Capitulo 2 Desconcierto.
Yuna despertó y no vió a koga por ninguna parte, no le dio demasiada importancia en ese momento pensando que tal vez se había ido a entrenar o se fue temprano para que nadie lo viera salir de la habitación y así evitar sospechas, no lo sabía con exactitud.
Estaba algo cansada pero no quiso seguir durmiendo, así que se levantó decidida a tomar un baño, tenía el olor de koga impregnado en toda su piel no pudo evitar esbozar una sonrisa y recordarlo, al hacerlo todas esas sensaciones volvían a ella, cada cosquilleo, cada encuentro de sus labios, cada rose, todo. ¿Qué haré ahora?- se preguntó mientras el agua fresca se deslizaba por su cuerpo, jamás había experimentado algo así, todo era una novedad y en sus pensamientos vagaban muchas preguntas en cuanto a lo ocurrido y a las cuales no les había encontrado respuesta. Ella había sido entrenada de una manera donde las emociones no tenían lugar, tenía prohibido mostrar el alma ya que podía ser letal. Con ese entrenamiento no iba a tener problema alguno en hacer a un lado todas sus tempestades internas y seguir el curso normal de su vida. Ya encontraría la solución en algún momento.
Ya bien entrada la mañana todos en palestra comienzan sus actividades rutinarias, koga se la pasó divagando en su mente gran parte de las clases, no podía pensar en otra cosa que no sea esa mujer con la que pasó la noche. Yuna en cambio actuaba completamente normal, él la miraba de reojo para saber si ella estaba experimentando lo mismo que él pero no pudo descifrarla, toda ella era una complejidad enigmática y sensual.
Pronto llegaría la hora del entrenamiento, estaba nervioso y muy desconcentrado no podía seguir disimulándolo sus compañeros comenzaban a preguntarle si todo estaba bien, que estaba más distraído de lo usual. Koga se disculpó y se las arregló para escabullirse de las últimas clases.
Caminó por el patio un buen rato y llegó a la conclusión de que su comportamiento era lamentable e infantil.
¡Qué se supone que estoy haciendo!- murmuro frustrado.
Evidentemente mis sospechas eran acertadas, algo te estaba preocupando- le dijo el león menor a modo de broma sentándose a su lado.
No estoy para bromas Souma…
Tu problema es una mujer por lo que deduzco ¿no es así?- dijo sonriendo
C-como sabes eso?- preguntó algo perturbado. Su amigo solo pudo reírse por lo bajo.
Vamos koga… todos te vimos- le dijo
A que te refieres?- preguntó al borde de un ataque de nervios, no podía creer que lo hayan visto.
Has visto tu espalda tonto?- le dijo y él inmediatamente recordó la manía de Yuna. Maldijo mil veces por haberlo olvidado y haberse cambiado frente a sus compañeros dejando al descubierto su secreto.
¿Y? ¿No me vas a decir quién es?- koga sintió que su respiración se cortaba, su atención se desvió por completo de Souma y se centró en el origen de su crisis mental. Yuna de Aguila.
¡Hey Yuna, estamos aquí!- le gritó souma y ella acudió sonriente a su llamado. Koga sentía que su corazón iba a detenerse, se veía tan diferente, tan… apetecible.
Acabo de recordar que Ryujo quería verme, debo irme- dijo riéndose. – Maldición esta evasión de la realidad no puede durar por siempre- pensó mientras corría a su habitación.
¿Qué le pasa?- decía souma mientras su amiga reía.
Yo también recordé que tenía cosas que hacer, nos vemos más tarde- decía entre risas, su amigo la miró perplejo y asintió. Caminaba tranquila a donde supuso que el estaría, le hacía gracia su comportamiento infantil ante lo sucedido ¿Porque no jugar un poco?- pensaba divertida.
El joven pegaso se había refugiado en su habitación, abrió las ventanas para que corriera un poco de aire y se recostó a descansar un poco. En ese momento su cama le pareció demasiado grande para el solo, todo parecía ser más grande y vacío, algo le faltaba. Cerro los ojos y volvió a aquella noche, donde fue poseído por el deseo, recordó haberla recorrido con sus manos de fuego, su piel tan suave tan dulce, la sensualidad que tenía hasta su perfume, su cabello, su boca…
Despertó abruptamente sintiéndose observado, definitivamente no estaba solo en aquel cuarto se incorporó rápido para ver de quien se trataba y la sangre se le heló al verla ahí.
¿En qué pensabas en escapar así? ¿Pensaste que no lo notaría?- dijo sentada en el escritorio la joven Águila, piernas cruzadas y semblante serio. Koga casi por instinto y lejos de poder evitarlo miró sus piernas, su demoníaca tentación había venido a buscarlo y el no estaba preparado para resistirse.
Yuna… que haces aquí?- tartamudeó nervioso viendo como se acercaba lentamente, como si disfrutara del estado de su compañero, se aseguró de quedar lo más cerca posible de él.
No querrás parecer un cobarde o sí?- lo desafió, mirada filosa y brazos en la cintura
¿Cobarde? ¿Desde cuándo he sido yo un cobarde?- dijo recuperando un poco su vieja forma de ser, ella sonrió con malicia.
Ya me voy, no voy a molestarte veo que ahora tus jugadas implican esconderse asi que… - koga se puso de pie, la provocación lo había afectado.
Cobarde yo?... que estupideces dices- dijo tomándola del brazo para atraerla, el juego de yuna podría dar resultado después de todo.
Oh, vamos estabas huyendo de mí ¿crees que no lo sé? – dijo acercándose a el con algo de enojo mientras le clavaba la mirada. Koga supo que ya era inevitable que todo ocurriera, no podía seguir fingiendo que nada había pasado entre ellos, tenía que hacerse cargo de sus propias acciones y de lo que podían provocar. Abandonó sus pensamientos y volvió a mirar a Yuna, enredó sus brazos en su cintura y se hundió en su cuello, ella solo correspondió sin decir nada, podía sentir como su respiración la recorría hasta llegar a su rostro y fundirse en un beso. No era bueno con las palabras y que mejor que los actos para demostrarle la realidad de su ser. ¡Qué revuelo en esas jóvenes almas!
No pasó mucho para que la escena que había dado inicio a toda la problemática se repitiera, Yuna ya se había recuperado casi en su totalidad de sus heridas ya no era frágil y delicada y koga vio eso en sus ojos de depredadora y sonrió como prediciendo lo que le esperaba.
Rápidamente la dulzura y la suavidad de aquel beso, que era una confesión de amor, pasó a ser deseoso y apasionado, ahora que se habían probado ambos necesitaban del otro para saciar su hambre.
Ninguno quería abstenerse de nada, en especial Yuna que anteriormente tenía su cuerpo muy maltratado por la batalla. Ahora estaba más que en forma para enfrentar esa otra batalla…
No pudo ahogar los gemidos, él era como una dulce bestia que la besaba incansablemente, la acariciaba y se apropiaba completamente de su cuerpo arrancándole la ropa que encubría su figura de hermosa ninfa. El aún tenía las marcas de la primera vez los rasguños, las mordidas, el sabor de los besos nocturnos y secretos, el olor de su cabello…
La naturaleza de aquella mujer era de depredadora y esa tarde haría cumplir su papel y le mostraría al joven pegaso que él no era el único en convertirse en una bestia voraz.
La tarde se hizo noche y la noche moría lentamente en el alba que despuntaba.
Vaya… espero que nadie haya escuchado eso- rió el joven algo avergonzado seguido de Yuna.
No puedo asegurártelo- lo miró divertida mientras se recostaba en su pecho y el la acariciaba.
Definitivamente ganaste esta batalla, pero prepárate para la revancha.- rieron ambos refiriéndose a las horas y horas que pasaron juntos. En la habitación contigua tres caballeros estaban en vela.
Esto me ha perturbado seriamente- agregó el león menor y los demás asintieron.
¿Quién lo hubiera imaginado? La reservada y determinante Yuna y el distraído y torpe Koga, es una combinación extraña.- Dijo Ryujo.
Lo es, pero por lo visto se han entendido muy bien- Agrego haruto- Ahora que se han calmado tal vez podamos dormir un poco.
