«Bienvenida»
Regina estaba estresada. Para la ocasión, había cogido algunos días de permiso y ahora, se encontraba colocando a su hija en la sillita para bebés y amarrando todo a la parte trasera del coche. Henry se sentó a su lado y le sonrió. «Yo voy a cuidarla»
«El trayecto será largo, ella tendrá que comer…»
«Lo sé, no es grave, no tengo prisa por regresar»
Regina le sonríe tímidamente: tampoco ella tenía prisa en verdad
Algunos minutos más tarde, se coloca al volante y emprende el camino. El viaje, como lo había adivinado Regina, había sido largo y sembrado de paradas de todo tipo: cambiar el pañal, dar el biberón, después le tocó el turno a Henry de tener unas ganas urgentes, Regina le echaba en cara de querer retrasar la llegada.
«Dí… ¿Puedo hacerte una pregunta?»
«Adelante» lanza Regina manteniendo la mirada en la carretera.
«¿Por qué te fuiste?»
Las manos de la joven mujer se crisparon sobre el volante y cierra brevemente los ojos «Henry, es complicado…»
«¿Fue a causa de Emma?»
«¿Por…por qué dices eso?»
«Porque al día siguiente de tu partida, Emma dijo que había sido por su culpa»
«…»
«¿Entonces?»
«¿Entonces, qué?»
«¿Fue su culpa o no de que tú te hayas ido?»
«No, Henry, no lo fue»
«Entonces, se lo podrás decir» dice él casi como una orden.
Entonces ella reflexiona: ¿Emma se fustigaba por su partida? ¿Por qué se echaba la culpa? Aquello sin embargo no tenía nada que ver con ella… ¿No había leído la carta? ¿No había comprendido las palabras? La mayor parte estaba explicada allí…
El resto del viaje transcurrió en silencio. El camino fue largo y cuando Regina llegó a las puertas del pueblo, al pasar por delante del cartel «Bienvenido a Storybrooke», su corazón se saltó un latido. Le parecía una eternidad desde que se había ido, pero cuando ella atraviesa la frontera, solo tiene un deseo: marcharse.
Era tarde y las calles estaban desiertas para el alivio de la joven mujer. Y en el momento en que se dirigía hacia la calle del apartamento de Snow y David, Henry la frena «No, nos hemos mudado. Vivimos más abajo»
«Oh…»
«Sí, Neal pensaba que aquello empezaba a hacerse pequeño. Entonces hemos cogido un apartamento más grande»
«Muy bien»
Pero Regina no tuvo ningún problema para encontrar el apartamento: Emma estaba delante de la entrada, en la acera, temblando, con los brazos cruzados. Regina imaginaba que la joven había permanecido ahí durante horas, esperándolos febrilmente.
Cuando ella para el coche, tarda algunos segundos en salir. Da algunos pasos, seguida por Henry que había perdido toda su valentía. Avergonzado se aproxima a su madre «Voy a matarte» rechina Emma atrapándolo por el cuello de la chaqueta antes de atraerlo hacia ella para abrazarlo tiernamente «Pensé que me moría de miedo. ¡No lo vuelvas a hacer jamás!»
«Lo siento»
«No digas ni una palabra. Te juro… ¡Ve a buscar tu mochila!»
Él obedece y pasa por delante de Regina que se coloca a algunos metros de Emma «Buenas noches»
«Buenas noches… Una especie de déjà vu, eh» dice ella, incomoda
«Cierto»
«Es un placer volver a verte… Sin noticias desde hace un año…»
«…»
La tensión era palpable, y no se dejaban de mirar a los ojos
«Entonces, ¿cómo te va todo? ¿Qué hay de nuevo?»
«Hey, mamá, ¡mira!» Emma desvía su mirada hacia el coche y ve a Henry con un bebé en los brazos «¡Es mi hermanita!»
Emma estaba sentada en el sillón, Henry a su lado y Regina con Olivia en los brazos, delante de ellos. La hermosa rubia no dejaba de fijarse en el bebé, sin salir de su asombro.
«Henry, ¿nos traes algo de beber, por favor?»
«He comprendido, ¿sabes?»
«Comprendido, ¿qué?»
«Que queréis hablar sin tenerme por medio, no hace falta inventarse esa tonta excusa», dice suspirado y encerrándose en su habitación.
«Está algo…pesado de un tiempo a esta parte» dice Emma, como para justificarse.
«…»
«Es magnífica» dice ella mirando fijamente a la niña que bebía su leche.
«Gracias»
«¿Qué tiempo tiene?»
«Cinco meses»
«Quizás…no debería preguntar… ¿el padre?»
«Ya no existe. Él no sabe de su existencia. Ni está ya en Washington»
«Oh…» Emma se asombra, pero sin embargo, no ahonda en ese asunto, y prefiere no estropear más las cosas porque siente que es un tema demasiado sensible.
«Bien. Cuando Olivia acabe su biberón, nosotras nos iremos»
«Qué…Apenas acabáis de llegar, no vas a conducir de noche. Debéis descansar»
«Estoy bien»
«Regina, debéis dormir. No pongas la vida de tu hija en peligro por orgullo»
«¿Orgullo?»
«Sospecho que lo que te hizo huir de aquí hace un año, te impide dormir esta noche en este pueblo…»
«…»
«No seas estúpida. Tengo una habitación de invitados»
«…»
«Venga, ven» Emma se levanta y Regina la sigue en cuanto el biberón llega a su fin «Bueno, está un poco desordenada, pero es que era otra cosa…»
Cuando ellas entraron en la habitación, Regina comprendió enseguida al ver el papel pintado: nubes sobre un fondo azul cielo, un techo cubierto de estrellas fluorescentes.
«Henry me dijo…sobre ti…lo que te había pasado»
«Oh…Ya pasó, fue un momento…» dijo rápidamente
«Lo siento» añade Regina, un poco apenada e incómoda por llevar un bebé cuando ella había perdido el suyo.
«No tienes que estarlo» Y al fin y al cabo, estoy contenta de que, de las dos, seas tú quien haya traído vida», dice acariciando con su índice la mejilla de la pequeña «Ella es muy mona»
«Henry me ha dicho que su padre se ausenta a menudo…»
«Sí. Debe ir regularmente a Nueva York, para poner sus asuntos al día. Se ha ido por una semana, y menos mal que no se ha enterado de la huida de Henry»
«¿Es que…va todo bien entre vosotros?»
«No es todo de color de rosa, pero es la vida. Nos llevamos bien la mayor parte del tiempo. Las cosas comenzaron a estropearse cuando…»
«Cuando perdiste el bebé»
«Sí…pero puedo decir que no era fácil vivir conmigo en esos momentos»
«Es normal, ¿no? Quiero decir, fue una prueba difícil»
«…»
Regina, al ver que era un tema sensible, cambia de asunto mientras arropaba correctamente a su hija «¿Qué ha sido de tus padres? Henry me ha dicho que las judías están casi maduras»
«Ellos planean hacer un viaje de prueba. Les encantaría que yo estuviera en ese viaje…»
«…no parece que te entusiasme»
«En verdad no. Ah, ¿y no sabes lo mejor? ¿A qué no adivinas quién ha tomado tu cargo en el Ayuntamiento?» dice sentándose en el borde de la cama
«Hmm, no sé»
«Gold»
«¿En serio?»
«En serio. Él y Belle se casaron ya hace unos meses y Belle está embarazada de tres meses»
«Interesante», se asombra Regina de todos los cambios que ha habido durante su ausencia.
«Todo el mundo se pregunta si el muchacho va a ser tan bromista como su padre», bromea ella. Regina sonríe, imaginando un mini Rumple corriendo por las calles del pueblo. «Tú… tú me has hecho falta» suspira poniendo su mano sobre la de Regina, ejerciendo una pequeña presión. «Te marchaste tan rápido… Me he preguntado durante mucho tiempo si fue por mi culpa… Siempre he creído que sí» Regina baja la mirada «¿Lo fue?»
«No. En absoluto»
«Fue una casualidad entonces que te marcharas al día siguiente de…de… en fin ya sabes»
«Sí, lo sé. Y sí, fue una casualidad»
«¿De verdad?»
«De verdad»
Emma suspira y cierra por unos instantes sus ojos, rememorando ese momento… Hace ya mucho tiempo.
«¿Hablas en serio?»
«Absolutamente»
«No, no te creo, ¡joder!»
«¡Su lengua, miss Sawn!»
«Oh, nada de miss Swan, ya lo sabes. Hace ya…dos meses que las cosas se han normalizado. Y míranos, esta noche cenamos juntas en Grany's mientras que mis padres cuidan a Henry. Todo marcha»
«Efectivamente»
«Entonces, ¿es verdad? ¿Glass en el genio de Aladino?»
«Si te digo la verdad, no sé quién es ese Aladino del que habla, paro…sí, es un genio… Al menos de aquellos que salen de lámparas mágicas»
«Déjame adivinar…¿Ava y Nicolas… Hansel y Gretel?»
«Hm, hm»
«Wow…No consigo todavía adaptarme al hecho de que vivo en medio de personajes de cuento que han acunado mi infancia»
«Formáis parte de ello, querida»
«Nunca se escribió que Snow y su príncipe tuvieron una hija»
«Los cuentos no terminaban en el "Vivieron felices y tuvieron muchos hijos"»
«Ya…Es más complicado aquí. Los cuentos no hablaban de una malvada reina psicópata…Sin ofender»
«Evidentemente…»
«Está bien que podamos pasar tiempo juntas» Regina levanta una ceja, divertida «Eh, quiero decir…por el bien de Henry. Está bien que nos llevemos bien para que él pueda disfrutar de nosotras dos…» se da prisa por justificarse.
Regina le sonríe entonces y bebe un trago de su copa de vino «Efectivamente»
Emma se queda un momento mirando a Regina y recuerda la evolución constante por la que ha pasado su relación: en un principio, conflictiva, a continuación, cordial, después de nuevo en guerra antes de llegar a ser amigable. Hoy, las cosas habían evolucionado mucho y habiéndose calmado los acontecimientos, Emma podía tomarse tiempo para conocer mejor y comprender a la mujer que había criado a su hijo. Siempre había tenido cierta curiosidad hacia ella: ¿cómo había ella llegado a convertirse en esa reina caída, detestada por todos y, en cambio seguir siendo una madre protectora?
«¿Quieres que mañana me pase con Henry? Estará feliz de ir a verte. No para de hablar maravillas de ti y de lo que hiciste en la mina»
«De los que hicimos»
«Exacto. ¿Entonces?»
«Encantada»
No comprende por qué, pero en pocos segundos, deposita su mano sobre la de la hermosa morena. Cree que Regina la rechazará, pero al contrario, su pulgar acaricia la palma de su mano. ¿Efecto del alcohol? Probablemente «Regina…»
«¿Hm?»
«¿Podemos…ir a otro lado?»
Regina levanta una ceja y sonríe «Vamos»
Se levantan y dejan el Grany's, y prefieren dejar el coche para caminar un poco. Silenciosas, hombro contra hombro, caminan durante un tiempo, atravesando la calle principal para llegar a la playa. Emma entonces se para y se quita sus zapatos antes de hundir sus pies en la arena.
«¿Qué está haciendo?» se asombra Regina al ver cómo Emma pisa la arena
«Me encanta caminar por la playa, ven»
«Hace demasiado frío, va a enfermarse»
«¡Venga, vamos, no seas tan sosa!»
Regina duda algunos segundos antes de quitarse ella también sus zapatos, para el goce de la bella rubia. Con los zapatos en la mano, caminan durante algunos minutos antes de que Emma coja la mano de Regina para no soltarla.
Ella estaba nerviosa, al igual que durante una primera cita. Sin embargo, esto no lo era. Tenían la costumbre de verse al menos una vez a la semana alrededor de una mesa o de una copa. Era incuestionable que su relación se había calmado desde algunas semanas para alegría de Henry que amaba ir de una mamá a la otra sin el estrés de herir a una u a otra.
Desde hace algunos días, Emma había pensado largo y tendidamente en esta evolución y se había dado cuenta de que ella amaba en verdad la dirección que tomaban las cosas. Aproximarse a Regina, aprender a comprenderla mejor, a captarla mejor… Amaba ese acercamiento.
Y esta tarde, el simple hecho de juntar sus manos durante este paseo nocturno le encantaba más de lo que se podía imaginar.
«Hace bueno, finalmente…»suspira Regina, aspirando el aire, los ojos cerrados.
Emma la mira y se sorprende a sí misma contemplándola: la piel pálida por los reflejos de la luna, los cabellos negros removidos por una ligera brisa… Ella estaba magnífica. Y cuando Regina, al no recibir respuesta, abre los ojos y gira la cabeza, se encuentra en su camino los labios de Emma que se posan rápido y torpemente sobre los suyos.
Sorprendida, ella se sobresalta y cuando Emma retrocede para juzgar su reacción, siente cómo sus mejillas se enrojecen.
«Yo…lo siento, no sé por qué he hecho eso…lo siento…» dice ella hundiendo sus manos en los bolsillos posteriores de sus pantalones, la mirada fija sobre sus pies escondidos en la arena.
Regina entonces sonríe y se acerca a la joven mujer, le acaricia la mejilla para llamar su atención y después, con un tierno movimiento, la besa a su vez, con un beso dulce. Toma la cara de Emma entre sus manos y esta saca las suyas de sus bolsillos para colocarlas sobre las caderas de Regina, abandonando las dos los zapatos que caen sin ruido sobre la arena.
Después de un momento, se separan y juntas sus frentes. Sin una palabra, se besa de nuevo, esta vez de una manera más sensual, más viva, sus lenguas más curiosas. Sin aliento, se toman algunos segundos.
Se sonríen antes de continuar caminando y cuando el frío se vuelve más intenso, deciden regresar, y Emma acompaña a Regina a su casa. Junto al umbral, Emma se acerca de nuevo a la hermosa morena «Buenas noches»
«Buenas noches»
«Ha sido…una hermosa velada» añade ella, «Sobre todo el final»
Regina le sonríe, sonrojándose «Sí… en efecto.»
«Yo…bueno, entonces te dejo» Se aproxima y la besa una vez más «Joder, sabía que tu besabas bien, pero esto…»
Regina no puede más que sonreír ante esta chiquillada característica de la hermosa rubia «Encantador…»
«¡Oh, venga ya, estoy seguro que ya lo sabías!»
Ríen juntas antes de que Emma coja su mano «Dí..Yo…yo no deseo ir rápido ni nada, pero… Yo no deseo esconder esto. Quiero decir, he mentido muchas veces a Henry y no ha sido algo agradable… Entonces, si tú quieres…podríamos decírselo…¿mañana?»
Regina entonces se endereza: todo iba tan rápido. ¿Por qué no aprovechar de este momento? ¿Del instante presente, únicamente ellas dos, inocentemente sobre la playa?
«¿Y Neal?»
«Oh, Neal…Hace mucho tiempo que no hay nada. Quiero decir, fue mi primer amor, aquel que me ha dado a Henry, nunca lo negaré, pero…no es lo mismo. Me siento menos próxima a él que a ti…Cuando estoy contigo, me siento bien… Cuando estoy con él, no sé qué decir o qué hacer…Y mis padres que me empujan continuamente a sus brazos, es algo ridículo. Al menos, cuando sepan lo tuyo, chillarán como locos, pero me dejarán en paz con respecto a Neal»
«Es muy probable que ellos no acepten la situación»
«Hemos tenido que hacer frente a cosas muchos más terribles que esto, sobre todo en los últimos tiempos. Y siempre hemos salido adelante. No deseo presionarte ni nada…Pero no quiero vivir como una clandestina, siempre escondiéndome de los otros, preguntándome si alguien nos ha visto en el porche cuando te beso. En verdad, me da igual lo que gente piense. Quiero legitimar mis actos, porque si me escondo, es como si me avergonzara…mientras que es todo lo contrario»
Regina le sonríe tímidamente y le coge las manos «Veremos eso mañana. Es tarde»
«Vale…¿Un último beso para cerrar este fin de velada?»
Regina sonríe y como única respuesta se inclina sobre ella y la besa tiernamente. Después ella retrocede, suelta su mano y desaparece detrás de la puerta, dejando a una Emma ensimismada en el umbral.
«¿Entonces es por puro azar que después de nuestra velada, más bien íntima, tú huyeras sin una palabra en medio de la noche?»
«…»
«¿Regina?»
«Escucha, yo… Tienes razón, estoy cansada, necesito dormir»
Emma frunce el ceño, sabía muy bien que si Regina había decido callarse, estaba fuera de toda cuestión hacerla cambiar de opinión.
«Ok…Pero no creo que te deje marchar mañana sin que tengamos una conversación» Se levanta y antes de salir de la habitación, se gira «¡Y no cuentes con huir en plena noche, he cerrado todas las salidas y escondido las llaves!», después cierra la puerta, dejado a Regina que intentaba ocultar una risa divertida.
La joven mujer se acuesta cerca de su hija que dormía ya profundamente.
Regina había temido, y con razón, este regreso. En este momento, ella no podía huir, tenía que hacer frente a sus responsabilidades…o abandonarse a la mentira como lo había hecho desde hace un año.
