¡Buenas!

He aquí el segundo capítulo, ya sale la futura aprendiza, por favor si consideráis que no está bien y debería cambiar algo o directamente eliminar la historia. En serio, no quiero ser de las que tienen una Mary Sue en sus historias T.T

A mi me gusta y creo que está bien, pero espero vuestra opinión =D

Nada es mío (Menos la cría en cuestión), todo es propiedad de su autor y yo sólo tomo prestados a los personajes para maltratarlos un poco. Pero con cariño.

Sidney, Australia

Los dos de encontraron de pronto frente a la puerta de una casa. Miraron a su alrededor y vieron el que probablemente sería uno de los lugares más pobres de Sidney. Las fachadas de los edificios presentaban un estado deplorable y toda la calle en general tenía bastante mala pinta.

_ ¿Pero a donde se supone que nos ha mandado el maestro Shion? – preguntó Máscara sorprendido.

_ Pues creo que a los suburbios de Sidney.

_ ¡Hey, vosotros, tíos raros! – Gritó un chaval de no más de quince años a su espalda, junto con otros tres chicos – ¡Soltad la pasta!

El muchacho sacó una navaja.

_El inglés no es mi fuerte, pero diría que intenta amenazarnos. –Comentó el Santo de Cáncer.

_Sí – Coincidió Afrodita – Creo entender que quieren atracarnos.

En un abrir y cerrar de ojos, el chico se encontró sin la navaja, que estaba ahora en las manos del Santo de la cuarta casa.

Los chavales se miraron alarmados.

_ ¡Devuélveme eso!

Sin saber muy bien cuando había pasado, el cabecilla se encontró a colgando a diez centímetros del suelo, cortesía de Afro, que le tenía cogido por el cuello de la camiseta.

_ Largo de aquí antes de que me enfade – Siseó amenazante, encendiendo un poco su cosmos sólo para darse énfasis.

Los tres chicos que le acompañaban salieron por patas y su líder les siguió en cuanto Afro le soltó, dejándole caer de golpe al suelo.

_En fin, mejor llamamos a la puerta.

Como el timbre brillaba por su ausencia, Afrodita golpeó la puerta con los nudillos.

Al momento, una mujer les abrió la puerta.

Cuando vieron su aspecto, lo primero que pensaron ambos es que tenían que haberse equivocado de casa. La mujer estaba muy delgada, tenía aspecto demacrado y su pelo estaba cubierto de canas prematuras.

_ ¿Sois los Santos de Athena? – Preguntó la mujer en griego.

Ellos se miraron, extrañados.

_ Así es, señora.

La mujer se apartó para dejarles paso.

_Por aquí.

Les condujo por un estrecho pasillo hasta una pequeña salita donde había una niña sentada en una desgastada butaca.

_Cariño, aquí están los Santos de Athena.

La niña, de pelo rubio y ojos azules como el mar se puso de pie, se colocó la cinta que llevaba en la frente, que se le había resbalado y le tapaba los ojos y tras echarles un vistazo a ambos Caballeros, dijo con voz aguda.

_ ¡No quiero ir con ellos!

La mujer abrazó a su hija.

_Cariño, ya lo hemos hablado, tienes que ir.

_No puedo. Si voy, no podré protegerte.

Afrodita y Máscara de la Muerte cruzaron una mirada de circunstancias.

_ Señora ¿Elizabeth?

_ Dime, Caballero.

_ ¿Puedo hablar con ella?

_ Por supuesto, pero de prisa, mi marido llegará pronto y para entonces ya tienen que haberse ido.

Elizabeth salió del pequeño cuarto dejando a su hija sola con los dos dorados.

Afrodita se arrodilló junto a la niña para quedar a su altura.

_ ¿Cómo te llamas? – preguntó sonriendo.

La pequeña le miró fijamente un momento antes de decidirse a responder.

_ Me llamo Lümi.

_ Ese es un nombre muy bonito.

_ ¡Pues yo lo odio!

Afro se mordió el labio. Definitivamente, él no valía para esas cosas.

_ Vale, de acuerdo. Yo soy Afrodita, encantado de conocerte.

_ Pensé que Afrodita era nombre de niña. – dijo ella extrañada.

_Sí, eso dicen. Aún así a mi me gusta.

_ Sé que quieres hablar conmigo para convencerme de que vaya con vosotros, pero es que yo no puedo ir. – Dijo la niña muy seria.

_ ¿Y eso por qué?

_ Porque, si yo no estoy para defenderla, papá le pegará a mamá.

El Santo de Piscis abrió mucho los ojos y Máscara de la Muerte, que estaba mirando sin interés a su alredor fijó su vista en la niña.

_ ¿Tu padre le pega a tu madre?

Lümi asintió con la cabeza.

_Así ha sido desde que llegué aquí, pero yo puedo defenderla. Tengo poderes. ¡Mira!

La niña se quedó mirando fijamente un portarretratos que había en la mesa. Un aura de energía la rodeó y el objeto se elevó en el aire con cierta inestabilidad. La pequeña muchachita movió lo movió dando tumbos por toda la estancia hasta depositarlo de nuevo en su sitio.

_ ¡Telekinesia! – Exclamó Afro

_ También sé hacer más cosas. ¿Quieres verlo?

El Santo de Piscis asintió.

Ella cerró los ojos y puso cara de concentración.

Por un momento no pasó nada, pero de pronto ya no estaba allí.

Apareció de nuevo a la espalda del asombrado guardián de Piscis.

_ ¿Qué te parece? –preguntó la niña sonriendo.

_ Increíble. Lo haces muy bien. Serás una gran guerrera.

_ Quítate la cinta. – Ordenó de pronto el Santo de Cáncer.

La niña le miró con los ojos muy abiertos y Afrodita puso cara de no enterarse.

_ No puedo, mamá se enfadará.

_ Sácate la cinta, niña. No me hagas repetirlo.

Asustada por el aire amenazante de Máscara, Lümi corrió a esconderse tras Afro.

_ Me da miedo. – Gimió mientras se le humedecían los ojos.

Afrodita le acarició el pelo con suavidad.

_ No te preocupes, mi amigo ladra pero no muerde.

_ ¿Seguro?

_ Seguro. Y ahora, ¿Podemos verte la frente, por favor?

Insegura, la niña se llevó las manos a la parte de atrás de la cabeza y soltó el nudo que agarraba la cinta.

La tela calló al suelo y dejó al descubierto los dos puntitos azul turquesa que había en su frente sonde deberían haber ido las cejas.

_ Lo sabía. –Dijo triunfante el Santo italiano.

_ ¿Un habitante de Lemuria? No lo entiendo, su madre es una persona normal y corriente.

_ Eso es porque Elizabeth no es mi mamá de verdad.

_ ¿Cómo?

_Mi mamá me encontró hace unos años. Dice que me llamo Lümi porque eso ponía en mi pulsera ¿Ves?

La niña le mostró al Santo su muñeca, alrededor de la cual había una desgastada pulsera de plata que, efectivamente, ponía Lümi

_ Escucha Lümi, entiendo que no quieras dejar a tu mamá, pero si vienes con nosotros te harás muy fuerte y podrás defenderla mejor. Además, si quieres, mi amigo y yo podemos tener una charla con tu papá. Te aseguro que podemos ser realmente persuasivos.

La pequeña vaciló.

_ ¿Podré venir a visitar a mamá?

_ No podrás dejar el Santuario en un tiempo. – Reconoció Afro. – Pero ella puede ir a visitarte y podrás escribirle todos los días.

_ ¿Podré llamar todos los días?

A Afro se le fueron los colores pensando en la factura del teléfono.

_Las llamadas internacionales son muy caras, pero veremos lo que se puede hacer.

La pequeña se quedó en silencio.

_ De acuerdo…

En ese momento se oyó abrirse la puerta de la calle. Elizabeth entró corriendo en la salita.

_ Mi marido está aquí. No tendría que haber llegado hasta dentro de una hora. Tenéis que iros. ¡Rápido! Por la cocina hay otra puerta, daos prisa.

_ Me temo que tenemos que hablar con su marido, Elizabeth. – dijo Afrodita con gentileza.

Un hombre alto con algo de sobrepeso irrumpió de pronto.

_ ¿No me oíste llegar, mujer? Debería darte… -Se calló de pronto, reparando en la presencia de ambos Santos. – ¿Y vosotros quién demonios sois? No seréis esos payasos fanáticos de Grecia, ¿Verdad?

_ Los mismos. –Gruñó Máscara.

_ Pues dejadme deciros que no os vais a llevar a la niña ¡No tenéis autoridad en esta casa!

El Santo de Cáncer se tronó los nudillos.

_ Te voy a enseñar lo que se gana uno por pegarle a su mujer.

_ Lümi, vamos a tener una pequeña charla con tu padre –dijo Afro en tono afable y tranquilizador, para evitar que las cosas se desmadraban – ¿Puedes sacar a tu madre de aquí un momento? Calculo que tardaremos unos cinco minutos. Luego podemos irnos.

La niña se mordió el labio.

_ Vale –dijo al fin.

_ ¡De aquí no se va ni el Espíritu Santo! – Bramó el hombre.

Sin embargo, la pequeña, con expresión decidida, agarró a su madre de la mano y desapareció de allí.

Para cuando volvieron, el hombre temblaba en el suelo a los pies de Máscara de la Muerte suplicando por su vida mientras este se reía con su mejor risa psicópata.

_ Ahora – Estaba diciendo Afro con voz autoritaria y mitrada peligrosa – nos iremos con la niña y no volverás a verla a menos que ella quiera, cosa que dudo. Si se te ocurre volver a ponerle la mano encima a tu mujer, te perseguiré hasta los confines del infierno y te haré pasar los más horribles castigos que se me ocurran para finalmente matarte de una manera lenta y dolorosa. ¿Me he explicado con claridad?

El padre de la pequeña asintió frenéticamente.

_Bien. Ahora fuera de mi vista – Escupió el Santo, mirando con asco a aquel ser que tenía la desfachatez de llamarse a si mismo humano.

El hombre echó a correr fuera de la habitación tan rápido como fue capaz.

Anonadada, Elizabeth se quedó mirando la huida de su marido.

_Eso ha sido…

_ ¡Increíble! – chilló Lümi, feliz de la vida y abrazó a Afrodita. Luego pensó en abrazar también a Máscara, pero se echó atrás al ver su cara.

Afro sonrió. Le estaba empezando a coger cariño a esa niña. Puede que, después de todo, eso de ser maestro no estuviera tan mal. Puede. Era una posibilidad. También podía ser que fuera un desastre absoluto.

_ Bueno, tenemos que irnos. Despídete de tu madre, nosotros esperamos fuera.

En la callejuela, mientras esperaban a que saliera Lümi, Afrodita preguntó:

_ ¿Crees que le volverá a pegar?

El otro negó con la cabeza.

_ No tengo ni idea, pero si lo hace y me entero va a descubrir por qué me llaman Máscara de la Muerte.

El Santo se Cáncer, a pesar de haber sido en su día un psicópata asesino, siempre había despreciado con todo su ser a los que pegaban a sus mujeres. Lo encontraba simplemente repúgnate. Uno se casa por amor y con ello se compromete a respetar a la otra persona; si no vas a cumplir, entonces no te cases. Esa era su filosofía. Y por eso no tenía pensado casarse.

La puerta se abrió y la pequeña Lümi salió trotando cargando una pequeña maleta.

_Ya estoy lista.

_ Tenemos que esperar al Maestro Shion, nos iremos cuando él llegue.

La futura aprendiza asintió. Iba a sentarse sobre su maleta a esperar, cuando se dio cuenta de que había algo que quería saber.

_ Oye – dijo la niña tirando de la capa del Santo de Cáncer – ¿Y tú cómo te llamas?

_ ¿Yo? Puedes llamarme Máscara de la Muerte.

_ Eso no es un nombre –replicó la pequeña haciendo morritos.

_ ¡Es como me tienes que llamar y no se hable más! –gruñó enfadado el Santo.

La niña se encogió y Afro contuvo una risita.

_Yo no quiero vivir con él. – Le dijo a Afro señalando a Máscara. – Me da miedo.

El Santo de Piscis se rió.

_No te preocupes, yo voy a ser tu Maestro, él solo vino a acompañarme.

_ Te noto un poco desagradecido, si tenemos en cuenta que estoy aquí haciéndote un favor y que tú poco menos que llorabas porque no querías venir.

_ ¡Yo no lloraba!

La niña abrió mucho los ojos y se quedó mirando a su futuro maestro.

_ ¿No querías venir? – preguntó.

_Bueno, verás…

Sin embargo y gracias a la aparición estelar de Shion en ese momento, Afro se libró de responder a esa pregunta. Dos puntos para Shion.

_ ¡Guau! – Exclamó asombrada Lümi, olvidando por completo a Afrodita, que suspiró aliviado – ¡Hace lo mismo que yo!

El Patriarca se fijó entonces en la niña.

_ ¿Un descendiente de Lemuria? – preguntó entre extrañado e ilusionado.

_ ¿No lo sabía, señor?

_ Para nada, Caballero, si lo hubiera sabido, habría venido en persona.

_ Todo el mundo dice no-sé-qué de un tal Lemuria, ¡Pero yo no soy un mono! – dijo la pequeña ofendida, haciendo un mohín.

A los tres santos les calló una gotita.

_ No nos referimos a los Lémures. – desmintió el Santo de los peces mientras Máscara negaba con la cabeza.

_ Este no es el lugar apropiado para hablar de eso – Cortó Shion antes de que ninguno pudiera añadir nada más – Vamos a ir al Santuario. Voy a tele trasportarnos, probablemente ya sepas como va pequeña, pero por si acaso sólo cierra los ojos y cuando los abras ya no estaremos aquí.

Efectivamente, un momento después los cuatro desaparecieron del callejón como si nunca hubieran estado allí.

FIN

Pues ala, ahí está.

¿Qué os ha parecido? ¿Bien? ¿Mal? ¿Ni sí ni no sino todo lo contario? ¡Lo que sea! Pero dejádmelo en un review =P

Un besazo ^^