Peter se despidió de Olivia en la puerta de su casa con una sonrisa. Pero no era lo que sentía. Ese gesto le costó un enorme esfuerzo. Ella había decidido que ya era hora de marcharse después de haber estado tomando unas copas en O´Leary´s. Y él no podía impedírselo, eran dos personas adultas, y Peter tenía que respetar su decisión, a pesar que lo que deseaba era decirle que se quedara con él, que durmieran juntos, quería tenerla a su lado, abrazarla. Pero no podía obligarla. Y no quería presionarla, la conocía.

Se trataba de una mujer independiente, de fuerte carácter, que había tenido una vida complicada, había pasado por mucho durante estos tres años, y aún más en los últimos meses. Por fin había conseguido convencerla de que quería estar con ella, que todo lo que pasó con la otra Olivia había sido una equivocación. Y sabía que ella le había perdonado, aunque a veces tenía la impresión de que aún quedaban resquicios, dudas hacía él. Puede que también fuera por su comportamiento.

Reconocía que no estaba dándolo todo, que quizás no la estuviese tratando como merecía, pero él mismo estaba sumido en sus propios dilemas, e iniciar una relación con Olivia lo había vuelto todo más complicado. Mantener un secreto como el que ocultaba a la mujer con la que trabajaba, a la que le debía cierta fidelidad, que amaba, no era fácil. La quería, si, y tendría que ser sincero con ella, contarle la verdad, pero si lo hacía se arriesgaba a perderla y eso podía ocurrir.

Olivia no se merecía eso, no ahora que parecía encontrarse mejor, la veía sonreír más a menudo, parecía algo más relajada (al final él tenía razón. Ella cambió cuando empezaron a salir, eran pequeñas diferencias que le gustaban, que hacían que la quisiera mucho más) Y no pretendía agobiarla con sus problemas.

Se había propuesto averiguar lo que los del Otro Lado (con su propio padre a la cabeza) querían de él. Habían utilizado su corazón para engañarle, y eso era lo que más le preocupaba. Lo único que quería era estar con Olivia, pero en un mundo tranquilo. Y para eso se empleaba a fondo, en lo que su mente se ocupaba continuamente, de intentar resolver ese laberinto en el que le habían metido.

Había conseguido un despacho en Harvard, allí tenía toda la información que había reunido con respecto a la Máquina, los planos, los diarios de la otra Olivia, sus propios escritos en los que reflejaba lo que le había contado el Secretario. Los discos duros de los cambiaformas, conseguidos después de matarlos, de rajarles la espalda y sacárselos metiendo su mano en su interior (A veces tenía pesadillas con eso.

No importaba que fueran una especie de asesinos sin alma, que se tratase de híbridos bio- mecánicos. Su aspecto era humano).Y no podía contárselo a Olivia, si hubiese podido quizás se sentiría liberado, podría comportarse con ella con total normalidad. No tendría que disimular su desazón cada vez que ella le sonreía, pues eso le recordaba todo lo que le estaba ocultando, su futuro, su destino.

Y tenía grandes inconvenientes para seguir con su investigación, el camino no estaba siendo fácil. El tener que trabajar solo en eso hacía que su labor se complicase. Y por eso cuando se encontraba con Olivia, viendo la televisión, se perdía en sus pensamientos, intentando calcular como descifrar los discos duros de los cambiaformas, cavilando en lo que se había equivocado.

Y sólo se daba cuenta de que ella estaba allí cuando de repente le besaba. Era señal que quería algo más, que le deseaba. Y entonces olvidaba todos sus problemas y se dedicaba a ella en cuerpo y alma. Procuraba compensarle todo el daño que le había hecho, recuperar el tiempo que les habían quitado y quizás así entendiese todo lo que la amaba. No solía decírselo con palabras, pues pensaba que no las necesitaban, que al igual que Olivia, él no se sentía cómodo con ellas, aunque le hubiera gustado pronunciarlas en muchas ocasiones. Y lo mismo ocurría con las demostraciones públicas de afecto.

Ellos no eran así, por eso cuando estaban tomando algo en el bar, se limitaba a pasarle el brazo por los hombros, y quizás, si surgía la ocasión, un beso perdido. De todas formas ya se lo compensaba después en casa. Y esta noche, cuando cerró la puerta, tras haberse despedido de Olivia, sintió que algo no estaba bien. Lo lógico hubiera sido pedirle que se quedara, decirle que la amaba, que la necesitaba. Que lo único que quería era pasar su vida con ella, y que quería empezar ya. Pero era imposible, tenía que seguir con su proyecto, y aprovecharía el poco tiempo que le dejaba Fringe para entender lo que le esperaba.

Tendría que sacrificar su felicidad con Olivia hasta que supiese lo que le esperaba. Pero le dolía, pues no es lo que quería. Y miró a su alrededor y vio que estaba solo. Decidió que se iría a dormir. Otra mentira, se levantaría temprano a pesar de lo que le dijo a Olivia. Y lo haría solo.


Nota: habrá una tercera parte, para que no nos quedemos tan tristes