Disclaimer: Los maravillosos personajes de Card Captor Sakura son propiedad de Clamp, sólo la idea y el argumento de la presente historia me pertenece.

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Capítulo 2


[Syaoran]

— Hermano, ¡espérame!

Puse los ojos en blanco. Esto se había vuelto una bendita rutina los últimos días.

Resignado, detuve la marcha. Los pasos rápidos de Fuutie me alcanzaron justo antes de virar en la esquina, junto al enrejado negro y los arbustos perfectamente podados que rodeaban y separaban el terreno de nuestra propiedad con el de la vía pública.

En general, durante las mañanas caminamos en silencio, cada uno inserto en su propio mundo y música. Hubiésemos continuado en esas de no ser por mi repentina curiosidad.

Tiré del cable en uno de mis oídos.

— ¿Por qué estás tardando tanto en alistarte para la escuela?

Me miró, frunciendo levemente el ceño ante mi pregunta. Fuutie era prácticamente una versión femenina de mí mismo. De tener la misma edad o altura similar, la gente pensaría que somos mellizos. Con Feimei, que me gana por dos años, no nos parecemos tanto, y las otras dos son una versión castaña de mi madre.

— Porque soy una chica.

¿Qué clase de respuesta era esa?

— ¿En serio? — cuestioné, sarcástico.

A ella no le hizo ninguna gracia.

La vi encogerse de hombros y bajar la vista al suelo. Sus dedos se tensaron en los tirantes de la mochila verde claro que llevaba en la espalda.

Algo la preocupaba. Pareció debatirse internamente sobre si me diría lo que le pasaba o no.

Cruzó los tirantes delante de su pecho.

— Me han empezado a salir granos y... y me los tengo que maquillar por las mañanas... para que no se noten tanto.

Entonces recordé que, la infortunada Fuutie, se encontraba pasando por esa edad en la que uno se siente más deforme y más feo de lo que realmente es. Quizá no era consciente, pero ella nada tenía de deforme, ni mucho menos de fea, después de todo, era una Li, y los Li nos caracterizamos por poseer muy buena facha.

¿Qué? La gente misma lo dice y no se cansan de decirlo. Yo simplemente lo acepté: si no puedes con ellos, úneteles.

El punto es que dudo que sus granos afectaran de alguna forma su apariencia, ciertamente.

Lástima para ella ser la hermana menor y yo el hermano que adora picarla, puesto que no obtendría cumplido alguno de mi parte. Al menos no por hoy.

— Sólo tienes doce años, Fuu, y no tienes por qué maquillarte para esconder algo que es tan normal — repliqué, hablando desde el sentido común — De hecho, no deberías estar usando maquillaje a tu edad. Imagínate más adelante, cuando estés mayor, te vas a pintar tanto que parecerás travesti y no le gustarás a nadie.

Me dio un empujón, entre protestas que intentaban sin éxito camuflar una risa, y tuve que esquivar un árbol para no darme contra él. Debía admitir que la mocosa era fuerte, a pesar de haberme tomado por sorpresa.

— ¡No lo hago para gustarle a los chicos! — aclaró, mientras sus mejillas se ruborizaban furiosamente y su expresión se tornaba repentinamente seria — Es por otra razón.

— ¿Cuál?

Sus labios se transformaron en una línea recta. Enrolló y desenrolló el escaso cabello suelto hacia el final de su trenza.

— El otro día unas compañeras me molestaron por mis granos — soltó, bajito.

Bufé. No podían ser más tontas.

— Pues no les hagas caso.

— Para ti es fácil decirlo, — sonó molesta — como nunca te han molestado por nada.

Y así puso el punto final a nuestra hermanable conversación matutina.

Llegamos a la escuela y Fuutie corrió al encuentro de Michelle Hao, su única amiga. Observé cómo su trenza castaña describía en su espalda un movimiento similar al de un péndulo. Michelle me saludó a la distancia con un ligero movimiento de cabeza, yo la imité y seguí mi camino hacia los casilleros.

Hoy nos tocaban clases de Educación Física, por tanto, estaba permitido ir directo a la cancha o al gimnasio según correspondiera. Era una buena medida, pues así nos ahorrábamos un viaje inútil al salón a dejar nuestras pertenencias, cosa que podíamos hacer luego.

Lo que es yo, siempre aprovecho de ponerme a trotar alrededor del terreno de juego antes que llegue el profesor o terminen de llegar el resto de mis compañeros. Siempre necesito correr o hacer cualquier cosa para mantenerme ocupado y activo, en cierta manera me despeja y evito pensar tonterías.

Tras meter mi bolso en el casillero me percaté que Tomoyo hacía lo mismo unos cinco casilleros más allá, sólo que, sospechosamente, vestía su falda gris y blusa en vez del chándal deportivo.

La alcancé por el hombro.

— ¿Otra vez con licencia médica para no hacer Educación Física? — le pregunté con malicia.

Pero ella simplemente sonrió y se llevó una mano a la pechera, solemne.

— Soy la encargada de hacerle la inducción a la chica nueva.

Ah, ahora lo comprendía. Seguro se había apuntado para ello apenas supo que se perdería su clase favorita, la muy pilla.

Recién el día que acababa de pasar, el Consejero Estudiantil había interrumpido nuestra tediosa clase de Cívica para pasarnos un inesperado aviso: una nueva alumna, proveniente de Japón, se integraría al salón. Nos dijo su nombre y, curiosamente, advirtió que ésta no tenía idea de chino.

Un momento.

— Pero tu japonés es horrible. Es del estilo yo-Tarzán, tú-Jane — juzgué.

Mi amiga hizo un ligero mohín mientras cerraba la puertecilla metálica.

— Anda, Xiao, no seas pesado. Me podré comunicar con ella en inglés — me dirigió una mirada suspicaz, llevándose delicadamente un dedo a la barbilla — A menos que te consideres mejor candidato para realizar la inducción — las comisuras de sus labios se curvaron hacia arriba — Oh, ¡ahora recuerdo! Ayer te pillé buscándola en Facebook.

Ya, sí. A esta mujer no se le escapaba nada. Era una fisgona de primera.

Claro que la había buscado en Facebook, al igual que el resto de mis compañeros, por curiosidad. Resultó ser un puñetero perfil privado donde me encontré con una mísera foto y nada de información interesante sobre ella. A lo más que, hasta hace poco, vivía en un pueblo llamado Tomoeda.

Como no dije nada en mi defensa, Tomoyo prosiguió.

— Oí que varios comentaban acerca de lo guapa que era... ¿qué opinas tú? — revoloteó inocentemente sus pestañas.

Pero yo la conocía y si no le contestaba me iba a molestar todo el día con lo mismo, en compañía de Meiling. Esas dos a veces se encargaban de hacerme la vida insufrible.

— Parecía bonita — concedí.

— Apuesto a que es más guapa y más simpática que Zhu.

Y ahí íbamos otra vez con los comentarios infantiles. Puse mi peor cara.

Oteé en todas direcciones, me acerqué e intenté explicarle bajando la voz:

— Ya te he dicho que no seguiré con ella, sólo no he encontrado el momento ni las palabras adecuadas para sincerarme.

Tomoyo rodó sus orbes azules y suspiró, cansina.

— Como sea, cuanto más tardes, peor será.

Dicho eso, vi cómo su cabello oscuro ondeó al voltearse y sus pisadas se apresuraron rumbo a la oficina de Hun.

Sabía a qué se refería, pero no comprendía porqué metía a la chica nueva en el baile. Que fuera bonita o no, no comprendía un requisito suficiente para llamar mi atención... Bueno, como hombre que soy, admito que me llaman la atención las chicas bonitas, pero no me quedo sólo con eso. Hay muchas más cosas que me pueden llegar a atraer de una persona aparte de su apariencia.

Zhu, mi actual novia, es la típica adolescente linda y popular, pero al contrario de lo que algunos piensen, esa no es la razón por la cual estoy con ella. En pocas palabras, se podría decir que ésta me ganó por cansancio y a modo de premio a su insistencia terminé aceptando ser su novio. Y es que más allá del atractivo normal que generan en mi las mujeres, supongo que las relaciones amorosas no son lo mío. De hecho, mi historial en dicho ámbito se reduce a dos personas, o tres, si es que consideramos mi infantil gusto por Tomoyo.

El año pasado tuve una especie de relación express, con una tipa que robó mi primer beso en medio de una de las fiestas que celebró Meiling. Como la sensación que acompañó al beso me pareció placentera, con la chica en cuestión nos besamos ocasionalmente en la escuela por un par de días más, hasta que el tercero se pasó de la raya e invadió en exceso mi espacio personal. Su acción causó tal animadversión en mí, que de ahí en adelante me encargué de evitarla como si se tratara de la peste. Ella iba en un curso superior, ahora en último año de preparatoria.

¿Que qué fue lo que hizo? Pues... agarró mi entrepierna, la muy pederasta, y yo no le había dado tanta confianza. Me sentí tan violado que nunca lo comenté con nadie.

En cuanto a Zhu... con ella llevamos cuánto, ¿tres semanas? ¿Un mes? No tengo idea. Supongo que, por mi culpa, nuestra relación no es lo que debiera ser. Zhu es súper femenina y atenta conmigo, dos aspectos de ella que me agradan, sin embargo, puede llegar a ser en extremo exasperante y controladora, cosa que ya no logro soportar. Cela de Tomoyo, mi mejor amiga, y hasta de mi prima. En realidad, cela de todas las chicas a pesar que no le dé motivos.

Otro aspecto que le resta puntos es que Tomoyo y Meiling parecen detestarla y jamás se han mostrado de acuerdo con nuestro "noviazgo", si es que se le puede llamar así. Les cae tan mal que ni siquiera se apuntan en nuestras salidas grupales. Sencillamente no la soportan, no la aceptan, o qué se yo.

Mujeres. Siempre tienen que complicarlo todo, hasta los colores: ¡ay, no, es que eso no es azul, es turquesa!

Para mi desgracia, y fortuna para otros, estoy rodeado de ellas.

Al menos agradezco que Eriol, quien aunque a veces pueda llegar a parecer una nena, no tienda a emitir comentarios respecto a mi no-relación. A lo más me dedica una sonrisita compasiva y se encoge de hombros, pese a que Tomoyo le reprenda por no unirse a ellas en su intento por alejarme de la "cabeza hueca", como la llaman. Si bien Zhu no es una lumbrera, tampoco es que sea tonta. Me sería inconcebible estar con una mujer tonta.

En fin. El meollo del asunto es que ni siquiera estoy enamorado de ella… y juro que a veces me he obligado a intentarlo. Sin embargo, he comprobado lo imposible que resulta tratar de forzar ese tipo de cosas.

Por mucho que desee sentir algo más allá de un mero gusto superficial, nada ocurre.

— ¿Haremos equipo? — oí la voz de Eriol a mis espaldas — Tengo ganas de patearle el trasero en la cancha a alguien.

— No me digas — mis labios se curvaron, irónicos.

— Sí, te digo. Ese idiota de Jones otra vez está haciendo comentarios acerca de cuánto le gusta Tomoyo.

¿No decía yo que Eriol se comportaba como una mujer más? He ahí la prueba, ya estaba lloriqueando sin caso por algo.

Tenía que conformarse con que él era el novio, no el otro, ¿por qué, entonces, tomarse la molestia por lo que diga o deje de decir?

Y esa Daidouji... siempre tan popular con el género masculino. Como ya comenté, hasta a mí me había llegado a gustar alguna vez, cuando era niño.

— ¿Va a estar al arco? — consulté casualmente a Hiragizawa, volviendo al tema del partido.

— Supongo que sí, siempre lo hace.

— Entonces le podría dar uno que otro pelotazo en la nariz — bromeé y él negó con la cabeza, sonriendo.

Por supuesto no quería terminar rompiéndole el tabique a Jones, nunca tan desgraciado.

Eriol y yo actualmente somos amigos, sin embargo, el trato entre ambos jamás hubiese traspasado la simple cortesía, que se practican dos conocidos, de no ser por una razón: Tomoyo. Apenas supe un día que mi amiga se desvivía por él, decidí acercarme y conocerlo, de tal modo que pudiera comprobar si es que el tipo era o no digno de ella.

Bien. Ahora que lo pienso, puede que Meiling y Tomoyo no consideren digna a Zhu y por eso jodan tanto, a menos que se hallan encaprichado por volver mi, de por si, escasa vida amorosa en algo nulo.

Dejé de pensar bobadas y me concentré en el aumento de mi temperatura corporal en la medida que, trotando, dibujaba una elíptica alrededor del campo de juego. La sangre fluyendo por mis venas a mayor ritmo de lo normal me hacía sentir más despierto, más vivo y despreocupado.

Iba a la cabeza del grupo, puesto que el ritmo de mi trote era más rápido y constante que el de los demás.

Una mariposa blanca aleteó muy cerca de mi nariz e instintivamente me vi obligado a frenar un poco. A mis espaldas, me percaté del sonido seco de zapatillas hundiéndose en la gravilla y unos repentinos cuchicheos. Volteé un poco la cabeza y seguí sus miradas hasta encontrarme con la visión de Tomoyo, efectuando un gracioso ademán para, seguramente, saludar a Hiragizawa. A su lado se hallaba una chica unos centímetros más baja que ella. Tenía el cabello lacio a la altura de los hombros, cuyo color se equiparaba al de la miel líquida.

Esa tenía que ser Sakura Kinomoto.

Uno de mis pies rozó el canto de concreto de la cancha, así que volví a prestar atención al camino. Cuando miré por el rabillo del ojo, ya se habían ido.

Ambas volvieron cerca del final de la hora, mientras con mis compañeros nos encontrábamos en pleno partido de fútbol.

Tomoyo debía de haber terminado su súper inducción y ahora aprovechaba el rato para seguir haciendo buenas migas con su coterránea.

— ¡Li!

Chang me pasó el control del balón para que anotara pero, no sé cómo mierda, el objeto cobró vida propia y decidió que era buena idea ir en una dirección completamente distinta.

Me pareció que todo iba en cámara lenta…

Y la estúpida pelota atacó a la desprevenida chica nueva.

Abrí los ojos como platos cuando vi que rebotó en la sien de Kinomoto y huyó volando hacia cualquier otro punto, escapando del sitio del suceso. Noté cómo el cabello castaño se agitaba, como intentando aferrarse a algo invisible. La fuerza del impacto fue tal que la hizo moverse y caer como una muñeca de trapo, a un lado de la banca en la que hacía menos de un segundo había estado tranquilamente sentada, ajena a su funesto destino.

Jadeos de sorpresa acompañaron su caída y mi carrera por ir a intentar reparar lo que acababa de hacer.

Sólo esperaba no haberle causado mucho daño, porque el puntapié ensañado que le había dado a esa pelota era para que diera en la cabezota de Jones, el arquero rival, no en la de ella.

Sorprendida, Tomoyo acudió junto a la japonesa y la escuché preguntarle si es que se encontraba bien.

— Oh, mierda — fue lo único que atiné a decir al ver su estado. Le había hecho bastante daño, seguro — Lo siento mucho.

Entonces me vi forzado a contener el aliento: por primera vez, los enormes y asustados ojos esmeralda de Sakura Kinomoto colisionaron con los míos, provocando cierto desasosiego al interior de mi pecho.

Sintiéndome extrañamente turbado, como si el pelotazo me hubiese llegado a mí, concluí que la foto colgada en su perfil de Facebook no le hacía justicia.

A lo lejos, muy a lo lejos, la voz del profesor hizo eco diciendo algo que no logré captar.

El asunto es que el verde es mi color favorito.

— ¿Qué esperas? — la urgencia en el tono de Tomoyo me hizo a reaccionar — Ayúdame a llevarla a la enfermería.

Tan pronto salí de mi trance, tomé uno de los brazos de la accidentada japonesa y me lo pasé por los hombros. Tomoyo hizo lo mismo. Llegamos en un par de minutos a la enfermería, que por suerte estaba cerca, donde la ayudamos a sentarse en una camilla.

La enfermera de la escuela le preguntó qué había ocurrido.

— Xiao Lang le dio un pelotazo — me acusó Tomoyo, respondiendo por ella. La mujer me amonestó con la mirada — El muy bruto no entiende que esas no son formas de conquistar a una chica.

— ¡Oye! — menos mal Kinomoto no entendía chino, sino ahora mismo mi rostro fácilmente podría llegar a ser confundido con la luz roja de un semáforo.

La enfermera decidió ignorarnos y analizó la contusión de nuestra compañera, que automáticamente contrajo los párpados de dolor. La mujer pidió a mi inoportuna amiga que le trajera una de las tantas compresas frías que guardaba en un pequeño congelador.

— No ha sido nada, cariño — comenzó a explicarle a Kinomoto. Tomó su pálida y pequeña mano para que sostuviera la compresa — Ahí, mantenla un par de horas.

Por supuesto, la japonesa no había entendido ni huevo.

— Dice que no ha sido nada y que debes estar con esa compresa por dos horas, más o menos — le expliqué en su idioma.

Ella apretó ligeramente la mandíbula y asintió, sin mirarme… Tenía marcas rojizas, de las costuras del balón, y restos de tierra ensuciando la piel del costado derecho de su frente.

Sacudí ligeramente la cabeza en un intento por apartar pensamientos improcedentes.

— Parece que no has causado muy buena impresión — me susurró Tomoyo, extrañamente divertida.

En la siguiente hora, me resultó inevitable no hundirme más y más en el asiento mientras Kinomoto se presentaba, tímidamente, delante de toda nuestra clase. Su voz sonaba algo temblorosa y sus mejillas sonrosadas se me hacían encantadoras, sus ojos parecían más vistosos así.

La vi arrugar el borde de su falda con las manos, por enésima vez, tras contestar a una inofensiva pregunta del profesor Horvath. El salón entero se mantuvo en respetuoso silencio durante los tres minutos, o algo así, que duró su presentación. Al final el profesor nos pidió, nuevamente, que por favor fuéramos comprensivos y habláramos en inglés con ella. Tras una breve pausa lo oí mencionar mi nombre y buscar mi posición en el aula.

Me enderecé en el asiento, confundido. Fui testigo de la repentina tensión en los hombros de Kinomoto, quien me observó con ojos de cervatillo asustado.

— La señorita Daidouji tuvo el agrado de comunicarme que hablas un excelente japonés, Li — informó, tirando hacia abajo las solapas de su chaqueta beis. Tomoyo me sonrió con autosuficiencia, ¿de qué iba esto? — Supongo que no habrá problema alguno si te pido que, especialmente, ayudes a la señorita Kinomoto para que su estadía no se transforme en una tortura idiomática.

— No será ningún problema ayudarla, profesor — repliqué educadamente, al tiempo que un tic se apoderaba de mi ceja.

Maldita Tomoyo.

La mataría por ponerme en una situación tan incómoda a propósito.

— Ella puede tomar mi lugar junto a Xiao Lang — ofreció, la muy arpía, con una sonrisa que le llegaba a las orejas.

— Oh, es usted muy amable, señorita Daidouji.

Cogió rápidamente su blazer, que descansaba sobre el pupitre, y me pasó a llevar con su mochila.

¿Qué diablos tramaba? ¿Hacernos sentir incómodos a los dos?

Fruncí el ceño viendo cómo se alejaba.

El profesor invitó a Sakura a dirigirse al lugar que antes le correspondió a la traidora.

Ella obedeció de inmediato. Se acercó presurosa, dejó caer la correa de su morral en el respaldo de la silla y se sentó, fijando su mirada en el pizarrón.

Culpable, contemplé su perfil; su nariz respingada y el modo en que se abultaba su pequeña boca.

— Oye, en serio no fue mi intención — susurré en japonés, refiriéndome al accidente.

— Lo sé — reconoció su voz dulce.

Con aire derrotado, se presionó la compresa fría en la sien y se mantuvo en silencio durante el resto de la clase de Literatura. Con aquella actitud me hizo sentir como la peor persona del mundo, a pesar que el pelotazo no había sido a propósito.

Me dio pena recordar la forma en que había caído…

Había parecido tan frágil. Nunca antes golpeé a una niña y, aunque fuese de manera indirecta, con una pelota de por medio, sentía como si lo hubiese hecho con mis propias manos, o mi pie en este caso.

Deslicé el dedo sobre la pantalla, haciendo que el pájaro amarillo estirara al máximo posible el elástico de la resortera. Esta vez, al soltarlo, se dirigió correctamente a mi objetivo: uno de esos apestosos cerdos sonrientes y de un enfermizo tono verde.


[Sakura]

El principal autor de una de las peores vergüenzas que he pasado en la vida estaba justo a mi lado, compartiendo conmigo un pupitre doble. No me sentaba en uno de estos desde primaria y no esperaba que en Hong Kong los usaran, menos en preparatoria. Pero bueno, tendría que re-habituarme a ellos.

En ocasiones era capaz de percibir la mirada de Li, escrutándome. Tal vez se sentía un tanto incómodo, como yo.

Sabía que no podía culparlo completamente por lo que había ocurrido, mal que mal, se trató de un accidente. Sin embargo, no sé porqué se me hacía difícil llegar y aceptar sus disculpas. Quizá era debido a la sensación de humillación que me consumía por dentro, sumado a cierto enfado.

Y su amiga... ella era algo así como la co-autora de la fechoría, pues fue quien me llevó al lugar donde se escribió mi bochornosa bienvenida al Saint Joseph's College, con sendo pelotazo y caída incluida.

Todavía me dolía la cabeza a pesar del paracetamol que tomé antes de entrar al salón. Podía perfectamente recordar la forma en que mi cerebro se había batido, violentamente, dentro de mi cráneo, aparte del impacto tan doloroso que me había propinado el balón. Por otro lado, me estresaba pensar que tal vez hasta había dado una muestra indecorosa de mis calzones, y Dios sabe cuánto rezaba por que no fuera así.

Suspiré girando la glacial compresa sobre mi contusión e intenté calmarme, pensar con claridad. El frío pareció disminuir la temperatura de mis pensamientos, ayudándolos a pasar a un estado más neutral.

Sólo había sido un accidente, Sakura.

En verdad no podía ponerme tan mal genio ni preocuparme tanto por una tontería, o me estaría pareciendo al huraño de Touya. La gente no hace este tipo de cosas a propósito. Se trata de casualidades, nada más.

Miré de reojo a Li. No parecía ser un mal chico, de hecho...

Mis cavilaciones se vieron interrumpidas por la vibración de mi celular, que estaba sosteniendo desde hacía un rato en la palma de mi mano. Le eché un vistazo disimuladamente por debajo de la mesa. Mi sonrisa fue instantánea al percatarme que se trataba del inbox de Yukito que había estado esperando, donde me deseaba un muy lindo primer día de clases. Ni me molesté en contarle que no había sido tan así, por lo que me dediqué a escribirle cuánto lo echo de menos y lo mucho que lo quiero.

Rápidamente metí el móvil en la manga de mi oscuro jersey, para así evitar tener problemas con el profesor y dejar de perder el hilo de las clases. Ahora mi atención requería enfocarse más que nunca. Tenía un muy bien nivel de inglés, pero no era lo mismo que escuchar tu japonés nativo de fondo mientras haces cualquier otra cosa.

Eché un vistazo a mi alrededor y, de pronto, me volví a sentir fuera de lugar por estar escribiendo en un simple cuaderno, cuando la mayoría de mis compañeros utilizaban modernos tablets para tomar apuntes. Yo ni siquiera tenía un Iphone y, siendo sincera, tampoco era que lo necesitara. Con mi sencillo celular estaba bien, en éste podía revisar mi correo, ver Facebook y seguir en contacto con Yukito y mis amigos, que era lo importante.

Advertí cómo Li deslizaba ágilmente los dedos por la pantalla de su tablet, tomando apuntes, al tiempo que jugaba Angry Birds, entre otras cosas. Pensé automáticamente que yo carecía de aquella capacidad, la de hacer tantas cosas a la vez sin perderme, y eso que era mujer.

Me sorprendí al ver que Daidouji, sentada en el pupitre de enfrente a Li, usaba el tradicional método del lápiz y el papel. Desde aquí podía ver que su caligrafía era muy cuidada y bonita, quizá reflejara bastante de su personalidad. Apoyé el lado "sano" de mi cabeza en una mano y me dije a mi misma que Daidouji parecía ser una persona muy agradable, independiente de mi mal rato.

El timbre repicó, avisando del corto recreo de diez minutos. Li se retiró rápidamente de su puesto y Daidouji me invitó a acompañarla, dedicándome otra disculpa por el accidente a primera hora.

— No te preocupes, ya casi no me duele — esbocé una sonrisa — El hielo hizo lo suyo.

— Qué bueno — dijo aliviada y me tomó del brazo como si fuéramos viejas amigas — Te presentaré a Meiling, una amiga del otro salón.

Dejé que me llevara al lugar en cuestión, desde donde varios adolescentes se precipitaban al patio.

Se detuvo ante nosotras una atractiva chica de piel bronceada y cabello negro. Lo llevaba enroscado en dos moños altos, cada uno a un lado de su cabeza, desde los cuales se desprendían largas coletas. Sus peculiares ojos granate saltaron de mí a Daidouji un par de veces.

— Supongo que tú eres Kinomoto — concluyó con una sonrisa ladeada, estirándome la mano a modo de saludo. Se la estreché — Soy Meiling Li, prima del tonto que te dio el pelotazo y amiga de Tomoyo.

Parpadeé, azorada. Había olvidado lo rápido que viajan las noticias.

— Eriol me lo contó — agregó, como si hubiese leído mi mente — En realidad, todo el colegio lo sabe.

Qué aliviador.

— ¡Meiling! — reprochó Tomoyo.

— De todas formas se iba a enterar — su sonrisa y la forma en que entrecerró los ojos me puso nerviosa — Los chicos también están hablando acerca de lo "buena" que estás, por si eso te consuela un poco.

Abrí la boca y la volví a cerrar, como un pez fuera del agua, sintiendo mis mejillas arder como nunca.

— ¿Por qué siempre tienes que ser tan bocona? — la sermoneó Daidouji — Mírala, ahora parece un tomate con patas.

Meiling rió y me dio un par de golpecitos en el hombro, a modo de apoyo, quizá.

— Está bien, Kinomoto. Debería servir para subirte la autoestima antes que para avergonzarte — me tomó de la barbilla con una mano helada y examinó mi rostro tan de cerca que pude ver sus minúsculas pecas — En verdad eres bonita, mujer. Me gusta el color de tus ojos.

— Gra-gracias — me alejé un poco, pensando en que el color de los suyos era también muy bonito y peculiar.

Oí a Daidouji suspirar.

— Vamos. Te invitaré a un café por las molestias— dijo, gentil.

Cada una me tomó de un brazo, flanqueándome, y me llevaron hasta una máquina cerca del comedor. No sé si podría llegar a acostumbrarme a ser llevada de aquella manera a todas partes, pero en fin.

Me compraron un capuccino y lo acepté sin chistar. Ambas me ponían de los nervios con sus miradas analíticas y cómplices, como si estuvieran tramando algo, o quizá sólo me estaba volviendo paranoide.

Estábamos sentadas en torno a una mesita circular al aire libre, donde la temperatura se sentía precisa.

Ni frío, ni calor.

— ¿Qué actividades hacías en tu anterior escuela? — preguntó casualmente la prima de Li, revolviendo su café.

Me aclaré la garganta.

— Era parte de las animadoras y de la selección de atletismo.

— ¡Genial! — sonrió y añadió con cierto orgullo — yo soy la capitana de las animadoras aquí. Podría realizarte unas pruebas si es que te interesa.

Me pareció una estupenda idea.

— ¡Me encantaría! — esta era la primera noticia buena del día.

— Y yo soy la capitana del equipo de atletismo — dijo Tomoyo, con una amplia sonrisa.

— ¿En serio?

Meiling se largó a reír como si acabara de escuchar un chiste y le dio una palmetada en el brazo a Daidouji, quien levantó y dejó caer los hombros, con un rastro de culpa en sus ojos malva.

— No habla en serio — me explicó Meiling — Tomoyo es una plasta para todo lo que tenga que ver con la actividad física, pero podrías conversar con mi primo para integrar el equipo de atletismo, donde es el capitán. Además, es el capitán de la selección de fútbol — movió graciosamente las cejas de arriba abajo.

— Ya veo — me sobé involuntariamente la zona dolorida.

Con razón tremendo pelotazo: el chico era un deportista de tomo y lomo. Seguro varias de mis neuronas habían pasado a mejor vida producto del impacto.

— Además practica artes marciales — secundó Tomoyo, sorbiendo su café.

— Imagínate cómo se ve sin camiseta — sugirió Meiling, otra vez con su extraño pero cómico movimiento de cejas.

— Tengo novio — solté, un tanto incómoda, y a la graciosa chica le faltó poco para desinflarse como una caricatura.

Daidouji se llevó una mano a la boca intentando esconder una risita.

Al parecer sólo hicieron falta esas dos palabras mágicas para que Meiling dejara de hablarme acerca de su primo, como si me lo estuviera ofreciendo en bandeja. Cambió de tema y quedamos en que mañana me haría las pruebas correspondientes, para ver si es que podía ser parte del equipo de animadoras, cosa que me hizo mucha ilusión.

Finalizado el recreo me dispuse a volver al salón, en compañía de Tomoyo, enterándome en el camino de que su novio era compañero de Meiling en la clase paralela.

Me encontré con que, a la entrada de nuestro salón, una chica de cabello cobrizo estaba prácticamente colgaba del cuello de Li, como si la vida se le fuera en ello. Me desconcertó notar que éste no parecía muy contento. De hecho, por la forma en que la sostenía de los hombros, daba la impresión de que estuviera tratando quitársela suavemente de encima.

Cuando descubrió que lo estaba viendo, su expresión fastidiada cambió. No sé porqué, pero sostuve su mirada unos segundos hasta que, la muchacha que lo abrazaba, elevó sus talones y le plantó un beso en los labios.

Entonces no comprendí para qué le hacían tanta publicidad su prima y Daidouji, quien hasta me había dicho que estaba "soltero", cuando esa niña era evidentemente su novia.


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Ayyy no me resistí a la tentación de publicarlo! Se suponía que por lo menos iba a dejar pasar poco más de una semana o dos desde el primer capítulo, pero lo único que quería era que conocieran al Princeso Xiao Lang xD, además de Meiling y Fuutie, claro.

De todos modos, debía actualizar pronto por una cuestión de tiempo, ya que este mes se viene algo pesado en cuanto a responsabilidades y eventos sociales (cumpleaños de gente que adoro xD).

Agradezco infinitamente los primeros 9 reviews de esta historia: Guest (lo siento, pero no pusiste tu nombre :(), Rosy Misaki, twilight-love, Miss Strawberry Fields, SL007, lirio23miriel, HimeVampireChan, Maru-Li Tsukiyomi y AndreKimiko. A todas ustedes va dedicado este capítulo =D! Muchísimas gracias por apoyar este fanfic desde el principio, chicas =3 También se lo dedico a quienes la hayan agregado a sus favoritos con sólo un capítulo publicado.

Ahora, a quienes tengan Facebook, les aviso que hace muy poco activé mi cuenta por esos lares y pueden agregarme, si quieren: www facebook com/blondiebtch (Gwlith Greifvögel)

Espero sus reviews con ansias! Necesito urgente saber qué les parece la historia =3 recuerden que los reviews son uno de los mayores alicientes para un autor!

Un abrazo a todos quienes hayan llegado hasta aquí abajo y muchas gracias por leer.

Bl0ndie