CLASE 1

La endereza de Hermione desapareció en cuanto cerró la puerta del despacho.

¡TRAVESURA REALIZADA!

Sentía que podía lanzar el expecto patronum más poderoso que se haya visto jamás. ¿Debería intentarlo?

-¡Ey, Hermione! ¿Lo encontraste? –Hagrid dobló en el pasillo y frunció el ceño escudriñando a la muchacha.

-Sí, lo encontré… lo encontré- aseguró con una sonrisa de oreja a oreja que no podía borrársele por nada del mundo, a Hagrid le extrañó que la muy ceñuda castaña de repente tuviera ese gesto, aunque si acababa de encontrar a Crookshanks era algo entendible.

-Entonces, ¿estás lista para volver? McGonagall nos dejará utilizar la red flu del despacho del director… -iban caminando lado a lado por el corredor, de vez en cuando Hagrid la observaba de reojo porque no le respondía- Te extrañaremos en el castillo, Hermione… Este lugar estará muy vacío sin ustedes.

-Sí… también te extrañaré mucho, Hagrid- pero el rostro de la muchacha no mostraba congoja en lo absoluto, parecía estar burlándose de él con aquella sonrisa de ensueño adolescente.

-¿Te ocurre algo? –y ella rió de repente tapándose la boca, luego carraspeó.

-No, sólo soy feliz de haber encontrado al tonto de Crookshanks…

Otra vez Hagrid creyó.

"La Madriguera" había soltado aun con su sonrisa de feliz cumpleaños cruzándole el rostro y devolviéndole a torrentes su aun tierna juventud. El haz verde la envolvió arrastrándola hasta su destino.

Se quitó el polvo pero no la expresión.

Parecía no haber nadie en casa. Molly debió haber ido a la estación para recibir a Ginny, mientras que los demás debían estar en sus trabajos, aun era temprano.

¡Con las ganas que tenía de que Ginny estuviese ahí y contarle el magnífico beso que compartió con el temido Severus Snape!

¿Y ahora qué podría hacer? Pensó en la carta que le escribiría a Snape mientras acomodaba sus pertenencias en el cuarto de Ginny (al parecer los elfos hicieron el favor de llevárselas por su fallido viaje en tren), la señora Weasley había insistido permanentemente para que se quedara en la casa hasta que solucionara el asunto de sus padres. Desmemoriados, vagaban en algún lugar fuera de Inglaterra, fuera de toda Europa según las últimas averiguaciones. Ella estaba tranquila, sabía que los había protegido como debía ser y muy pronto los tendría frente a ella para devolverle los recuerdos y abrazarlos.

¿Cómo les contaría a ellos que estaba enamorada de su antiguo profesor? Su antiguo profesor mucho mayor… y ex mortífago, y experto en menospreciarla durante las clases…

Lo había besado. Él la había besado. Se habían besado… Y él la tomó de la cintura. Y no dijo que no, sólo dijo que era una locura.

¿Y ahora cuál era el próximo paso a dar? No iban a salir a tomar un helado por pleno Londres… Necesitaba una buena estrategia.

Según suponía ahora Snape tendría tiempo necesario para pensar y rechazarla, Hermione suspiró, sabía que era lo más lógico pero esta vez no quería eso, quería… quería estar con él. Sentir otra vez su calidez y, si ocurriese algún milagro, llegar a descubrir qué ocultaba en su alma ilegible.

Se sentía irreversiblemente atraída hacia él, no era una atracción superflua, era real, honda, era un hombre a quien admirar y de quien cuidar al mismo tiempo, por quien ser respetada y con quien discutir hasta el cansancio… Era distinto, ella lo apreciaba y lo quería, ya lo había sabido hacía bastante tiempo, ¿pero y él? ¿Qué sentía? ¿Algo similar o la besó por un simple impulso?

-Hola, ¿hay alguien en casa? ¡Mamá, ya llegamos! –George y Ron entraron en La Madriguera, Hermione bajó las escaleras para recibirlos. Parecían volver de Sortilegios Weasley, donde ambos trabajan desde que Ron había terminado el colegio. La mirada que el menor de los hermanos le prodigó parecía tímida e indecisa, algo incómoda. George en cambio la recibió con toda alharaca.- ¿Y esa sonrisa? ¿Y Ginny?

-Ah, es que me perdí el tren por culpa de Crookshanks… volví por la red flu. Ginny debe estar por llegar… -supuso Hermione viendo hacia el reloj de pared que mostraba las ubicaciones de todos los Weasley, le dio pena no ver el rostro de Fred.

-Te ves feliz… -musitó Ron mientras le enseñaba una sonrisa forzada, Hermione asintió.

-Estoy entusiasmada con mi examen de ingreso al ministerio, es todo…

-¡Acabas de salir de Hogwarts y piensas en exámenes!- George no se oía en tono de reproche, sino más bien en el simpático buen humor que lo caracterizaba.- A propósito ¿le dijiste, Ron? –el muchacho se sonrió con modestia para alzar los ojos hacia la castaña con orgullo.

-Decidí ingresar para ser Auror, si bien no tengo las mejores notas… todo cambia por haber estado en el combate, ya sabes… Harry ya ha aprobado algunas materias y me animó. También quiero ser auror, asegurarme de que jamás vuelva a ocurrir lo que pasó…

-¡Ron! –Hermione se arrojó a abrazarlo sin quitar su gesto de felicidad- Estoy orgullosa de ti, serás un gran Auror.

-Niños, estoy en casa… ¡Oh, Hermione! Estábamos preocupadas por ti… -aunque la que hablaba era Molly, los ojos de la castaña se fijaron inmediatamente en su amiga. Ginny le preguntó con los ojos y Hermione respondió apenas mordiéndose los labios en su sonrisa, la pelirroja respondió abriendo los ojos y la boca con incredulidad y Hermione se tapó la suya. Molly las miraba a ambas contrariada.- Supongo que tendrán mucho de qué hablar, iré preparando un almuerzo para todos…

Ginny no tardó en tomar a Hermione de la mano y ambas subieron al trote (como colegialas) las escaleras hasta la habitación que compartían. La menor de los Weasley cerró la puerta y la miró con seriedad.

-Algo pasó. Cuéntamelo todo ¡ya!- rogó mientras caía de rodillas en el colchón en el que Hermione estaba sentada, la castaña no sabía cómo decirlo así que comenzó con lujo de detalles.

-Cuando volví al castillo por el gato, una lechuza llegó a mí con una nota que decía dónde estaba. Y estaba firmada por Snape… -le respondió calmadamente la muchacha, en sus gestos se denotaba que la historia iría a más pero Ginny decidió interrumpirla.

-¿Snape? Pensé que lo habías… olvidado. –murmuraba la pelirroja intentando develar qué había ocurrido. Quizás, aun después de tomar la poción del olvido, el amor fuese tan grande que lo volvió a sentir.

-No, fingí todo este tiempo. Siento mentirte, pero era más fácil para mí… -la pelirroja asentía.

-Entonces, hay algo que descubrí y que deberías…

-No importa eso. Entré… hablamos un poco con Snape, ya sabes: muy poco. Él también creía que yo no lo recordaba, lucía lejano pero… no sé… como si él… Sonará estúpido lo que diré, pero en aquel momento que hablábamos era como si él no tuviese ningún interés en que yo me fuera. Aunque quizá me confunda porque es lo que quiero creer y…

-¿Y qué pasó?

-Le volví a decir que lo amaba. Que no había olvidado nada. –Ginny se volvió a cubrir el rostro sorprendida por el coraje de su amiga y emocionada por la trama de la historia.

-¡Por Merlín, Hermione! ¡Estás loca de remate! Te admiro… ¿Y qué te dijo él?

Hermione miró al suelo sonriendo débilmente y se sonrojó. Ginny tomó aire anticipándose.

-Nos besamos.

-¡Ahhhh…! ¿¡Estás bromeando, cierto!?- de un momento a otro la pelirroja sostenía contra su pecho una almohada a la que estrujaba por la ansiedad- ¡MERLÍN, MERLÍN, MERLÍN…!

De pronto se oyeron dos fuertes golpes contra una de las paredes de madera de la habitación, la voz ahogada de Ron se oyó del otro lado "¡Mujeres!". Ginny y Hermione se silenciaron mutuamente aunque reían con tensión acumulada.

-¿Se besaron? –volvió a preguntar la pelirroja sólo para recibir la confirmación y dejarse caer de espaldas en el colchón. Esto era muy intenso. –Oh, dios… ¡Besaste a Sna…!

-¡Shh…! -Hermione le tapó la boca antes de que continuara la frase, las paredes de La Madriguera eran acogedoras pero bastante delgadas para los oídos curiosos.- Sí, nos besamos. Fue hermoso, no te lo imaginas.

-No, definitivamente no me lo imagino. Es Snape. Paso…

-Pues te sorprendería, a mí me sorprendió… fue tan… delicado. –Hermione se tocó sus propios labios con la yema de sus dedos para rememorar la sensación del roce.- También me abrazó…

-¿No se propasó, verdad?

-¡Claro que no!

-¿Te dijo que te amaba también?

-Mucho menos… me lo negó… y luego nos volvimos a besar.

-Él también te ama- mencionó quedadamente Ginny mientras miraba con intensidad los ojos de su amiga- Fui a contártelo, pero pensé que ya habías tomado la poción del olvido y no quise molestarte.

-¿Cómo…?

-Vi su amortentia en el examen, olía a ti. Te corresponde.- Hermione se quedó pasmada con la noticia. Quizás hubiese sido bueno saberlo antes en lugar de sufrir las últimas semanas. El último tramo en Hogwarts fue peor de lo que jamás habría podido imaginarse: amargura todo el tiempo mientras intentaba sonreír con cierta candidez distraída. Se sintió desgarrada la vez que se despidió de él estrechándole la mano. La última noche en el castillo no había podido conciliar el sueño, pensaba que jamás volvería a verlo… y volvió a llorar por él mientras lo despedía silenciosamente.

-¿Su Amortentia olía a mí?

2

-Oh, ahí estás Severus… eres el único en el castillo. Vamos, vayámonos de una vez.

-Prefiero trasladarme por mi cuenta, Minerva… -murmuró el profesor aun mirando por la ventana de su despacho, la directora chistó.

-De cualquier forma, Dumbledore pide verte. –aquellas palabras alteraron a Snape, pero pronto recordó que no era el viejo mago a quién se refería McGonagall, sino al cuadro que descansaba en su oficina. El ex mortífago le enseñó una mirada malhumorada a su colega y se le adelantó en el camino a la oficina.- Ahí lo tienes, yo ya me marcho. –dijo mientras tomaba un poco de polvo y se adentraba en la chimenea. Snape la vio desaparecer envuelta por las ráfagas verdes de la red flu.

-Mejor sírvete algo fuerte, Severus. Lo necesitas… -se burló la voz del director desde su marco dorado, Snape viró los ojos de lado hacia él. Dumbledore le sonreía de forma traviesa- Allí, debajo del estante, detrás de unos libros.

Snape rebuscó y vio una botella de algo que no pudo distinguir, pero olía fuerte. Se sirvió un poco.

-¿Lo sabes ya? –preguntó sin ánimos de mirarlo.

-Todo el castillo lo sabe, los cuadros del pasillo han visto todo. Debes cerrar la puerta la próxima vez. –Snape empalideció y acabó con el contenido de su vaso de un sorbo. Dumbledore se reía a carcajadas al ver su tenso nerviosismo.- Oh, no pasa nada. Ya les he dicho que no murmuren.

El profesor de pociones dio un par de pasos ida y vuelta frente al cuadro mientras se refregaba la sien.

-Cálmate un poco, jamás te he visto tan nervioso… -Dumbledore se rascó la barbilla haciendo memoria- Ni siquiera cuando hablábamos de las estrategias con Voldemort.

-Aquí no hay estrategias, Albus. –Snape cortó la suavidad complaciente del antiguo director con un tono determinante.- Si ella no ha tomado su poción, lo haré yo…

-Oh, Severus… No digas tonterías. El olvido no sirve para el amor real.

-Esto no es amor, es locura.

-Valga la redundancia… -Albus se sonreía muy a gusto burlándose de la desesperación confusa del siempre seguro maestro de pociones.

-Si para esto me has llamado…

-Quería hablar seriamente contigo. Siéntate. –Severus bufó con impaciencia antes de obedecer al director y cruzar las piernas sobre el sofá de cuero a un lado del escritorio principal- Te conozco desde que eras un niño. Te he visto crecer en estos pasillos, ser muchacho, convertirte en hombre… en profesor…

-Vé al grano, por favor.

-El caso es que… también he estado ahí cuando golpeaste pidiéndome que protegiera a Lily, ¿recuerdas? –Severus no dijo nada, bajó irritado la cabeza.- Y todos estos años has cargado con aquella culpa…

-Hice lo que pude.

-Ya lo sé, ya lo sé… Pero en todo ese tiempo, todos estos años, Severus, jamás… jamás te he visto en paz, feliz. –los ojos negros del pocionista se elevaron súbitamente.

-Quizás así deba ser…

-O no. –ambos hombres se miraron mutuamente unos segundos prolongados.

-Arruinaré su vida –escupió repentinamente mientras se ponía de pie y le daba la espalda al retrato. Dumbledore le sonrió con suavidad.

-¿Cómo lo harás, Severus? ¿Haciéndola feliz?

-Tonterías… -volvió a mirarlo con el ceño fruncido de rabia- Yo no la haré feliz. Ella…

-No lo digas. No lo digas… -Albus y él se miraron silenciosamente unos instantes- No digas otra vez que ella no sabe lo que siente… Sabes que estás mintiendo.

-Claro… -Snape sonrió con desprecio mirando a un rincón del despacho-… ella siempre lo sabe todo…

Ambos volvieron a mirarse y sonrieron.

-Sólo he querido decirte: ¡ánimo! –Dumbledore alzó su puño derecho en un gesto que a Snape se le antojó divertido, sonrío nuevamente indeciso.

-¿Qué clase de director desquiciado eres, Albus? –preguntaba aun con la sonrisa burlona en su rostro.- Animando a los profesores a salir con sus alumnas…

-No es eso lo que hago, sólo aconsejo a un amigo a que sea feliz con una mujer que lo ama… y a la que corresponde.

-No la amo… -insistió Snape dándole otra vez la espalda mientras tomaba un puñado de polvos flu. Dumbledore alzó las cejas con incredulidad- Y si me disculpas, ya debo irme… hasta el próximo año.

3

Ginny y Hermione acordaron guardar silencio hasta que todo el asunto con Snape tomara cierta formalidad (o sea, que él aceptase estar en una relación duradera con su amiga castaña), también había logrado convencer a la ex prefecta de Gryffindor a no escribirle nada a Snape durante un par de días, para darle tiempo al profesor a asimilar todo… e incluso puede que hasta llegara a extrañarla en su ausencia.

Hermione acordó de buen grado no escribirle nada por el momento, de hecho ello la ayudaría a pensar bien qué poner en la carta. No quería ser muy cursi.

Ginny aun continuaba sintiendo un dejo de repugnancia al pensar que Hermione había besado esa boca llena de dientes amarillentos y disparejos. Pero si ella era feliz…

Harry también llegó a la casa de los Weasley, hablaba de su curso de Auror con tanto entusiasmo que de inmediato Hermione comprendió cómo le había contagiado el ánimo a Ron. El pelirrojo la mirada de vez en cuando con la misma distancia pudorosa que empleaba con ella desde que había llegado a La Madriguera. El día transcurrió tranquilo, la casa de los Weasley era cálida y agradable, y el césped mojado por el rocío nocturno hacía que todo el hogar se llenara con el fresco aroma del verano… interrumpido sólo por el exquisito olor que despedían las comidas que preparaba Molly. Ginny y Hermione ayudaban, eran las únicas que permanecían en la casa y cocinar para tanto Weasley era realmente agotador. Suerte que la magia ayudara un poco con el resto.

Por las noches hablaban de Snape y de Harry. No recibir noticias del profesor desalentaba a la muchacha, suponía que luego de compartir aquel momento tan cálido el mago se dignaría a mojar su pluma y enviarle aunque sea un par de líneas. Se ofendió profundamente con él…

… hasta que volvió a recordar la mirada alicaída de Severus, su aliento entrecortado, su pecho chocando con ella, sus manos envolviéndola por la cintura, y su voz murmurando "es una locura".

-Bueno… -Hermione tomó aliento una mañana en la que Ginny y Molly habían salido de compras y ella se excusó con un dolor de cabeza inexistente- … alguien debe romper el silencio.

Tomó un trozo de pergamino, una pluma, la mojó en tinta y… se quedó pensando un instante antes de siquiera tocar el papel. No sabía ni cómo encabezar la carta. Profesor Snape era demasiado formal (sobretodo luego de besarse), pero Severus era demasiado confianzudo. Suspiró. Tampoco sabía cómo firmar. Granger era negar lo que había ocurrido, y Hermione era… bueno, él no la llamaba así.

Estrujó muchos papeles hasta que consiguió un resultado aceptable, envió la carta en su lechuza y se encargó de deshacerse de todas las pruebas que pudiesen delatarla.

Había retazos de pergamino que juraban sentimientos sinceros, otros que pedían respuestas sobre las emociones del pocionista, y un conjunto de cursilerías o justificaciones que se le antojaron inapropiadas para que fuesen leídas por el frío profesor.

Esperó toda la noche, y durante el desayuno de la mañana siguiente las lechuzas entraron en la casa. Una traía El Profeta, otra trajo una carta privada a Harry… pero la suya simplemente entró y se dirigió al comedero. Hermione miró entristecida a la lechuza, y revolvió los huevos de su plato con desesperanza. Ginny la observaba suponiendo lo que había ocurrido y por lo mismo no la molestó cuando, por la tarde, la castaña se arregló y desapareció por la chimenea diciendo que iría a comprar un par de libros al Callejón Diagon. Debía ser su terapia para aliviar penas…

4

La chimenea más cercana quedaba aun así muy lejos de su casa. Por eso debía caminar varias calles, atravesar unos predios fabriles y doblar para encarar por la Calle de la Hilandería. A su lado corría un riacho sucio, rodeado de malezas y desperdicios. La calle de adoquín permanecía húmeda, las casas del otro lado tenían aspecto de abandono y él no se cruzaba a nadie por el camino. Era lo bueno de ese lugar desolado, desagradable y muggle: nadie lo observaba por su "extraño" modo de vestir.

Ya se había quitado la capa, no era muy oportuna para el clima estival. Cuando llegó al final de la calle dobló para atravesar su propio portal y entrar en la vieja casa.

Lo recibió un salón oscuro y frío por el encierro, Snape sacó su varita y abrió apenas un par de ventanas para renovar el aire atestado, la luz entró iluminando los empolvados lomos de viejos libros que revestían las paredes. Apuntó a una de esas estanterías y esta se abrió, revelando una estrecha escalera que subía al primer piso. Subió los escalones con pereza, fue primero al baño y salió sin la levita, con la camisa desabrochada hasta el pecho y el cabello mojado apenas desenredado.

Otro movimiento de varita para desempolvar las sábanas sobre el colchón de su pequeña habitación. Las partículas de polvo se hacían visibles por el pequeño resquicio de luz que entraba por una de las ventanas. Snape se acercó a ella y la abrió viendo hacia fuera. El barrio lucía tan deprimente como siempre. Volvió a cerrar, se quitó el calzado y se dejó caer en la cama mirando al techo. La noche anterior no había podido dormir, ya comería algo después de descansar.

Despertó famélico, y con la agradable sensación de recordar que la había soñado. No se acordaba muy bien cómo había sido el sueño, pero no debió ser malo… Bajó a tomar un tardío almuerzo y cuando acabó no tuvo más que hacer que entretenerse leyendo algún librejo. Se dijo que la vida como doble espía al menos no era tan patéticamente aburrida. Escogió uno al azar y luego observó orgulloso su colección.

"A Granger le gustaría…" reflexionó un instante antes de tomar asiento en el viejo sofá raído en el que solía leer su madre, pero no se dedicó a leer sino que se permitió el leve desliz de imaginarla: allí sentada sobre sus piernas, leyendo el mismo libro, recostada sobre su espalda de una forma perfecta para que él pudiese oler el fresco y dulce aroma de sus cabellos. Cerró los ojos aspirando como si estuviese allí y de su pecho emergió una calidez reparadora.

Pero luego decidió dejar de soñar, abrió los ojos y siguió con la lectura. Hermione terminaría reflexionando, no era conveniente de ningún modo iniciar nada juntos… no irían a ningún lado, no existía horizonte posible…

Los ojos negros de Severus se perdieron en una pared del oscuro salón, distante y vacío, reflexionando profundamente. Al rato, un fuerte sonido lo sacó de su ensimismamiento, al parecer los elfos domésticos de Hogwarts habían llevado su equipaje de regreso. Satisfecho con la idea de tener algo con que entretenerse, se encaminó hacia el primer piso y comenzó a desempacar.

Con el transcurrir de los días, fue habituándose a la soledad de su casa y a una rutina en la que no tenía que estar atento a cuidar sus espaldas. Le costaba entender que ya todo había acabado al fin y que, de ahora en más, era más posible el hecho de seguir viviendo que el de morir. Toda una vida para él.

Un libro se cayó al suelo y el eco del pesado lomo retumbó en toda la casa.

Toda una vida para él… Una vida vacía.

Dejó el ejemplar de El Profeta a un lado cuando una lechuza tocó a su ventana. Brincó del sofá de una sola vez, como si el mismo Voldemort tocara. No quería admitirlo, pero sintió a su pecho golpear junto al pico del ave contra el cristal. Abrió apenas la ventana para quitarle la carta, el animalejo seguía allí esperando por él. De seguro su dueña le habría indicado volver con una respuesta… pero como no pensaba enviarla simplemente ahuyentó al ave.

Una vez dentro dejó el sobre encima de una butaca y lo examinó de lejos. Sabía de quién era, no tenía porqué indagar. Y muy probablemente pudiera adivinar su contenido. ¿Estaba bien leerlo o debía actuar como un adulto maduro y desecharla sin siquiera echarle un vistazo?

Otra vez la curiosidad pudo más, agarró el papiro esperando encontrarse con una seguidilla de oraciones que le daría desgano leer (tal y como era ella), pero lo escueto del mensaje lo tomó por sorpresa:

Estaré esperando mañana a las 15.00hs

en Victoria Embankment, frente a la estación.

HG

PS: Lleve ropa muggle.


N/A: Hola, gente! Muchas Gracias por seguir la historia.

Ah… un capítulo entero en el que los protagonistas no se han cruzado. Espero que a pesar de eso lo hayan disfrutado. Confiemos en que Hermione logre llegar a él antes de que Severus se percate y salga huyendo…

Mil gracias por sus comentarios, hacen que sea un deber el llegar a publicar a tiempo, así que acá lo tienen: un capítulo por semana como fue prometido. Nos leemos en siete días… Gracias.