¡Hola otra vez, amores! Agradezco su aprobación para poder continuar ésta historia. Mil gracias a toda la gente que me lee y me deja sus hermosos reviews, gracias en serio, son una inspiración y motivación para continuar escribiendo. ;u;

Ahora: ¡a leer se ha dicho! Espero que les guste mi segundo capítulo.

Disclaimer: Amour Sucré no me pertenece, es propiedad de ChiNoMiko y Beemov, yo sólo utilicé los personajes con fines de entretenimiento.

ADVERTENCIAS:
-Contenido lime y lemon más adelante.
-Si te gusta el NinaxLys, no lo leas.
-Hice lo posible por adecuarme a la personalidad de Lys, si no se parece, haré lo posible por mejorarla.
-Puede contener escenas sensibles(? más avanzada la historia.
-Si existe algún error en la ortografía o escritura, háganmelo saber por favor.


La mañana volvió a hacerse presente, y con ella, la entrada del Otoño. Ciertamente el clima comenzaba a helar de manera considerable, puesto a que los climas fríos no daban tregua cuando se encontraban en su auge; los habitantes sabían que debían comenzar a sacar sus abrigos, bufandas, guantes y demás prendas para contrarrestar, siquiera un poco, el frío clima.

Pasadas unas semanas más desde el encuentro con aquella jovencita, Lysandro se concentraba mucho menos que antes de haberse topado con la susodicha. En su mente únicamente se encontraba la sonrisa despistada, la suavidad de sus manos, la simetría de su rostro, su delicadeza física y corporal... Toda su perfección en sí. Seguía sin comprender qué le ocurría y por qué no podía sacarla de su cabeza. Sí, lo disfrutaba, pero le impedía desenvolverse en todos los ámbitos de su vida; se sentía frustrado, tanto por perder el interés en todo lo que a él respecta, como por no tener más noticias de ella. Suspiró por enésima vez en el día, tomó un poco de café de su cocina, y con él, sus cosas para ir de nueva cuenta, al instituto. No comprendía por qué aún iba al instituto, puesto a que sus notas se habían hecho terriblemente malas, ya no prestaba atención en nada y sobre todo, comenzaba a perderlo todo de una manera más cínica, que ciertamente, haría pensar a cualquiera que lo hacía a propósito, pero no era así, él no quería y no podía hacer nada por evitar ese tipo de conductas inaceptables en su persona.

-Lys, ¿te ocurre algo? Te noto... -Guardó silencio y agachó la cabeza. No era prudente de su parte inmiscuirse en la vida del hermano de su novio; sí, compartían clase, casa y a Leigh, pero eso no le daba derecho. Si bien, sólo era porque le preocupaba la situación del muchacho, pero prefirió callarse sus preguntas y dejarlo tranquilo. Ya tenía demasiado con las preguntas de todos en el instituto, ella no sería parte de aquella lluvia de preguntas.

Sonrió comprensivo. -Te lo agradezco. -Soltó. -Ahora sé que puedo tener un respiro de vez en vez. -Dijo volteando a verla, acto seguido, volvió a suspirar, bajó la mirada de igual forma y cerró con fuerza los puños. Habló finalmente. -¿Crees, Rosa, que es estúpido pensar todos los días en una persona que sólo has visto una vez en la vida? -Preguntó con un poco de nerviosismo en sus palabras.

Rosalya se sorprendió enormemente, tanto por la pregunta, como por descubrir el problema que lo aquejaba. Se sintió feliz por tener la confianza de Lysandro, más aún, cuando éste le informó que ni Castiel tenía conocimiento de sus problemas.

-No, no lo creo. Es decir, cuando vi a Leigh por primera vez, no podía sacármelo de la cabeza, quería a toda costa volver a verlo, siquiera por una vez más. Quería volver a sentir su presencia y ese incomparable aroma suyo... -Respondió un poco melancólica. -Pero afortunadamente el destino fue amable conmigo y al momento de mudarme con mis padres a una casa cercana al Sweet Amoris, me di cuenta que ustedes eran mis vecinos, ¿recuerdas? No cabía en la felicidad, y aunque era muy tímida, hice lo posible por acercarme a Leigh. Mis esfuerzos valieron la pena, ¡mírame, Lys! Ahora vivo con el amor de mi vida... y contigo. -Murmuró ésto último con algo de vergüenza. A pesar de estar ganándose la confianza del joven, sabía que sus comentarios no eran los mejores cuando se trataba de alguien que no fuera su novio.

Lysandro escuchó con especial atención el relato de Rosalya, al final sólo mostró una sonrisita apenas perceptible, volvió la mirada a los pasos que daba. -Entonces... ¿no crees que sea inaceptable perder el interés por todo y todos, sólo por una persona? -Insistió curioso.

Lo meditó unos segundos. -La verdad... no, tampoco lo creo. Cuando te enamoras, Lys, nada más te importa a excepción de la persona que ha robado tu corazón. -Dijo en un suspiro, acto seguido, llevó ambas manos a la parte izquierda de su pecho, acción que acompañó con una enorme sonrisa. -A todo esto, ¿quién es la afortunada? -Preguntó intrigada.

Las acciones y palabras de la joven, lo hicieron sentir ligeramente mejor, incluso comenzaba a recuperar un poco la postura, mas esa pregunta lo desestabilizó casi por completo. Se tambaleó un poco, incluso tuvo que detenerse un par de minutos, sudo frío y empalideció. -Yo... -Fue lo único que pudo pronunciar.

Rosalya, quien observó todo con algo de miedo y asombro, se limitó a abanicarlo con una libreta suya. -¿Estás bien? Lo siento, no pensé que fuera a incomodarte mi pregunta. -Se disculpó apenada.

-No fue eso, descuida. -Respondió retomando la postura y siguiendo el camino hacia el instituto. -Es sólo que... -Musitó dudoso.

Ella soltó un suspiro de alivio, acomodó su cabello con la zurda y continuó su camino junto a Lysandro. -¿Es Nina? -Volvió a preguntar. La curiosidad se la comía viva.

Una vez más, Lysandro padeció los mismos síntomas de hacía apenas unos minutos. -¡Absolutamente jamás será Nina! -Exclamó en un tono de voz elevado. Se percató de lo que había dicho y cómo. -Lo lamento, Rosa, es sólo que Nina no me interesa en absoluto. Me comporté totalmente mal. -Pidió disculpas como solía hacerlo, a lo que Rosalya sonrió divertida.

-¡No es nada, hombre! -Exclamó de igual forma. -Jamás podría estar molesta contigo. -Concluyó. Él le devolvió la sonrisa.

Finalmente llegaron al instituto, como aún era algo temprano, ambos se expandieron lejos del otro.

-Hoy te noto diferente. -Comentó Castiel detrás de Lysandro. -¿Rosalya anunció que dejaría de vivir contigo y con tu hermano? -Bromeó el pelirrojo.

-¿Lo hizo? -Preguntó el aludido con algo de confusión. -Pero si hace unos minutos ella me comentó que... -.

-Qué inocente eres. -Ironizó. -Sólo bromeaba, hijo. -Se precipitó a revelarle la verdad, ya que, sí, Lysandro era de los alumnos más inocentes de todo el instituto, más que inocencia, derrochaba ingenuidad, eso lo hacía más único de lo que ya era.

La campana de inicio de clases sonó, y cada quien fue a sus respectivos salones y lugares para -obviamente- tomar clase.

-Jóvenes, hoy les traigo noticias. -Anunció el profesor entrando en el aula; una vez ahí, puso sus pertenencias y demás cosas, sobre el escritorio. -El día de hoy se nos unen dos nuevas alumnas. Ya sé que es mitad de curso y que obviamente deberán ponerse al corriente con las actividades, trabajos y tareas, así que me tomé la libertad de asignarles a ambas un tutor. -Mencionó acomodando pilas y pilas de papeles sobre el escritorio.

-Señor Farréz, ¿eso en qué nos afecta o beneficia? Digo, si son nuevas alumnas y todo eso... ¿por qué nos lo dice a nosotros y no a ellas? -Cuestionó Castiel inconforme, como siempre.

-Verá, señor Castiel, me refiero a que...

-¡Señor Farréz! -Habló Nathaniel pidiendo la palabra e interrumpiendo lo que decía. El pobre profesor sólo calló. -El Señor Farréz nos dice esto porque seguramente tiene algo entre manos, no seas idiota. -Dijo el rubio sin dejar de sonreír. Toda la clase, al igual que el profesor, se mantuvo en silencio por la tensión generada cada que Nathaniel y Castiel congeniaban, sabían que no era algo bueno, así que preferían dejarlos.

El pelirrojo frunció el ceño de manera muy visible, apretó los puños con fuerza. Iba a decir algo, cuando Lysadro lo tomó del hombro, él volteó molesto, a lo que su amigo sólo le indicó con movimientos negativos de la cabeza, que no dijera o hiciera algo tonto. Castiel hizo caso de mala gana, se cruzó de brazos y volteó su cuerpo hacia el profesor. Nathaniel sonrió victorioso y también volteó su cuerpo para donde se encontraba el profesor.

-Este... ¡Ah, ya recuerdo! Les comparto ésto porque también me tomé la libertad de que esos tutores sean los mismos compañeros de clase. -Concluyó sonriente.

El silencio que anteriormente reinaba el aula de clases, ahora se había convertido en un coreo de "Qué's", de susurros entre otros tantos alumnos y en preguntas lastímeras de ¿¡Por qué nosotros!?. Farréz esperó paciente a que todo se canalizara de nueva cuenta. -No se preocupen, sólo serán dos alumnos, ya que las nuevas sólo son dos. Y en éste caso, serán los más destacados de la clase, así que, señor Castiel, no tiene de qué preocuparse. -Sentenció en un tono gracioso e irónico.

El aludido se limitó a hacer gestos y encojerse en su pupitre. La clase volvió a explotar, pero en ésta ocasión, en risas.

-Debes admitir que fue ingenioso. -Reconoció Lysandro riendo también.

Castiel chasqueó la lengua mientras dirigía la mirada hacia la ventana, como todos los días.

-¡Señor Farréz! ¿Quiénes serán los tutores? Y lo más importante, ¿quiénes son las nuevas alumnas? -Cuestionó Nathaniel tomando la palabra nuevamente. Castiel observó de reojo, a continuación, siguió con lo suyo.

-A eso voy, señor Nathaniel. -Respondió. -Los tutores, como es de esperarse, serán Nathaniel... -Pausó debido a que hubo una oleada de aplausos, ya todos lo veían venir, así que felicitaron al rubio, como casi siempre. -Y Alexy. -Concluyó. Hubo un silencio incómodo.

-¿A-Alexy? -Cuestionó Melody confundida.

-Así es, ¿tiene algún problema, señorita Melody? -Preguntó el profesor observándola fijamente. Era obvio que creyó que ella sería tutora, más que nada, por la idea de trabajar con Nathaniel, mas el profesor había notado ciertas cuestiones, como que Melody ponía al rubio en un estado de histeria, así que no se arriesgaría a que el mejor alumno que tenía, desertara en su labor.

Ella negó con la cabeza. La clase, entonces, felicitó de igual forma a Alexy, quien sonrió contento y divertido, puesto a que jamás cruzó por su cabeza el hecho de tener notas similares a las de Nathaniel.

-Ahora bien, y que ya terminó todo el ruido y demás cosas de jóvenes, les presentaré a las nuevas compañeras. Adelante, pasen señoritas. -Indicó Farréz mientras abría la puerta del aula y hacía pasar a las jóvenes.

-Prepárate para conocer a más chicas huecas. -Murmuró Castiel para el de atrás suyo. Éste sólo suspiró con pesar y parpadeó con delicadeza.

La clase permaneció en silencio por varios minutos, en los cuales, el profesor había salido en busca de las nuevas alumnas. Se enteró que una ni siquiera había dado en el aula, mientras que la otra, se había aventurado a explorar los demás salones en busca de un chico. Cuando finalmente volvió, todos le prestaron atención. Antes, el profesor pidió a Nathaniel y a Alexy ponerse de pie, para así poder asignarles y presentarles a las nuevas alumnas. Ellos obedecieron, el rubio se enconraba tranquilo y sonriente, mientras que el de ojos violáceos se le notaba algo nervioso e inquieto, su hermano, quien se encontraba a su lado, levantó los pulgares y le sonrió, haciéndole saber que estaba con él y que sí podía llevar a cabo esa tarea, esto lo tranquilizó enormemente y tomó la actitud de Nathaniel.

-Lamento la demora. -Anunció Farréz entrando en el aula, detrás de él, iban dos jóvenes. -Ahora, les presento a sus nuevas compañeras de clase. -Suspiró.

-¡LYSANDROOOO! -Gritó fuertemente una de ellas, mejor conocida como Nina. Corrió entre los pupitres del aula para ir a dar con el antes mencionado joven, quien de un brinco, se puso de pie de su pupitre totalmente asustado, así como todos sus compañeros de clase. ¿Quién era esa loca? Sólo Lysandro la conocía y lo lamentaba.

La joven, una vez estuvo frente al muchacho, lo envolvió con sus brazos, a pesar de ser cortos, tenían una fuerza incomparable.

-¿Q-qué haces aquí? -Preguntó nervioso, ya que tenía en cuenta que toda la clase los observaba con enorme asombro. Aún así, no apartaba a Nina de él, quien se veía claramente encantada.

-Así que esta es la mentada Nina... -Comentó Castiel en tono de burla, aunque no dejaba de estar igual o más asombrado por la reacción de Lysandro y la rubia.

El señor Farréz, claramente sorprendido, prosiguió. -Y ésta jovencita, ¿nos quieres decir tu nombre? -Preguntó dulcemente a la chica que aún se encontraba frente a toda la clase. Ella negó repetidas veces con la cabeza, cerró fuertemente los ojos y ocultó su rostro detrás de sus manos. -Bueno, ella también es nueva, ahora, señorita Nina, hágame el favor de venir aquí. -Pidió casi con súplica.

-¡No! -Respondió ésta en seco. -¡Lysandro se quedará conmigo y yo con él! -Exclamó en un tono infantil y hasta cierto punto, chillón.

Lysandro volvió a suspirar y frunció levemente el ceño, acto seguido, alzó la mirada, ya a punto de ceder. Lo que vio, hizo cambiar todo su pensar en un segundo. -¡Tú! -Dijo en alto observándo a la joven detrás de Farréz.

FLASHBACK

-S-señorita... ¿se encuentra usted bien? -Preguntó hincándose frente a ella al mismo tiempo que le tendía su mano, eso sí, sin dejar de verla con detenimiento y encanto. Sabía de antemano que ambos se encontraban a mitad de la calle, pero no le importó en absoluto, así como tampoco prestó interés a todas sus cosas regadas por doquier.

Ella, aceptó su mano y le dedicó una sonrisa de agradecimiento. -Ahora lo estoy, muchas gracias. -Respondió despejándose del rostro de algunas hebras de cabello que lo cubrían. También cayó en la cuenta de dónde y cómo se encontraban, así que apresuró torpemente el ritmo de ponerse de pie, juntar sus cosas y ayudar al chico que la ayudó.

Lysandro quedó encantado con la jovencita. La observaba fijamente mientras ambos recogían sus pertenecias de la acera. Ni ella ni él decían palabra alguna, pero por lo visto, no se sentían incómodos. Esto le trajo al muchacho una frase que siempre le repetía su madre, y ahora, Leigh: "si permaneces en silencio al lado de una persona, y ni esa persona ni tú sienten incomodidad, sabrás que encontraste con quien compartir el resto de tu vida". ¿Será que él la encontró? ¡Al diablo todo, sea o no, el silencio le otorgó la respuesta y la petición de su hermano, por conocer a alguien con quien pasar el resto de su vida!

-Yo... Gracias, pero debo irme, ya es tarde y... -Decía con dificultad la joven. Se abrazó a sí misma, el frío comenzaba a calar con la caída de la noche, así que debía apresurarse si no quería morir congelada.

Él se entristeció un poco porque sabría que quizás sería el fin, pero se le ocurrió algo. Sin dejar de verla, se desprendió de su chaqueta y se la tendió. Ella se negó amablemente a aceptarla, mas Lysandro insistió y se la colocó en la espalda. Como era de esperarse, le quedó muy grande, pero tal parecía que el frío en ella se había esfumado. La chica volvió a sonreírle, salvo como agradecimiento, le propinó un dulce beso en la mequilla izquierda, a continuación, le dedicó una última mirada -muy dulce, a decir verdad- y echó a correr rápidamente en la dirección contraria a dónde él se dirigía. Lysandro se quedó inmóvil, por ende, volvió a dejar caer sus cosas, y de nueva cuenta, no le tomó importancia. Se tomó la mejilla izquierda con suavidad y dulzura, para después sonreír de manera estúpida; ni siquiera el frío lo distraía de tan hermosa escena que vivió con tan hermosa chica. Giró el cuerpo y se encaminó hacia su hogar sin dejar de sonreír.

Ésa misma noche recibió una reprimenda por parte de Leigh, quien afortunadamente logró recoger y recuperar todas las pertenencias de su hermano menor, le pareció extraño verlo sin chaqueta, así que creyó que de tan despistado que es, la perdió. Pensó en regalarle otra la próxima semana; esto no le importó en absoluto a Lysandro, quien no dejaba de sonreír, suspirar y recordar a tan perfecta muchacha... Lo que lo sacó del trance era que no sabía cómo se llamaba ella, ni siquiera sabía si volvería a verla. Entró en una disforia fortísima, se despidió de Leigh y Rosalya y se encerró en su habitación. Esperaba que ella no lo olvidara, recordó que le había obsequiado su chaqueta, así que sintió algo reconfortado, pero no del todo. Cerró los ojos y se arrulló con el recuerdo de la muchacha de frente al instituto.

FIN DEL FLASHBACK

-¿Tú eres la chica...? -Insistió Lysandro mientras se liberaba del agarre de Nina y la apartaba. Caminó en dirección a la joven ante la vista de todos sus compañeros de clase y de Nina, quien se indignó a más no poder, mas no hizo nada al respecto, salvo sentirse molesta. -Señor Farréz, permítame ser el tutor de ésta joven. -Pidió amablemente sin dejar de observarla.

Farréz no dejaba de sorprenderse, sus alumnos sí que eran totalmente especiales. -Lo siento, señor Lysandro, pero el tutor de la señorita es Alexy. -Setenció con delicadeza.

Él agachó la cabeza a manera de lamento, pasados unos segundos, levantó la mirada y aceptó. Miró por última vez a la chica nueva -no para él- y se dirigió a su lugar. Se percató que Nina lo esperaba. -¿Me harías el favor de moverte? -Preguntó poniéndose de pie frente a ella.

Nina se sintió algo debastada por las acciones y la actitud de Lysandro para con la nueva. -Pero... -Balbuceó.

-¿Podrías? -Insistió él, como no obtuvo respuesta, decidió rodearla.

Castiel observaba divertido todo el asunto que se desenvolvía en el aula. En cuanto ocurría algo, él tenía gestos y muecas para todo. Vaya que se divertía mucho ése día. Jamás creyó que Lysandro sería tan... poco recatado con respecto al tema de las chicas. Sí que tenía que conocerlo mucho más.

-Señor Farréz... -Volvió a hablar Nathaniel. -Disculpe pero pensándolo mejor... declino la oferta de ser tutor... -Murmuró mientras tomaba asiento y se encogía de hombros.

-Está bien. -Accedió el profesor. Miró a Melody. -Señorita Melody, hoy es su día de suerte, usted será la tutora de Nina. -Finalizó, y sin que antes la castaña pudiera decir algo respecto, Farréz anotó en su lista: a Melody con Nina y a Alexy con la otra chica nueva.

En tanto asignaron los lugares, la clase comenzó. Castiel, por otro lado, volteó el cuerpo hacia Lysandro, al momento de hacerlo, lo descubrió mirando fija y totalmente perdido, a la chica nueva, por otro lado, Nina no le quitaba la mirada de encima a su amigo. -Lo que queda del curso te irá como en feria, ¿verdad, Lysandrito? -Comentó entre risas. Su amigo lo miró e hizo una mueca dándole la razón.

-Ya lo decía yo... Lo más callados son los más lanzados. -Concluyó con esa frase extraña.


¡Tadáaaaa! Espero les haya gustado y me digan qué tal les pareció. ¡Mil gracias por sus reviews, lecturas y visitas, no saben cómo las amo! 3 Nos leemos hasta el siguiente capítulo. Sigan hermosas. c':