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Rolf Scamander
―¿Así que su marido, el señor Weasley, fue el Paciente Cero? ―preguntó Rita Skeeter.
Hermione se removió sobre su sillón. Nunca le gustó esa denominación.
―A decir verdad, no se sabe exactamente. Lavender Brown también fue mordida durante la Batalla de Hogwarts, por lo que ella perfectamente pudo haber sido la Paciente Cero. Pero teniendo en cuenta que Fenrir Greyback atacaba a niños desde hacía mucho tiempo, incluyendo a Remus Lupin, se desconoce quién es en realidad el Paciente Cero. Por eso contabilizamos a partir de la caída de Voldemort.
―Entiendo.
La pluma a vuelapluma escribía a tanta velocidad que Hermione juraría que echaba humo de la punta. Seguía escribiendo a pesar de que Skeeter no decía nada mientras meditaba su próxima pregunta.
―Hábleme de Amos Diggory y de lo ocurrido después del ataque a su marido.
Hermione le lanzó una mirada sombría y trató de recordar.
Se despertó al día siguiente. Ron seguía en la cama, inconsciente. Igual que Lavender. De repente, Harry apareció por la puerta. Se detuvo un momento para mirar a Ron y luego fue a hablar con Hermione. Tenía el semblante serio.
―Hermione, ha venido un funcionario del Ministerio... del Departamento de Regulación y Control de Criaturas Mágicas. Quiere hablar contigo acerca de lo ocurrido ayer.
Hermione parecía preocupada. Si los supervisores de Criaturas Mágicas venidos del Ministerio querían saber qué había ocurrido era porque quizás Ron... no, no quería pensar para nada en ello. Siguió a Harry tras dedicarle una última mirada a Ron. Bajaron al Vestíbulo, donde dos personas esperaban pacientemente. Uno de ellos era un hombre de mediana estatura, con el pelo largo y color castaño. Levaba ropas de viaje de color marrón con una capa verde sobre los hombros. Su rostro mostraba un profundo sentimiento de no querer estar en ese lugar. Y con razón, pensó Hermione. Era Amos Diggory. La otra persona era un chico mucho más joven, más o menos de su edad. Tenía el pelo rubio platino y sus ojos mostraban una gran vivacidad. A Hermione le recordó a Draco Malfoy pero con vestigios de Luna Lovegood. Por fin llegaron ante ellos. Amos Diggory sonrió levemente al verlos llegar. A pesar de los acontecimientos del Torneo de los Tres Magos, nunca olvidaría que gracias a Harry el cadáver de Cedric le pudo ser devuelto. El joven sonreía ampliamente.
―Buenos días. Lamento tener que molestarlos tan temprano, pero ha llegado a mis oídos lo ocurrido ayer con el señor Weasley. Pero antes, este es el señor Rolf Scamander, mi secretario y ayuda de campo.
―Buenos días ―saludó Rolf.
Hermione y Harry devolvieron el saludo. Hermione conocía bien el apellido Scamander. Su abuelo debía ser Newton Scamander, famoso magizoólogo y autor de Animales Fantásticos y Dónde Encontrarlos, un libro que había utilizado durante sus años en Hogwarts.
―Bien. Me gustaría poder hablar con usted, señorita Granger. Y en cuanto el señor Weasley se despierte, también con él ―dijo Amos Diggory.
―¿El Ministerio sabe lo ocurrido? ―preguntó Harry.
―Solamente el Ministro, Kingsley Shackelbolt. Fue informado ayer por Minerva McGonagall. Como Director del Departamento de Regulación y Control de Criaturas Mágicas también estoy al tanto de los acontecimientos. Pero nadie más lo sabe. Si se llegase a filtrar la noticia de que uno de los héroes de la guerra ha sido atacado por un hombre lobo, amén de que este se pasea tranquilamente cerca de una escuela...
Hermione lo entendía muy bien. Ante todo el Ministerio quería mantener las apariencias y que todo iba ya muy bien ahora que la guerra había terminado. Le costaba creer que Kingsley, como ministro provisional, hubiese decidido esconder lo ocurrido, pero una parte de su cerebro le decía que aquello era lo correcto.
―¿Y bien? ¿Qué quiere saber?
―Pues confiaba en poder hablar en algún lugar en privado. Luego Rolf la acompañará hasta el lugar de los hechos mientras yo hablo con el señor Weasley. Ya le he dicho a Minerva que necesito hablar con él cuanto antes, así que no creo que le cueste despertarlo. No le supondrá mayor daño.
Los cuatro fueron a una vieja aula con algunos pupitres y sillas, pero muy deteriorada. Se sentaron alrededor de una vieja mesa.
―Bien, en verdad sólo quiero hablar con la señorita Granger, así que... ―Amos miró a Harry.
―Ron es mi mejor amigo, igual que Hermione. No la dejaré sola ―confesó mientras tomaba la mano de la chica.
Amos lo miró un momento hasta que habló de nuevo.
―Está bien. Quiero que me cuenten todo lo que sepan de Fenrir Gryeback durante la batalla ocurrida ayer.
Harry y Hermione se miraron mientras recordaban lo ocurrido. La batalla había sido una vorágine de acontecimientos y apenas recordaba una pequeña parte de ella. Intentaron poner en orden sus pensamientos. Entonces se acordaron de que Greyback iba con el grupo de mortífagos más allegados de Voldemort. Hermione recordaba que en plena batalla lo vio mordiendo a Lavender y lo aturdió. Después lo perdió de vista mucho después, hasta el momento final, cuando todos a una se lanzaron contra los mortífagos. Fueron Ron y Neville quienes lo derrotaron.
―Lo único que recuerdo es que mordió a una chica. Yo evité que la matase aturdiéndolo ―comentó Hermione. Rolf Scamander tomaba notas con una pluma en un pergamino.
―Lavender Brown. También lo sabemos. ¿Algo más?
―Y que en el clímax de la batalla, Ron junto a Neville Longbottom lo derrotaron. ¿Cree que eso tiene algo que ver?
Amos permaneció un momento en silencio, meditando.
―Los hombres lobo son personas profundamente psicóticas. Pueden perder la cabeza con suma facilidad y sólo unos pocos saben controlarse si dejan que los traten. Remus Lupin fue un ejemplo de ello. Gracias a mucha ayuda desde pequeño supo ser una persona normal. Pero Greyback... siempre fue un salvaje. Durante un tiempo lo tuvimos en Azkaban y se volvía irascible con facilidad. Es probable que considerase atacar al señor Weasley tras lo que le hizo. Quizás lo considerase una afrenta.
―¿Y qué pasa con Neville? ―preguntó Harry, preocupado.
―Mandaremos a un auror para que vigile al señor Longbottom y evite cualquier posible ataque. Pero creo que las intenciones del señor Greyback se deben a una causa más. Creo que no le gustó que lo aturdiese y privase de su festín.
A Hermione comenzaba a no gustarle Amos Diggory. Hablaba como si a Greyback le quedase algo de humanidad, así como consideraba todo su mundo como algo totalmente distinto y macabro.
―¿Quiere saber algo más? ―quiso saber Hermione, de forma dura.
―Cuénteme lo que pasó ayer.
Hermione relató lo ocurrido, lo mismo que contó a Harry la noche anterior. Tras finalizar su relato, todos permanecieron en silencio. Finalmente, Diggory se levantó.
―Tengo que ir a hablar con el señor Weasley. Señorita Granger, usted tendrá que acompañar a Rolf para que pueda ir al lugar de los hechos. Señor Potter ―dijo, despidiéndose.
Harry lo acompañó a la Enfermería mientras Rolf y Hermione bajaban al Vestíbulo y de ahí salían a los terrenos en dirección al Bosque Prohibido.
―Eres muy joven para ser secretario de un Director de Departamento ―comentó ella.
Rolf rio. Tenía unos perfectos dientes blancos.
―Tengo veinte años. Pero mi abuelo trabajaba en el mismo Departamento y movió algunos hilos para que pudiese entrar. Pero desde lo más bajo, claro está.
―Tu abuelo es Newton Scamander, ¿verdad?
Rolf bajó la mirada. Ya no sonreía. Parecía que la sola mención de su abuelo no le sentaba bien.
―Lo siento ―se disculpó Hermione.
―No te preocupes. Es normal. Me pasé todos mis años en Hogwarts bajo su sombra. Tenía que estudiar de su propio libro, como comprenderás. Pero en fin, nunca ha sido algo malo. Quiero a mi abuelo. Y él me quiere a mí por seguir sus trabajos, así que todo va bien. La verdad es que te recuerdo de la escuela.
―¿Ah, sí? ―preguntó Hermione. Ella no recordaba a Rolf. Quizás fuese porque había mucha gente en Hogwarts como para conocerla a toda ella. O quizás es que Rolf quería pasar sus años escolares en la sombra, sin que tuviesen que señalarle y recordarle a su abuelo cada vez que lo veían.
―Pues sí, siempre con Potter y Weasley.
Siguieron caminando. Por fin llegaron al Bosque Prohibido y se internaron en él.
―¿Conoces a Luna Lovegood?
Una sonrisa se encendió de nuevo en el rostro de Rolf.
―¿Luna? Claro que sí. Es familiar mía. Pero somos primos lejanos, muy lejanos a decir verdad. Mi bisabuelo tenía un primo del que desciende la familia de Luna. Aun así nos conocemos.
―¿Y Draco Malfoy?
Volvió a sonreír, pero era una sonrisa muy forzada.
―También somos familiares, pero más cercanos. Al contrario que Luna. Ya sabes que las familias mágicas son muy pocas. Normalmente nos casamos con miembros a veces muy cercanos ―finalmente llegaron al claro donde Ron fue atacado. Aún había manchas de sangre en el suelo ―. ¿Fue ahí? ¿De dónde salió Greyback? ―preguntó Rolf.
Hermione asintió. Después señaló los matorrales. Se había quedado mirando las manchas de la sangre de Ron, ahora secas. Rolf sacaba fotografías con una pequeña cámara, así como de los matorrales, tomaba algunas muestras y estudiaba detenidamente el lugar. Tras eso, ambos volvieron al castillo.
Llegaron a la Enfermería. Amos Diggory estaba sentado en una silla al lado de la cama de Ron mientras tomaba unas notas. Harry estaba junto al señor Weasley. Ambos estaban de pie a un lado de la cama. La señora Weasley estaba al lado de Ron, muy cerca de su hijo.
―Hermione ―saludó Ron, aliviado.
La joven fue a abrazarlo con cuidado de no lastimarlo. La señora Weasley se apartó un poco.
―Bien, creo que ya hemos terminado por hoy ―le tendió la hoja de pergamino a Rolf, quien se la cogió ―. Lamento si hemos sido un incordio. Mandaremos a un auror a proteger de manera encubierta al señor Longbottom. Y enviaremos a varios aurores para buscar a Greyback. Buenas noches a todos. Arthur, ¿tienes un momento?
Arthur asintió y los dos hombres salieron de la Enfermería, acompañados de Rolf.
―¿Quién era ese? ―preguntó Ron con desconfianza.
―El ayudante de Diggory ―comentó Hermione con una sonrisa.
Ron no dijo nada más, simplemente tomó de la mano a Hermione, de manera segura. Al rato aparecieron el resto de los Weasley para estar con Ron.
Mientras tanto, Amos, Rolf y Arthur llegaron al Vestíbulo.
―Prepara mi escoba, Rolf. Y espérame fuera.
―Sí, señor.
El joven salió, dejando a los dos adultos solos.
―¿Y bien? ―preguntó Arthur. Había estado presente en el interrogatorio que le había hecho a Ron, pero en ningún momento dio a entender lo que temía que iba a decirle ahora.
Amos Diggory suspiró. Se sacudió un momento las mangas de la chaqueta.
―Fenrir Greyback no era un hombre lobo cuando mordió a tu hijo. Pero hace mucho tiempo que aprendió a controlar su enfermedad y a convertirse cuando él así lo quisiese. Tuvimos muchos casos de niños convertidos por su culpa. Al menos aquellos que él dejaba libres.
―Eso quiere decir que no es uno de ellos, ¿no?
―Lo siento, Arthur. Ronald... es ahora un hombre lobo. No me cabe la menor duda. La chica, Lavender, me temo que también ha sido infectada. Hablaré con sus padres para que estén al tanto, aunque ya saben que fue atacada.
No dijo nada más, porque Arthur ya no lo escuchaba. La sola mención de que su hijo era un hombre lobo había hecho que quisiese apartarse del mundo. Se sentó en uno de los escalones de mármol. Amos le puso una mano sobre el hombro.
―Lo siento, Arthur. Seguiremos investigando. Para lo que necesites, mándame una lechuza. Adiós.
Lo dejó solo. Minutos después subió a la Enfermería. Sus hijos y Harry y Hermione estaban en torno a Ron, riendo y charlando. Únicamente su mujer Molly se dio la vuelta al ver que había llegado. La miró. Y bastó una sola mirada para que la señora Weasley estuviese al tanto de lo que Amos le había contado a su marido, porque era una amenaza que pendía sobre ella desde que se enteró del ataque. Una amenaza que ahora se había derramado sobre ella como una jarra de agua helada. Arthur se acercó a ella y la tomó de la mano, apretándola de manera afectiva. Ambos sonrieron y se marcharon, dejando a sus hijos y aquellos a los que querían como a sus propios hijos que siguiesen riendo, al menos hasta que llegase el momento que ambos tanto temían.
