¡Hola a todos! Luego de ¿cuánto tiempo? Ya ni me acuerdo XD, les traje la continuación que tanto estaba anhelando, mis queridas mentes perversas. Luego de pensar un poco, e idear el lemon, decidí escribirlo...
Disclaimer: Ningún personaje que aparezca aquí me pertenece, todos son propiedad de su creador Yoshihiro Togashi.
Advertencia: Yaoi. Lime. GonKiru. Two-shot. Post-series.
Un beso que cortaba la respiración.
Era la mejor descripción de lo que les provocaba besarse el uno al otro. Sean suaves, tiernos o repletos de una pasión contenida… y aún, tenía el mismo efecto en ambos. Se sentía igual que el primer beso. Esa dulce sensación que nunca podría desaparecer de sus mentes, hasta incluso, cada vez que lo hacían, se sentía tan especial como la primera vez…
Un quejido ahogado brotó de los labios de Killua.
Los labios ajenos contra los suyos, mordiendo y lamiendo en busca de un beso mucho más exigente, acompañado por las leves caricias que su compañero le propinaba a todo su cuerpo desnudo. Desde su pecho, jugueteando con sus pectorales y pezones, hasta llegar a la altura de la pelvis, sin llegar a rozar aquella zona que comenzaba a elevarse por cada caricia… clamando una inmediata atención.
Al momento de separarse, un fino hilo seguía contactando sus labios hasta que terminó por romperse a la mitad.
«Al menos… esas cintas se fueron. » Pensaba al sentir esos cálidos labios descender por su cuello, dejando un húmedo camino de besos. Recostó la cabeza sobre las almohadas y mantuvo su cuello estirado, era una clara invitación a que él continuase. «Era de lo más incómodo… pero es su cumpleaños y puede hacer lo que quiera conmigo... aunque eso me moleste » Una sonrisa ladina y un tanto juguetona adornó su rostro pálido; sea lo que fuere que tuviera pensado su pareja, sería de lo más emocionante….
Y estaba más que claro que el albino iba a disfrutarlo al máximo.
Gon sonrió contra la piel ajena antes de que comenzara a trazar un camino de besos, mordiendo su clavícula en un gesto juguetón y dejando unas marcas rojizas en la piel blanca por las fuertes succiones, mientras sus manos se movían inquietas y recorrían cualquier lugar que pudiesen.
Una mueca de placer apareció en su rostro ante la última mordida recibida. —G-Gon… —murmuró el nombre de su compañero en un ronco y un tanto grave para su gusto.
El moreno detuvo sus acciones. Levantó su mirada y miró con curiosidad, y fingida inocencia, a su compañero. —¿Sí?
Ver la dulce sonrisa en el rostro de su pareja lo hizo bufar. —¿Q-quién dijo que te detuvieras?
—¿Uh? Pero… tú dijiste mi nombre.
—Gon.
—¿Sí?
—Mejor cállate y continúa. —ultimó cortante mientras envolvía ambos brazos en torno al cuerpo ajeno, ejerciendo una leve presión—. Hazlo antes de que me arrepienta de esto…
Esta vez, Gon sonrió; sabía perfectamente que su pareja estaba bromeando. —¡Okay!
Killua jadeó pesadamente, sus ojos se abrieron de golpe y un furioso sonrojo se apoderó de sus mejillas. No había esperado ese tipo de acción en el moreno, pero aunque no lo admitiese en voz alta, le había gustado y mucho. Apretó los dientes con fuerza, y adentró sus pálidos dedos en aquellos cabellos oscuros, apoderándose de ellos. Por su parte, Gon hizo girar su lengua alrededor del pezón, varias veces metiéndolo en el interior de su boca y chuparlo hasta que quedase completamente erecto; obteniendo algunos sonidos del muchacho debajo de él, viendo como su espalda se arqueaba levemente sobre la cama.
El albino continuó retorciéndose mientras que el otro descendía lentamente, dejando beso húmedos y pequeñas mordidas a su paso, por su bien formado torso. El joven Freecss lamió el interior del ombligo durante varios segundos, haciendo que los músculos abdominales se tensaran, antes de llegar a su objetivo.
—G-Gon…nnngh…—. Tragó su saliva con pesadez al sentir a su entrepierna comenzaban a propinarle suaves y amorosas caricias. Al bajar la mirada, pudo notar como su pareja aproximaba su cara hasta ese lugar y sacaba tímidamente su lengua rosada. —¡A-a-ah! ¡G-Gonh…! —gritó al sentir la húmeda lengua pasando por su intimidad.
El moreno rió por lo bajo al ver el rastro de saliva que había dejado. «Es muy lindo sonrojado. —Pensó—. Aunque… también es lindo enojado. » Recordaba las distintas expresiones del albino, hasta que llegó a una conclusión. «Killua siempre es lindo. »
Un bufido brotó de sus labios. «¡¿Y ahora en qué rayos está pensando?! » Su entrecejo se frunció levemente. ¿Por qué Gon, justo en este momento tan importante, decide pensar en otras cosas? «¡Él tiene que estar pendiente de mí! » Estiró una de sus manos y le asentó un certero golpe en la cabeza.
—¡He-hey! ¿Y ahora qué hice?
—El asunto es… qué no estás haciendo.
—¿Eh? No entiendo. —murmuró inclinando la cabeza hacia uno de sus costados.
Sintió como una pequeña vena comenzaba a palpitar en su frente. —Tú tienes un problema aquí. —decía al señalar su entrepierna—. Y más te vale que lo soluciones…
—P-pero… si no es mi problema…
—¡Claro que sí! Tú lo provocaste, tú lo arreglas.
Gon infló sus mejillas, en un claro gesto de molestia. —No tienes que ser tan grosero—. El albino lo ignoró y recostó la cabeza sobre sus brazos. «Tonto Killua. » Volvió a aproximarse a la erección y repartió breves besos en toda la extensión mientras sus manos masajeaban suavemente las bolas.
El albino cubrió su boca para acallar los gemidos que escapaban. ¡No quería mostrar que lo estaba disfrutando! Esto era por el cumpleaños de su novio… a menos claro, que su pareja le gustase hacerle disfrutar a él.
«Killua es lindo… muy lindo. » Sus ojos castaños seguían estando pendientes de las reacciones del mayor. Viendo cómo se retorcía y sujetaba con su mano libre un puñado de las sabanas, su respiración agitada, el casi imperceptible vaivén de sus caderas para obtener su tan preciada liberación. «Él siempre se ve lindo cuando lo hacemos. » En todos y cada uno de los numerosos encuentros que tuvieron, su pareja terminaba "encantándolo" con sus actitudes y expresiones, dejándolo más enamorado de lo que ya estaba. «…parece… como si estuviera muriendo de felicidad. »
Gon dio un suave suspiro antes de lamer ambos lados del miembro, haciendo desaparecer las gotitas blancas que descendían a un ritmo lento. Llevó su lengua hasta la parte superior, la glande rosada y brillante, para comenzar a juguetear con la pequeña rendija y succionarla a su gusto, sintiendo como su propio sexo se retorcía pidiendo un poco de atención. A penas pudo contener un gemido ante los pequeños chorros calientes que inundaba sus fauces…
Killua se retorció, bajó sus manos y las enredó en los cabellos oscuros. —Uhh… aaahhn… Gonnhh…—. Sentía como si varias descargar eléctricas recorrieran hasta el más mínimo rincón de su cuerpo. —¡Ah! Gon… no…
Adentrándolo hasta la base, el pelinegro simplemente gimió alrededor del miembro al sentir que sujetaban con más fuerza sus cabellos; pudo sentir como el cuerpo ajeno se tensó bruscamente y oyó el agudo gemido que brotó de los labios hinchados de su amante; después de unos segundos, comenzó a moverse de arriba hacia abajo, arrastrando la lengua al compás, manteniendo un ritmo lento y constante, deslizándolo adentro y afuera de su boca sin dejar de lamer.
«E-es… muy cálido… » Pensó con las mejillas sonrojadas, percibiendo los latidos del pene en su propia boca. «… y tan grande… » Cerrando sus ojos, continuó, amorosamente, con su oral; si no fuera porque sus manos retenían los muslos ajenos, probablemente el mayor habría tratado de dominar la situación y ser él quien marcara el ritmo del oral.
Killua tuvo que soltarse de su agarre y usar sus antebrazos para levantar levemente su torso y ver el "tratamiento" que recibía de su pareja. Su rostro estaba caliente, ardía por completo. —Hmmm… G-Gon… —murmuró y su rostro se contrajo en una mueca de placer cuando esa lengua envolvió la cabeza color rosada. Todo su cuerpo parecía arder en llamas—…G-Gon… n-no… ju-juegues… n-no…—. Pudo sentir la risilla contra su entrepierna, enviándole a su ser un escalofrío.
Pero en su lugar, lo que Gon hizo fue dar una última lamida antes de alejar su rostro, ganando un gemido de súplica por parte del otro joven. Sonrió divertido, envolviendo su mano alrededor de la extensión y comenzar a ejercer cierta presión; no es que quisiese ser malvado con su pareja, pero ¡este era su cumpleaños! Y quería que las cosas se hicieran a su ritmo, y no al de Killua. Deseaba sentir que él se encontraba bajo su poder, por más cruel que pareciera, por una sola vez… quería estar un paso delante de su novio; bombeó con firmeza a la par que su mano se humedecía y manchaba con blanco. No podía apartar la mirada del albino, esa escena que sus ojos presenciaban era de lo más erótica: Killua respiraba erráticamente, tenía el rostro sonrojado, una fina capa de sudor cubría su frente y de su boca escapaban lo más deliciosos y placenteros gemidos; su novio era tan perfecto. Tan atractivo… ¿cómo no lo pudo notar antes? Pero ahora, el albino, con dieciséis años de edad, parecía todo un hombre.
Dio un leve apretón a su agarre. «Me gusta verlo así… pero… me gustaría ver más… » Reflexionó. «…quiero ver… más de él… mucho más… » Su mano desaceleró sus movimientos antes de detenerse por completo.
—¿P-por qué… te detienes? —preguntó con dificultad, en un tono claramente suplicante—. Gon… por favor… estoy tan ce-cerca…—. Ocultó su mirada azulina antes de intentar calmar su respirar ¡pero ese maldito dolor en su entrepierna no facilitaba sus cosas! «S-solo q-quiero que me toque… no m-me importa s-sí es con su lengua, su mano o su culo… ¡s-solo que me to-toque! » Vociferaba en su mente, pero el calor que sentía no le permitía decirlo en voz alta.
En completo silencio, Gon buscó las cintas que hasta hace unos minutos había deshecho y al tomarlas entre sus manos sonrió. Pero, era una sonrisa ladina la que adornaba su rostro… una sonrisa que nunca antes había tenido. Volvió a sentarse en la cama y llegó a cabo su "tarea".
Y de repente, Killua echó la cabeza hacia atrás soltando un grito silencioso, abriendo también sus ojos de golpe.
«¿¡P-pero qu-qué…?! » Recobrando el aliento, bajó la mirada de inmediato y al notar cierto "adorno" se sonrojó furiosamente. «E-e-eso… es… » Lamió nerviosamente su labio al sentir toda su boca seca. —¡G-Gon! —clamó el nombre de su pareja cuando éste tomó sus manos y las ató a la altura de su cabeza.
—Ehehehe. ¡Ahora todo está listo! —exclamó orgullosamente, sonriendo con alegría.
Alrededor de la base de la erección palpitante, Gon había atado una de las cintas verdes. Una agarre firme y justo, pero sin llegar a lastimar a su dueño; a pesar de haber sido amarrado con rapidez, el moreno logró hacer un pequeño moño al final.
—¡G-Gon! ¡¿Q-qué demonios… estás pensando?! —gritó moviéndose bruscamente, tratando de liberarse. «Demonios… esto se siente incómodo. » Pensaba al sentir los constantes latidos de su entrepierna… aun necesitaba su ansiado clímax.
Sonrió. —Quiero probar algo nuevo.
—Oh. ¡Era eso!
—¿No te molesta?
—No, claro que no.
—¿En serio? —preguntó mirándolo extrañado.
—¡Pues claro que me molesta, imbécil! ¡¿Cómo te atreves a hacerme esto sin avisar?! ¡Estúpido!—. Continuó removiéndose en cada grito. —¡Quita esa mierda de mi pene antes de que te arranque el tuyo con los dientes y me lo coma para el desayuno!
—Killua.
—Que Killua, ni una mierda ¡Quítame esta cosa!
—Killua.
—¡Cállate! ¡Líberamente en este mismo instante o sino…!
Soltando un suspiro, se sentó en el regazo de su pareja y con sus manos sujetó tiernamente su rostro. —Ey… mírame. —murmuró con dulzura—. Lo siento Killua, sé que debí haberte preguntando antes de hacerlo…
Lo interrumpió. —Si debiste…
—Pero… quería probar hacer esto contigo… aunque fuere una vez—. Un tierno sonrojo se adueñó de sus mejillas. —…por favor… sé que eres capaz de liberarte fácilmente de estas cintas… pero por favor, no lo hagas. No está noche. —decía sobre los labios del albino, acariciándolos, dejando que éste probase su dulce aliento.
«... Mierda. » Sabía que estaba completamente perdido si Gon utilizaba ese tono y esa linda carita. «No me mires así, por favor… voy a terminar encadenándome a mí mismo para que hagas lo que quieras… » Mordió su labio inferior tembloroso. Sentía como esa condenada cinta verde le estaba impidiendo conseguir su liberación ¡estaba encarcelando a su hombría!
—Por favor… Killua…—. Sus labios trazaron un rastro de besos por una de las mejillas hasta llegar al oído y dejar escapar allí gemidos y dulces suspiros. «No creas que eres el único que puede convencer al otro. » Pensó antes de iniciar un leve vaivén de caderas, dejando que la erección rozase con su propia entrepierna vestida. —Por favor… Killua… nnhhgg… ahhh…
Oír esos sonidos contra su oído no ayudaban mucho que digamos. «¡Vamos! Di que no, haces aparecer tus garras y te liberas de las putas cintas ¡vamos que es fácil! » Pero por más que su cerebro le ordenase aquellas cosas, su cuerpo no respondía. «Maldita sea… soy tan débil ante él. » Y cuando el moreno se deshizo de su camiseta blanca, dejando todo su torso bien formado al descubierto, Killua gimió tristemente ¡el maldito de su novio estaba convenciéndolo!
—Killua… —dijo aquel nombre con una sonrisa encantadora y un suave tinte rosado en sus cálidas mejillas—. Déjame hacerte sentir bien…
Y eso era todo lo que el albino podía soportar.
Cerró sus ojos y dejó escapar un delicioso gemido antes de relajar su cuerpo y permitir que el otro hiciera con él lo que quisiese. ¿Qué ganaba con resistirse? Estaba deseando que Gon lo tocase… y aunque no deseara admitirlo, le había gustado esta sorpresa.
«No estoy del todo de acuerdo ¡pero qué diablos! Es su cumpleaños… » Pensaba mientras que en su rostro aparecía una mueca de placer. «Pero… que se prepare para mi cumpleaños… porque ese día lo haré gritar de placer hasta no poder más. » Una sonrisa maliciosa apareció justo en el momento en que el pelinegro se levantaba de él para deshacerse de sus pantalones cortos y los arrojaba al suelo. Cuando notó la erección de su pareja, su rostro cambió y tuvo que morderse el labio inferior para no gemir como un virgen. «Estúpido y sensual Gon… lo único que haces es tentarme. »
Una linda sonrisa apareció en su rostro. —Te ves muy bien así, Killua. —murmuró con cierto encanto mientras pasaba su dedo índice a lo largo del sexo de su pareja. Rozó la cinta de color antes de acercar su rostro y dejar escapar de sus labios un pequeño soplido sobre el órgano palpitante, ganando un gritito por parte del albino.
—¡Ahhh… G-Gonnhh… !—. El albino contemplaba atónito como el moreno envolvió su boca en torno al miembro hinchado, moviendo su cabeza rápidamente de arriba hacia abajo. —Nghh… G-Gon… —balbuceaba a la par que su espalda se arqueaba sobre la cama y sus caderas trataban de conseguir más de esa "dulce tortura".
Lo sentía cerca. Killua era capaz de sentir como su ansiado y amado orgasmo estaba a punto de aparecer: su respiración se volvía más y más entrecortada, el rostro sonrojado, el sudor descendía por su cuerpo, su corazón latía a mil por hora y los constantes "latidos" que sentía en su sexo junto con ese agradable calor no ayudaban demasiado; sus ojos se cerraron con fuerza y echó la cabeza hacia atrás, dejándola recostada sobre las almohadas blancas, mientras su miembro le abría paso a lo que tanto esperaba. Y…
Y no ocurrió nada.
—¡Aaaghh! ¡Go-Gon! —gritó sintiéndose totalmente frustrado. ¡Esa condenada cinta le había robado su liberación! Abrió uno de sus ojos azules y vio como el peli-negro continuaba lamiendo y succionando sin perder el ritmo, como si estuviese ignorándolo por completo. «L-lo está… ¡Lo e-está haciendo a propósito! Maldito… » Mordió su labio inferior ante la aparición de unos espasmos que cortaban su respiración. Su miembro palpitaba dolorosamente y ese éxtasis reprimido le ponía de mal humor. —A-ahnh… nnnghh… p-por fa-favor…
Gon continuó ignorándolo. Sabía, por supuesto que lo sabía, lo que le estaba ocasionando al albino, pero se sentía tan bien tener control sobre él que decidió disfrutarlo un poco más y aprovecharse lo más posible de la situación. Después de todo, esa cinta haría su trabajo e impediría que el oji-azul alcanzase su clímax…. Aun así, el moreno atacó con mayor fervor a la erección, succionando, lamiendo, llevándola hasta lo más profundo de su garganta, incluso acariciaba los testículos cargados y un tanto pesados. Todo para satisfacer a su amante; y esto se prolongó por mucho tiempo, o al menos eso era lo que creía Killua. Quien continuaba retorciéndose ante las sensaciones que atravesaban su cuerpo, su sexo palpitaba y las acciones que realizaban sobre él no calmaban su frustración. Lo único que era capaz de liberar eran pequeñas gotas grisáceas, pero ellas no era suficientes para calmar su pasión reprimida…
Eventualmente, el pelinegro retrocedió lentamente y contempló interesado ese delgado y brillante hilo de saliva que contactaba su lengua con la glande rosada.
—Uhhnn… nnnghh… Gon… por favor… quítalo… quítamelo… —suplicaba con la cara enrojecida y su voz jadeante, viendo como su novio sonreía burlonamente mientras acariciaba su adolorido sexo.
Una expresión de fingida inocencia adornó su rostro. —¿Eeehhh? ¿Y terminar con todo?—. Hizo un tierno puchero que, por muy poco logra deshacer la furia del otro. —Pero… yo quiero seguir jugando. —decía en un tonto juguetón, disfrutando de los jadeos del muchacho más grande.
—¡Po-por fa-favor… qu-quítalo! —repetía una y otra vez con algunas lagrimitas en las comisuras de sus ojos. Todo su cuerpo se hallaba tenso, solo por la necesidad impetuosa de correrse...—… G-Gonngh… po-por fa-favor… por… favor…—. Miraba suplicante ¡al diablo su orgullo! Quería su clímax y solo ello le importaba.
Dio unos breves golpecitos a su barbilla, como si estuviese debatiendo su decisión final hasta que una alegre sonrisa apareció en su rostro. —¡Okay! —exclamó—. Creo que ya me he burlado mucho de ti—. Rio por lo bajo antes de alejarse un poco y deshacer lentamente la última prenda que cubría su desnudez.
Killua logró elevar un poco su cuerpo y contemplar el cuerpo de su amante. Su vista se paseó desde sus firmes y torneadas piernas, el trasero erguido, su tonificado cuerpo moreno, tan cálido y atractivo, y por último su fuerte hombría erguida. Tanto era su libido que no pudo contener un gemido y lamerse los labios de la anticipación…
Antes de que el muchacho de ojos azules pudiera reaccionar, su compañero había deslizado hábilmente dos dedos en la entrada del mayor, ahogando un grito como respuesta. Gon continuó moviendo sus dígitos con paciencia y calma hasta el momento en que cambió el ritmo, al encontrar ese lugar especial de su pareja sonrió dulcemente y procuró golpearlo lo más que pudo, viendo como el otro se retorcía y clamaba su nombre sin parar… y cuando fueron tres dedos, el albino se sentía fuera de sí.
Varios gemidos escapaban de sus labios a la par que su erección y su entrada eran acariciadas a un ritmo similar. Su cuerpo temblaba por la anticipación, su lograba alcanzar su clímax sería una de las cosas más maravillosas que le sucedía en la vida; un quejido de decepción cuando esos dedos desaparecieron de su interior y su órgano adolorido ya no era acariciado.
—Ki-Killua…—. Y de pronto, aparecía el Gon tímido e inseguro. —¿Quieres que…?
Lo interrumpió al perder la paciencia. —¡S-Solo me-mételo… de una buena… vez! —gritó con voz ronca antes de empujar levemente sus caderas hacia la entrepierna ajena.
Gon asintió de inmediato, mientras una de sus manos retenía las caderas del albino, la otra tomó su propio miembro y comenzó a ingresarlo lentamente al interior del mayor, sin embargo, no había esperado que éste se auto-penetrara ansiosamente. Ambos gimieron ante el repentino calor, era una sensación de la que nunca se cansarían de sentir.
El oji-azul ronroneó bajito y una sonrisa felina apareció en su rostro, cerró sus ojos pausadamente mientras que envolvía las piernas en torno a las caderas ajenas, olvidándose momentariamente de su sexo adolorido. —A-ahhh… s-sí… G-Gon…—. Sentía que el pelinegro entraba y salía de él, una y otra y otra vez. Gemía y jadeaba por cada tortuosa embestida que recibía.
El moreno se inclinó, sin dejar de sostener aquellas caderas, y trazó un camino de besos sobre el pálido cuello, llenándolo también de algunos mordiscos y lamidas. Bastaron unos cuantos golpes para encontrar la próstata del albino y sentirlo apretarse contra él. Aquella reacción hizo que aumentara el ritmo, haciendo que sus embestidas fueran de lo más bruscas y rápidas.
Killua se removió. —¡M-más… rápido...! G-Gon… por fa-favor… ¡ma-más… rápido! —suplicaba contra el oído del moreno mientras apretaba movía levemente sus muñecas aprisionadas e incrustaba las uñas crecidas en las palmas de sus manos.
—Nghh… Ki-Killuaahh… n-no puedo… —balbuceaba al meter completamente su miembro en el interior de su pareja. Escuchar esas palabras y el sonido de sus cuerpos estrellándose intensificaron su lujuria, estaba llegando a su límite—. A-aahhh… Ki-Killua…
El albino mordió fuertemente su labio inferior, ni siquiera se detuvo al sentir como la sangre se acumulaba en su boca. —La-la c-cinta… ahhhnn… Gon… qu-quítamela… por favor…
Apretando los dientes, el más joven continuó empujando su pelvis adelante y atrás. Fiel al pedido de su amante, cada una de sus embestidas eran fuertes y rápidas, tratando además estrellarse contra la próstata del de ojos azules. Gon estiró una de sus manos y comenzó a acariciar de arriba abajo el miembro aprisionado, Killua inmediatamente se tensó y continuó suplicando por obtener su liberación, observando la expresión de su amante: su mueca de placer, su rostro sonrojado, el sudor recorriendo su frente y pecho.
El joven Zoldyck no podía contener sus quejidos cuando la velocidad se incrementó dramáticamente. Volvió a tirar la cabeza hacia atrás, tensándose ante cada toque, completamente embriagado por el placer que sentía… el moreno lo envistió unas veces más hasta que logró alcanzar su clímax y su semen caliente salía disparado hacia el interior del mayor, llenándolo por completo hasta que algunas partes salían desbordadas.
Gon apretó los ojos con fuerza, más no dejó de embestir a su amante. Sabía que el otro estaba a punto de llegar. Bajó su rostro para buscar esos labios que tanto amaba y con un rápido movimiento de su mano deshizo hábilmente la cinta verde que aprisionaba el sexo de su compañero.
El cuerpo tenso de Killua se arqueó bruscamente, convulsionando fuertemente, apartó su rostro y pudo sentir como su aliento desaparecía por completo. Un grito de placer y agonía escapó de él antes de que los primeros chorros de semen brotaran de su miembro, salpicando su propio estómago y el de su pareja, llegando incluso a manchar parte de su barbilla. Los músculos internos de su entrada se apretaron alrededor de Gon y causaron que éste gimiera por lo bajo ante la sensación, adentrándose un poco más en el interior de su amante.
El albino se sentía en el éxtasis total. Nada a su alrededor parecía tener importancia, no después de tener ese poderoso y magnifico orgasmo. Una sonrisa tonta adornaba su enrojecido rostro mientras su pecho subía y bajaba, en un suave y lento respirar, todo su cuerpo, en especial sus caderas y muslos, estaba adolorido… Killua no supo cómo sucedió, pero lo próximo que supo es que se encontraba bajo las sabanas y semi-recostado sobre el cuerpo de Gon. Percibía los dedos de su pareja, rozando y acariciando su piel desnuda.
Por más que quisiese, el oji-azul no lograba decir una frase coherente. Solo sonreía y reía por lo bajo a la par que acariciaba uno de los pectorales ajenos con su mejilla, como si de un gatito se tratase. «E-e-eso… fue ge-genial… » Pensaba entre ronroneos, con una sonrisa gustosa en el rostro. El oji-marrón retiró la cinta que sostenía sus muñecas, y como premio le obsequió otro ronroneo.
El moreno sonrió, entendía perfectamente las reacciones de su novio. —Gracias… Killua… —murmuró en un tono suave, calmado—. Este fue… el mejor regalo y por lejos… —decía entre suspiros, sin poder recuperarse aún se lo que sucedió.
Levantó su rostro y centró su mirada felina en aquellos ojos castaños. —…G-Gon… —murmuró su nombre sonriente, recibiendo como respuesta un beso en la frente y luego en los labios. «¡D-Dios! S-si todas sus ideas te-terminan así… que ha-haga lo que quiera conmigo… » Recostó su cuerpo mejor para que él no dejara de abrazarlo.
—Duerme bien, Killua…—. Besó por última vez a su pareja, viendo como él cerraba sus ojos y una expresión dulce se apoderaba de su rostro. Gon no pudo evitar sonrojarse. «También… es lindo luego de que lo hacemos… » Suspiró. «Será mejor que disfrute esto… porque cuando Killua se recupere, se vengará de mí. » Pensaba con una sonrisa nerviosa en el rostro; si había algo que tenía bien en claro, era que su amante no era una persona que olvidaba las cosas.
Pero bueno, en algunas cosas se pierde y en otras se gana.
Y el único consuelo de Gon era que ya tendría su turno de vengarse.
Ohhh~. Espero les haya gustado tanto como a mí y que haya calmado sus ansias de perversión. Sí hice esto es por ustedes, además de que a mí me gusta escribir... así que, estoy satisfecha con mi trabajo. ¿Les gustó, verdad?
En fin. Muchas gracias por leer, espero les haya gustado ¡Les mando un beso enorme!
Atte: Canciones de Cuna.
