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¿Qué camino seguir, si no sabes dónde quieres ir?
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II. A los Monstruos
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—¡Dejadme! ¡Marchaos!
Se tapó las orejas con las manos y cerró los ojos con fuerza.
Takeru se arrodilló a su lado, con gesto decidido. Estaba harto de estar preocupado. Estaba harto de que ella tuviera que pasar por eso cada día. Que no durmiera, que apenas comiera, que sufriera.
—Sé lo que me vas a decir —susurró Hikari, abriendo los párpados para mirarle—. Pero no sabes… lo que es… Desde que aparecieron, no puedo concentrarme en nada más. Están aquí, todo el tiempo, con ese aspecto tan extraño, con esas voces que nunca callan y que hacen que me duelan los oídos…
—Lo sé, mi amor, lo sé. Pero vamos a acabar con esto.
—¿Cómo? —Él sonrió. Confiado, esperanzado.
—Vámonos.
—¿A dónde?
—A donde sea, no importa. Mientras estemos juntos nada más importa.
—No podemos vivir huyendo…
—Podemos.
Takeru le sostuvo la cara con delicadeza. La besó con el mismo cuidado. Sus ojos seguían decididos.
Y ella no supo replicar. Él siempre había sido la única persona que, quisiera Hikari o no, la anteponía ante todo y todos. Por eso fue Takeru el primero en darse cuenta de que algo iba mal. El primero en escucharla hablar con los monstruos de su cabeza.
Eso dijo el doctor. Todos los doctores. Y, al final, también toda su familia y amigos.
Menos Takeru.
Se dieron de la mano. Ese día y el de su partida, cuando arreglaron todo para viajar. Simplemente irían en coche, hacia delante, sin ningún destino. Quizá los monstruos no pudieran seguirlos así.
Taichi tuvo una acalorada discusión con ellos, porque Hikari debía tomar su medicación, porque no podían irse así sin más.
—Deja de alimentar esas ideas —le pidió Taichi a Takeru, suplicante—. No mejorará así.
—Tú, más que nadie, deberías creer en ella.
—Creo en que debe dejar de ver a esos monstruos, me da igual de qué forma.
Fue entonces cuando Hikari lo entendió. Su hermano temía más que fuera verdad a que su sanidad mental fuera el problema. Ojalá fuera tan sencillo como tomar unas pastillas y autoconvencerse, pero ya lo había intentado.
Así que se marcharon.
En medio de su viaje, ya lejos de su ciudad natal, pudo entender algunas de las palabras de los monstruos.
—Para… estúpida niña… estate quieta… no podremos seguirte allí…
—Eso es lo que quiero —dijo, en voz alta, sin importarle que Takeru no fuera a entenderla.
Pero él solo estiró el brazo libre para apretarle la mano. Y, en ese momento, algo salió de la nada y golpeó con fuerza el coche, haciendo que volara por los aires.
Por un instante, Hikari solo percibió el silencio más absoluto. No había más voces. Tampoco había monstruos estirándose para alcanzarla.
Quiso reír de alivio. Pero algo le aprisionó la garganta tan fuerte que se tragó la risa. Abrió los ojos y supo que no estaba ya en el mismo mundo.
Escuchó el grito de Takeru, llamándola desde algún otro lugar y tiempo, en el mismo momento en que se dio cuenta de todo.
Los monstruos solo intentaban protegerla.
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Gale, quizá no te guste demasiado lo que he hecho con el genial diálogo que propusiste, me parece muy inspirador pero he tenido unas vacaciones ocupadas y sin inspiración jajaja. Esto ha salido y aquí te lo dejo, espero que al menos el detalle cuente.
Probablemente escriba más capítulos para esta mini colección, cuando la inspiración esté más de mi parte, y quizá alguno en relación con estos dos ya publicados.
Espero que todo el que me lea (y quien no) haya empezado con muy buen pie el 2018 :)
