rápido posible sin preocupar a mi amiga por unos sentimientos no correspondidos.

-¿Segura?- Preguntó no muy convencida.

-Claro- Dije con la mejor de mis sonrisas mientras terminábamos de tomar el almuerzo juntas en uno de los bancos de fuera en el patio.

El resto de la mañana transcurrió tranquila. No tuve ninguna reunión de delegados pero una de mis compañeras que representaba a la clase de al lado me dijo que Claude no había ido a su clase aquel día y que todo el mundo se había extrañado puesto que nunca había faltado desde que llegó por primera vez al instituto hace medio curso. Aquello no me preocupó, sino que más bien me alegró en cierta medida la mañana. Seguramente estaría el muy orgulloso escondido entre sus sábanas y pasarían un par de días hasta que le viéramos el pelo; lo más probable que para ocultar el muy llamativo moretón que le debió provocar el rubio el viernes pasado en esgrima. Lo que más raro se me hizo de todo aquel día es el no haber escuchado rumor alguno sobre aquella pelea. Por un momento pensé que sería normal puesto que no estaban dentro del horario escolar y solo lo sabrían los del club de esgrimas, lo cuáles algunos ni pertenecen al propio instituto François-Dupont. Pero después caí en la cuenta de que se trataba prácticamente de los dos chicos más populares de la escuela. ¿Los monitores habrían intervenido para que no se crearan rumores dentro de los miembros del club? No tenía ni idea, pero no iba a planteármelo ni ser mucho menos la que empezara el rumor; mucho más si iba a afectar al rubio. Que no me correspondiera no quitaría nunca el que siempre procuraría lo mejor para él… como amigo…

Durante las primeras horas de clase no apareció, cosa que me alivió internamente. Pero tras el descanso y antes de subir las escaleras en dirección a la clase vislumbré una melena rubia entrando al edificio. Imaginé que vendría de una sesión de fotos como siempre solía pasar cada vez que llegaba tarde a clases. Lo que me extrañó fue ver su mirada perdida…muy similar a la mía. Giro su rostro viendo todo el panorama del patio hasta que sus ojos se cruzaron con los míos. Nunca me había perdido tanto en su mirada desde la vez que me entregó el paraguas en el mismo lugar donde se encontraba él en esos instantes. No supe cómo interpretar su rostro o sus ojos, los cuáles parecían tan penetrantes que sentía como me atravesaban y me leían, provocando que se me subieran otra vez los colores y mi corazón volviera a funcionar después de permanecer por días inactivo.

Sentí como mi pulso se aceleró cuando parecía que se dirigía hacia mí.

-¡Adrikins!

La voz de Chloe, desde la distancia, a mis espaldas, y empujándome mientras está bajaba acelerada las escaleras, fue como si hubieran explotado mi globo favorito. Por suerte, Alya había logrado agarrarme del brazo y evitado que estrellara mi cabeza contra el pavimento escaleras abajo. ¿¡Qué demonios tenían los ojiazules en mi contra!?

Vi cómo llegó hasta él y lo abrazó efusivamente por el brazo como solía hacer siempre. El rubio por otro lado se resistió un poco mientras la saludaba y correspondía el saludo de ella. Después de lograr zafarse se dirigió con Nino, quién se había acercado a él para igualmente saludarlo cordialmente con los puños, cosa que provoco una sonrisa secreta entre amigos y una tierna por mi parte. Todo parecía tan tranquilo y tan cotidiano como siempre pensé mientras mi amiga me arrastraba de vuelta a las clases tras haber sonado el timbre de vuelta a clases. Ya no parecía tan preocupada por mí puesto que me había visto sonreír al llegar el rubio. Lo único en toda aquella rutina escolar que parecía haber cambiado era mi corazón roto aunque aún enamorado.

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Las clases por fin han finalizado y todos se van marchando poco a poco. Dudo en si darme prisa hoy por hacer el aseo y regresar pronto a casa o no…a fin de cuentas…debido a lo del viernes, era muy probable que hubieran suspendido a Adrien en el club de esgrima hasta lo que quedaba de curso. No tenía forma de preguntarle si tendría hoy práctica después de clase o no sin que sonara sospechoso pues nunca le había preguntado por ello. También estaba el hecho de que había pasado la mayor parte del tiempo con Nino y no se me había presentado hoy la oportunidad ni de entablar una simple frase con mi compañero de asiento delantero. Durante las horas de clase que transcurrieron desde el receso hasta la hora de salida me la pasé divagando mientras contemplaba el cielo raso a través de los ventanales de la clase, lo cual me llevó a ciertas faltas de atención por parte de la profesora Bustier.

Por fin me encuentro sola en el aula tras despedirme de mi amiga Alya. Tras un largo suspiro que me pareció haber aguantado durante toda la mañana, coloco mi frente contra mi escritorio. Estoy anonadada y con la mente en blanco…sin saber qué pensar o como actuar. ¿Va a ser así para siempre? ¿Nunca dejará de importare tanto Adrien? Estoy demasiado confundida y solo deseo no haber tenido que escuchar ni presencia todo lo acontecido aquel día de prácticas de esgrima. ¿Quién me mandaría espiar al rubio llevando a cabo el que parecía su deporte favorito? Sí, debía admitirlo de una vez. Era espiar. Y sí. Mi estúpido corazón era el que lo mandaba. Apoyando mis manos en el filo del pupitre me incorporo y me dispongo a alzar la mirada para analizar el aula y empezar mi labor de limpieza antes de que se haga más tarde.

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La limpieza no me ha dado tantos problemas como otras veces hoy. Al no estar tan atenta a las prácticas que se darían en la tarde y más perdida en mi nube mental, cumplí con todas las tareas como una autómata, tal y como me llamó Alya hoy, y sin pararme. Acabo de terminar de sacudir los borradores por fuera de las ventanas y los he colocado en el borde inferior del pizarrón. Todo luce limpio y en orden. Mi trabajo estaba hecho. Ahora, ¿podría permanecer en el aula estudiando o sería mejor regresar hoy a casa temprano? Ninguna de las dos opciones me garantiza que vaya a tener una tarde tranquila estudiando sin sumirme en mis pensamientos como en el resto de la mañana. Al final me decido por regresar a casa pues lo más probable es que el aula me trajera demasiados recuerdos y cosas que pensar.

Me dirijo a mi pupitre y termino de recoger mi material. Una vez todo guardado en mi mochila, me la cuelgo a la espalda. Antes de retirarme contemplo por unos breves instantes el asiento frente al mío…el lugar donde siempre se sentaba él.

Es irónica mi situación. Lo siento tan cerca y a la vez tan lejos de mi alcance que abruma el sentimiento. No puedo evitar dejar escapar un gemido contenido y una lágrima escurridiza por mi mejilla, la cual intento limpiar rápidamente. Me prometí no volver a llorar y así lo cumpliría. Intento sonreír. Después de todo, con un poco de suerte el año que viene cambien los grupos ambos caigamos en clases diferentes. Echaría de menos no volver a estar tan cerca de él, pero a la vez sería la mejor manera de ir olvidándolo poco a poco. La distancia y el tiempo serían un progresivo y lento remedio a la enfermedad. Envidio a la afortunada a quién defendió con toda su furia frente a Claude. Debía de ser una gran persona como para haberse ganado el corazón noble y puro del rubio. Porque no había duda de que él se merecía a alguien así. Y a pesar de que eso pueda provocarme la mayor de las torturas, no me importará mientras sea capaz de ver su sonrisa cada día o de saber que es feliz con la persona que le importa y que ésta le corresponda.

Él había perdido demasiadas cosas en su vida. Su padre apenas le mostraba la atención debida; perdió a su madre muy de joven y por último ha vivido la mayor parte de su vida solo en una mansión gigante a modo de torre de marfil y con falta de cariño. Él se merecía todo el cariño y el amor del mundo y yo no iba a ser la chica mala, celosa y egoísta que se lo iba negar o arrebatar.

-Te deseo lo mejor y espero que seas muy feliz…Adrien- Exhalo con un último suspiro con la cabeza gacha, mirando hacia su pupitre por última vez, y evocando su figura sentada frente a mí, su sonrisa dulce y sus ojos esmeralda, cándidos y llenos de comprensión y de una alegría que llenaba mi alma de un calor y fuego confortable.

Tras esta "despedida" de mis sentimientos por el rubio, bajo lentamente las escaleras del centro del aula para dirigirme a la salida. Tras empezar a girar sobre mis pasos al bajar los escalones y empezar a dirigirme hacia la puerta escucho un leve chirrido. Esto provoca que deje mis cavilaciones a un lado y alce la mirada sorprendida. ¿Quién entraría a nuestra aula a estas horas? Mayor es mi sorpresa al ver la respuesta a mi pregunta ante mis ojos.

Un chico rubio, un palmo más alto que yo, con el cabello un poco alborotado para lo que es normal en él, se encuentra en la puerta, respirando entrecortadamente e inclinando para intentar recuperar el aire tras, de seguro, una acelerada carrera. Tiene una mano todavía apoyada en el pomo de la puerta y la otra sujeta al marco de la puerta. ¿Qué hace él aquí?

Cuando el celeste de mis ojos y esmeralda de los suyos siento como si me robara el aliento junto con él. Se pone firme en su lugar pero no se mueve ni pronuncia palabra alguna durante ciertos segundos. Todavía puedo ver como respira profundamente intentando recuperar el aire.

-¿A-Adrien?

No puedo evitar aferrarme a las correas de mi mochila, presa de los nervios, al ver cómo me muestra una de sus tiernas sonrisas. Pero también era una sonrisa confidente y sola y exclusivamente para mí…como si pretendiera que ambos compartiéramos un secreto.

-Marinette- Pronuncia mi nombre tras una última exhalación- Que bueno que llegué a tiempo.

-¿A-a tiempo?- digo ciertamente nerviosa y extrañada ante su para nada corriente actitud. Porta cierta tranquilidad y seriedad en su rostro, pero también puedo notad cierta…inquietud y ¿podría ser nerviosismo?