En cuanto Sabo entró por la puerta del comedor aquella noche, se dio cuenta de que iba a ser difícil trabajar con ella todo lo que estuviese relacionado con la comida. Resopló acercándose a su asiento de siempre justo al lado de Koala.
-No ha bajado a cenar, ¿lo sabes?
-Lo imaginé en cuanto entré al salón.-Suspiró resignado.-Hablaré con ella más tarde.
-Después de que se fuese Ace, estuvo hablando con Dragon-san, ¿sabías que es su tío?-El rubio asintió mientras se llevaba un trozo de pan a la boca.-Yo no me lo imaginaba por nada del mundo. Tienen un carácter totalmente opuesto.-Sonrió.-E Iva-san, ha intentado animarla un poco también aunque no ha conseguido gran cosa.-El rubio atacó a su plato de carne.-Creo que no le ha hecho mucha gracia que Ace-kun la dejase aquí. Me da algo de…pena…-Sabo siguió cenando con menos ansiedad.-Siempre está de aquí para allá adaptándose a nuevas situaciones. La he sentido un poco…-no estaba segura si debía decírselo o no, pero era él después de todo,-sola…-El revolucionario dejó de comer y observó su plato con el rostro serio.-Creo que todos pensáis en protegerla, pero ninguno se ha parado a preguntarle qué es lo que realmente quiere ella. Y al fin y al cabo, creo que eso es lo más importante.-La joven de ojos azules se incorporó de su asiento y le dio un beso en la mejilla con una sonrisa.-Te espero en la habitación.-Le susurró al oído y al segundo desapareció de la sala.
Mientras a él, todo le daba vueltas en la cabeza. No podía dejar de pensar en la remota posibilidad de que el bebé que esperaba la joven podía ser suyo. Y sabía que aquello no traía nada bueno…
….
En cuanto entró en su dormitorio y se quitó las botas suspiró relajado y tranquilo. Por fin en el barco después de todo el día navegando en su bote. Que a pesar del cariño, a veces le cogía algo de coraje. Ya no era tan joven como para estar todo el día dando vueltas. Se sentía agotado.
-¿Ya has dejado el paquete?-Su capitán apareció por la puerta con una sonrisa divertida. Y nada más decirlo, Ace lo observó desconcertado.
-¿Qué paquete? No he enviado nada.-Por un instante su rostro se volvió pensativo. Marco no pudo evitar reír. Habían cambiado muchas cosas, pero la idiotez de su amigo seguía intacta.
-Hablaba de tu mujer.-El rubio se apoyó en el tocador con los brazos cruzados.
-¿Ella tenía que mandar el paquete?-Marco volvió a reír.
-Déjalo anda.-Agitó su mano derecha dejándolo por imposible.- ¿Cómo estaba?-Ace suspiró.
-Disgustada.-Su semblante serio y dubitativo le decían al Capitán que él tampoco estaba muy convencido de aquello.
-No te sientas culpable. Era lo mejor para ella. Allí tienen mucho más material con el que trabajar si surgiera la necesidad.-No quería decir "algo malo", sabía que Ace podía ser muy aprensivo si se trataba de ella. Y lo que menos quería es que su amigo estuviese toda la noche en vela sintiéndose aún peor.
-¿Tenía que haberme quedado allí?-Soltó aquella pregunta como si le quemase por dentro.
-Tal vez. Pero yo te hubiese odiado.-Rió.-Sabes que haces falta aquí para terminar lo que hemos empezado.
-No daremos con él tan fácilmente…-Susurró el pecoso.
-Ya lo sé. Pero es necesario acabar con esa flota cuanto antes.-La conversación estaba teniendo un giro más serio de lo normal.-Mañana revisaremos las zonas ya exploradas y cubiertas. Tenemos que ver cuáles nos quedan por explorar. Ese niño no puede seguir sembrando el caos en los territorios de padre.
-Estoy contigo…
-Allí estará segura Ace.-Se acercó a darle un par de toques reconfortantes en el hombro.-Eso es lo más importante.-Después se alejó saliendo de la habitación.
En soledad, el pecoso no pudo evitar suspirar preocupado. En su interior, rezaba porque Sabo la protegiera con su vida, aunque ya supiera, que lo haría por encima de todas las cosas. Sería la noche perfecta para pensar…
…..
Alzó la mano con una enorme sonrisa en el rostro. Se despedía de ella.
-Nos vemos mañana Ro-ro, descansa.-Trafalgar la había dejado justo en la puerta de su vivienda. Ni un paso más ni uno menos.
Su corazón no había dejado de latir con presteza.
-¡Hasta mañana! Gracias por la invitación.-Le contestó. La luz de la luna y las farolas encendidas iluminaban su silueta andando calle arriba con las manos metidas en los bolsillos. Lo veía alejarse con su espalda bien definida y aquel extraño gorrito de lana cubriendo su pelo oscuro revoltoso. Sin querer se mordió el labio con fuerza. "¿Qué le estaba pasando?".
Rápidamente se internó en su casa suspirando e intentando sofocar a su corazón y sus mejillas teñidas de rojo.
-Mierda…
-¡Rou-chan!-Una voz femenina la sacó de sus pensamientos sobresaltándola.
-Ay, Dios…Marla…No me asustes así…-La morena observó a su amiga desconcertada.
-¿Cómo que no te asuste? Me tenías preocupada ¿sabes? Has salido muy tarde de la clínica.
-He ido a cenar…-Soltó quitándose los zapatos. Marla arqueó las cejas mientras se mantenía de brazos cruzados.
-¿Sola?-Rou negó.
-Con mi…tutor…-A pesar de todo, lo había dicho con más naturalidad de lo que imaginaba.
-¿Enserio?-Marla no daba crédito a lo que la de ojos verdes le decía.
-Sí. Emmm…voy a hablar con Kyle…-Se cruzó por al lado suya. Evitando cualquier tipo de contacto visual para no ser descubierta. Lo que estaba pensando no era nada justo para el rubio.
Se metió en su habitación, se sentó sobre la colcha de su cama y cogió el Den den mushi. Luego, marcó. Y tras cinco tonos, una respuesta.
"-¡¿Dónde estáis?!-El grito de su prima la sobresaltó.
-¿Eli-chan?-Al oír la voz de Rou, la peli roja se tranquilizó.
-Ah Rouge, perdona. No sabía que eras tú.-De pronto su voz de terrible enfado pasó a ser una totalmente dulce y amigable. Una gotita de circunstancia rodó por la nuca de su prima.
-Pues sí.-Sonrió.-Oi, ¿puedes pasarme con Kyle?-Su tono sonó terriblemente entusiasmado. Y es que, desde que salió del restaurante, había necesitado escucharle. Quería oír su voz por encima de todas las cosas.
-Lo siento pero no está.-Oyó suspirar a Elizabeth. En cuanto le dijo aquello, el corazón de la peli castaña dio un fuerte vuelco.-Ojalá pudieras decírmelo tú, ¡porque te juro que voy a matarlo en cuanto regrese!-Parecía enfadarse otra vez. Sin embargo, Rou se mantenía en otro universo paralelo.
-Ya…-La joven sintió como una enorme tristeza invadía cada parte de su ser. Llevaba más de un mes sin poder hablar con él. Cada vez que intentaba comunicarse era imposible que contestara. Y cada vez que dejaba recado para que le devolviese la llamada, nunca lo hacía. Unas finas lágrimas surcaron sus mejillas sonrosadas.
Algo en su interior se empezó a romper.
-Oi, Rouge, ¿estás bien?-Su prima oyó un sollozo.
-Sí.-Intentó responder mejor de lo que se encontraba.-Puedes decirle, después, que necesito hablar con él. Es…urgente…
-De acuerdo… ¿pero estás segura de que estás bien?-La joven asintió al otro lado del auricular.
-Hasta luego Eli."-Y colgó.
-Rouge, ¿alguna noticia?-Marla se había asomado a la puerta de la habitación de su amiga. Y la había encontrado con el rostro lleno de pena.
-No estaba…-La joven observaba un punto fijo de la pared, con la mirada perdida.
-¿Estás…?
-No importa.-Se tendió sobre la cama.-No importa…
"Él estaría aquí si lo necesitase, ¿verdad?..."
….
-Puedes decirme, ¿qué hacemos aquí?-Roger susurró aquello por lo bajito. Mantenía el ceño fruncido.
-Shhh…-Su capitán le mandó a callar. Ambos se ocultaban en una especie de minas subterráneas.- ¿Qué es este sitio?-El rubio observó el lugar. Estaba lleno de cadenas en las paredes, de barrotes de hierro. Olía a sangre y humedad, mezcladas con la sal del mar. Las piedras estaban empapadas de agua. Estaban bajo el océano.
-Uno lo suficientemente escalofriante como para irnos.
De pronto oyeron la voz del niño a lo lejos, siguiendo un pasillo oscuro de antorchas. Kyle se incorporó y manteniendo la guardia se dirigió hacia el túnel. Al verlo, su amigo no dudo en resoplar y seguirlo con bastante poco entusiasmo.
El pasillo cada vez se iba haciendo más oscuro. Las jaulas se arremolinaban a ambos lados. El silencio era muy inquietante. El muchacho había dejado de gritar. Cuando de pronto…
-¡Ei! ¡Chico!-Aquel hombre se había, prácticamente, estrellado contra los barrotes de su celda sobresaltando a los otros dos. Había muy poca luz, pero podían divisar como tenía la piel rasgada y le faltaba un ojo.- ¡Sácame de aquí!-Imploró sacando por la rejas uno de sus brazos. A su mano le faltaban algunos dedos.
-¿Qué diantres es este sitio?-Roger observó todo su alrededor fijándose en cada una de las cosas que les rodeaban.
-¡Ei! ¡Chico!-Volvió a repetir el hombre. Kyle se acercó con tiento a la celda, tocando uno de sus barrotes, descubriendo a la vez, que estaban hechos de Kariouseki. Pero al posar la mano, el hombre la agarró con fuerza y tiró de él hacia dentro de la celda.
-¡Oi!-El rubio se empezó a resistir empujando para el lado contrario y en cuanto Gray lo vio en apuros, tiró igual del brazo de su amigo.
El hombre hacia fuerza hacia el interior de la celda. Le rasgó la camisa al capitán y le pegó un bocado en el antebrazo. Kyle no pudo evitar gritar cuando los dientes se le clavaron en la piel y la sangre empezaba a fluir con rapidez. El hombre la absorbía con ansiedad.
-¡Kyle úsalo! ¡Ya!-El moreno seguía tirando de él hacia atrás.
-¡Ei! ¡Viejo!-En cuanto el hombre alzó la vista hacia el rubio, este clavó su mirada en la de él. Al momento una oleada de fuerza se apoderó del lugar haciendo que el hombre cayera al suelo inconsciente. Hacía tiempo que había despertado el haki de su interior.
En cuanto se sintió libre, Kyle sacó el brazo de entre los barrotes. Tenía una herida fea y asquerosa con marcas de dientes a su alrededor.
-Joder…-Susurró.
-¡¿Sabes de quién es la culpa?!-Gray le regañó.-No sé dónde diablos estamos, pero salgamos de aquí ¡ya!-El pecoso, que había sudado lo suyo, se giró en dirección a la salida. Kyle se dispuso a seguirlo cuando de pronto, al fondo del pasillo, el gritó de una mujer se alzó con fuerza. Haciendo eco en los muros de piedra.
A los dos piratas se les pusieron los bellos de punta. Y de repente, a sus espaldas escucharon unos pasos correr en su dirección. Dos minutos más tarde, el niño de la superficie se había chocado contra la pierna de Kyle cayendo al suelo. El pobre no dejaba de llorar.
-¡Oi!-En cuanto los vio a los dos, el pequeño se echó hacia atrás asustado.- ¿Estás bien?-Esta vez, Kyle no supo si darle la mano o no para levantarlo.
-¡Tenéis que ayudarme!-Gritó completamente desesperado.
-¿Por qué deberíamos de hacerlo?-Roger se agachó justo enfrente de él. Su mirada fría y amenazante intimidaron al muchacho que retrocedió sentado en el suelo.-No te conocemos de nada. Y este sitio apesta.
-Por favor…señor…-La hemorragia del brazo de Kyle no cesaba. Se oía la sangre gotear sobre el suelo de piedra.-Mi madre…
-¿Qué sois?-El rubio clavó su mirada en la oscuridad del fondo del pasillo. El niño se sorbió la nariz antes de contestar.
-Esclavos…
….
Llamó a la puerta de la habitación con los nudillos. Llevaba una bandeja repleta de comida en su mano izquierda. Ni siquiera estaba del todo convencido de estar allí. A veces era demasiado cobarde. Y para ser sinceros en aquel instante, tenía ganas de huir.
Sin embargo, en cuanto ella abrió la puerta, su rostro preocupado cambió a otro totalmente sonriente.
-Te he traído la cena.-Sabo le mostró la bandeja y ella la observó sin mucho entusiasmo.
-Gracias.-La agarró y tuvo la intención de cerrar la puerta, aunque él, la contuvo.
-¿Podemos hablar?
-Estoy cansada Sabo.-Intentó sonreírle sin mucho resultado alzando la vista hacia él. Y en aquel instante, el rubio se dio cuenta de que tenía los ojos rojos y lagrimosos.-Mañana, ¿de acuerdo?
-No. No estoy de acuerdo.-Se hizo paso hacia la habitación a pesar de la negativa de la joven. Se sentó sobre la cama con los brazos cruzados y el ceño fruncido. Por su parte, Neru lo observaba incrédula a la vez que dejaba la bandeja sobre el escritorio.
-No tengo ganas de hablar. Vete por favor.-Insistió.
-No me iré hasta que me digas que te ocurre.-Neru suspiró.
-Es algo mío y no me apetece compartirlo contigo. Además, no está bien que estés aquí.
-¿Por qué?
-Estoy casada con tu hermano. Así que por favor…-Desvió la mirada. Sin embargo, él entrecerró los ojos y los clavó en ella fijamente.
-¿Quién eres tú y qué has hecho con Nerumi?-Bromeó. Se estaba generando demasiada tensión en el ambiente. Y sabía que la joven de ojos verdes siempre había tenido embarazos complicados. No quería que este fuese otro más, menos por culpa suya.
Al decir aquello, el corazón de la peli castaña dio un pequeño vuelco y no pudo evitar, mirarlo sintiendose terriblemente culpable. Las lágrimas empezaron a caer sin control por su rostro.
-Neru…-Sabo se relajó dedicándole una media sonrisa.-No llores…
-Tengo miedo.-Confesó.-Estoy asustada.-Sabo tragó saliva. Sabía por qué. Pero prefería preguntar y oírlo de sus propios labios.
-¿Por qué?
-Porque esto no era lo que yo quería.-Se sorbió la nariz.-Yo no quería este bebé. Ni estar aquí. Ni alejarme de Ace…Estoy harta de tener que estar siempre como un saco que cargas y descargas. Me siento, tan triste…-El rubio suspiró. Estaba claro cuál era el motivo por el que no quería al bebé. Clavó sus pupilas entristecidas sobre la alfombra.
-Puedo adivinar porqué te sientes así.-Los nervios empezaron a hacer mella en su voz. Aun así, no dejó de hablar. Nerumi lo observó sin comprender.-Siento que he fracaso estrepitosamente en todo lo que se refiere a ti. Aun así…he intentado hacer mi vida aquí sintiendo cada día que hice lo correcto aquella vez. Sintiendo que ese anillo que te di era el símbolo perfecto para recordarme a mí mismo lo bien que lo hice. Y que todo terminó sin haber empezado de la mejor forma posible. Pero ahora,-alzó la mirada hacia ella que aún seguía llorando,-pienso que ojalá pudiera volver atrás y cambiar lo que pasó. Así podría arrebatarte la tristeza que te ahoga y serías feliz, ¿no?
-Has cambiado.-Su voz rota le partía el alma.-Aquel día dijiste que me dabas el anillo porque me amabas. Y hoy es para sentirte mejor contigo mismo. No lo entiendo.
-Tienes razón…-Negó.-Fue un acto egoísta por mi parte. Un compromiso demasiado grande. Me dejé llevar por el momento. Por eso te dije aquellas cosas… Y supongo que en el fondo…ya no…-Ni siquiera estaba seguro de lo que estaba diciendo. Pero de todas formas, sabía que era lo mejor.-Creo que lo sentiste cuando te saludé.-Se incorporó y se acercó a ella.-Pero aun así, al mirarte a los ojos no puedo evitar pensar en aquel instante en el que te tuve entre mis brazos cuando veo como ese bebé crece dentro de ti…
-Sabo…-Le acarició el rostro con cariño. Su semblante serio era demasiado aterrador.
-Es mío... ¿verdad?
