La vida que quiero

CAPÍTULO II

Año 2005

Terrence Grandchester es un chico de dieciocho años de edad. Su físico es atlético, de estatura alta, su melena es larga y castaña y su porte exquisitamente elegante. Sus enormes ojos son azules, sus facciones muy varoniles y su sonrisa es digna de un príncipe que derrite los corazones de las jovencitas.

Siempre viste formal, pero a la vez muy juvenil. Su andar es tan varonil y arrogante que arranca suspiros y a la vez hace pensar que es un presumido, pero en el fondo es un muchacho de buenos sentimientos.

Es hijo de Richard Grandchester, el presidente de la cámara de senadores. Su madre, Eleonor Baker, es actriz de profesión. Tiene un hermano mayor, llamado Richard, y una hermana menor que él, llamada Michelle. Son una familia adinerada, influyente y poderosa.

Richard Junior es la oveja negra de la familia. Se salió de la escuela y se dedicó a vagar por el mundo. Sus padres ya no supieron como enderezar su conducta, así es que se limitan a callar, mientras que Michelle, de quince años de edad cursaba el high school y Terry cursaba la carrera de leyes, pero no tanto por gusto, sino por obligación de su padre al querer que alguno de sus hijos siguiera sus pasos en la política, y como con el mayor no pudo, pues que sea Terry.

Aceptó de buena gana, pues no era una carrera que le desagradara del todo. En sus ratos libres se dedicaba a salir de parranda con su mejor amigo, Charlie, compañero de licenciatura. Eran inseparables, conocían tanto el uno del otro.

Mientras Charlie estaba ocupado, Terry entonces dedicaba tiempo a su novia. Susana Marlow es una chica de diecisiete años, de cabello largo, rubio y lacio y hermosos ojos azules. Cabe mencionar que era la envidia de muchas chicas vecinas y compañeras de colegio de Terry.

Llevaban apenas unos meses de relación, en los que Terry se esmeraba en complacer a su guapa novia en todo. Y es que no solo Susana era envidiada, también Terry, pues Susana de verdad que es hermosa y además muy conocida, pues se dedica al modelaje.

Al cumplir los diecinueve años, Terry se independizó de su familia. Desde hacía un par de años, ahorró el dinero suficiente para adquirir un departamento. Cuando al fin lo hizo, se sentía orgulloso. Él mismo lo pintó, lo decoró y lo amuebló. El departamento era espacioso y muy confortable. Estaba ubicado en el quinto piso de un edificio en una unidad habitacional un poco alejada de la ciudad de Chicago, donde residía, en un rumbo muy poco convencional y frecuentado. Terry estaba acostumbrado a vivir en el lujoso barrio donde pasó toda su infancia al lado de su familia, sin embargo, a él no le importaba en lo absoluto bajar un poco esa categoría. Él se sentía orgulloso de haber adquirido su propio espacio.

Terry nunca fue un chico "fresa", a pesar de haber ya viajado alrededor del mundo innumerables veces, haber contado con la educación más cara y con todos los lujos a su alrededor, en los que se incluía una camioneta de lujo que fue obsequiada por su padre cuando él cumplió dieciséis años, y que aún conservaba.

Por ello, le pareció tremendamente infantil y absurdo el berrinche que Susana hizo al enterarse sobre el lugar en donde a Terry se le ocurrió comprar su departamento.

"Te fuiste a un barrio corriente, muy por debajo de tu categoría, como es posible, debías haber comprado un pent-house en la zona más cara de todo Chicago"

Recordaba siempre que Susana era una chica en efecto, presumida. Sentía que el mundo debía estar a sus pies, y eso poco a poco fue hartando a Terry.

En cierta ocasión, cuando el pintaba su departamento, ataviado en ropas viejas acorde a la ocasión, ella se comportó muy grosera con él.

Llamó a la puerta y Terry de inmediato abrió

-¡Creía que ya no vendrías! – se acercó a saludarla con un beso en los labios, que ella rechazó

-No creas que es tan agradable para mí frecuentar estos rumbos – dijo arrogantemente al mismo tiempo que lo miró con cierto dejo de asco - ¿Tú estás pintando? – preguntó al observarle la ropa manchada de la pintura color marrón

-¿Qué no ves? – le dijo, mostrándole la brocha en mano

-¿Y por qué lo haces tú? Te sobra el dinero como para pagarle a alguien que lo haga

-Pero da la casualidad de que yo quiero hacerlo – se acercó a la pared que aún seguía pintando – quiero que mi departamento quede a mi gusto, en todo

-¡Qué horror!

-¿Qué sucede, Susi? ¿He caído tan bajo que no te merezco? – preguntó con cierto sarcasmo

-No es eso… insisto que deberías pagarle a alguien

-¡Olvídalo! Y te equivocas, ahora no me sobra el dinero. Ya que decidí vivir solo tengo que trabajar. No pienso aceptarle ni un solo centavo más a mi padre.

-Pero está pendiente lo de la herencia de tu abuelo ¿Cierto?

Terry seguía sintiendo ganas de estrangular a la entrometida de su hermanita menor al haberle contado tal cosa a Susana.

-Sí, pero esa herencia la recibiré hasta los veintiún años.

-Bueno, no falta mucho – dijo con un brillo peculiar de interés en su mirada

-Parece que tú estás más interesada en ese dinero que yo – dijo con el pleno propósito de enfadarla

-¿Me estás diciendo interesada? ¡Yo te amo!

-Entonces – dijo un tanto seductor – demuéstramelo y hagamos el amor en la alfombra – se acercó a besarla pero ella nuevamente lo rechazó

-¡Estás todo sudado! ¡Qué asco! Cuando termines de esa sucia tarea y te duches, entonces lo pensaré ¡Adiós!

Se retiró azotando la puerta. Terry hizo un movimiento negativo con la cabeza y continuó con su actividad, mientras pensaba seriamente la manera de mandarla al diablo. Vaya que estaba pagando caro el andar con la chica más hermosa y codiciada de la ciudad. La quería tanto, pero no era estúpido, estaba más que claro que la muchachita es interesada en el dinero hasta la pared de enfrente, y Terry ya no estaba dispuesto a aguantarle un desplante más.

Claro está que no hallaba la manera de terminarla. Cada vez que comenzaba a hablar sobre ello con Susana, ella no hacía más que armar el berrinche del siglo, alegando que él era el amor de su vida y que si la dejaba era capaz de matarse. Está por demás decir que Terry no es de esos hombres estúpidos que se creen tanto drama, sin embargo, tampoco estaba dispuesto en cargar en la consciencia alguna estupidez que cometa Susana.

Así que el tiempo de noviazgo se fue alargando más y más, hasta que un bendito día, Terry descubrió que Susana llevaba mintiéndole todo el tiempo.

Era fin de semana, y por supuesto, no podía faltar la noche de parranda con Charlie. Antes de ir a la discoteca, despidió a Susana en su casa. Una enorme mansión ubicada en uno de los barrios más lujosos de la ciudad. Se subió a su camioneta y emprendió la marcha para pasar a recoger a Charlie.

Pero antes de salir del fraccionamiento, una llanta se le averió. Se bajó a revisarla pero antes de agacharse, ubicó a lo lejos la silueta de su novia. No cabía duda, era ella, aunque la oscuridad de la noche impedía ver con claridad, estaba seguro que era ella, sentada en una banca de la parada de autobús.

Se apresuró lo más que pudo en cambiar el neumático dañado de su camioneta y para su suerte, justo cuando terminó, pasó el autobús y claramente vio como Susana lo abordaba.

Fue siguiendo el autobús, fijándose atentamente en el momento que Susana bajara de él. No está de más mencionar que Terry llevaba rato preguntándose por qué Susana abordaba transporte público, cuando ella siempre se regodeaba de ser tan fina y elegante.

Más y más recorrido por la ciudad y la chica no bajaba. El autobús llegó hasta un barrio lejano, humilde y lleno de comercios. No fue sino hasta la tercera ocasión en que el autobús hizo parada en ese rumbo, cuando Susana bajó.

Se encaminó todavía tres calles adentro, Terry la siguió a una distancia prudente para que ella no se percatara de su presencia.

Quince minutos más tarde, ella introducía las llaves en la puerta de una casa pequeña, humilde y descuidada.

¿Qué hace ahí? No paraba de preguntarse Terry. Esperó más minutos cuando decidió bajarse de la camioneta y averiguar.

La puerta la abrió una niña pequeña, como de unos diez años, idéntica a Susana. Ojitos azules, cabello lacio y rubio.

-Hola pequeña – saludó Terry - ¿Tú eres Sandy? – preguntó, recordando la vez que Susana le habló sobre su hermana menor

-Sí ¿Y tú qué quieres?

-Vengo a buscar a Susana

-¡Acaba de llegar! Ahorita la llamo – se fue sin siquiera invitarlo a pasar

Una vez acercándose Susana a la puerta, un vuelco en el estómago le ocasionó un intenso dolor y los nervios comenzaban a enfermarla. Se le secó la boca y ni siquiera podía articular palabra.

-Hola, Susi ¿No te da gusto verme? – Le dijo un tanto enfadado - ¿Podríamos hablar? En la camioneta, si así lo prefieres – se dio la vuelta y la instó a seguirlo.

Ella se subió al auto y seriamente, azotó la puerta del lado del copiloto.

-Espero que tengas una buena explicación para esto, Susana.

-¿Y qué piensas decirme? Mandarme al diablo porque soy una pobretona, seguramente

-Te mandaré al diablo, sí, eso es seguro, pero no por ser humilde, sino por ser una mentirosa

-Ahora resulta que no te interesa mi condición social

-Escúchame bien Susana, yo no soy ningún imbécil. Ahora me queda más que claro que estabas tras de mi dinero y mi posición. Si de verdad me amaras como dices, sabrías que yo no soy el tipo de persona que discrimina a los demás por su condición social. Lo que me enfurece es la mentira, el que me hayas visto la cara de idiota tanto tiempo, y dime ¿De quién era la casa a donde te iba yo a dejar? ¡Ah ya se! De tu amiguita Clara ¡Como no lo imaginé antes! Ella es una zorra y tu una mentirosa ¡Tal cual las amiguitas se juntan!

-¡Cállate! No me ofendas

-Ay Susana… ¿Yo ofenderte? Tú solita te ofendes. Así es que, si no tienes algo importante que decirme en este momento, yo me retiro, y te agradecería que bajaras ya de mi auto.

La chica se bajó y Terry emprendió la marcha. Furioso, realmente encolerizado, se fue a buscar a Charlie para contarle sus más recientes anécdotas. Eso sí, con mínimo dos botellas de whiskey para desahogar la frustración.

-¡Vaya! La Susanita sí que me sorprendió – alegó Charlie

-Ni me digas, es una idiota

-Tan presumida que es, tan sangrona, tan… tan grosera… no se me olvida el desplante que me hizo el día que me vio en el trabajo – y es que Charlie se dedicaba al negocio de fletes y mudanzas – ¡Y ella resultó ser más jodida que yo! Jajajajajaja

-Ya te dije que el hecho de que sea pobre no me interesa. Si me lo hubiese hecho saber desde un principio igual hubiera sido mi novia, pero no… ahí tenía yo que estar de imbécil cayendo en su trampa

-Es increíble ¿Y todo este tiempo cuando la ibas a dejar ella se regresaba a su casa en autobús? Jajajajaja ojalá me pudiera burlar en su cara

-Necesito otra copa – alegó Terry acercando la botella a su vaso

-¿Vas a emborracharte por ella? No vale la pena

-¡No es por ella! Yo fui el imbécil

-Cálmate hombre… te presentaré unas niñas preciosas

-No me interesa

-¿Te volverás gay?

-¡Quieres callarte!

Entre risas, bromas y un sin número de copas, la borrachera de la noche se dio por terminada hasta las siete de la mañana del siguiente día.

Posteriormente, Terry ya se estaba preparando para el momento en que Susana lo buscara y le armara los teatros de siempre.

Pero sorprendentemente, la muchacha tenía dignidad. No se le apareció en meses y Terry no podía estar más contento, aunque, en su mismo salón de clases, iba la tal Clara, su amiga, esa muchacha de moral distraída que coqueteaba hasta con los profesores, y era inevitable que todo el tiempo se la recordara.

Meses después, su padre le ofreció a Terry un trabajo en el Congreso. Richard estaba muy orgulloso de su hijo. Cuando lo vio tan decidido a independizarse y valerse por sí mismo, fue que le ofreció tal trabajo.

Terry terminó por aceptarlo, pero para cumplir debidamente con el horario, debía cambiarse de turno en la universidad.

No tuvo mayor complicación para ello. Los trámites para el hijo del presidente de la cámara de senadores se agilizaban más, y no por que tuviera necesidad de sobornar, simplemente la gente a veces cree que siendo lambiscona con ciertas personas ya tienen la vida resuelta.

Pasó a formar parte del turno vespertino, gratamente sorprendido de que el grupo que le tocó era el mismo donde estaba Charlie.

Entró al salón de clases, con su maletín de la laptop en el hombro y sin dirigirse a nadie más que no fuera Charlie.

Su amigo lo esperaba recargado en el marco de la ventana, mientras platicaba con un par de amigos.

-¡Hey Terry! que puntual eres, ven, mira, te presento a Archie

-Mucho gusto – se dieron un apretón de manos

-Y te presento a Neal

-Un gusto también

-Nosotros somos los brabucones del salón – dijo divertidamente Neal

-Bueno, me alegra al menos no formar parte de los nerds – dijo más divertidamente Terry

Bromearon un rato más y de repente, Terry fijó su vista en la puerta del salón. Lo que vio fue una imagen que se quedaría grabada en su memoria toda la vida.

Una delgada y hermosa chica entrando de lo más sonriente, sosteniendo sus libros en el brazo.

Se notaba que era muy sociable pues todos los alumnos con los que se topaba eran afortunados de ser saludados por ella con un beso en la mejilla.

-¡Cierra la boca Terry! – decía Archie doblándose de la risa

-Se te cae la baba hermano…

-¿Disculpa? – Dijo aquél indignado - ¿De qué hablan?

Y en ese momento, la chica se acercaba a saludar al grupito de brabucones.

-Hola Neal – beso en la mejilla – hola Charlie – beso en la mejilla – hola Archie – otro beso en la mejilla – hola… - para él, solo un hola y una mirada

-¡Hola Candy! – Dijeron los tres al unísono, pero de ahí Charlie tomó la palabra – él es un nuevo compañero, se llama Terry, Terry, ella es Candy, la rebelde del salón

Se dirigieron una fugaz pero intensa mirada. Candy extendió su mano y lo jaló hacia ella para saludarle también con un beso en la mejilla.

-Mucho gusto Terry

Aquél sólo se quedó embobado, como hipnotizado, y salió de su ensoñación hasta que Neal le dio un codazo

-Eee… el gusto es mío Candy

Ella le regaló una sincera sonrisa y fue a sentarse a su butaca, junto a su inseparable amiga, que en esos momentos era irrelevante su presencia.

Continuará…

Millones de gracias!

Usagi13chiba – Silvia R.S. – Oligrandchester – Terry780716 – Rosy Jiménez – leonore18 – Alicia – Anelis granchester – Gema grandchester – Ladyrose23 – Chikita973 – Lucero – princess grandchester – ascella star y la chica anónima que me dejó su review pero no su nombre.

Quiero comentarles que a ambas historias les doy su espacio. Lo que sucede es que la de "el verdadero amor es eterno" ya está casi en recta final, pero esta historia me fluye mucho, pues llevaba ya desde hacía tiempo imaginándola.

Espero que el capitulo haya sido de su total agrado. Nos leemos en el siguiente.