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La tan esperada noticia
Tras el fin de la Ceremonia, a nadie se le escapaban todavía los dos hechos más relevantes que aquella noche estaban teniendo lugar. Por un lado, aquellos dos hombres, uno de ellos Percy Weasley, que muchos afirmaban que eran miembros del Ministerio de Magia. Por otro lado, el misterioso hecho de que varios de los alumnos de primero llegasen al Gran Comedor empapados, así como el cruce de serias miradas entre la directora McGonagall, el subdirector Longbottom y el profesor Hagrid.
―¿Crees que Hagrid se habrá metido en un lío? ―preguntó Rose a su primo mientras cogía la bandeja de los guisantes y se servía unos pocos en su plato. El banquete había comenzado sin que la directora siquiera hubiese dado su discurso de bienvenida a los nuevos alumnos. A lo mejor se estaba reservando para el final.
―Más bien habría que preguntarse desde cuándo hace que no se mete en un lío. Mi padre dice que Hagrid es muy propenso a ello ―comentó Albus mientras cortaba una de sus patatas hervidas.
El banquete transcurrió con total normalidad, aunque nadie podía evitar mirar a los dos hombres que había en la mesa de los profesores pero que estaba claro que no lo eran. Por otro lado, los alumnos de primero ya estaban siendo auspiciados por sus nuevos compañeros en sus nuevas Casas, especialmente aquellos que estaban mojados, a los que ya se les estaba aplicando hechizos de secado rápido.
Una vez finalizado el banquete y con los últimos restos de comida desapareciendo y dejando todo igual que se lo encontraron los alumnos al sentarse, la directora se levantó para pronunciar, esta vez sí, su discurso. Sin embargo, hubo una notable diferencia y era que esta vez decidió caminar hacia la tarima que había entre sus alumnos y los profesores, la misma donde los alumnos de primero habían sido seleccionados.
―Bienvenidos. A los que volvéis un año más y a los que llegáis por primera vez ―la profesora se apoyaba en un bastón de madera finamente tallada. Pasó su mirada por las cuatro mesas, en silencio, hasta que siguió hablando —. Este año va a resultar ser muy especial. Muchas cosas van a ser distintas. Este año, Hogwarts acogerá un gran evento. Uno que no se celebra desde hace años. Pero este año, hemos puesto todas las precauciones posibles para evitar cualquier incidente —los alumnos la miraban muy, muy atentamente —. Este año, Hogwarts volverá a acoger el Torneo de los Tres Magos —de repente, fue como si una bomba cayese en pleno centro del Gran Comedor. Tanto los alumnos de familia muggle, que no tenían ni idea de en qué consistía aquel torneo, como los hijos de magos y brujas, que conocían la triste historia de la última edición, prorrumpieron en cuchicheos.
—¡Por eso era que todos estaban tan misteriosos! ¡Este año habrá nueva edición del Torneo! —gritó Rose para hacerse oír entre el gentío.
—Pero… ¿cómo lo habrán conseguido? Nuestro padre dijo que en el último torneo murió un estudiante. Y, bueno, Lord Voldemort regresó —explicó Albus.
La directora McGonagall alzó los brazos. Inmediatamente, todo el mundo se quedó en silencio.
—Sé que es una noticia difícil de asimilar. Para nosotros ha sido igualmente complicado poner de acuerdo al Ministerio. Por no hablar, también, de ciertos padres reticentes a ello, muchos de los cuales vivieron la pasada edición del Torneo —mantuvo un momento el silencio, como si rememorase viejos recuerdos que era mejor olvidar en su justa medida —. Pero esta vez será todo distinto. Tras mucho debatirlo, el Ministerio, en concreto el Departamento de Deportes Mágicos, ha accedido a brindarnos toda la ayuda posible. Por ello, durante este año nos acompañarán tanto el señor Dedalus Diggle, jefe del mencionado Departamento, y el señor Percival Weasley, asistente del Ministro de Magia. Ellos supervisarán con nosotros el procedimiento del Torneo. Ahora, el señor Weasley pasará a decir unas palabras.
Percy se levantó de su silla y caminó hasta el centro de la tarima. Dedicó una sonrisa a la directora y miró a los alumnos.
—Valor. Inteligencia. Dedicación. Ambición. Esas son los máximos atributos de las cuatro Casas de Hogwarts. Pero sólo uno de ellos competirá en el Torneo, porque sólo un alumno de la escuela alcanzará tamaño honor —hizo una breve pausa. Muchos sabían que, en la pasada edición, Hogwarts tuvo dos campeones —. Pero vuestro campeón, al que se espera que apoyéis durante su duro camino, no estará solo. Se enfrentará a otros tres campeones. Sí, habéis oído bien. Este año, y en colaboración con el Departamento de Cooperación Mágica Internacional, una cuarta institución mágica será invitada al torneo, que pasará a llamarse Torneo de los Cuatro Magos. A los tradicionales participantes de Hogwarts, Beauxbatons y Durmstrang se unirá el Instituto de las Brujas de Salem, para así fomentar las relaciones entre países y, especialmente, entre sus estudiantes. Ni qué decir tiene que lo que el Ministerio espera es una total dedicación de vuestra parte para con vuestros invitados. Las delegaciones llegarán a Hogwarts el próximo 31 de octubre —mientras hablaba se paseaba por la tarima —. En cuanto a la participación, sólo los mayores de diecisiete años podrán hacerlo —hubo varios cuchicheos, pero nadie protestó. Los recuerdos de la última edición seguían pesando. El proceso de selección se abrirá tras el banquete de bienvenida de nuestros invitados. Gracias a todos.
Volvió inmediatamente a su sitio. Nadie aplaudió. La directora McGonagall, por su parte y sintiendo que todo estaba ya dicho, dio permiso para desalojar el Gran Comedor.
Rose y Albus se dedicaron a ayudar a los de primero a llegar a la Torre de Gryffindor. James, Fred, Hugo y Lily se quedaron rezagados. Los demás primos y hermanos siguieron su camino hasta sus respectivas salas comunes.
—¿Estás pensando lo mismo que yo? —preguntó Fred a su primo.
—Me has leído el pensamiento —sonrió misteriosamente James.
—¿Os vais a presentar? ¿Estáis locos? En la anterior edición murió un estudiante, Cedric Diggory. Nuestros padres le conocieron —dijo Lily.
—Nuestro padre fue campeón de Hogwarts, Lily. Yo podría tener esa oportunidad también.
—Papá ni siquiera eligió competir en el Torneo, idiota, También en aquel entonces hubo una restricción de edad y alguien lo engañó para que compitiese, echando su nombre en el cáliz. Mamá me lo contó este verano. Seguro que lo hizo a posta, sabiendo que iba a celebrarse el Torneo. Quiere que estemos preparados —respondió Lily mientras se llevaba posaba su barbilla en una mano y meditaba. Lily era muy inteligente e intuitiva.
—¿Preparados para qué? —quiso saber Hugo.
—Para que estos dos necios no cometan una locura, supongo.
Fred bufó.
—Somos mayores de edad, podemos presentarnos. Mirad, si tan preocupados estáis, hablemos con nuestros padres una vez estemos en la Sala Común.
Los demás asintieron y se dirigieron hacia lo Torre de Gryffindor. Una vez entraron, Rose y Albus les esperaban. De alguna manera, se las habían ingeniado para que toda la Casa Gryffindor, a excepción de ellos, se fuese a dormir. Rose se dirigió a sus dos primos mayores.
—¿No estaréis pensando en participar, no? —preguntó, entre preocupada y retadora.
—Otra igual. Tenemos la edad, Rose, podemos participar —se defendió James.
—En la anterior edición… —protestó la joven.
—Murió un estudiante, lo sabemos. Y mi padre participó contra su voluntad. También lo sé. Pero eran otros tiempos, Rose. Había otras maneras. Esta vez tendrán cuidado.
Fred, por su parte, ya estaba llamando a través de la chimenea.
—Vamos, mejor que lo hablemos con nuestros padres.
Los hermanos y primos se agolparon frente a la chimenea. Pronto, de entre las llamas asomaron unas figuras que parecían estar danzando gracias al efecto producido. Eran tres hombres y una mujer: Harry Potter, el matrimonio de Ron y Hermione Weasley, y George Weasley.
—Hola, papá —saludaron cada uno a sus respectivos —. Mamá —añadieron Rose y Hugo.
—Hola, chicos. Supongo que ya sabéis la noticia —todos asintieron —. No nos andaremos con rodeos… James, Fred, ¿vais a participar en la selección de campeones?
Los dos primos se miraron, extrañados. Esperaban un no rotundo por parte de sus padres.
—Sí, queremos participar. ¿Os parece bien?
—¿Hay alguna manera de impedirlo? —sonrió George.
—No la hay, efectivamente —corroboró Ron —. Por ello, os pedimos que tengáis mucho cuidado. Y a los demás, a todos vosotros, os pedimos que apoyéis a uno u a otro de resultar elegido. Vuestros primos y tu hermana, Fred, ya están siendo asesorados por vuestros tíos y tías. No tenéis de qué preocuparos, recordad, ante todo, que cuatro cursos de séptimo también se presentarán, con sus más y sus menos.
—Papá, ¿y la anterior edición? ¿Qué ocurrió en realidad? ¿No sería muy arriesgado? —preguntó Albus.
Su padre permaneció un momento en silencio. Tomó aire y, finalmente, habló.
—La anterior edición ocurrió en unas circunstancias totalmente distintas a las de esta nueva edición, Albus. Inicialmente todo fue sobre ruedas hasta que fui seleccionado como campeón de Hogwarts y, por tanto, como cuarto campeón del Torneo. Nadie supo cómo fue esto posible. Pasé las tres pruebas de rigor, vi morir a Cedric Diggory, mi compañero campeón, y, sobre todo… vi regresar a Lord Voldemort. Poco después, descubrí que habíamos sido engañados, que alguien había arrojado mi nombre al cáliz contra mi voluntad. Todo el Torneo fue una estratagema para llevarme ante el Señor Tenebroso.
Permaneció entonces en silencio. La siguiente en hablar fue Hermione.
—Pero esta vez es distinto. No hay ningún Señor Tenebroso. No hay ninguna circunstancia que altere esta nueva edición. Podéis estar tranquilos… dentro de lo que cabe.
—Las demás escuelas… ¿sabéis algo de ellas?
—Principalmente de Beauxbatons y Durmstrang. La primera es de Francia, allí estudió vuestra tía Fleur. Como ya sabéis, ella misma fue campeona de su escuela. Y Durmstrang está en algún país del este. El campeón de la anterior edición fue Viktor Krum.
—¿Ese no fue noviete tuyo, mamá? —dejó caer Rose, de manera involuntaria.
Ron puso una mirada seria mientras a Hermione se le escapaba una risita.
—Fueron otros tiempos, cariño. Viktor, creo, es ahora director de la academia, seguramente le veáis el 31 de octubre.
—¿Y la nueva competidora? ¿La academia de brujas de Salem? —preguntó Hugo.
Los cuatro se miraron, pero sólo Hermione habló.
—Es una academia mágica de los Estados Unidos de América, sólo para mujeres dada su historia. Las brujas de Salem que fueron enjuiciadas en aquellos famosos procesos, los llamados Juicios de Salem, son muy importantes en la Historia de la Magia universal. La academia se creó poco tiempo después de aquellos acontecimientos, para acoger y proteger a las brujas del país. Los magos, por su parte, son acogidos en otras instituciones, pero la de Salem es la más importante, al tener proyección internacional. A parte de eso, no sé nada más —Ron le susurró algo al oído, a lo que ella asintió —. Debemos irnos. Seguiremos en contacto, no os preocupéis. Recordad que el 31 de octubre llegarán las delegaciones. Hasta entonces, concentraos en las clases y en vuestros estudios. Buenas noches, chicos, os queremos.
Las figuras desaparecieron de las llamas. Los jóvenes se apartaron, algunos sentándose en el sofá y las butacas, otros en el suelo.
—Bueno, pues tenemos carta blanca —soltó James, a lo que Fred asintió.
—Esto no cambia nada. Aunque vuestros padres os hayan dado permiso, me sigue pareciendo mala idea —protestó Rose.
—Gracias por preocuparte, Rose, pero los jefes ya han hablado. Fred y yo competiremos. Y ahora, si no os importa, me voy a dormir. ¿Vienes, Fred?
El aludido asintió. Se despidieron y subieron a su habitación. Lo mismo hicieron Hugo y Lily, quedando únicamente los dos prefectos en la sala.
—Deja de darle vueltas. Les conoces muy bien, y ahora que tienen la aprobación de la familia, nada les detendrá.
—Lo sé, Albus, pero no por ello puedo dejar de preocuparme. Ese torneo es peligroso.
—Bueno, todavía falta hasta que comience. Tendrás tiempo de preocuparte de otras cosas a partir de mañana. Te recuerdo que este año son nuestros TIMOS.
Rose palideció. Su primo tenía razón, ese año era determinante para su futuro académico y profesional próximo. Y la vorágine comenzaría mañana.
—Tienes razón, mejor me voy a dormir para estar mañana más despejada. Buenas noches, Albus.
—Buenas noches, Rose.
La joven desapareció por las escaleras. Albus no tardó en seguirla, pero se detuvo al pasar por la ventana. Fuera, en los terrenos, unos farolillos danzaban en mitad de la noche. Tras ver mejor, pudo ver a dos figuras. Iban en dirección a la cabaña de Hagrid.
Sin pensárselo dos veces, Albus subió hasta la habitación de los chicos de séptimo. Le abrió uno de ellos.
—¿Qué quieres, Potter? —preguntó.
—¿Puede salir mi hermano?
James salió nada más oír a su hermano.
—¿Qué ocurre, Al? ¿Tú también vas a darme la charla sobre lo estúpido que sería que Fred y yo…?
—He visto a dos personas ir a la cabaña de Hagrid, ahora mismo. Podría tener que ver con lo que haya pasado antes.
Sin pensárselo dos veces, James cerró la puerta y, al rato, con una capa sobre los hombros, salió. Bajo el brazo no llevaba otra cosa que la capa de invisibilidad legada por su padre.
Desde que Albus había llegado a la escuela, los dos hermanos habían hecho buen uso de la capa. Por ello, no era de extrañar que James no mostrase ni un ápice de negación ante la idea de salir a aquellas horas de la noche.
Inmediatamente se pusieron la capa, lo suficientemente grande como para ocultarlos a los dos, y salieron. Minutos después, estaban ya en los terrenos.
—Mira, allí están —señaló Albus.
Distinguieron la enorme figura de Hagrid, acompañado de otras dos. Los dos hermanos los siguieron. Se aproximaban al Lago Negro. Cuando estuvieron lo suficientemente cerca, agudizaron el oído.
—No comprendo que ha podido pasar. Siempre ha sido muy manso —comentó Hagrid.
—Ya, pues esta vez no lo ha parecido —contestó una voz que resultó ser la del subdirector Longbottom.
—¿Cómo ha podido pasar? Siempre ha sido pacífico, ha ayudado a los alumnos siempre que la ocasión se ha presentado —era la directora quien hablaba.
—No lo entiendo, Minerva, de verdad que no lo entiendo.
Permanecieron en silencio.
—Hagrid, escúchame bien. Este año es muy importante, lo último que necesitamos es que esa cosa nos esté dando problemas y…
—No es una cosa, directora —contestó Hagrid seriamente y a modo de protesta —. Tiene nombre y…
—Es una criatura peligrosa, Hagrid. Espero que sepas controlarlo. Vámonos —terció la directora, no admitiendo más discusiones.
La directora y el subdirector se marcharon, pero Hagrid se quedó, contemplando el lago. James y Albus, por su parte, se marcharon igualmente. Hasta que no regresaron a la Sala Común de Gryffindor, no se quitaron la capa.
—¿De qué estaban hablando? —quiso saber James.
—No lo sé, pero parecían muy preocupados. Y, desde luego, tenía que ver con lo ocurrido antes.
—¿Crees que Hagrid se meterá en un lío de verdad?
Albus permaneció en silencio.
—Es pronto para saberlo. Tendremos que esperar, a ver cómo se desarrollan los hechos. En fin —bostezó —, me voy a dormir. Buenas noches, James.
—Buenas noches, Albus.
Y cada uno se fue a sus respectivas habitaciones.
