SLEEPLESS IN SEATTLE
Josué Spelling dormía abrazado a su muñeca hinchable de Pamela Anderson. Así era desde los siete años, cuando le confesó a su padre que algo parecía querer estallar en sus pantalones mientras veía la retransmisión del mundial… Estefan le cortó, no le dejó hablar más. Preocupado por la orientación sexual de su hijo, decidió que desde ese día iba a dormir con Pamela Anderson. Pamela Anderson no suele dormir con (niños) desconocidos, así que Estefan tuvo que contentarse con una muñeca.
Josué soñaba. Era un sueño para adultos, ya me entendéis… (Gente con traje hablando de hipotecas).
El despertador rompió el plácido sueño:
- "Torri-Torri. Torri-torri".
Josué abrió los ojos. Encima de él, estaba Kyle. Pegó un grito, y lanzo un brinco de la cama.
Sus padres acudieron de inmediato. Nicol traía un bate de béisbol, y Estefan se agarraba al pijama de su esposa.
- Kyle estaba durmiendo encima… -dijo Josué-, encima de mí.
- No es cierto –dijo Kyle.
- ¿No estabas encima?
- Eso sí –dijo Kyle-, pero no dormía.
- Sí, suele hacerlo –Todos se giraron. Torri, con su pijama de "Cubo de Sperma", acababa de aparecer en el umbral de la puerta-. Ayer me desperté y lo tenía encima, durmiendo.
- No es cierto –dijo Kyle.
- ¿No estabas encima?
- Eso sí –dijo Kyle-, pero no dormía.
- Nicol –dijo Estefan acercando su mano a la frente-, creo que acabo de tener un dejà vú.
- Kyle ¿qué hacías?
- Intentaba aprender cómo se duerme…
La familia se reunió en la cocina.
- Kyle –dijo Nicol con tacto-, ¿tienes problemas de sueño?
- No.
- ¿Duermes?
- No.
- ¿Y no te parece eso un problema?
Kyle la miró, no parecía entender que eso fuera problema alguno. Luego dijo:
- He intentado aprender. Os observo atentamente mientras dormís.
- ¡Eh! –saltó Josué-, si se aburre por las noches, podría hacer mis deberes.
- Cállate –le ordenó su padre.
- Por qué tú lo digas.
Tras el desayuno de fabada con callos, la familia se separó. Hubo un breve juicio, y la custodia de los hijos fue para Nicol. Estefan fue declarado incapacitado para cuidar de sí mismo, así que fue a vivir con su esposa y sus hijos. Estefan fue a su empresa a hacer lo que diablos sea que hace; Josué a jugar a la Play con sus amigos; Nicol fue de compras; y Torri fue a hacer la calle (trabaja en una empresa de obras públicas, asfaltando calles… ¬¬ seguro que pensabais otra cosa, guarros que sois). Kyle se quedó sólo, así que salió y exploró el barrio.
El barrio donde habitaba la familia Spelling, era una zona residencial típicamente americano: Casas unifamiliares con la bandera de Irak ondeando; había pandas armadas que controlaban las esquinas; había proxenetas en las farolas, y traficantes de crack en los patios traseros. Kyle deambuló por la acera procurando pisar todos los recuerdos de perro que encontró. Descubrió que al hacerlo y pasar cerca de la gente, ésta se giraba para mirarlo (y se tapaba la nariz; acto que Kyle consideró como de saludo habitual). Después de caminar toda la mañana, llegó a la casa de al lado. Un grito aterrador le causó gran impresión. Movido por la curiosidad, cruzó la valla con el cartel: "No pasar", y llego hasta la puerta. La abrió (en ese barrio plagado de delincuentes hubiera sido inútil cerrar con llave). El grito se repitió. En el rellano, escondido tras el perchero, Kyle vio a una chica. Tenía un rostro angelical, y un cuerpo diabólicamente atrayente. Agarraba con su delicada y blanca mano un micro de juguete, y parecía seguir, a grito pelado, la letra del karaoke de la pantalla. Se trataba de la sinfonía nº 12 en Do menor de Ozzy Osbourne, también llamada "War pigs". La chica sacudía su cabeza, con una larga melena rubia de anuncio de champú, al ritmo de la música, hasta que al girarse, vio a Kyle y se detuvo. Kyle, asustado, dio un paso atrás, con mala suerte, pues se quedó enganchado en el perchero. Una señora bajo corriendo por la escalera, Kyle dedujo que era la madre de la chica, la mujer llevaba una sartén por el mango. Kyle salió corriendo con el perchero hasta su casa, y se encerró en ella.
Asustado, busco un sitio donde esconderse, y le pareció que el horno, era el mejor lugar.
- Kyle –dijo Nicol, tras buscarlo sin suerte durante dos días-, ¿qué haces ahí?
- Me siento bien aquí.
Por la ventanita del horno se veía la cara de Kyle, que reposaba en esa postura, con las manos bajo su barbilla.
- Bueno… pero ahora sal, tengo que hacer un pavo al horno. Esta noche, Estefan y yo te haremos compañía hasta que te duermas.
Kyle no dijo nada, quiso agradecerle lo que aquella mujer hacía por él, pero no sabía cómo.
Por la noche la familia se juntó ante el televisor. Como cada uno quería ver un programa distinto no tardaron en discutir y separarse. Esta vez, sin juicio. Quedaron Nicol, Estefan y Kyle.
- Te he preparado un saco de dormir en el jardín –dijo Estefan.
- ¿No puedo dormir con vosotros?
Se miraron.
- Kyle –dijo Nicol con tacto y vista y olfato-, no puedes…
- Bueno, si durmiera con nosotros -hizo Estefan-, podría substituirme en el acto amatorio de hoy, me siento un poco decaído.
- Tómate una pastilla, Estefan.
- Josué agotó los antidepresivos ayer…
- No esas pastillas, de las otras, ya sabes…
- ¿Viagra, otra vez? Cariño no sé si es bueno que tome tantas…
- ¿Puedo tomar yo Viagra? –preguntó Kyle.
La pareja se miró. Nicol se acordó del tamaño XL del "pequeño Kyle", y pensó que eso podría ser peligroso, para los pantalones, y hasta para los muebles si Kyle se acercaba demasiado.
Kyle era el único que no lograba dormirse. No quería molestar y se estaba quieto en su saco, sabía que todos los demás ya dormían. Así que pasó la noche contemplando el techo. Aburrido, agarró su bloc de dibujo y su caja de rotuladores Carioca, y pintó, píxel a píxel, una fotografía. Era la chica que había visto esa mañana.
Mientras la familia desayunaba, sonó el timbre. Nicol fue a abrir. Se trataba de su vecina que venía con su hija en una mano, y una sartén en la otra.
- Señora Spelling, su anormal se metió ayer en mi hogar.
Nicol se giró, su familia asomaba la cabeza por la puerta de la cocina.
- Estefan, ¿te has vuelto a colar en casa de las vecinas para espiarlas?
- No, no, ese anormal no, el más raro.
- ¿Se refiere a Kyle?
Kyle se acercó. Así lo había aprendido, cuando alguien le llamaba, él se acercaba.
- Ese, ese… Y se fue corriendo antes que pudiera ofrecerle una sartén. Me dedico a la venta de sartenes. ¿Sabe? También vendo cazos, ollas,…
- Lo siento –dijo Nicol-, no necesitamos nada.
Y le cerró la puerta en los morros, pues esa era la técnica que empleaba con los vendedores. Pero la vecina, vendedora experta, había empujado a su hija hacia el marco, así que la puerta se le estampó en la cara pero no se cerró.
Kyle y la chica se miraron intensamente. El calor de la sala empezó a subir hasta que saltó la alarma antiincendios.
- Por cierto –dijo la vendedora de sartenes-, ese perchero es mío.
Por la noche Nicol y Estefan habían decidido volver a hacer turnos para vigilar a Kyle. Pero se durmieron. Kyle, no. Sé cansó de mirar el techo, y decidió que era imperdonable perder el tiempo de aquella manera, y que lo mejor sería que se levantase y explorarse el mundo. Cuando antes comprendiera todo, antes se adaptaría y dejarían de llamarlo anormal, como Estefan. Deambuló por el baño, ya había aprendido a usar los elementos: el lavamanos servía para lavarse las manos, la bañera para bañarse, y el water para sentarse a leer. Sintió el vacío en su interior, hambre. Hasta entonces sólo había comido aquello que le habían dado, pero ya era hora que él mismo explorase sabores y gustos. Abrió el armario de la cocina, y agarró una garrafa de refresco: Lejía. Tenía un gusto particularmente picante. El color del limpiacristales era atrayente, bebió un poco. Luego abrió la nevera, pero allí hacía mucho frío y cerró de inmediato. Encontró una bolsa de patatas fritas, y tras quitar todas las patatas, se comió la bolsa. Era bastante cargante, otro trago de refresco Lejía le ayudó.
La familia lo encontró por la mañana, durmiendo placidamente dentro del horno.
- Mira Estefan, parece tan relajado…
- ¿Y ahora como caliento yo mis bollos? –preguntó Torri-, necesito mis bollos.
- Ya encontraremos una solución, bollera, pero de momento…
- ¿No pretenderás que duerma en el horno? Es peligroso… es un horno caro, podría estropearse.
- Lo importante es que Kyle duerma…
Y desde ese momento, el horno se convirtió en la cama de Kyle.
CONTINUARÁ…
NOTAS
Sleepless en Seattle (título del capítulo) es también el título de una película de Nora Ephron de 1993, con Meg Ryan y Tom Hanks, conocida en Spain como ALGO PARA RECORDAR.
¬¬ no tiene nada que ver con el fic, pero es una información que puede resultar útil a la hora de la declaración de la RENTA.
ADVERTENCIA: Leer este fanfic y no dejar review puede producir los mismos efectos que beber del refresco Lejía.
