SED
Se escucho un ruido a lo lejos, y caí al suelo. El fuego seguía ardiendo dentro de mí, y tan solo veía las ramas de los arboles pasar sobre mi cabeza ocultando la luna, en un momento me encontraba en una gran habitación, había un agradable olor a mi alrededor pero eso no hacía que el dolor se fuera, deseaba morir en ese momento, escuchaba voces a lo lejos pero no podía reconocer a nadie.
Transcurrían los días y el ardor permanecía, ¿Que me ocurría? ¿Por qué no moría de una vez por todas?, en un momento reconocí la voz de un hombre, se escuchaba cercano conversaba acerca de mi al parecer.
Una brillante luz me despertó, se filtraba por una pequeña ventana de la habitación, por fin ese fuego se había ido, aunque no totalmente, mi garganta seguía ardiendo aunque con menor intensidad, me levante y salí de allí, vi una mujer en la cocina que empezó a llamar a su esposo con gritos de felicidad, pero pronto esos gritos cambiaron a los de auxilio, no entendía por qué, al llegar el hombre al que había escuchado antes, me di cuenta de lo que estaba ocurriendo, tenía mis dientes en su cuello y la mujer había dejado de gritar, succionaba su sangre con impaciencia, tenía un sabor muy dulce y delicioso, esto calmaba un poco el ardor en mi garganta. Cuando la mujer quedo sin vida tirada en el suelo no dude en continuar con su esposo, no podía controlarme, aunque quisiera.
Salí de allí lo más rápido posible en busca de más sangre, todo se veía pasar tan rápido a mi alrededor, y en un segundo me encontraba en medio de una pequeña ciudad, las personas me veían desconcertadas, unas con miedo y otras con admiración, seguía muy confundida, pero mi instinto no me deja pensar, en poco tiempo había acabado con todos, eran tan frágiles cuando intentaban escapar, pero nadie lo logro.
Seguía corriendo en busca de mas, arrasaba con lo que tuviera en frente, los animales del bosque olía bien pero no lo suficiente. Había un pequeño niño en uno de esos lugares en los que estuve, su rostro estaba lleno de lagrimas observando a sus padres tendidos en el piso, por un momento pude pensar, me acerque con cuidado y le levante el rostro con delicadeza, el niño asustado me empezó a golpear, le limpie las lagrimas y vi en sus ojos a un monstruo, era una mujer hermosa, con la piel pálida y brillante como diamante, sus ojos eran del color de la sangre, la sangre que había tomado, esa era yo, me confundí aun mas al ver esa imagen, quería llorar igual que ese pequeño niño pero no habían lagrimas, lo abrace para consolarme pero no pude resistir su dulce olor y termino igual que los demás.
¿Cuánto tiempo había pasado? Tal vez un par de meses y yo seguía igual, continuaba matando a las personas para tomar su sangre, no quería seguir con esa vida, tome un cuchillo e intente enterrarlo en mi pecho pero este se hizo polvo, mientras me resignaba escuche a alguien entrar a la pequeña casa. Su olor era diferente, cuando voltee vi unas personas con unas capas negras, intente atacarlos pero eran iguales a mí, al ver sus intenciones de matarme corrí para escapar pero no lo logre, me habían cegado e inmovilizado de alguna manera y me llevaban a algún lugar remoto.
