Hola queridas tipas y tipos, le traigo el siguiente capítulo porque soy cool, na, no soy cool D;, si no sería más rápida, mucho más jejejeje, pero no creo ir tan mal, espero les guste el capítulo :3, y no sean malitas y déjenme reviews llenos de pony's y arcoiris, aunque también me gustan los favoritos ;D
Y así empezó todo…
Los ojos ingleses seguían pendientes del reloj, se arreglaba un poco el pantalón del buzo y de la polera de gimnasia, su colegio era bastante acomodado, eran los niños ricos de la población para el resto, los mimados, y en sí él era uno de los niños con más ingresos en todo el colegio, el francés estaba cerca de él -sí, la desgraciada madre naturaleza los decidió juntar- había o estaba pasando su primera desilusión amorosa, hace una semana la chica, si es que era mujer claro… le había dicho esto:
"Oh dios Francis ¿por qué mierda estás en bolas mostrando tu cuncuna? sólo te invité a jugar Twister"
–Le llamó cuncuna ¡cuncuna! hasta "cono de helado bebé" me hubiera dolido menos…–lloraba a moco tendido sobre el británico.
Arthur sólo suspiró, desde ese día Francis está sobre una mesa todo el día, con la boca abierta, llorando como magdalena, agonizante, no habla cochinadas, la mayor parte del tiempo está callado, quejándose en silencio, para qué negarlo, Arthur es un poco más feliz así, sin que hable todo el maldito día de cosas bizarras, además ese día le tocaba educación física, quedaría como puré, pero un puré feliz.
Emily Jones, esa era su profesora, sólo quería verse un poco más maduro frente a ella, un poco más adulto y no tan pequeño, auque es realista, ella quería a todos sus alumnos por igual, amaba su trabajo y quería a los niños, pero amar es una cosa diferente, ella era su otro amor platónico, incluso acercarse mucho a ella lo ponía nervioso.
Se habían cambiado en camarines, Francis se metió en la ducha de manera melodramática a llorar como si estuviera bajo una tormenta, Bonnefoy definitivamente tenía que estudiar actuación.
–¿Francis no tuvo sexo? –mencionó un italiano de seño fruncido aparentando desinterés, su nombre era Lovino.
–No me lo recuerdes, conmigo se suena…–respondió el británico pero no de manera tan agria y venenosa, después de todo sólo faltaban minutos para verla a ella.
Pero algo pasó.
O quizás faltó.
Ella los estaba mirando a todos junto a una inspectora, sonriendo con una triste sonrisa a cada uno de los niños, a ninguno especialmente.
–Lo lamento mis niños, no puedo hacer clases ahora, alégrense…–rió suavemente, pero la mujer alegre y entusiasta profesora de antes había desaparecido. –Alégrense de que no llegarán arrastrándose a casa, pronto volveré, se los prometo…–
El inglés quedó con una cara de tres metros bajo el suelo con eso, se fue dando zancadas en el piso como si pesara cientos de kilos casa pierna delgada que tenía, frunciendo el seño sujetando fuertemente la mochila grisácea que traía, era un día malísimo, sólo faltaba que llegara un pájaro y lo cagara, miró al cielo, justo uno estaba preparando el trasero, pero él es más listo y consigue moverse.
Llega a la casa casi matando el timbre electrónico con la estúpida musiquita.
–Son…–responde su progenitora al pequeño que parece que viene con el berrinche y eso rara vez pasa, Kirkland no es un niño de berrinches.
–Mother…–
La madre era observadora, podía ver la cara de cinco metros destruye escoceses que tenía, porque cuando Arthur se molestaba con la vida, con una hormiga en el piso o con una hoja que no sonó cuando la pisó el odio recae a su hermano, con el que ya se lleva de las maravillas -cínicamente-, la mujer le ofreció algunos de sus bocadillos para mantener al menor tranquilo y bonito, de seguro había tenido un mal día en la escuela. Parecía que toda la gente que admira está perdiendo su fuerza y su esplendor, esta mañana cuando vio al chico rubio de la perfecta sonrisa se veía decaído y triste.
Todos tristes.
Y él ni siquiera existía en sus vidas, lo platónico es un asco.
Además de eso, su madre tenía memoria a corto plazo, se había encerrado a jugar solitario en su computador hasta que le cayera baba de la boca, cuando lo mandan a comprar, a él, está el inútil de su hermano seguramente haciendo sus cosas inútiles y delictuales y lo mandan a él como si fuera el empleado, el cejón compra pan y despensa.
–No te preocupes Mom, este renacuajo le tiene miedo a la calle, es un cobarde…–Arthur elevó la cabeza con odio desde la habitación, tratando de mantener su trasero pegadito a la silla y seguir jugando en el pc, sin preocuparle lo que le dijera su tonto hermano.
Pero el escocés no se rinde, el que más jode allí es él, la pobre victima se podría decir que era Kirkland.
–Arthur le tiene miedo hasta a su sombra, yo lo haré madre mía, el bastardo no sabe ni caminar bien…–
El inglés frunció las cejas, apretando el mause y se paró, el escocés estaba apunto de agarrar el dinero con una sonrisa confiada, el inglés se lo arrebata de las manos casi mordiéndole la muñeca, el mayor sonríe, su madre ni siquiera estaba despierta, estaba en la pieza de papá haciendo cosas de "papá y mamá" que siempre le dicen que es así, pero Kirkland no es tonto ni tarado, sabe que le están moviendo la cama a su madre, sabe que no existe santa y que su hermano es el hijo del diablo disfrazado. Todo eso lo sabe.
–Yo iré…–
–Cuidado con perderte, aunque mejor para mí si no vuelves…–
–Púdrete…–susurró Arthur sacándole el dedo de al medio y haciendo un agujero con su mano libre, queriéndole decir a su lindo hermanito "que te den fuerte por el ano".
–Espero te secuestren, pequeño mocoso…–rió con ironía.
Una ironía que no debió haber hecho jamás.
Porque se volvería en un karma.
El británico salió sujetando el dinero, la sirvienta se iba a las 20:42, eran las 21:00, así que uno de los hijos tendría que salir, él podría, no era miedoso, sólo estaba algo fría y solitaria la calle, camina confiado, tratando de demostrarle a su hermano aunque no estuviera allí que tenía la valentía para hacerlo. Pero llegando a la calle siente un sonido, luego una mirada observándolo, apresura el paso, pero siente la sombra acercarse, está detrás de él, empieza a correr desesperado hacia otra parte.
Mierda, mierda, no estaba exagerando, algo lo observaba penetrantemente, atrapándolo y consiguió lo que quería, el chico desvió el camino hacia la tienda. El inglés suspira aliviado al no encontrar nada detrás de él, la calle tranquilla y cercano a él una casa teniendo un asado familiar, quizás estaba un poco alterado, dobla la esquina para llegar a la otra cuadra caminando a paso firme sonriendo sutilmente llevando los ojos cerrados cuando choca con algo.
Es un sujeto con gorro, es un sujeto cuya cara está tapada, sólo puede abrir sus orbes verdes antes de querer pronunciar un grito pero es demasiado tarde, el sujeto le tapa la boca, lo obliga a caminar en un callejón oscuro, siente miedo, no puede evitarlo, su cuerpo tirita y la boca de su captor hace un gesto amargo de resentimiento, de culpa.
El sujeto no tiene identidad aún.
Lo único que pudo ver de él, fueron unos ojos profundamente azules. Unos ojos que le parecían extrañamente familiares. Ese día, Arthur jamás volvió de ir a comprar ni podría llegar a hacerlo. Había sido secuestrado, tal y como Scott dijo con palabras de ironía.
N.A: Aquí está el siguiente, no les daré más detalles! hasta el próximo capítulo :3
