Los personajes de esta historia no me pertenecen, son propiedad de Disney.


Mi nombre es Anna Westergård y hace poco me enteré que me voy a casar, tengo 16 años, nunca he tenido un novio, nunca me ha interesado nadie, por lo tanto nunca he besado a un chico, de repente viene mi padre a decirme que me voy a casar con un completo desconocido y de hecho ¡Ni siquiera es un chico!

No estoy molesta porqué sé que este tipo de cosas se hacen incluso antes de que nazca un hijo, pero me parece extraño que siendo yo una chica normal, una plebeya como todas en el pueblo, haya venido un Rey a pedir mi mano a favor de su hija. No lo entendía, mi padre me contó que era parte de un favor, que él nos ayudó cuando no teníamos nada y no lo vi mal, pero me parecía extraño que me eligiera a mí incluso después de que me dijera que aquel hombre ni siquiera fue a verme antes de hacer el trato.

Todo esto parecía incluso irreal, como la historia de un cuento, una novela sobre-exagerada, pero me mantenía positiva, por muchos años vi a mi padre sufriendo por algo, vi en sus ojos una profunda tristeza que no tenía explicación pero con el paso de los días después de que me diera la noticia me di cuenta, él se sentía culpable.

Él pensaba que lo que fuera que me pasara iba a ser su culpa. Independientemente de que él haya hecho esto, lo que pase conmigo no sería culpa suya, las decisiones que se tomen y el rumbo de todo que lleve aquella relación que me esperaba no era algo de lo cual él fuese responsable, así que hacía todo lo posible por hacérselo ver.

De todas formas, si no fuese de esta manera yo algún día iba a casarme, me iba a ir y él no tenía porqué sentirse mal.

- Eres mi única hija, lo único que me mantuvo vivo y el único recuerdo que tengo del amor que le tuve, que le tengo a tu madre, Anna. –me decía mientras acariciaba mi rostro y me veía con cariño.

- Nunca me vas a perder, puede que este en otro lugar pero tú siempre vas a ser mi Padre, mi familia y la única persona que hizo todo por mi cuando parecía que no había más caminos por donde ir.

- Tienes el corazón de tu madre, junto a ese inmenso poder de tranquilizar a los demás –me abrazó fuertemente. –, y sus hermoso ojos también. –me sonrió

Hablamos un poco más esa noche, y mientras nos acostábamos para dormir, antes de que apagara las luces desde mi cama le pregunté.

- ¿Crees que soy bonita, Papá?

- ¿Por qué preguntas eso, hija? Eres hermosa

- Y… y –comencé a tartamudear – ¿y-y crees que esa chica se enamore de mí? ¿Soy lo suficientemente bonita para alguien así?

- Eres hermosa, hija, no dudes nunca eso, tienes la belleza de tu madre, y tu madre era la mujer más hermosa que jamás vi. Sí esa chica no se enamora de ti entonces necesita anteojos por que cualquier muchacho querría tener a una prometida como tú –me sonrió sincero justo antes de apagar las luces.

- Gracias Papá.

Había llegado el día, una carta con un grabado muy elaborado estaba impresa en ella.


" Por este medio se le informa al Sr. Hans Westergård y a su hija, Anna Westergård que el barco que los traerá hasta nuestro reino en Arendelle arribará mañana por la mañana.

Este viaje con motivos de presentación e introducción a la familia Arendelle es de real importancia así que rogamos por su asistencia.

Mi hija Elsa está impaciente por conocer a su futura esposa.

Saludos cordiales.

Rey Agðar de Arendelle. "


Elsa. Elsa era el nombre de aquella desconocida mujer.

Por lo que me había contado mi padre, ella es 5 años mayor que yo, por lo tanto actualmente tiene 21 años. No sé que tan complicado puede ser tener una relación con alguien mayor, sé de relaciones donde se llevan incluso hasta 20 años de diferencia, pero nunca me había imaginado que sería parte de algo así. Solamente esperaba que fuera alguien agradable.

Soy alegre, soy amable, infantil, incluso torpe, pero también sé un poco de todo, me gusta leer e informarme sobre las cosas que pasan en el mundo, pero no sé qué tipo de conversaciones tienen las personas como ella, no quería ser imprudente ni hablar de forma incorrecta.

Desde las seis de la mañana partimos nuestro viaje, habían pocas personas en la tripulación, generalmente muchos eran amables y agradables, pero otros más sólo les gustaba estar viendo que fechoría hacer o a quien mirar con malos ojos, sabía que esas miradas también se dirigían a mi, era igual a las que me daban algunos en el pueblo, pero era aún más incómodo cuando tenías que viajar un meses completo con ellos viéndote así todos los días. Por suerte mi padre pudo acompañarme, así que aquello no fue tan malo.

Pasaban los días y lo sentía eterno, había hecho buenas migas con algunos y poco a poco recolectaba información sobre la Princesa Elsa, quería saber como era antes de conocerla, aunque fuera un poco y de esta forma.

Me decían que era una chica amable, incluso recalcaban que tenía una increíble belleza, tan natural que son su porte femenino y grácil la hacían una mujer perfecta, pero también mencionaban mucho sobre que era una persona muy seria, incluso fría a la que nunca se le veía con nadie más que con sus guardias y sus pocas relaciones interpersonales eran únicamente familiares.

- Si quieres saber realmente como es esa mujercita no vas a conseguir nada preguntándoles a estos lamebotas –dijo uno de aquellos hombres de la tripulación que siempre se la pasaban mirando lascivamente.

- Regresa a tu puesto, Stabbington, la muchacha no necesita oír nada de ti. –recriminó uno de los hombres que hablaba conmigo.

- Está bien, está bien, solamente decía, pero si quieres conocerla en verdad ya sabes dónde encontrarnos. –dijo mientras se iba con una sonrisa cínica.

- No le haga caso Srta. Anna, solamente esta molestando

- ¿Hay algo qué no me estén diciendo?

- Para nada, en efecto Elsa es una chica misteriosa, pero no tiene nada de que preocuparse.

Aquello no me convenció del todo, parecía que había logrado conseguir algo y no iba a desaprovecharlo, así que esa noche me dirigí después de la cena hacía dónde aquellos hombres descansaban.

- Oh, vaya, decidiste venir –dijo aquel sujeto fingiendo sorpresa –¿No confías en tu prometida acaso?

- C-cómo sab…

- Todos aquí lo sabemos, te vas a casar con la Princesita de Arendelle, pero antes de que eso pase deberías saber algo… un poco peculiar de esa persona.

- ¿Q-qué… qué cosa?

- Pues verás –se levantó de la banca y me rodeo el hombro con su enorme brazo –, resulta que tu futura esposa tiene cierta fascinación por… las mujerzuelas

- ¿Qué? ¿Cómo? –dije sorprendida

- Como oyes, esa "Princesita" disfruta mucho el tener muuuy buena compañía.

- No entiendo

- ¡Ay, niña! Elsa se ha acostado por lo menos con la mitad de las mujeres de nuestro reino –aquello cayó sobre mi como un balde de agua helada. –, y no sé que tanto les pueda hacer si no tiene esto que sólo un hombre tiene –decía mientras se agarraba el miembro y los demás reían –, tanto como para enloquecerlas así, porque todas vuelven locas a sus brazos.

- No lo creo, eso no puede ser verdad. ¿Por qué dices esas cosas de ella? ¿Por qué mientes de esa forma?

- Ay pequeña, pues estás cosas nunca te las dirán esos estirados con quienes hablas, incluso puede que ni siquiera lo sepan así que no te estaban mintiendo. Es obvio suponer que lo que hace lo mantiene oculto de cierto modo, pero nosotros lo sabemos bien ya que muchas veces la hemos visto entrar a aquellos sitios donde se consiguen buenas chicas de compañía, obviamente paga por el mejor servicio, así que por pescar alguna enfermedad ni te preocupes, pero de que esa Elsa hace todo esto es verdad, a ella le encanta poseer a las mujeres del reino. Niña, no te digo esto con malas intenciones, míralo como una advertencia, debes saber qué tipo de persona compartirá tu cama próximamente, en el caso de que mínimo la comparta, claro - sonrió con malicia. – Así que sí, niña, es de suponer que querrá meterte mano desde el primer día pero suponemos que ya tienes experiencia en esas cosas –volvieron esos ojos obscenos hacía mí. -, una muñeca como tú no creo que jamás nadie la haya tocado.

Yo solamente atiné a apartar la vista con las lagrimas que amenazaban salir, era obvio que si nunca había besado a un chico siquiera mucho menos había tenido algo intimo con nadie.

- Wow, ¿Enserio nunca? ¿Nadie? –soltó una carcajada – Vaya la suerte que tiene esa tipa, pues si quieres aquí yo puedo ayudarte con eso… así sabrás qué hacerle o qué te puede hacer…

Terminó de decir aquello con suma perversión mientras tomaba mi brazo y me acercaba a él, yo intentaba alejarme con algo de fuerza pero obviamente él era más fuerte.

- ¡ANNA! –gritó mi padre que venía apresurado desde el comedor –Suéltala imbécil.

- Uy, tranquilo, no le estábamos haciendo nada, solamente le advertíamos sobre su querida prometida –decía mientras levantaba las manos fingiendo inocencia.

- ¡No te atrevas a tocarla de nuevo! –dijo amenazante a aquel hombre que sólo sonreía viéndolo desde arriba. –Vamos, mi cielo.

Dentro de la habitación yo seguía en silencio, no creía aún lo que aquel hombre me había dicho. ¿Enserio aquella mujer era así? ¿Era realmente tan amante del sexo, tan a ese grado, y enserio me iba a casar con ese alguien? No lo podía creer, y ciertamente dentro de mí algo se rompió, yo era virgen y de algún modo esperaba que mi primera vez fuese con alguien que también lo fuera, pero entérame ahora que no sólo no era virgen si no que lo ha hecho ya con quién sabe cuánta mujer a la fecha me destrozó. Mi padre se dio cuenta y rápidamente fue conmigo.

- ¿Anna, qué pasa? ¿Te hicieron algo? Dime qué pasó

- No, papá, no me hicieron nada, estoy bien. Pero..

- ¿Pero?

- Me contaron algo de Elsa, ahora no sé que pensar de ella y tengo miedo.

- ¿Miedo? ¿Porqué? –vi cómo su rostro se llenó de preocupación

- Me dijeron que Elsa se acuesta prácticamente con todas, lo hace a escondidas, ¡Pero lo hace! ¿Cómo debo sentirme ahora al saber eso? ¡Yo ni siquiera he besado a nadie Papá! ¿Qué tal si quiere tocarme desde la primer noche? ¿Qué tal si no solamente es el sexo? ¿Qué tal si les hace algo más? Si me hace algo más que no me guste, algo malo. Tengo miedo. –dije mientras lo abrazaba – Creí que… creí que podía ser algo bonito, algo romántico, que nos conoceríamos, conviviríamos y en un tiempo nos íbamos a enamorar, pero ahora, con esto, siento que solamente me va a usar para saciar sus necesidades.

- No creas lo que dicen esos sujetos, no creo que eso sea verdad, además, si lo fuese no permitiré que eso pase. Te lo juro, yo voy a hacer lo que sea necesario para eso.

Yo solamente lo abracé más fuerte mientras seguía llorando, lo escuchaba decir que haría algo para que nada me pasara pero realmente él ya no podía hacer nada por mí, desde el momento en que aceptó este matrimonio yo automáticamente me hice de un dueño, en este caso dueña. Como si de un objeto me tratase.

¿Qué será de mí ahora?