Capítulo 2: Sucrette

When the fires, when the fires have surrounded you and the whole wide world coming after you

I've got blood, I've got blood, blood on my name

The Wright Brothers - Blood On My Name

Lo primero que hizo Castiel al salir fue echar a correr.

Sucrette era una de las últimas de la lista, lo que le daba tiempo a organizarse, y siendo honestos, tampoco tenía ganas de cruzarse con nadie más, especialmente con aquellos que le caían medianamente bien, como él lo veía, todo se reducía a verlos perder la cabeza y que lo atacaran, que le pidieran ayuda o peor, formar una alianza. No quería enfrentarse a ninguna de esas cosas, en el primer caso tendría que deshacerse de ellos, el segundo le era imposible, ya se había hecho a la idea de que sólo uno saldría vivo de ahí y ponerse a seguir rituales de amistad no le ayudaría a cumplir su objetivo.

Cuando consideró que se encontraba a una buena distancia de la escuela se detuvo y abrió su mochila, buscó el arma que supuestamente les habían dado, no tardó mucho en dar con ella, era grande, del tamaño de su antebrazo, una daga, de esas que cargaba el ejército, incluso tenía una funda con un águila grabada, el animal oficial de la república. Por si sola no estaba mal, pero Castiel recordaba que en los informes sobre las causas de muerte de los participantes había algo como heridas por armas de fuego, el 40 por ciento de las bajas eran cortesía de alguna pistola, y como no, un maldito cuchillo no podía hacer nada contra eso.

Por otro lado, quizá era lo mejor, él no tenía ni idea de como usar un arma de fuego, dudaba mucho que todo se redujera a jalar del gatillo, como en las películas, un cuchillo era mucho más sencillo de manejar.

Entonces se sintió estúpido, si sabía que existía la posibilidad de ser enviado a morir como ganado, por pequeña que fuera, ¿Por qué no se había preparado?

Dio por hecho que estaba a salvo.

Miro su reloj de muñeca, cinco minutos habían pasado, mejor apresurarse y volver si quería alcanzar a Sucrette.

Pero en cuanto hizo amago de levantarse alguien lo tomo por la espalada, una mano cubrió su boca.

Lysandro, en la mano derecha cargaba una especie de bastón electrizado, los de la guardia civil los usaban para aturdir, con eso no iba a matar a nadie pero al menos podría defenderse.

Con un gesto pidió silencio y señaló un punto entre los árboles, Kentin caminaba entre la maleza, pistola en mano, tenía los ojos muy abiertos y escudriñaba la obscuridad con algo parecido a paranoia.

En otra situación Castiel ni si quiera se habría planteado esconderse de él, pero el chico estaba asustado y tenía un arma, esa no era una buena combinación.

Mejor ser precavidos.

Cuando se alejó lo suficiente, comenzaron su camino de vuelta hacia la escuela, anduvieron en silencio por un rato, hasta que Lysandro le preguntó en un susurro: — ¿Cuál es tu plan?—

— Voy a sacar a Sucrette de aquí— soltó, no agregó ninguna explicación, no era necesario, Lysandro simplemente asintió.

— ¿El tuyo?

— Voy a sacar a Rosalya de aquí.

Ambos sabían lo que aquello implicaba, existía una gran probabilidad de al final tuviesen que enfrentarse y ninguno daría marcha atrás o iría fácil con el otro ya que no se trataba solo de ellos.

No es que tuviesen deseos suicidas ni mucho menos, se trataba de algo muy diferente.

Castiel se dio cuenta cuando vio de cerca la posibilidad de perder a Sucrette, sí, podía ganar e irse a casa, tratar de llevar una vida decente, pero aquello simplemente no tendría significado, no creía en la existencia de un mundo sin ella en el que valiera la pena vivir.

Entonces la solución más sencilla era encargarse de que el universo no se volviera aún más pútrido cuando ella dejase de existir, la regresaría a casa lo menos rota posible, porque de eso estaba seguro, nadie sobrevivía al Battle Royale sin alguna grieta.

A lo mejor solo estaba siendo egoísta, no quería cargar con el peso de su muerte, la de sus amigos, pero tampoco podía estarse quieto, entonces obligaría a Sucrette a llevar las piedras. Lysandro era diferente, él no estaba mandando a Rosalya a una vida de remordimientos sino de vuelta con Leigh, su hermano.

Al llegar al edificio se detuvieron, lo mejor era esperar protegidos por el bosque a que las chicas salieran.

La noche y el aire helado les causaron escalofríos, probablemente eran las tres o cuatro de la madrugada, no debían quedar muchos alumnos dentro.

Entonces lo vio.

No muy lejos de la puerta principal había un bulto, al principio Castiel creyó que se trataba de una mochila olvidada, quizá una maleta dejada atrás entre la prisa por huir, pero no estaba seguro, la obscuridad de la noche tampoco ayudaba.

Cuando reconoció la figura su corazón se detuvo por un segundo, no era una mochila sino un cuerpo.

Priya.

Del extremo de su cabeza sobresalía una especie de palo, no se movía.

El Programa ya estaba en marcha.

¿Pero quién…?

Escudriñó alrededor, quien fuese el perpetuador no debía andar lejos, no se equivocaba, subido en el tejado, ballesta en mano, Jade peleaba con su arma, al parecer después de dispararle a Priya se le había atascado.

Castiel debía admitir que por demente que pareciera, el chico había sido listo, ahí donde estaba era imposible ser visto por los que fuesen saliendo.

Si no hacían algo la siguiente sería Rosalya. Lysandro salto pero luego se lo pensó mejor, no debían llamar la atención, bien podría haber alguien por ahí con un arma que disparara algo más peligroso que flechas y entonces todos estarían perdidos, lo mejor sería hacerle señas a la persona que saliera para que estuviera alerta.

Rosalya apareció en la puerta principal, calzaba unas zapatillas de deporte, las de Sucrette, en una mano cargaba sus botas de tacón alto, la otra se aferraba a la mochila proporcionada por el Programa, parecía haber abandonado su propio bolso.

No les hizo mucho caso, quizá porque el cuerpo inerte de Priya captó su atención, la miro por un rato, con los ojos muy abiertos y la mandíbula temblando.

Jade continuaba forzando su arma, teniendo cuidado de no hacer ruido, ya se le había escapado uno, el delegado, eso sumaba un enemigo más, no restar, que era lo que él quería. No podía pasar otra vez.

Un chasquido lo sorprendió, al parecer la ballesta se había disparado sola, pero para su mala suerte no mató a la chica, tenía un rasguño en la sien, sí, pero nada mortal, sólo la había rozado.

Rosalya se tanteo la herida con la punta de los dedos y alzó la mirada, encontrándose con los ojos perdidos de Jade, entonces, probablemente impulsada por un instinto de supervivencia, echó a correr dirección al área residencial, al oeste.

Castiel decidió actuar rápido, ya no quería quedarse escondido entre los arbustos, cogió una piedra de buen tamaño que encontró por ahí y la lanzó con toda la fuerza que fue capaz de reunir, dándole a Jade en la cabeza, desestabilizándolo.

— ¡Corre!—le grito a Lysandro, quien salió disparado en la misma dirección que Rosalya.

Jade cayó justo frente a una sorprendida Sucrette, que ni siquiera se tomó el tiempo de averiguar lo que ocurría, simplemente se internó en el bosque con la velocidad propia de una corredora profesional.

Castiel intento seguirle el paso, reprendiéndose mentalmente por no haber pensado en algo tan obvio, Sucrette había practicado atletismo por cuánto… ¿cinco años quizá? Si quería huir de él no le sería difícil.

Observó su figura cada vez más lejana, perdiéndose entre la maleza, sintió como perdía el aliento y su pecho ardiendo, la estaba dejando ir una vez más, probablemente para siempre.

Y era su culpa, podía correr más rápido o llamarla, hacer algo,sólo un esfuerzo más.

El pánico se apoderó de él cuando cayó en cuenta de algo, Castiel la estaba dejando ir, otra vez, pero esa era la primera vez que Sucrette no le esperaba o se aferraba a él, que no luchaba por ellos.

Quizá ella estaba más consciente de su situación y había decidido cortar lazos, bye, bye my friend, thank you for the memories, even though they weren´t so great.Algo así, como aquella canción.

A lo mejor ya la había perdido.

#

Jade recobró la consciencia casi inmediatamente pero había caído del tejado y recibido una piedra en la cabeza, por lo que estaba aturdido.

Lo primero que noto fue el aire frío, creyó que se había quedado dormido en el invernadero, luego el dolor palpitante de su cabeza le indico que algo andaba mal pero no conseguía recordar que.

¿Qué ha pasado? Probablemente me ha caído una maceta en la cabeza y he quedado inconsciente, no sería raro, los otros nunca se preocupan de dejar las cosas en su lugar, entonces tengo que ir a clase… ¿no? ¿Qué hora es? Todavía está muy obscuro, a lo mejor puedo dormirme un rato, no es como que me moleste estar al aire libre…

Se palpo el cráneo y sus dedos se empaparon de sangre, entonces recordó todo.

El autobús, Louis, Peggy muerta justo alado y él tratando por todos los medios posibles no mirarla, Castiel lanzándole quien sabe que cosa.

El Programa.

Se internó en el bosque y descubrió la ballesta, anduvo por un rato, admirando la flora, no sabía que isla era pero sin duda debía ser una de esas reservas ecológicas.

Matar ahí era lo mismo que profanar el bosque. No le quedaba más remedio que evitar que sus compañeros llegaran tan lejos, tendría que deshacerse de ellos, por eso volvió al colegio.

La mala noticia era que nunca había usado una ballesta, así que no fue de mucha ayuda para la madre naturaleza, pero si se apuraba y volvía al tejado quizá podría quitar del camino a un par de alumnos más, solo le supo mal que seguro la siguiente en salir sería Violeta.

Trato de incorporarse pero un golpe en la nuca se lo impidió, como si le hubiesen lanzado otra piedra pero con el triple de fuerza.

Cayo de bruces hacia adelante, la cara girada dirección al bosque.

Pero no pudo apreciarlo, ya estaba muerto.

#

Melody volvió al colegio después de descubrir que su arma era una simple linterna, sabía bien que no llegaría muy lejos únicamente con eso y recordó las palabras de Louis, 'Fuerza en los números', por eso regreso, tenía la intención de juntarse con alguien, si tenía suerte entonces alcanzaría Nathaniel.

Ella no quería de ninguna manera matar a Jade.

Pero lo primero que hizo al llegar fue tomar la ballesta, todavía cargada con un dardo, tirada junto al cuerpo de su compañero, cuando él se movió se asustó y le disparo como acto reflejo.

Miro alrededor, asegurándose de que nadie la hubiese visto, cuando encontró un patio vacío se calmó un poco, después de todo no lo había hecho apropósito, fue un accidente, sí, eso.

A Melody le gustaban las excusas, era muy buena inventándoselas, cuando conseguía justificar sus acciones la culpa y el sentimiento de inseguridad desaparecían, se sentía mejor.

Por ejemplo, Nathaniel no la quería porque ya tenía las manos llenas con el asunto de su familia y estudios, simplemente no era su momento pero ya llegaría.

Al menos ya no se pasaría la noche preocupándose por eso las veinticuatro horas, ya había dos muertos… sacudió la cabeza y se reprendió mentalmente, no tenía permitido pensar en algo tan horrible.

Por otro lado, lo mejor era actuar de forma racional, explotar todos o que al menos uno pudiese volver, era obvio cual de las dos opciones era mejor, ella no era una persona egoísta y esperaba que los demás tampoco.

Por supuesto, matar a sus compañeros era espantoso pero… ¿Quién era ella para discernir entre el bien y el mal? Solo era una adolescente de quince años, eso si lo sabía, y un hecho irrevocable era que Melody sencillamente no quería morir.

Lo primero era largarse de ahí.

Sin pensarlo demasiado, casi de forma autómata, tomo la mochila de Jade, cargada de flechas y guardo la ballesta, luego, antes de marchar, se detuvo y recogió también la mochila de Priya.

Claro que le sentaba mal que estuviese muerta, después de todo habían sido amigas pero no pudo evitar pensar que la chica había sido bastante estúpida, es decir, ¿Quién se mudaba a la República antes de cumplir los dieciséis? Solo podía culparse a sí misma y a sus padres.

Una razón más para no sentir la muerte de Jade, era obvio que este había matado a Priya, pues una flecha le atravesaba la cabeza, justo como aquellos disfraces de Halloween.

Incluso se podía decir que había vengado a su amiga ¿no?

#

Karla estaba aterrada, de hecho, si aún no había perdido el control era solo gracias a que se había tomado las pastillas para la ansiedad que su madre le echo en la maleta sin que se diera cuenta y ahora se lo agradecía.

Eso y porque tenía esperanza.

Claro que sola no sobreviviría la noche, ni hablar del Programa, pensando lógicamente, ella no era especialmente atlética o inteligente, tampoco se veía a si misma matando a nadie, ni siquiera a Sucrette, que era la que le caía peor, ya se había dado por vencida cuando el profesor destruyo su único plan, esconderse hasta que todo acabara, declarando que a esos los atrapaban primero.

Y Karla no quería morirse, al menos no de forma tan horrible.

Pero Amber iba a ayudarla.

Estuvo a punto de deshacerse en lágrimas cuando Charlotte le paso la nota con una mirada de desdén, seguro que a ella también le sorprendía que Amber la hubiese incluido en el grupo, pero al final Charlotte había sido la tonta y los esfuerzos de Karla no fueron en vano, Amber la consideraba su amiga, casi quiso reírse en la cara de Li cuando le toco pasarle el mensaje.

Iba a salir de ahí.

No sabía exactamente cual era el plan, la nota no era nada específica: "Nos encontraremos en el lado opuesto, ej. Si la escuela está en el norte, nos vemos en el sur."

Pero la familia de Amber podía lograr lo que fuera, a lo mejor con su dinero la suya también, pero nada se comparaba con estar en el gobierno. Como sea, seguro que su padre ya había enviado un barco para recoger a sus hijos, un helicóptero también era muy probable, y les permitirían llevar consigo a un par de amigos cercanos.

Por eso tenía que asegurarse de llegar antes que Li, porque Charlotte seguro que incluso ya había cogido asiento, no podía permitir que la dejasen.

No ahí.

Apresuro el paso y apretó la brújula, esperaba haberla leído bien, sería una desgracia que acabara yendo al lado contrarío y la abandonaran. En la otra mano cargaba una pequeña pistola automática, una Walther PPK 7.65 mm, según el instructivo que venía con el arma, una de las mejores que te podía tocar, apenas lo había ojeado pero no importaba.

No lo necesitaría.

Después de todo Amber siempre conseguía lo que quería, era impensable que ella se rebajara a seguir aquel juego, ridículo, en sus palabras. Y es que desde que la conoció Karla lo supo: "Ah, ella va a lograr grandes cosas, cosas geniales", podía ir desde casarse con algún alto funcionario del gobierno hasta conseguir ella misma el puesto, ambas eran igual de buenas.

Amber podía, era fuerte y hermosa, solo así uno sería capaz de caminar con la cara en alto después de que tal drama familiar fuera revelado.

Y la había integrado al grupo.

Camino con cautela, saltando ante cualquier ruido, el colegio estaba en el este, por lo que ella fue al oeste, era una zona residencial pero colindaba con la costa, lo que reafirmaba el plan del barco.

— Karla—ella creyó sentir su corazón detenerse por un segundo, la voz provenía de una de las casas, Amber le hacía señas desde una ventana, invitándola a entrar.

Quizá tendrían que esperar un poco más para que las recogieran.

Con mucho esfuerzo se coló por la ventana, esperando no romperse el vestido en el camino, cristales rotos en el suelo crujieron bajo su peso.

— He tenido que romper la ventana para entrar—movió la mano, quitándole importancia al asunto— Bueno, no es como si algo en esta casa valiera un centavo—apenas podía ver su silueta gracias a la oscuridad pero era capaz decir tenía los brazos fuertemente cruzados sobre el pecho.

Karla asintió, Amber no se equivocaba, el edificio ni siquiera estaba bien construido, la mayoría del techo era una simple lámina sobrepuesta.

— ¿Podemos prender alguna luz? La obscuridad me está alterando los nervios

— Ya, de paso nos colgamos un cartel que diga mátame— Karla tragó duro y se sintió estúpida, como siempre, la rubia tenía razón, también noto que solo eran ellas dos en la habitación y le extraño, esperaba ver ahí a Charlotte, quizá a Nathaniel, Amber se acercó a la ventana, ojeando el exterior — El momento más obscuro de la noche es justo antes del amanecer.

— ¿Disculpa?

— Mi madre repetía eso día y noche: El momento más obscuro de la noche es justo antes del amanecer, creo que trataba de darse ánimos a si misma.

Era la primera vez que Amber se abría con ella, casi siempre evitaba hablar de su familia, incluyendo a Nathaniel.

La piel se le erizó, ¿Por qué?, sacudió fuera cualquier pensamiento indeseable, quizá Li y Charlotte estaban perdidas o alguien las había atrapado.

— Amber ¿Sabes como salir de aquí?—dijo Karla, al borde de las lágrimas.

— Claro—soltó, acercándose a Karla, ella dejo escapar un suspiro.

— Que alivio, ¿sabes? Estoy aterrada, realmente aterrada—lágrimas dejaron su puesto sin permiso, busco consuelo y por primera vez lo encontró entre los brazos de Amber, lo que siempre había querido.

Sintió como acariciaba su cabello y hundió el rostro en su pecho, nunca la había sentido tan cerca, tan como… amigas. Pero tenía sentido, eran esas situaciones las que unían a las personas ¿no?

— Ah, ¿Cuál es la forma de salir, nos escaparemos en bote o tu padre vendrá?—preguntó entre sollozos.

— Tonta, tú también lo sabes.

— ¿En barco?—una duda instalándose en su pecho.

— Sí, puede ser—pasó la palma de su mano por sus cabellos descansando en su cuello, aplicando un poco de fuerza— Pero primero hay que ganar el juego.

No, no puede ser

Karla no quería creerlo, no podía pero el creciente dolor en su pecho y la increíble fuerza que Amber aplicaba sobre ella, impidiéndole moverse, le decían que era real, estaba pasando.

Sintió aquello hundirse aún más en su cuerpo, causándole un dolor agudo, abrió la boca para gritar, lo único que consiguió fue que un sabor salado se instalara en su boca, sangre.

Amber la soltó, Karla cayó sobre sus rodillas.

— No, no, tú no entiendes— todo fue dicho en balbuceos poco entendibles, le estaba costando respirar y su garganta ardía.

No podía ver la herida, todo le dolía pero la espalda en especial, así que supuso que por ahí la había apuñalado.

Oh la ironía.Parpadeó tratando de mantenerse consciente, ahora Amber la miraba desde arriba, un cuchillo de cocina ensangrentado, su sangre,en la mano derecha.

— Claro que entiendo— dijo, limpiando con un paño el cuchillo, ¿acaso había preparado todo aquello?, Amber se acuclillo y se acercó a su oreja, manteniendo la mirada dominante, — Ahora pregúntame si me importa.

No, por favor no

Karla abrió mucho los ojos, por fin comprendiendo su situación, su cuerpo ya no aguantó más y se dejó caer de costado.

— A-ayuda—murmuró a la nada, ella habría querido gritar pero ¿a quién?

— ¿Pero que dices? Nadie va a venir a salvarte, eso es… la vida, simplemente— Amber se encogió de hombros, arrebatando la pistola de las manos de Karla— A mí me han dado un maldito cuchillo de cocina… aunque al final ha resultado bastante útil, igual me quedaré con este juguete tuyo.

Se levantó y camino hacia la ventana, ni siquiera molestándose en mirar atrás.

Entonces Karla entendió, si Amber se había abierto con ella no fue en honor a su amistad, simplemente quería hablar con alguien y ya que planeaba deshacerse de Karla, era perfecta, como contarle secretos a un fantasma.

Al menos, al final, había sido suficiente.

#

"Estoy practicando para el momento en el que lo haga contigo."

Un escalofrío recorrió su espalda. ¿Cuánto llevaba corriendo ya? ¿Diez minutos, horas? A saber, el cielo por fin comenzaba a aclarar, lo que ayudaba a quitar ese aire tétrico que la obscuridad le confería a la isla.

Se detuvo y apoyo las palmas sobre sus rodillas, estaba exhausta, a veces corría maratones con su padre, pero nada que ver con el terreno escarpado que acababa de cruzar, se encontraba en el bosque, la maleza comenzando a escasear conforme se acercaba a la montaña.

Lo que ella quería era encontrar un lugar para esconderse, una cueva o una casa, estaba consciente de las palabras de Louis pero simplemente no podía pensar en un plan mejor, matar no era una opción.

Quizá lo mejor es volver atrás, hay más espacio abierto del que me gustaría, si alguien llega a verme…

"Estoy practicando para el momento en el que lo haga contigo."

Esa era una historia de su infancia, una que había conseguido suprimir con el paso de los años.

En realidad su familia se mudaba mucho, no había una razón en particular pero ella tenía una teoría, su padre se oponía rotundamente a que participara en el Battle Royale, le parecía una salvajada y siempre apagaba furioso el televisor cuando anunciaban un nuevo Programa, pero siempre procuraba enterarse de la cede y se mudaban ahí, era raro que usaran el mismo lugar por años seguidos, entonces ese estado estaba a salvo por dos o tres años más, según ella, tal cosa no tenía sentido hasta que cumpliera los quince pero su madre le había dicho en secreto que aquello ayudaba a que el gobierno no tuviese un registro muy constante de Sucrette.

Claro que al final no había servido para nada y su prefectura era una de las pocas en alojar dos Programas en un lapso de solo tres años.

Como sea, en algún momento vivió junto a una familia asquerosamente adinerada, ellos tenía una gata preciosa, ojos verdes y pelaje esponjoso, que a veces entraba a su habitación por la ventana que ella dejaba abierta a propósito.

Le tenía cariño y le daba pena verla llegar con heridas, cosas como los bigotes quemados o ciertos cortes, una vez incluso llegó con una oreja mocha, entonces Sucrette le imploró a su madre que se la quedaran, que tanto ella como la gata estarían más contentas.

Su madre se rehusó, claro, pero prometió llamar a protección animal.

Sucrette conocía al dueño de la gata, un niño de su misma edad, que estudiaba en casa, por eso sus padres solicitaron que ella jugara con él de vez en cuando, al final aceptó, debía ser triste no tener ningún amigo y aunque sospechaba que era él el que hería a su mascota nunca le acuso, no le gustaba juzgar a otros así como así.

Aunque eso no quitaba que el niño le diera grima, su nombre era Viktor.

Entonces paso eso.

Una mañana encontró a la gata frente a su ventana, ella gritó y trato de contener la arcada que se apoderó de ella.

Estaba descuartizada.

Destrozada e irreconocible, como abierta en canal.

Viktor estaba del otro lado, observando impasible.

— ¿Por qué?—consiguió musitar, mirándolo fijo, la respiración pesada.

— Estoy practicando para el momento en el que lo haga contigo.

Eso fue lo que le contestó.

Poco después se mudó. Aun a su corta edad se sintió aliviada de alejarse de Viktor y deseó nunca tener que encontrarse con él otra vez.

No tenía idea de que hacía él ahí, tampoco le interesaba enterarse, solo tenía dos cosas muy claras: Uno, no podía, bajo ninguna circunstancia, cruzarse con él.

Porque Viktor la estaba cazando, como a un maldito ciervo, y la cosa no iba a acabar con un simple disparo.

Dos, si la atrapaba se llevaría consigo a sus seres queridos, por eso tampoco podía ver a Castiel o Rosalya, los pondría en su punto de mira y no podía permitir eso, que acabaran como la gata.

En especial Castiel.

Nunca Castiel.

Inspiró y se dispuso a seguir corriendo pero alguien se interpuso.

— Dake—soltó sin aliento.

— Ah, ¿tengo suerte o qué? ¡Sucrette! La verdad es que iba a conformarme con cualquier chica que me encontrara pero tú eres el premio mayor ¡Jackpot!

Algo andaba mal, siempre soltaba tonterías por el estilo pero sus ojos lucían perdidos, ausentes.

— Claro pero yo tengo que llegar a un lugar ¿sabes? Nos vemos.

Dake le corto el camino, acercándose otro poco.

— ¿Ni siquiera vas a preguntarme que hago aquí? Hasta yo estoy curioso—dijo en voz baja, amenazante, en la mano derecha cargaba una especie de pistola.

Sucrette decidió que lo mejor sería seguirle el juego, por ahora.

— ¿Qué haces aquí?

— Vaya, pues ni yo estoy seguro… mi clase fue elegida hace dos años ¿sabes? Se los llevaron en medio de una inspección médica pero a mí eso me pareció una tontería y falte, me salve por los pelos y ningún agente del gobierno fue por mí, así que supuse que me dejarían en paz para siempre… hace unos meses me encontré con el ganador, era un chico muy bueno, capitán del equipo de futbol, guapillo, era popular con las chicas, no tanto como yo, claro… pero ya no se parecía en nada a como lo recordaba, su cara estaba llena de cicatrices y apenas sabía como hablar, cuando me reconoció se puso a gritar y a decir lo siento, lo siento, quizá creyó que también me había matado a mí… a saber, yo creo que algo se fundió aquí— con un dedo se señaló el cráneo, — Ya sabes, nunca salió de aquella isla, entonces agradecí haber faltado ese día, pensé, ah, no quiero ser tan patético como ese sujeto…Nadie gana estas cosas ¿sabes?

— Ya, es una historia desgarradora pero yo tengo que irme, lo lamento—echó a correr pero no avanzó ni diez pasos cuando un disparo se alzó en el aire y un dolor agudo se instaló en su pantorrilla, cayó de bruces.

— Te voy a dar un consejo preciosa: ¡Cuando el hombre con el arma habla tú te cayas y escuchas!—bajó su brazo — Ahora ¿en que estaba? Ah sí, nadie gana estas cosas, entonces pensé, no quiero salir y ser tan patético como ese tipo, ya estamos prácticamente muertos ¿Qué hacer? Pues disfrutar el tiempo que me queda, haciendo lo que más me gusta.

Ni de broma. Sucrette giro sobre sí misma para enfrentarlo, Dake estaba hablando sin sentido, al ver sus ojos supo que era inútil tratar de razonar con él.

Reviso su pierna y soltó un suspiro de alivio, al menos la bala no había entrado del todo, solo tenía un rasguño un tanto profundo pero si aguantaba el dolor quizá podría correr…

Y como si Dake leyera su mente, se abalanzo sobre ella, aprisionándola contra el suelo.

Su primer impulso fue gritar pero ¿Quién iba a ayudarla? En el Programa no había reglas sobre lastimarse los unos a los otros, de hecho era justamente lo que buscaban.

Hacerlo entrar en razón tampoco era opción, ni siquiera parecía él mismo, era obvio lo que Dake buscaba con ella pero nunca había intentado forzarla a nada, es decir, era imbécil, no malo.

Forcejeó con él, tratando de sacárselo de encima pero era imposible, su peso y la fuerza que aplicaba la tenían casi inmovilizada. El pánico se apodero de ella cuando lo sintió arrancarle la camisa, pasando las palmas sudorosas sobre su cuerpo.

Se asqueó, alzó el cuello lo más que pudo y le escupió en pleno rostro, transmitiéndole todo el odio que sentía por él en ese momento.

— Tú, perra—la cogió por las muñecas y la azotó con fuerza, furia emanando de sus ojos, — Siempre quise quitarte esa expresión altanera ¿sabes? Acostumbras ver a los demás desde arriba, como si fueses mejor—sus manos se dirigieron hacía la hebilla de su cinturón.

No, no, no, no él, nunca él

Entonces Sucrette cayó en cuenta, Dake era imbécil y execrable, simplemente no había tenido la oportunidad de demostrarlo, y es que siempre había sido limitado, ya sea por las leyes o la sociedad, pero ahí podía hacer lo que quisiera, nadie se lo impediría o juzgaría.

No habría consecuencias.

¿No era en esos escenarios donde la gente mostraba su verdadero rostro?

Ahora las manos de Dake se movían sobre sus pantalones cortos, no le quedaba mucho tiempo, tenía que salir de ahí.

¿Pero cómo? En realidad solo había una solución.

— Algo falta… ah, en mis fantasías siempre estas llorando ¿me ayudarías con eso preciosa?— Le soltó un puñetazo, era obvio que no trataba de contener su fuerza y a ella nunca la habían golpeado, ni si quiera su padre se había atrevido a levantarle la mano, — ¿Qué pasa con esos ojos? ¿Qué se necesita para bajarte de tu pedestal? ¡¿Eh?!— Dos, tres puñetazos, su cabeza palpitaba y estaba segura de tener partido el labio.

Quería enseñarle, que se arrepintiera de ponerle la mano encima, hacerle desear haberse guardado ese bulto en su bragueta para la intimidad de su habitación.

Su columna se estremeció de furia y asco, Dake debió malinterpretar el gesto porque le dijo:

— ¿Ves? Al final tú también quieres esto, aunque siempre andas con tu séquito de idiotas eres virgen ¿verdad?

Sucrette se las arregló para soltar una carcajada, Dake se le antojaba ridículo, aferrado a un orgullo sin ninguna base.

La verdad es que no lo era, tampoco sabía mucho del tema, solo lo había hecho una vez pero Dake no tenía nada que ver con Castiel, que a pesar de todo fue cuidadoso.

De cualquier forma aquello no era de su incumbencia.

— Esta es mi única advertencia Dake, suéltame y déjame en paz, de lo contrario voy a asumir que estás jugando y habrá consecuencias, ya has dicho que nadie gana esto pero no voy a perder contra un perturbado como tú, haré todo lo que pueda para eliminarte de la faz de la tierra, ¿Lo entiendes o que?

No hablaba en vano, ahora lo comprendía, ella había sido la tonta por creer que podía pasar por todo aquello sin involucrarse con nadie, después de todo, la base del juego era una verdad única e irrevocable: Cuando se trata de matar o que te maten, todo el mundo elige lo primero.

— ¿Qué has dicho? ¿Qué mierda has dicho?—su rostro se retorció en una sonrisa enfermiza, alzó el puño nuevamente, los nudillos hinchados, probablemente por la fuerza que estaba aplicando— ¿Quién tiene la maldita arma? ¡¿Eh?! Ahora vas a llorar y me vas a obedecer, joder si lo harás, di que quieres esto ¡Ya!

En ningún momento dejo de golpearla, sus ojos bizquearon pero Sucrette tenía la absoluta certeza de que no perdería.

Porque era más lista.

Con un sollozo hizo como se le pidió, dejando escapar esas molestas lágrimas, no eran falsas, ella tendía a llorar cuando estaba furiosa, sin mencionar el increíble dolor que le recorría el cuerpo, luego balbuceó con tono lastimero aquello que Dake tanto quería: — Sí quiero, solo deja de golpearme, sí quiero.

Entonces Dake aflojo su agarre y se dedicó a apretarle los pechos y los muslos, con toda la intención de lastimarla.

A Sucrette no le había tocado la mejor arma pero se podía decir que era práctica, una navaja del tamaño de la palma de su mano, la había guardado en el bolsillo delantero de su pantalón.

Con mucho sigilo la saco de ahí, luego paso los brazos por la espalda de Dake, como si se hubiese resignado por completo, a lo mejor tenía suerte de que el muchacho estuviese tan absorbido en su tarea o tan fuera de sus cabales.

Antes de que él la siguiera tocando prefería morirse.

Pero antes de eso, también prefería matar a Dake.

Y bueno, ella nunca dijo nada sobre ser la madre Teresa.

Alzó los brazos, navaja en mano y la dejo caer con toda la fuerza que fue capaz de reunir, sacándola de inmediato.

Dake chilló como un cerdo y se alejó de ella, como si quemara, esa era su oportunidad, se las arregló para darle un rodillazo en la entrepierna y cambio posiciones, esta vez sentándose a horcajadas sobre él, dándole la espalda a su torso.

Entonces apunto al bulto que había pretendido saciar con ella, una, dos, tres veces, era consciente de los aullidos de dolor del otro, de como en su intento de librarse de ella le había tirado del pelo, llevándose un par de mechones en el camino, de la sangre que ya había empapado sus manos.

Pero nunca se detuvo, tal como él no se había detenido con ella.

Cuando volvió en si misma estaba jadeante y temblorosa, pero no se arrepentía, de no haber hecho nada ella sería la que estuviese ahí tirada, inmóvil.

Dake había dejado de moverse hacía mucho tiempo.

Sucrette se sentía vacía, había ganado pero se sentía vacía de cualquier forma. Ella se lo adjudicaba al hecho de saber.

Nadie gana esto.

Pues en eso Dake no se había equivocado. Evito girarse a mirar el rostro, por hipócrita que le resultara la acción.

Él la provoco pero ella tampoco había actuado bien, se obligaría a recordar eso.

Nada de excusas pero haría lo que tuviese que hacer.

Había tomado una decisión.

No tenían muchas opciones, el truco del Programa era que ya estabas jugando desde el momento en el que ponías un pie fuera del colegio, quisieras o no.

Pero solo ganaban los que jugaban enserio, hard players,no, ganar no, solo salir de la isla.

Pues bien.

Se levantó y tomo el arma de Dake, luego su maleta, lo primero era largarse de aquel espacio abierto.

Cojeaba un poco y le dolía la cara, además de la camisa destrozada, pero podía seguir.

Si tenía que, lo haría.

Iba a jugar enserio.

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Etapa inicial completa

*Editado el 11/07/16