Satélite
No podía estar más sorprendido de la noticia ¿Qué la princesa Atena ya no estaría en el santuario? ¿Qué clase de broma era esta?
¿Cómo es eso posible? Pregunte
Atena tiene sus razones Shura, y esas razones no te interesan. Me respondió Shion.
Odiaba cuando me respondía de esa manera, odiaba esto. Me puse de pie y comencé a caminar fuera del templo principal, no quería hablar con nadie ¿Qué haría ahora? Me doy vuelta y hago una última pregunta ¿Puedo volver a España? Veo la cara de Shion que me mira con desconcierto "No veo por qué no podrías" esa era la única respuesta que quería escuchar me di media vuelta y baje rápidamente a mi templo. Ya nada sería igual por estos lados por eso la idea de quedarme no me agrada en lo absoluto, aunque por otro lado era mi deber estar aquí, para proteger a Atena y serle fiel hasta la muerte, sonrío, ¿en qué momento me había casado con ella?
Entro a mi templo y contemplo la estatua gigante que está en medio de todo, la miro, siempre me ha gustado, de hecho esa estatua me enorgullece, esa estatua demuestra el tamaño de mi orgullo de caballero así como el amor que le profeso a la diosa, sí, porque yo soy el caballero más fiel a Atena, o eso es lo que creo. Últimamente todo en lo que creía de desmorona lentamente incluyendo mi fe. Tiempo atrás no habría dudado un segundo en ponerme frente a cualquier peligro o amenaza con tal de mantener a Atena viva, pero ahora… ahora dudaría, ahora simplemente sería un espectador mas de las desgracias que caen y caen sobre nuestra diosa. Comienzo a caminar alrededor de la estatua, la observo detenidamente, ya no es la diosa, ella ya no es mi diosa, ahora solo es un pedazo de piedra tallado.
¿Qué demonios te sucede Shura? Escucho a mis espaldas. No me doy vuelta, sé perfectamente quien es, sonrío.
¿Qué quieres Mu?
Quiero saber qué te pasa. Me responde enojado
Nada que te interese. Le contesto aun sin mirarlo a la cara, mis ojos están fijos en esa estatua
Te vas a España ¿por qué?
Porque quiero
Mentiroso. Me dice mientras se va caminando, lo sé, sigo sus pasos hasta que ya no los puedo oír.
¿Qué sabe Mu acerca de lo que me pueda pasar?, ¿qué sabe ese maldito carnero?, ¿qué sabe ese maldito traidor? Una rabia comienza a nacer dentro de mí, como si le interesara realmente que vuelvo a España, no puede imaginarse lo que estoy sintiendo en estos momentos. No, nadie puede. Sigo parado frente a la estatua, mirándola fijamente intentando encontrar una respuesta en su fría mirada, pero nada, ella no responde, no me consuela como antes, simplemente está ahí para ser adorada y protegida. Se supone que eres la diosa de la sabiduría "al parecer no resultaste ser muy sabia" susurro de forma irónica.
Continuo caminando hacia mi habitación, al llegar la contemplo. Ese era el lugar en donde había vivido gran parte de mi soledad, ese era mi refugio, mi santuario. Recorro con la mirada la pequeña estancia: una cama, un escritorio y un closet componen el paisaje. Camino decididamente hasta el closet y comienzo a sacar mi ropa, me doy cuenta que realmente no tengo mucha ropa que guardar. Tomo la mochila que tengo en un rincón y pongo dentro la ropa, no me importa si se arruga, nadie se va a andar fijando si mi ropa esta arrugada o no. De pronto tomo una camisa, una que no me ponía hacía años, hace dos años para ser más exactos. Me quede sentado observándola detenidamente, era roja y bastante vieja a pesar de eso era mi favorita. La tela aun es suave y liviana, igual que ella.
Sigo echando las cosas a mi mochila, sólo lo importante. Abrí los cajones del pequeño escritorio y saque algunos papeles, mis documentos y unas cuantas cartas, me detuve unos segundos para leer nuevamente las cartas, ya me las sé de memoria y aun así me gusta leerlas una y otra vez, siento como si la escuchara a ella. ¿Cuántas noches deseándola? imposible contarlas. Cierro las cartas y las meto a la mochila junto con la polera que estaba usando, quería ponerme la camisa, quería decir adiós bien vestido. Una vez que me puse la camisa camine hasta el baño para verme al espejo, siempre he sido un poco vanidoso. Cuando vi el reflejo que el espejo me devolvía quede totalmente sorprendido. Ese hombre no era yo, no podía ser yo. Abrí la llave del agua helada y me lave varias veces la cara, no podía creer lo que veía, eso no podía ser verdad. Volví a enfrentarme al espejo sólo para darme cuenta que realmente era verdad, era la imagen de un hombre cansado, enojado, decepcionado, un hombre de treinta años que apenas puede con su vida. Tomo la toalla de mano que está a un costado y me seco la cara, acto seguido salgo del baño.
Al tomar la mochila con mis cosas miles de recuerdos me invaden, muchos de los cuales viví en esta misma habitación. Sonrío, ya no tengo nada más que hacer en este lugar, presiono el interruptor y apago la luz. Se termino, todo termino.
Camino lentamente por la casa de Capricornio, esa que había visto gran parte de mi vida, había vivido mis llantos, mis derrotas, mis frustraciones, mis amores. De pronto recuerdo algo, toco suavemente el bolsillo izquierdo de mi camisa y lo siento, aún estaba ahí, después de tanto tiempo aún estaba ahí, esperando, esperándome. Abrí el bolsillo y saque el pequeño anillo, uno de oro, simple pero bello. Algo dentro de mí comenzó a estremecerse, hace tanto que no veía ese anillo, no podía creer que siguiera en el mismo lugar que la última vez. Me detuve en el salón dónde estaba la estatua enorme y me senté a los pies mientras que miraba atentamente el anillo, me recordaba a ella, todo me recordaba a ella. Creo que estuve horas contemplando el anillo y también mi pasado, ese del cual quise escapar hace dos años atrás.
Quédate, podemos escondernos eternamente, quédate… quédate por favor
Esas fueron las últimas palabras que me dijo. Esa noche salí del departamento que compartíamos en Barcelona como si fuese un maldito y vulgar ladrón. La dejé sola en una ciudad enorme, la dejé después de que le prometí que estaría con ella toda la vida ¿Por qué lo había hecho? Ni yo podía explicarlo, recuerdo que en un comienzo solía decirme a mí mismo que había vuelto por Atena, por mi deber como caballero dorado, por la fidelidad que le debía a esa niña. Hoy me doy cuenta que huí porque soy un maldito cobarde, soy un maldito desgraciado que dos años atrás quiso esconderse de su destino encerrándose en un santuario como si fuese un maldito monje.
Mire hacia arriba para poder contemplar parte de la estatua, de pronto me sentí pequeño y miserable, como si la misma estatua me estuviese pisando y rompiendo los huesos uno por uno. Apreté fuertemente el anillo en mi mano, quería que parara pero el dolor no paraba, el aire me faltaba, ya no soportaba estar en ese lugar, ya no soportaba seguir huyendo. Puse el anillo en mi dedo y salí lo más rápido que pude de esa casa, sin mirar atrás, sin pedir disculpas, sin avisar, sin ruido. Igual que hace dos años pero con la diferencia que está vez sí que era para siempre.
Comencé a bajar las escaleras mientras respiraba el aire que me ofrecía la tarde, el paisaje era hermoso no podía negarlo, como me gustaría que ella compartiera esa vista conmigo ¿Qué haría al llegar a Barcelona? ¿Sabría dónde llegar? ¿Sabría dónde buscar? Seguí bajando las escaleras mientras el sol se escondía lentamente detrás de las montañas, definitivamente un paisaje divino. Mientras pensaba vi a un Milo muy enojado, no, enojado no, confuso subiendo las escaleras, sonreí, Milo era un buen hombre, un poco desubicado pero alegre y bueno, quise despedirme pero no lo hice, lo vi alejarse sin siquiera voltear a mirarme.
Mucha suerte querido amigo
Me quede un rato admirando el santuario en su totalidad, realmente era hermoso, un monumento a la arquitectura. Toque suavemente el anillo con la mano derecha, nuevamente su cara vino a mi mente, esos ojos que tanto amaba, castaños que me penetraban y me desnudaban por completo, a esos ojos jamás pude mentirles. Siempre he pensado que ella sabía que me iría, aún así me acepto, con mi pasado, mi presente y mi futuro. Ella fue capaz de escuchar y no hacer preguntas, siempre me decía que se sentía como Diane Keaton en la película "El padrino" mientras rozaba su nariz con la mía "eso es lo mejor, porque sé que Mike nunca dejara a Kay, pase lo que pase" Esas palabras resuenan en mi cabeza una y otra vez, lo han hecho durante dos años.
Yo no soy Michael, nunca lo fui. Susurre.
Seguí bajando las escaleras, despidiéndome de todo lo que en algún momento significo algo para mí. Agradecía no tener que encontrarme con otros caballeros, no quería despedirme ni que me vieran en el estado en que me encontraba. Al pasar por la casa de Tauro me di cuenta como Aldebarán estaba sentado en un rincón, entre las sombras mirándome atentamente, no dijo nada, no era necesario, él sabía lo que estaba haciendo y sabía hacía donde me dirigía y agradecí de corazón que no hiciera preguntas, simplemente se limito a hacer un movimiento con la cabeza en señal de despedida, le devolví el saludo y me dispuse a recorrer el último tramo que me quedaba. Al llegar a la entrada de la primera casa vi que Mu me estaba esperando con los brazos cruzados.
¿realmente te irás? Me pregunto suavizando su cara
Sí. Le respondo con desdén
No es culpa de ella, lo sabes bien
No me interesa de quién es la culpa
Perdónala
No ¿Por qué habría de perdonarla? ¿Por qué es una niña como todos dicen? Esta vez mi voz era más que sólo desdén, era rabia, ira – hace mucho que ya no lo es o ¿me vas a decir que es mentira? ¿me vas a decir que es mentira lo que conto Shion? Ya no soporto este lugar, ya no soporto haber dejado todo por esa niña, ya no soporto esa maldita armadura que me condena a amarla. Ella nos traiciono, nos traiciono de la peor manera ¿y quieres que la perdone?
Ella te perdono a ti. Me dijo Mu calmadamente
Ella no se perdona a sí misma, menos va a poder perdonar a los demás. Mu se quedo en silencio, mirándome fijamente, yo sabía que él sentía lo mismo que yo, la misma rabia la misma decepción, pero como siempre él se mantenía paciente y a la espera de una explicación razonable, para él siempre había un explicación. Él siempre entendía - ¿Tú puedes perdonarla?
No, pero puedo tratar de entenderla. Me dijo mientras daba media vuela y entraba en la casa – Quizás nunca pueda perdonarla, pero puedo intentar entenderla y gracias a eso puedo seguir siendo fiel.
Lo vi desaparecer entre la columnas, no quise seguirlo, no quise preguntarle nada, de esa manera era mejor, no sé si lo veré nuevamente, pero si lo hago le pediré que intente entenderme a mí también. Salí de la casa de Aries y camine tranquilamente a la salida de aquel monumento, al llegar a la entrada quise mirar hacia atrás pero no lo hice, mejor no ver la vida que uno deja atrás, es mejor no ver desaparecer a los amigos, confidentes, hermanos. Siempre es mejor de esa manera. Puse un pie fuera, ese era mi momento "soy libre"
No sé cuantas horas he caminado por la ciudad de Atenas, ya perdí la noción del tiempo. Recorro las calles lentamente embriagándome con los olores, los colores y las sensaciones que la vida nocturna de la ciudad puede ofrecer. Entre a un pequeño café con música en vivo, me gusta ese tipo de lugares, siempre me ha gustado la música, tengo buen oído, hace mucho tiempo tocaba la guitarra, y debo decir que era bastante bueno, pero hace mucho que ya no toco, mi guitarra se quedó olvidada en algún rincón oscuro de Barcelona, quizás aún está con ella. Le pedí al mesero un ron con coca-cola, mientras seguía escuchando la música que sonaba en aquél lugar, era relajante, en un momento me di cuenta de que conocía la canción, era una canción en español.
¿a dónde van las palabras que no se quedaron?
¿a dónde van las miradas que un día partieron?
¿acaso flotan eternas, como prisioneras de un ventarrón?
¿o se acurrucan, entre las rendijas, buscando calor?
¿acaso ruedan sobre los cristales, cual gotas de lluvia que quieren pasar?
¿acaso nunca vuelven a ser algo?
¿acaso se van?
¿y a dónde van?
¿a dónde van?
¿en qué estarán convertidos mis viejos zapatos?
¿a dónde fueron a dar tantas hojas de un árbol?
¿por dónde están las angustias, que desde tus ojos saltaron por mí?
¿adónde fueron mis palabras sucias de sangre de abril?
¿adónde van ahora mismo estos cuerpos, que no puedo nunca dejar de alumbrar?
¿acaso nunca vuelven a ser algo?
¿acaso se van?
¿y a dónde van?
¿a dónde van?
¿a dónde va lo común, lo de todos los días?
¿el descalzarse en la puerta, la mano amiga?
¿a dónde va la sorpresa, casi cotidiana del atardecer?
¿a dónde va el mantel de la mesa, el café de ayer?
¿a dónde van los pequeños terribles encantos que tiene el hogar?
¿acaso nunca vuelven a ser algo?
¿acaso se van?
¿y a dónde van?
¿a dónde van?
Recordaba esa canción, alguna vez yo toque esa canción, me traía muchos recuerdos, me recordaba a ella. Últimamente todo me recordaba a ella, pero esto era especial, este era su cantante favorito. Ella siempre me hablaba de él, de cómo su mamá ponía los casettes de él cuando era pequeña "Es parte de mi vida, es parte de lo que soy" Me tomé el contenido del vaso de un sorbo, tenía claro lo que tenía que hacer. Salí del café y tome un taxi
Al aeropuerto por favor
Al llegar al aeropuerto me doy cuenta de que son las siete de la mañana, había vagado toda la noche por las calles de Atenas. Me acerque a un mesón.
¿Cuál es el primer vuelo que sale a Barcelona?
Dentro de 5 horas a las once de la mañana. ¿Desea comprar el pasaje?
Sí, por favor
La mujer se demoro unos 20 minutos en emitir el pasaje, pero tener que esperar hasta las once fue desesperante. Decidí recorrer el aeropuerto, hasta que llegue a un enorme ventanal por donde se podía divisar la mayor parte de la ciudad, y justo en frente, literalmente al otro lado de donde me encontraba se veía, pequeño pero igual de imponente, El Santuario, mi hogar, no, un lugar que me acogió en sus entrañas hasta que llegó el momento de partir a recorrer mi propio camino. Tome un sorbo de café y dejé que las emociones afloraran, estaba dejando atrás absolutamente todo lo que conocía, todo lo que había sido parte de mi esencia como Shura, el miedo se apodero de mi de un momento a otro ¿Quién soy?
Los pasajeros del vuelo Iberia 573 con destino a España, Barcelona por favor abordar por la puerta 4
La voz de la mujer sonó fuerte y claro en mi cabeza, pero mi cuerpo no respondía, no es la primera vez que tomó un avión, ni la primera que dejó esta ciudad, lo único distinto es que esta vez es para siempre. No me di cuenta cómo fue que llegue a la puerta, simplemente sucedió, la azafata tomo mi pasaje y me deseo un buen vuelo. Camine por la manga del avión hasta que vi al piloto saludando a los pasajeros, le sonreí y me dirigí a mi asiento, el C2. Me senté y me abroche el cinturón y espere impaciente el despegue.
Al sentir que el avión corría por la pista próximo al despegue toque el anillo con mis dedos y pensé en ella, pensé en Barcelona, en el pequeño departamento, en mi guitarra. Pero ¿dónde buscar? Miro el reloj, me quedan exactamente 3 horas para poder saber por dónde empezar. Cuando el avión finalmente se detuvo supe que había logrado vencer al enemigo más poderoso de todos, a mí mismo. Tome mi mochila y camine rápidamente hasta la aduana, quiero salir de una vez del aeropuerto, quiero caminar nuevamente por las calles de mi vida, quiero sentir el aroma y escuchar a las personas hablar mi idioma. Todo tenía un color distinto, no puedo creer como me aleje tanto de esta hermosa ciudad. No me di cuenta cómo llegue a estar en frente del edificio más hermoso que mis ojos han visto, di dos pasos y entre. Al entrar hice la señal de la cruz en señal de respeto para luego seguir caminando por los oscuros pasillos de aquella iglesia. La Sagrada Familia es, sin duda alguna, uno de los monumentos más hermosos de la historia de la humanidad.
Gracias señor Gaudí
Me senté y observe atentamente todos los detalles, era realmente preciosa. Fije mi mirada en la cruz que colgaba cerca del altar y comencé a rezar, creo que hace mucho que no rezaba, pero esta vez lo necesito. Necesito que él me de la confianza para ir al lugar que me corresponde. Termine mis oraciones, hice la señal de la cruz y comencé a caminar a la salida, era tiempo de ir a buscarla. Cada paso que doy mi corazón se retuerce más y más, cada paso que doy aprieto más y más el anillo de mi dedo ¿Estarás?
Al paso de media hora comienzo a reconocer cada centímetro del lugar donde me encuentro, sus calles, las personas, las puertas, esa puerta. Reconozco la puerta, una antigua y roja, meto la mano a mi bolsillo y saco un juego de llaves, las miro atentamente "dos años" la mano me tiembla pero no me importa, introduzco la llave y la giro, para mi sorpresa es la misma chapa de hace años. Entro al edificio y lo observo, igual que hace dos años. Subo la escalera, cada paso que doy es más difícil que el anterior, al llegar al quinto piso escucho un sonido de bolsas y alguien que está buscando algo en una mochila.
Han pasado dos años desde que la deje, dos años desde que me escabullí como un vulgar ladrón de sus brazos, después de haberle prometido que estaría con ella para siempre, dos años sin verla, dos años sin saber de ella, dos años que no pasaron en vano, dos años que nos envejecieron a cada uno en distintas formas, dos años… No pude seguir pensando. Ahí estaba ella, con sus ojos castaños mirándome fijamente. Me quede estático, aterrado, esperando lo peor, cerré los ojos, no quería llorar en frente de ella, no quería demostrar por fuera lo cobarde que había sido por dentro años antes. Segundos después siento como sus brazos se enredan en mi cuello y sus piernas en mi cintura.
¡Volviste maldito hijo de puta!
Escucho sus palabras cerca de mi oído y sus lágrimas en mi cuello. La abrazo con fuerza, no quiero dejarla ir.
Sí
Siento como pone los pies en el suelo y me mira directamente a los ojos, para luego pegarme con la mano abierta en mi cara. No le digo nada, me lo merezco por cobarde, veo rabia en sus ojos, veo odio, no espero nada menos.
¡Hijo de puta te fuiste, te fuiste y no dijiste nada! Me gritaba en medio del pasillo, gritaba y lloraba.
Yo no me defendería, sabía que me merecía lo peor, merecía que ella me odiara por el resto de sus días, merecía su odio y aún más, sin embargo pronuncie una palabra que nunca pensé que saldría de mis labios.
Camila, perdóname
Ella me miro con los ojos llenos de lágrimas, tomó mi rostro y me beso con tantas ansias que no podía creerlo. La tome de la cintura y la acerque a mi cuerpo y la bese con las mismas ansias, el mismo deseo reprimido durante dos años, la misma rabia e impotencia. Nada me iba a alejar esta vez, nadie absolutamente nadie. Nos separamos y caminamos al departamento que quedaba al final del corredor, nuestro departamento. Al entrar me di cuenta de que todo continuaba igual, los olores, los colores, los muebles y aquella esquina oscura en donde estaba mi guitarra, sonreí.
Te ha esperado por dos años en el mismo lugar. Me dijo Camila
Igual que tú. Le dije mientras juntaba mi frente con la de ella – Eres mi mundo y yo tu satélite.
00000000000000000000000000000000000000000000000000 00000000000000000000000000
Hola, aquí nuevamente con el segundo capítulo de esta no tan triste saga jajaja
Aclaraciones:
La canción que escucha Shura es de Silvio Rodriguéz, un cantautor cubano, que de paso, al igual que la Camila de Shura, es mi cantante favorito.
No piensen mal de Shura, tienen que pensar que él creía una cosa de su diosa y derrepente su ideal queda patas para arriba.
Hice la referencia a Diane Keaton como el personaje de Kay en el padrino porque realmente ella se transforma en esa mujer que es observadora de la vida de su marido sin tomar parte de ella realmente, la mujer fiel y silenciosa. Los que hayan visto la película recordaran la escena final. Esa es exactamente la escena a la que me refiero.
Los personajes no son míos y no estoy lucrando con esto.
Quiero agradecer a los que me mandaron sus reviews: SakuraK Li, Kate goddes, Pegaso Seiya, Suki90 y Yuri18. A todos MUCHAS GRACIAS.
El próximo capítulo ya está en el horno así que pienso subirlo luego
