II
¡Bamf!
Azazel se vio rodeado de la familiar explosión de azufre, comprobando que al esfumarse, volvía a encontrarse en Alemania, cerca de la Mansión Wagner, donde el Barón lo esperaba para una más de sus exasperantes reuniones de negocios.
De mala gana y con un suspiro de cansancio, ocultó su apariencia demoníaca, poniendo rumbo hacia allí.
Había pasado la noche en Prusia, donde había encontrado una joven doncella, anormalmente albina, de piel casi traslucida, y penetrantes ojos rojos, que había asignado rápidamente como su nueva misión.
Lo que en un inicio le había resultado divertido, seducir mujeres de apariencia extraña y única, para engendrar hijos demoníacos que pudieran luchar en su dimensión en el nombre de los Neyaphem, había terminado siendo monótono y tedioso.
El sexo, que antes le resultaba emocionante y clandestino, se había convertido en una mera formalidad.
Y no importaba cuan fogosas y pasionales eran sus acompañantes, después de todo solo eran misiones que cumplir, tan aburridas y rutinarias como las reuniones de negocios con Wagner.
Al llegar a la mansión, donde la ama de llaves le abrió respetuosamente la puerta, pasó al despacho, encontrándose al Barón sentado en su escritorio, mirando por la ventana con apariencia taciturna y preocupada.
Carraspeó suavemente para llamar su atención.
- ¡Azazel! - exclamó sorprendido cuando alzó la cabeza. De repente una chispa de comprensión cruzó sus fracciones - ¡Cielos santos! Había olvidado completamente nuestra reunión. Cuanto lo siento, por favor toma asiento. - se apresuró a añadir, haciendo un ademán hacía uno de los cómodos sillones que había en la sala.
Azazel aceptó amablemente el asiento que Wagner le ofrecía, observando como se levantaba de su escritorio, servia dos copas de whisky con hielo, y se sentaba en el sillón que estaba frente al suyo, separados por una pequeña y baja mesa de cristal.
- No hay de qué disculparse. - aseguró - ¿No es un poco temprano para beber? - inquirió; aún así aceptó la copa - ¿Hay algo que le aflija, Herr? - preguntó con fingido tono preocupado, como socio y mano derecha del Barón que era.
Wagner sonrió de forma irónica, teñida de tristeza, dando un largo trago a su propia copa.
- Lo que aflije a todos los hombres, supongo. - comentó medio divertido - La inquietud de no saber que esconde verdaderamente el corazón de una mujer.
- ¿Se refiere a fräulein Raven? ¿A ocurrido algo con ella? - volvió a preguntar, esta vez verdaderamente interesado.
El Barón suspiro, dispuesto a contarle toda la historia.
- Esta mañana, Raven recibió una carta de su íntima amiga Irene Adler, que se encuentra viviendo en Inglaterra. Algo nada extraño, la correspondencia entre ellas es recurrente. Más esta vez, sea lo que sea que había escrito en la carta, se salia de lo común, pues desde esta mañana mi hermosa Raven se ha confinado en sus aposentos, negándose rotundamente a hablar conmigo o con las sirvientas. - dicho esto, enterró su cara entre sus manos, abatido. - Estoy tan preocupado por ella, que la incierta causa de su estado y la frustración de no poder ayudarla me esta matando.
Azazel frunció el ceño, pensativo. Tal vez la amiga de fräulein Raven había muerto, y la carta que hoy había recibido le informaba de ese hecho. En ese caso, sería lógico que fräulein se aislara en sus aposentos para combatir el duelo.
No le parecía tan preocupante, fuese por la razón que fuese, que alguien en determinado momento necesitara cobijarse en su vieja amiga la soledad, después de todo, él conocía bien esa necesidad.
Aún así, por pura cortesía y formalismo, apoyó al Barón.
- Lo siento mucho, Herr. ¿Hay algo en lo que yo pueda ayudar?
Vio asombrado como Wagner levantaba la cabeza de pronto, con una chispa de esperanza en sus ojos.
- ¿Podrías intentar hablar con ella, Azazel? - preguntó con desesperación. - Como un favor personal hacía mí.
- ¿Hablar con ella? ¿Yo? - preguntó claramente desconcertado - Pero Herr... usted mismo ha dicho que fräulein Raven se ha negado a hablar con usted y las sirvientas, ¿por qué cree que yo podría...?
- Ella te tiene respeto. - interrumpió apresuradamente el Barón - En repetidas ocasiones me ha dicho que debería valorar más tu opinión en los tratos que cerramos. Sé que ella te escuchara. - dijo vehemente - Por favor, Azazel...
Azazel mentiría si dijera que no se sentía halagado de las palabras que, el Barón aseguraba, fräulein Raven había dicho sobre él.
Tal vez fue por aquello, o tal vez por ver que el orgulloso Barón Wagner prácticamente le estaba suplicando, o simplemente porque la idea de poder hablar en privado con fräulein le emocionaba más de lo que debería, por lo que contesto sin pensar.
- Hablare con ella.
