Hola a todos he aquí el primer capítulo.
Disculpen si avanzo algo rápido en la historia. Es que conocer la historia de Hermione es una pequeña parte de la trama. Aún así espero no confundirlos.
Discleimer: Los personajes de Harry Potter no me pertenecen. Son propiedad de J. K. Rowling, WB y las distintas editoriales. Yo sólo los utilizo con fines de diversión.
Nuevamente quiero agradecer a mi beta LatexoHPo por tomar ésta historia en sus manos.
Capítulo Uno
Hermione abre los ojos lentamente, sin embargo la luz la obliga a volver a cerrarlos. No sabe cuánto tiempo se ha perdido en la nada; ni siquiera saber en dónde está. Intenta recordar algo que le diga lo que sucedió, pero nada llega a su mente. Se queda recostada por un par de minutos más, para luego sentarse lentamente. Tiene la necesidad de ver su alrededor. Intenta moverse, pero el dolor que recorre su cuerpo la obliga a recostarse de nuevo. Se queda tendida en la suave superficie de lo que parece ser una cama. Respira profundamente dejando que el dolor disminuya.
—No deberías moverte, Granger—. La áspera voz no le causa temor. Puede reconocerla con facilidad y de hecho el sonido de las palabras la tranquiliza. Le hacen saber que sigue viva y al menos hay alguien a su lado.
—¿En dónde estoy?— pregunta con debilidad. Necesita escuchar esa voz, pero por sobre todo necesita oír la respuesta.
—Obviamente en Hogwarts. Ahora deja de hablar y toma esto.
La ojimel logra acostumbrarse a la luz y abre los ojos, aunque eso no impide que un enorme dolor de cabeza la invada. Enfoca la mirada en el hombre frente a ella.
Severus Snape le ofrece un pequeño recipiente con una poción rojo brillante y la toma con manos temblorosas. Ingiere el líquido carmesí que no le sabe del todo mal. Un poco ácido tal vez, pero después de todo sigue siendo una poción.
—Señorita Granger, me alegra ver que ha despertado.
La calmada voz de Albus Dumbledore la hace voltear a la entrada de la enfermería. Al ver al hombre de larga barba platinada no puede hacer nada más que enfurecer. Necesita una explicación. Para ella el mundo perdió el sentido y necesita que alguien se lo vuelva a dar. Él no debería estar ahí. Tampoco el profesor de negro cabello. No puede comprender cómo es que todos los que murieron pueden estar de nuevo en el mundo de los vivos. No sabe qué criatura se posó sobre ellos. No sabe qué o quién tiene el poder de invocar esa clase de magia. No conoce ninguna clase lo suficientemente fuerte para devolver la vida a los muertos.
—Quiero una explicación. En este instante.
El tono frío de sus palabras hace que Snape sonría disimuladamente. Jamás hubiese imaginado que la joven sabelotodo le contestaría de esa manera al nuevamente director.
—Voy a responder a todas sus preguntas. No puedo darle menos que una explicación ya que eso es lo que usted merece más que otra cosa. Debo aclarar, sin embargo, que no es el momento indicado. Ya hemos esperado una semana entera, podemos esperar un poco. Lo suficiente para que usted se recupere completamente.
Hermione entrecierra los ojos con suspicacia, no puede creer que haya pasado una semana entera.
—Es verdad, Granger. Estuviste siete días en estado de coma. Madame Pomfrey te ha mantenido con vida gracias a varias pociones y a algunos hechizos— le confirma Snape.
Hay algo extraño en los oscuros ojos del profesor de Pociones. Sus orbes ya no muestran odio. En ellos no queda atisbo de furia. En el instante en que Hermione se observa a sí misma en ellos, comprende lo que siente su profesor: soledad. El hombre se siente tan solo como ella misma.
—La poción que Severus le dio hace unos instantes ayudará a su cuerpo a recuperarse más rápido. Esperemos que en unos días esté completamente sana. Por ahora lo único que debe hace es descansar—. Dumbledore se aleja con la intención de salir, pero se detiene un momento —. Las clases en Hogwarts empezaran en unos días. Esperemos que este año sea normal; el primero después de siete largos años— concuye sonriéndole a la joven y luego sale.
Hermione deja salir un gruñido de frustración pues sabe que el viejo mago está huyendo de ella. Está jugando de la misma manera en que lo hizo con Harry durante su quinto año. Oculta demasiadas cosas si cree que es lo mejor.
—Al parecer la dura batalla drenó hasta la última gota de tu energía. Debes descansar. Intenta dormir y cuando despiertes estaré aquí con otra dosis de la poción—. Severus la observa por algunos segundos más. Deja salir un suspiro y se encamina a la puerta sin abrirla todavía. Medita si volver a hablar o simplemente irse del lugar.
—Gracias— murmura ella audiblemente.
Esa palabra capta la atención del profesor Snape.
—¿Por qué?
Hermione no tiene una respuesta concreta por primera vez en su vida. Sonríe de medio lado antes de observar al hombre directo a los ojos. Lo piensa por un par de segundos antes de responder:
—Por todo—. Es una respuesta sincera y Severus lo sabe.
La castaña confía en él desde el momento en que arriesgó su propia integridad física para salvar al trío dorado. Durante el tercer año los salvó del profesor Lupin convertido en un feroz hombre lobo. Arriesgó su vida por la de ellos más de una vez. Se unió al lado oscuro pero su lealtad siempre estuvo con Dumbledore. Quizá nadie entendía del todo sus motivos, pero al final de la guerra quedó claro que Severus Snape tenía un corazón muy grande, uno como para morir por alguien más.
—Descansa.
La trigueña queda sola y hace un recuento de los siete años.
La búsqueda de la piedra filosofal y la primera vez en que el trío dorado derrotaba a Lord Voldemort.
Luego llegó la cámara de los secretos. Un basilisco, una araña gigante y el segundo intento de Tom Riddle por tomar el control del mundo mágico.
En el tercer año no se enfrentaron al señor oscuro pero descubrieron un parte en la historia del niño que vivió.
El cuarto año estuvo marcado por el Torneo De Los Tres Magos y, por supuesto, el inminente regreso de Lord Voldemort.
Durante el quinto año no sólo se enfrentaron al enemigo de Harry, también lucharon en contra de su propio Ministerio.
En el sexto año descubrieron uno de los más grandes secretos de Severus Snape y la caza de los horocruxes dio inicio.
En su séptimo año…bueno, realmente no hubo séptimo año. No recibieron clase alguna. La guerra estalló y todo terminó tal como está ahora. Se eliminaron todos los atisbos del Señor Oscuro y finalmente el bien triunfó.
Dumbledore tiene razón. Es hora de tener un año normal, si eso es posible en Hogwarts. Hermione está dispuesta a quedarse ese año más para recuperar las clases perdidas y adquirir nuevos conocimientos.
Sus ojos se cierran con cansancio. Su mente la lleva a uno de los momentos en los que no pudo controlar su cuerpo. El momento terrible en que Sirius Black murió dentro del ministerio.
Los Aurores llegaron rápidamente dispuestos a combatir a los mortífagos. Sin embargo las cosas dan un giro inesperado en medio de la batalla entre luz y oscuridad. Bellatrix Lestrange lanza el hechizo mortal contra Sirius y nadie podría salvarlo, a excepción de una joven bruja que ni siquiera es Auror: Hermione Jane Granger.
El tiempo parece detenerse un segundo antes de que el verde rayo impacte directamente en el pecho del ex merodeador. Todos observan horrorizados en esa dirección pero nadie se mueve. El silencio inunda el ambiente. La mayoría quedan inmóviles sin ser conscientes de esa brecha en el tiempo sin ser conscientes de los hechos que aún siguen desarrollándose a su alrededor. Porque, incluso aunque nadie lo note, Hermione es perfectamente consciente de ello.
La castaña intenta moverse desesperadamente. Es la única capaz de observar su entorno. Sabe que en sus manos esta una vida que lo significa todo para Harry. Entiende que es la última oportunidad para Sirius y al mismo tiempo lo es para el ojiverde. De ella depende que El Elegido conserve a la última parte de su familia, por más pequeña que sea.
Intenta caminar pero su cuerpo no responde. No tiene la suficiente fuerza para mover siquiera un dedo. Quiere mover el brazo, agitar la varita, pero lo único que consigue es que el aire abandone sus pulmones debido al esfuerzo. Una sensación quemante recorre su cuerpo; parece fuego corriendo por sus venas mientras las lágrimas quieren salir.
La desesperación está a punto de sobrepasarla cuando una mano se posa en su hombro. El recién llegado deja ver su rostro poniéndose frente a ella. Mantiene el silencio por un instante antes de romperlo con una voz calmada.
—No es el momento adecuado para que usted interfiera, señorita Granger—. La voz pasiva de Albus Dumbledore no logra tranquilizarla, al contrario, sus palabras hacen que la ira corra libre en su sangre. Él tiene la libertad para moverse, para intervenir y evitar la muerte del padrino de Harry. Ella podría hacerlo si al menos pudiese mover su varita—. No es el momento. Debe confiar en mí. Llegará la hora adecuada para reparar los daños de la guerra.
La sensación quemante se convierte en un ardor insoportable. Se siente como fuego maldito corriendo por todo su cuerpo hasta detenerse en sus pulmones. Ya ni siquiera puede respirar.
—La muerte de Sirius Black será un hecho lamentable, pero puedo asegurarle que no será en vano—. La castaña cierra los ojos por un instante y cuando los abre exige una explicación con la mirada mas el director de Hogwarts la ignora. Camina unos metros hasta quedar detrás de Sirius—. Todo a su debido tiempo, señorita Granger. Todo a su tiempo—. Hermione odia esa respuesta pero no puede hacer nada antes de que el viejo mago desaparezca. Grita y le sorprende escucharse a sí misma en el mismo instante en que el aire regresa a sus doloridos pulmones.
El tiempo regresa a su curso y su grito se une al de Harry. Tiene el tiempo suficiente para ver cómo el hombre bajo el apodo "Canuto" atraviesa la cortina: el velo que separa la vida de la muerte. Escucha la risa de Bellatrix y su cuerpo parece perder gran parte de su energía haciéndola caer de rodillas contra el suelo de piedra.
—¡No!
Hermione se sienta de golpe y el intenso dolor de cabeza regresa. Se lleva una mano a la nuca descubriendo la venda que la protege. El enorme dolor se debe a la contusión provocada por el choque contra el suelo.
—Tienes que evitar moverte de forma brusca, Granger—. La voz de Snape llega a sus oídos mas la mano que se posa delicadamente en su frente no pertenece al hombre. Es una mano más pequeña y suave.
—Vamos, 'Mione, recuéstate.
La ojimel sonríe al reconocer la voz de la menor de los Weasley. Obedece y abre los ojos muy lentamente, sin embargo no hay luz que lastime su mirada. Es de noche, por lo que sólo algunos rayos de luna se cuelan en la habitación. Severus se encuentra a unos metros de su cama con una expresión aburrida.
—Bebe esto—. El profesor le da nuevamente la poción de color rojo brillante.
—¿Me hará dormir de nuevo?— pregunta antes de berberla de un trago, aún sin haber escuchado la respuesta.
—Probablemente no. Has mejorado bastante en los últimos tres días.
Ella se sorprende, jamás imaginó dormir por diez días casi ininterrumpidamente. Lo medita por un instante pero no encuentra nada que decir.
—¡Oh, Hermione! Me asusté mucho cuando me enteré de que estabas aquí. Lamento no haberme percatado en ese instante, pero en ese momento sólo pude enfocarme en Fred—. La trigueña se ve envuelta en un abrazo que le regresa un poco de felicidad—. En verdad lo siento, 'Mione. Perdóname, por favor.
—Está bien, Ginny—. Hermione ríe un poco mientras acaricia los rojos mechones— ¿Cómo están los demás? Harry, Ron, Luna…
La joven Weasley se sienta en la cama antes de responder de forma concreta.
—Bien. Todos estamos sorprendidos por lo que sucedió—. La ojimel asiente—, pero no puedo negar que eso nos ha dado alegría. En especial a Harry. Claro que me alegra tener a Fred de vuelta pero Harry tiene a sus padres. Luego de dieciocho años al fin tiene una familia que lo ama. Están conociéndose, recuperando el tiempo perdido.
—Me alegro por él. Merece ser feliz luego de todo lo que ha sufrido.
—Por cierto, el profesor Lupin regresará a dar clases por lo que los merodeadores volverán a estar unidos—. Severus deja escapar un gruñido que sólo Hermione consigue escuchar—. Él y Tonks están aprendiendo a ser padres.
—Supongo que Ted les estará dando muchos problemas si es igual a ella.
Ambas ríen.
—Luna y el señor Lovegood ahora mismo publican la historia completa en El Profeta. Les ofrecieron un trabajo ahí. Por fin reemplazaron a Rita Skeeter. Neville también convive con sus padres y hasta su abuela está orgullosa de él.
—Fue muy valiente todo lo que hizo. No por nada es un Gryffindor.
—Cedric y Cho han formalizado su relación y ahora que ninguno debe seguir estudiando planean casarse en un futuro—. La pelirroja se lleva un dedo al mentón con aire pensativo. Cuando abre la boca, Hermione se ríe.
—¿Aún hay más?— pregunta Hermione.
Ginny asiente con la cabeza antes de continuar.
—Bueno, todos viviremos en Hogwarts por un tiempo. En lo que el mundo mágico se estabiliza. Además son pocos los que conservan un hogar. Claro, los que quieran irse pueden hacerlo pero al menos los Gryffindor y Luna nos quedaremos aquí—. Hermione sabe a lo que se refiere. Incluso después de la guerra Hogwarts es el lugar más seguro—. Dumbledore regresó a ser el director de Hogwarts.
—Eso era de suponerse.
—Sí. Finalmente, el Ministerio enviará a alguien para medir el rendimiento individual de cada alumno durante todo el año escolar. Nadie sabe quién será. Lo único que espero es que no pase algo similar a lo sucedido con Umbridge.
—¿Para qué necesitamos ser evaluados?
Ginny se encoge de hombros pues nadie tiene una respuesta.
—¡Al fin la encuentro amiga de Harry Potter!
Una voz chillona llama la atención de los tres presentes en la enfermería.
—Señor—. El elfo deja salir un chillido de felicidad—. Me alegra que estés bien, Dobby. Lamento no haber hecho nada para salvarte en ese instante. Todo fue tan rápido.
El pequeño elfo sonríe comprensivo.
—No debe culparse a sí misma. Su misión era salvar su propia vida y la vida de Harry Potter—. La ojimel concuerda aunque eso no disminuye su culpa—. Además debo agradecerle a la amiga del señor Potter…
Ginny toca sutilmente el hombro de Dobby para llamar su atención.
—Creo que ella preferiría que le llamases Hermione en lugar de "la amiga de…"—. La pelirroja le guiña un ojo al elfo.
—No sé si es lo adecuado. ..
La joven Granger toma a la pequeña criatura.
—Dobby, somos amigos. ¿Por qué no deberías?
El diminuto ser mágico estalla en llanto. Esas palabras le causan una enorme alegría. Él, siendo sólo un elfo doméstico ha recibido la amistad de una de las mejores brujas.
—Gracias. Es un honor para Dobby ser amigo de la mejor bruja de todos los tiempos—. Hermione se sonroja ligeramente pero mantiene la calma—. Sin olvidar que la señorita Hermione le devolvió la vida a Dobby y a todos los demás.
—¿Qué has dicho?
Las palabras apenas son audibles. Ante esa expresión el elfo se congela.
—¡Oh no! El profesor Dumbledore le pidió a Dobby mantener el secreto y Dobby rompió su palabra—. Incluso Snape parece sorprendido ante la declaración. Pero nada puede cambiar el semblante de la trigueña. Su rostro es una mezcla de incredulidad, asombro, confusión e ira —¡Dobby es un elfo malo!—. La criatura empieza a buscar un objeto con el que pueda castigarse a sí mismo. Corre por toda la enfermería pero regresa a la cama de la ojimel.
Al final opta por golpear su pequeña cabeza contra la estructura metálica de la misma cama.
—¡Basta!—. La joven Gryffindor se levanta de un salto ignorando el dolor de cabeza, así como el mareo que incluso le causa nauseas. Ni el profesor de Pociones ni la pelirroja logran detenerla— ¡Repite lo que dijiste hace un momento!
El elfo deja de castigarse y corre con todas sus fuerzas brincando de cama en cama evitando a la castaña.
—¡No!—. Dobby es demasiado rápido pero al final la castaña logra tomarlo por la camiseta muggle. El logo de los osos de Chicago se deforma en su puño cerrado. Lo toma con fuerza hasta que el ex sirviente de los Malfoy deja de forcejear— Lo siento—. La trigueña entrecierra los ojos, confundida. El elfo doméstico chasca los dedos y desaparece con un "plop".
—¡Maldita sea!—. Hermione se sorprende al escuchar sus propias palabras pero no se arrepiente de decirlas. De lo único que se arrepiente en este instante es de haberse levantado de la cama para perseguir al condenado elfo. Sus piernas fallan, cae de rodillas al frío suelo y un gran dolor atraviesa su abdomen, aunque no tiene ninguna costilla rota.
No es como cuando Bellatrix marcó en su piel "sangre sucia". No es una sensación de ardor. Se parece al dolor provocado por un "Crucio" pero concentrado solamente en su zona abdominal. Se lleva una mano al vientre y el dolor desaparece.
—¿Cuántas veces debo repetirlo?—. Severus la toma por la bata obligándola a ponerse en pie— ¡Debes evitar los movimientos bruscos si no quieres quedarte otra semana en la enfermería!
Ella deja salir un gruñido pero se deja conducir hasta llegar a la cama. Se sienta apoyando la espalda en la cabecera. Cubre su cuerpo con la sábana y respira profundo. Pocos segundos después el dolor de cabeza cede, al igual que el mareo.
—Necesito hablar con Dumbledore. Tiene que darme una explicación y esta vez no voy a darle una vía de escape.
Ginny siente la tensión creciendo en el ambiente por lo que se levanta de la cama llamando la atención de Hermione.
—Yo…iré a buscar al director— le sonríe nerviosamente a la ojimel—. Regresaré en unos minutos, sólo hazle caso al profesor Snape y no te alteres. Conserva la calma, 'Mione.
La mayor asiente con la cabeza para ver a la pelirroja salir.
—¿Estás bien?
Hermione observa al profesor mientras deja salir un suspiro cansado.
—Sí. Lo único que necesito es saber qué está sucediendo aquí.
Ambos aguardan en silencio. La castaña cierra los ojos pero no se duerme, intenta controlar sus emociones. Debe mantener la calma a la hora de enfrentarse al director de Hogwarts. El sonido de la puerta al abrirse la lleva de nuevo a la realidad. Albus Dumbledore entra seguido de Minerva McGonagall, quien luce confundida.
—Señorita Granger, puedo ver que se ha recuperado favorablemente—. Ginny entra en la enfermería rompiendo la ligera tensión que comenzaba a formarse—. La señorita Weasley me ha mandado llamar. ¿Puedo saber qué es lo que requiere mi presencia con tanta urgencia?
La ojimel aprieta la mandíbula intentando contenerse a sí misma.
—Quiero una explicación—. Las palabras salen entre dientes y llenas de furia.
—Claro. Tendrá una explicación convincente. En el momento en que usted esté completamente recuperada entonces podremos sentarnos tranquilamente, con una taza de té, para…
—¡Guarde sus palabras para alguien que quiera escucharlas!
El grito fúrico provoca que Dumbledore se quede perplejo al igual que todos. Sin embargo la joven Gryffindor no va a dejar que el anciano encuentre una salida de nuevo.
—¡Señorita Granger! No olvide con quién está hablando. ¡Es el director!
La mirada gélida de Hermione se posa un instante en la profesora de Transformaciones, antes de volver al viejo mago que parece realmente preocupado.
—No lo olvido, profesora McGonagall. Sé perfectamente quién es él—. Puede observarse en su rostro toda la furia que le embarga—, pero necesito saber quién soy. Hace poco más de dos años ocurrió algo muy curioso. Un hecho que se ha repetido varias veces. Algo me dice que no soy quien yo creía. Dobby también me dijo algo en extremo interesante pero creo que ya no es novedad que Albus Dumbledore me oculte cosas. Debería estar acostumbrada, ¿no es así, director?
—¿A qué se refiere, Albus?
El hombre se jala nerviosamente la barba.
—Bueno, querida Minerva, eso es algo que la señorita Granger y yo discutiremos en otra ocasión. Como dije antes, ella necesita recuperarse completamente—. Hermione comienza a temblar. Hace un movimiento con la intención de levantarse pero Severus Snape se lo impide. La furia da paso a la ira. La magia antigua puede sentirse alrededor de la castaña por lo que Ginny se pega a una pared—. Ahora es tiempo de irnos. Dejémosla descansar.
—Quiero…—la voz de la ojimel baja dos octavas haciéndola oír como un aterrador gruñido —una explicación… —. Dumbledore toma el pomo de la puerta y la abre velozmente intentando escapar de la situación— ¡Ahora!
La puerta se cierra de golpe y las ventanas explotan en el mismo instante. Los profesores logran ver un aura roja rodear a la trigueña. Su magia es tan poderosa que incluso es visible. El poco control sobre su temperamento provocó que su magia perdiera el control de la misma manera. Pudo haber lastimado a alguien y todo por culpa de Dumbledore.
Todos se quedan paralizados ante tal muestra de poder. Los segundos pasan lentos hasta que Madame Pomfrey entra en la habitación llevándose una mano a la boca al ver su preciosa enfermería llena de cristales.
—¿Qué demonios sucedió aquí?— sus palabras tienen un gran efecto sobre los ahí presentes. Severus se apresura a reparar las ventanas y pronto la calma se restablece. Al menos por un instante, sin embargo poco después la furia regresa a los ojos de color miel. Esa mirada gélida se vuelve a posar sobre el viejo profesor de Hogwarts.
—Ya no puede huir, profesor Dumbledore. ¿Por qué no empieza a contar la historia? Tengo el presentimiento de que es una muy larga.
La dulce voz de Hermione aterra a la menor de los Weasley. Es una clara señal de peligro.
—'Mione, creo que no es el momento adecuado. Debes descansar, ¿recuerdas? Será mejor si esperas un día más.
La trigueña sabe que su amiga tiene razón, pero su orgullo le impide rendirse tan fácilmente.
—Ginny, sólo quiero saber qué está ocurriendo. Desde hace dos años y medio dejé de sentirme como la Hermione Granger que solía ser. Quiero saber quién soy ahora. No puedo ser sólo una bruja cuando el tiempo se detiene a mí alrededor. No cuando puedo revivir personas sin ser del todo consciente por ello. No sé qué hice o cómo lo hice. No puedo ser sólo Hermione Granger cuando mis emociones son suficientes para hacer que las ventanas exploten—. La furia se va de la castaña para ser reemplazada por la impotencia. Ella no quiere asustar a nadie, sólo quiere conocerse a sí misma— ¿Es demasiado pedir querer saber la verdad?
Dumbledore se siente culpable por primera vez en su vida.
—No, 'Mione. No es nada malo. Es justo.
Ginny no soporta ver a su amiga en ese estado por lo que corre hasta su cama para luego envolverla en un abrazo. Hermione se quiebra y deja salir las lágrimas mostrando el sentimiento bajo la furia.
Hermione es lo suficientemente fuerte para afrontar la realidad pero la magia que domina su cuerpo la hace sentir insegura de sí misma. Le asusta no tener el control de su propio cuerpo. No tener el poder sobre su magia.
—Dumbledore, nos debes una explicación a todos y cuando empieces a hablar será mejor que no ocultes nada.
Albus asiente ante las palabras de su gran amiga. Sus ojos azules se posan sobre Hermione mientras asiente otra vez.
—Lo sé, Minerva. He cometido un error al tratar a Hermione como si fuera una niña. Intenté protegerla de un mal que no podía tocarla y a cambio la hice enfrentar situaciones que podrían haberse evitado—. El mago respira profundamente antes de continuar—. Las clases inician en dos días. La historia es, como usted dijo, en extremo larga y sería imposible abarcarla en un solo día. Si todo va bien usted saldrá de aquí en menos de una hora. Se unirá a sus compañeros y amigos en la torre Gryffindor. Mañana tomará el desayuno en el gran comedor. Irá junto a un miembro de la Orden al callejón Diagon para terminar sus compras. Después del almuerzo todos los aquí presentes subirán a mi despacho.
Hermione se mantiene en silencio por algunos segundos antes de asentir ligeramente con la cabeza. Le agrada la idea incluso si debe esperar un día más. Ha esperado dos años y medio, puede esperar veinticuatro horas más.
—Severus, necesito que la señorita Granger aprenda Oclumancia y Legilimancia lo más pronto posible. Eso le ayudará a controlar su magia—. El profesor de largo y negro cabello asiente—. Minerva, cuando las clases den inicio necesitaremos enseñarle más de lo que le enseñaremos a cualquier otro estudiante.
—¿Por qué?— pregunta Hermione sin poder evitarlo.
—Aunque las artes de la mente le ayudarán a controlar la inmensa cantidad de magia, la Oclumancia es difícil de dominar y lo es aún más la Legilimancia. Así que debemos encontrar una forma de liberar ese poder para que sus emociones no controlen su magia.
Hermione entiende al igual que McGonagall.
—Avisaré a los demás profesores.
Dumbledore asiente.
—Gracias. Señorita Weasley, su presencia es requerida porque Hermione necesitará un gran apoyo. Una clase de soporte que casi nadie puede ofrecerle y algo me dice que usted es la indicada, al menos por el momento.
—Apoyaré a 'Mione en todo lo que pueda.
La ojimel sonríe de forma sincera.
—Me alegra escuchar eso, señorita Weasley—. Dumbledore suspira, pero ya no hay nada que quede por decir—. Debe descansar, señorita Granger. La veré el día de mañana. A todos ustedes— sin más el director de Hogwarts abre la puerta pero se queda un instante en el marco—. Enviaré a Dobby con la cena, seguramente estará hambrienta luego de diez días sin probar bocado alguno.
El estomago de la castaña ruge confirmando las palabras del director. La joven se sonroja ante el hecho causando que todos, inclusive Snape, rían un poco. Dumbledore y McGonagall salen. Minutos después el pequeño elfo llega con la comida necesaria para saciar su apetito. La criatura parece nerviosa pero Hermione lo reconforta con una cálida sonrisa.
—Iré a buscar a los chicos. Ellos querían verte pero las veces que vinieron estabas dormida—. La trigueña termina con la cena y toma a su mejor amiga por el brazo— ¿Sucede algo?
—Nada malo. Es sólo que no es necesario que los traigas; saldré de aquí en unos minutos así que los veré pronto de todas formas. ¿Por qué no vas a avisarles y descansas un poco mientras tanto?
—No sé si es una buena idea.
La joven Granger le sonríe a la pelirroja.
—Anda, ve y descansa. Sólo serán algunos minutos después de todo.
La pelirroja desconfía por un instante pero al final asiente. Besa la frente de la ojimel antes de salir aún con cautela.
Hermione respira profundamente. Se siente cansada debido al despliegue de magia hecho con anterioridad pero no tiene ganas de dormir. Simplemente quiere estar rodeada por el suave silencio de la noche.
—¿Cómo te sientes?— la voz de Snape la hace girarse hacia él.
—Mucho mejor que hace tres días.
El profesor asiente.
—Es mejor que te levantes de una vez. Tus piernas siguen débiles y necesitas hacer que la sangre circule en ellas para que puedas llegar a tu sala común. Son demasiados escalones si lo piensas bien.
—Esa es una buena idea.
La castaña se levanta tratando de controlar el temblor en sus piernas. Intenta caminar pero apenas logra dar un par de pasos. No entiende cómo pudo alcanzar al elfo hace poco más de una hora.
—Fue gracias a la misma magia que hizo explotar las ventanas. Eso fue lo que te ayudó a moverte tan rápido.
Ante la expresión de desconcierto en el rostro de la joven, el profesor esboza una pequeña sonrisa.
—¿Leyó mi mente?
—No es necesario. Eres algo predecible. Ahora sigue caminando.
La joven Gryffindor no sigue preguntando pues sabe que las respuestas llegaran a ella.
Después de media hora, Madame Pomfrey le da autorización para salir de la enfermería, pero sus piernas siguen sin funcionar del todo. Se viste en silencio y cuando está lista para irse el profesor vuelve a hablar.
—Te acompaño.
Ella se sorprende puesto que el pelinegro sigue siendo un Slytherin y él nunca ayudaría a un Gryffindor, sin embargo hay algo diferente en su mirada. Más allá de compartir la soledad, comparten la tristeza y el dolor. Ambos están rodeados por decenas de personas y eso es lo que les duele inmensamente.
—Gracias.
Ambos salen con dirección a la sala común de los leones. Caminan lentamente, Severus se adapta al paso de la castaña. Suben las escaleras, la trigueña está a punto de caer un par de veces pero el pelinegro la sostiene para evitar accidentes.
Tardan más de media hora en llegar debido a la ojimel. Hermione se agotó con el corto recorrido por lo que se recarga junto al retrato de la Dama Gorda. Respira con dificultad, como si hubiese corrido todo un maratón.
—¿Estás lista?
La joven quiere asentir pero no puede. No quiere afrontar lo que sea que le aguarde tras la puerta. Tiene miedo a la felicidad de los otros. No quiere sentir el peso de la soledad. No quiere sentir la ausencia de sus padres.
—No.
El profesor la observa meditando la situación.
—¿Hermione?—. Ella reacciona al escuchar su nombre—. Quiero ser yo quien te acompañe al callejón Diagon. Hay algunas cosas sobre las que tenemos que hablar tú y yo.
La castaña acepta de forma silenciosa. No entiende la actitud del profesor pero sabe que el hombre frente a ella es el verdadero Severus Snape. Ese es el hombre que ama a Lily Potter.
He ahí el motivo por el que parecen ser tan iguales. Ambos están solos en medio de la felicidad de los otros. Ella separada de sus padres sin poder traerlos de vuelta. Él tiene a la persona a la que ama cerca pero no puede permanecer a su lado. Quizá ni siquiera como un amigo.
—Ellos te quieren, Granger. Son tus amigos y siempre lo serán. No hay forma de que olviden los siete años de aventuras. Esa es una larga amistad. Encontrarás la manera de recuperar a tus padres—. La ojimel hace algo que nunca hubiese imaginado hacer. Hermione Jane Granger se deja llevar por sus sentimientos y abraza a Severus Snape. Para sorpresa de ambos, el hombre corresponde el gesto—. Antes de que lo olvide… ten— le da un vial con la misma poción escarlata—. Tómala apenas despiertes. Ya, entra de una vez.
Hermione sonríe, asiente y se despide con un movimiento de cabeza.
Dice la contraseña a la Dama Gorda para enseguida introducirse a la sala a través del hueco.
Entiende que no está sola. El profesor tampoco lo estará porque ese año y a pesar de lo que ocurra, se tendrán el uno al otro. Puede jurarlo por el amor de sus padres.
Tsune-sama: Eres a la única a la que no pude agradecerle por MP. De todas maneras lo hago ahora. Agradeciéndote sinceramente que te tomes el tiempo para leer esta historia. Espero que este capítulo te haya gustado. Hago mi mejor esfuerzo para todos los lectores y espero no decepcionarlos.
Espero les haya gustado. De ser así dejad un RR. Cualquier duda o sugerencia o crítica constructiva será bien recibida.
