Alas de Metal
CAPÍTULO 1: Algo nuevo.
¡Llego tarde, llego tarde, llego tarde…! Pensaba Abygael mientras corría, desesperada, por los pasillos hasta llegar a la puerta de entrada al Gran Comedor. Cogió aire y entró. Todas las miradas se posaban en ella. Según parecía había interrumpido al director en uno de sus discursos… ¡Genial!
— Señorita Saphrax, ¿puedo preguntar el porqué de su tardanza?
— Yo… lo, lo siento profesor, es que me encontré con Peeves y…
— Oh, entiendo, no se preocupe. Tome asiento, por favor.
— S-sí profesor.
¡Merlín! ¿Por qué no pueden parar de mirarme? ¡Mierda! ¿Por qué tengo que sudar tanto?... Qué calor hace aquí…
— Bien, como iba diciendo —continuó Dumbledore— este año el colegio Hogwarts de Magia y Hechicería tiene el honor de contar con dos alumnas nuevas, procedentes de Durmstrang, que seguirán sus estudios en el 6º curso —En ese momento la profesora McGonagall salía de la habitación que hay detrás de la mesa de los profesores junto con dos chicas de unos dieciséis años. Una de mediana estatura con el pelo por debajo de los hombros, rubio y muy ondulado, de piel blanca y bastante flaca. La otra chica era bastante más alta y también delgada, tenía un aspecto casi desgarbado, rubia aunque con el pelo algo más oscuro que la primera y escalado por encima de los hombros. La primera estaba sonriendo, la segunda parecía estar muriéndose de vergüenza.
— Eleonor Janey y Danielle Rhea —Dumbledore habló de nuevo—. Espero que hagáis que me sienta orgulloso de ser vuestro director y que las tratéis como si estuvieran en su casa. Previamente han sido sometidas a una ceremonia de selección, así que Eleonor Janey pertenecerá a Gryffindor —una oleada de vítores y aplausos por parte de la mesa donde se encontraba Abygael hizo que Janey se sonrojara y acentuara su sonrisa. Se dirigió a la mesa de Gryffindor y se sentó al lado de una chica pelirroja. Cuando el estruendo acabó, Dumbledore continuó— y Danielle Rhea queda en Ravenclaw —ahora otra oleada de aplausos de la mesa de las águilas mientras la chica se sentaba—. Puesto que se incorporan a mitad del curso, cuento con sus compañeros de casa para que las ayuden a ponerse al día. Estoy seguro de que aprenderán tanto ellas de vosotros como vosotros de ellas. Bien, dicho ya todo, puede empezar la cena. ¡A comer!
Y la magnífica comida apareció en los platos y bandejas de las cuatro mesas de las cuatro casas: Gryffindor, Slytherin, Ravenclaw y Hufflepuff. Las conversaciones de los alumnos se mezclaban en el aire creando un murmullo incesante. A veces destacaba alguna que otra risotada de algún alumno.
Abygael miraba de reojo a "la nueva de Ravenclaw" que estaba hablando, o mejor dicho, escuchando a tres chicas que no paraban de hablarle insistentemente y reían como locas. Después su mirada se desvió a "la nueva de Gryffindor", Eleonor no sé qué… que nombre más raro… ¿Cómo sería Durmstrang?
Eleonor estaba hablando muy animada con la chica pelirroja de su lado, Lily Evans, la prefecta. Una estudiante perfecta que hacía cumplir a raja tabla las normas y llevaba de cabeza a James Potter: alto, pelo negro azabache que se desordenaba continuamente, ojos marrones almendrados cubiertos por unas gafas cuadradas. Capitán del equipo de quidditch de Gryffindor que, en esos momentos, miraba embobado con una sonrisa de enamorado a la pelirroja de ojos verdes.
Al lado de Potter, Sirius Black: más alto que el anterior, pelo negro que le caía elegantemente por los hombros y le tapaba los ojos azules. Golpeador del equipo de quidditch y el mujeriego oficial de la escuela entera que, a juzgar por cómo miraba a Eleonor, ya tenía a su próxima adquisición. En frente de esos dos, Petter Pettigrew, de mirada castaña y pelo rubio sucio, algo regordete, devoraba alitas de pollo como si la vida le fuera en ello; también era amigo de Black y Potter, bueno, más bien los utilizaba de escudo contra los matones del colegio. A su lado, Remus Lupin. Cuando los ojos de Abygael dieron con él, algo se removió en su estómago, una sacudida. Él era el otro prefecto de Gryffindor: pel liso castaño claro que le cubría parcialmente sus ojos miel, casi amarillos. Brillante en los estudios y chico por el cual todas las chicas de Hogwarts sentían afecto. Gran amigo de Pettigrew, Black y Potter, cosa que no encajaba en absoluto porque esos tres eran el terror de profesores y alumnos. Incluso Peeves, el poltergeist, sentía respeto por ellos. Gastaban bromas pesadas sólo para divertirse y llamar la atención. Se hacían llamar los Merodeadores. Abygael tenía la certeza de que Dumbledore había nombrado prefecto a Lupin para que éste ejerciera algo de control sobre ellos, cosa que no había conseguido.
La cena acabó y los alumnos se fueron a sus respectivas casas.
Cuando Abygael llegó a su Sala Común el fuego estaba encendido, pero a pesar de eso, un escalofrío recorrió su espalda. Ya estaban a principios de diciembre y el frío, que perduraba en las frías paredes del castillo, se colaba por debajo de las puertas y por las rendijas de las ventanas, en cuyos cristales golpeaban los copos de nieve como pequeños insectos blancos que se deshacían al contacto con el cristal. Era pronto para irse a dormir, así que se sentó en una butaca al lado del fuego para verlo crepitar y consumirse lentamente.
—¡JAJAJAJA! James, ¡nunca aprenderás!
—¡Cállate, Sirius! No la entiendo, no la entiendo en absoluto… ¡¿Por qué ha hecho eso?!
—James, hombre, es que… mira que decírselo así… yo también te habría pegado una bofetada…
—¿Cómo que así, Remus? ¡Pero si cualquier chica se hubiese derretido a mis pies! Además, no ha sido una bofetada… ha sido un puñetazo…
—¡JUAJUAJUAJUAJUA! ¡NENAZAAAA! ¡JAJAJA!
—¡He dicho que te calles, Sirius! —James Potter estaba a punto de saltar sobre Sirius Black, que se retorcía de la risa en un sofá. Remus Lupin intentaba controlar a Potter. Abygael miraba la escena con curiosidad, ¿qué habría pasado ahora?
Entonces entró en la Sala Común Lily Evans, estaba tan roja como su pelo y tenía una expresión de furia contenida que acobardaría al más valiente, o en este caso, a James Potter.
—¡Lily! Podrías explicarme…
Evans le cortó.
—¡¿Se puede saber quién puñetas te crees que eres para llamarme así, Potter?!
—Tú misma lo has dicho, LILY —recalcó la última palabra—. Soy James Potter, capitán del equipo de quidditch y uno de los chicos más guapos de esta escuela. Y tendrías que sentirte alagada de que te invite a salir conmigo a Hogsmeade mañana.
—Oh, vaya, no me había dado cuenta de que he estado equivocada todos estos años. Y yo que creía que eras un estúpido arrogante… me has dado razones suficientes para… ¡MANDARTE A LA M…!
—¡Lily! Vamos, cálmate… será mejor que subas y descanses.
—¡¿QUE ME CALME?! ¡¿QUE ME CALME?! ¡PERO REMUS! ¡¿TU HAS OÍDO LO QUE DICE? ¿VISTE LO QUE ME HIZO?! ¡AAAAAAAAAAAHHHHH!
Mientras esta discusión se llevaba a cabo y toda la sala común miraba expectante, la chica que había entrado con Evans se acercó a Abygael.
—¿Qué genio eh? ¿Siempre es así?
—¡Oh! Sí… pero te acostumbras… supongo. ¿Tú eres Janis, no? La chica de Durmstrang.
—Sí, bueno, es Janey. Me puedes llamar Eleonor. ¿Tú como te llamas? —se había sentado en el reposabrazos del sillón.
—Yo soy Abygael Saphrax. Llámame como quieras.
—Jeje, vale. Encantada de conocerte, Abygael.
Estaba impresionada. ¡Qué chica más extravagante! Pero muy simpática.
—Bueno, creo que ya has conocido a Evans ¿no?
—Jaja. Sí, Lily es muy simpática, qué raro que no tenga muchos amigos. Así que es verdad que ese Potter va detrás de ella…
—Pues sí, eso parece, están así desde tercero. Él no se da por vencido nunca. Y ya puedes ir haciéndote a la idea de que todas las noches habrá una escenita como esta…
—… ¡QUÉ GUAY! JAJAJA…
Si tú lo dices…
La discusión ya había pasado a otro nivel. Ahora Black sujetaba a Potter por los brazos, y este miraba a Evans con cara de "te voy a matar" y ella estaba mirándole con cara de "hazlo si te atreves" por encima del hombro del pobre Lupin que estaba delante de ella intentando razonar.
—¡Hala! ¿Eso lo has dibujado tú? —preguntó Eleonor.
—¿Qué? —Abygael miró hacia donde apuntaba el dedo de la rubia— ¡ups! —y cerró el bloc de dibujo que tenía en su regazo— Eeee, sí, pero es que me aburro…
—Dibujas muy bien —dijo Eleonor con una sonrisa en los labios— ya me gustaría a mí dibujar así.
—Eee jeje, sí… —no sabía qué decir.
—Eleonor, nos vamos! —Evans se acercó a Eleonor, la cogió del brazo y se la llevó escaleras arriba, pero antes de desaparecer gritó— ¡Remus, que todo el mundo se vaya a dormir! ¡Enseguida!
Qué final tan raro para una discusión… Abygael no tuvo más remedio que subir a su habitación. Con un poco de suerte Lily estaría en el baño y se iría a dormir enseguida. Pero las otras dos chicas que compartían habitación con ellas seguro que se quedarían hablando hasta tarde sobre la discusión… ahora que lo pensaba, ella nunca había mantenido una conversación decente con ninguna de sus tres compañeras. Aparte de: ¿has visto mi…? o ¿de quién es esto? Y cosas por el estilo. Abygael nunca había conseguido congeniar con ninguna. Tampoco le preocupaba, no es que se llevase mal con la gente, al contrario, pero no había conseguido "hacer amigas".
Al abrir la puerta de la habitación se encontró a Tassia y Lulla en la cama de la primera. Miraban al centro de la estancia, donde había una Lily Evans histérica dando vueltas como una leona enjaulada.
—¡Le odio, le odio, le odioooooo! —decía tirándose de los pelos mientras Abygael pasaba disimuladamente y cerraba la puerta. Entonces reparó en Eleonor. ¿dormirá aquí?
—A ver, cálmate. Si, según tú, es un engreído, idiota, egocéntrico… y no se qué más, no tienes que prestarle atención, sino pasar de él. Ya se cansará ¿no? ¿Tú qué opinas Aby?
—¿Perdón? —había llegado hasta su cama y estaba preparando todo para cambiarse y ducharse.
—Estás en las nubes ¿eh? ¡Jajajaja! Que tú qué opinas que debería hacer Lily con Potter.
—Pues… no se. Supongo que si te molesta deberías dejar que se harte de pedirte que salgas con él…
—¡¿Y qué te crees que hago?!
—Bueno, yo… sólo…
—¡Pero tío, déjala hablar!... tranquila, cálmate… —dijo Eleonor a Lily.
—Lo, lo siento, pero es que… ¡NO LE AGUANTO! —Lily estaba que echaba chispas.
—No pasa nada. Y si eso de no hacerle caso falla —continuó Abygael—, siempre puedes pasar al ataque…
—¿A qué te refieres? —preguntó Lily.
—Pues a que… podrías aceptar salir con él.
En menos de un segundo la cara de Lily cambió del color carne pálido al rojo fuego.
—¡Antes de que explotes déjame terminar, por favor! —suplicó Abygael cubriéndose la cara con los brazos. Lily asintió imperceptiblemente aún con la cara contorsionada por la furia— puedes contraatacar con las mismas armas. Cuando salgas con él no tienes que ser encantadora ni nada que él espere, sino que tienes que comportarte como… como…
—Una idiota, pija, hipócrita, estúpida y… —dijo de un tirón Lily.
—Eee… sí, más o menos. No es tan mala idea ¿no?
—Genial… —dijo con un brillo de maldad en sus ojos para a continuación vomitar una risa histérica— ¡Seguro que así se olvida de mí y me deja en paz para siempre! ¡Jajaja!
—Se ha vuelto loca… —comentó con un deje de temor en la voz y por lo bajo Eleonor.
—¡Muajajajajajaja! —cada vez su risa era más estridente y más diabólica.
—¡Está poseída…!
—¡Tus días se han acabado, Potter! ¡Juajuajuajua!
En esos momentos Abygael entraba en el baño pensando si realmente había sido una buena idea.
