Traducción autorizada por Cheryl Dyson
Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling, Bloomsbury Publishing, Scholastic Inc. y AOL/Time Warner Inc. La historia pertenece a Cheryl Dyson, yo traduzco por mero entretenimiento.
Resumen: Harry pensaba que era perfectamente feliz hasta que Hermione le organizó una cita a ciegas.
Traductor: DarkPotterMalfoy
Beta: FanFiker-FanFinal
Gracias por esos 18 comentarios, ¡de verdad!
Todos ellos han sido contestados mediante PM, los que no tenían cuenta están respondidos al final del capítulo.
Pasaron por mi nueva traducción ambientada en Halloween: Deadly dance.
¡Ya sé que Halloween ha pasado pero no he podido resistirme!¡Comentadme qué os parece!
Capítulo 2
Harry llegaba tarde.
Una sesión de preguntas rutinarias en Gales se había convertido en una salvaje persecución, cuando el hombre en cuestión había comenzado a lanzar maldiciones y luego desapareció. Cuatro ciudades, una cadera magullada, y tres uñas rotas después, Harry había capturado al hombre y lo llevó al Ministerio. Gestionando el papeleo, por supuesto, había tardado más que en la persecución.
Harry estaba a punto de ir a almorzar cuando se dio cuenta de que no tenía ni idea de dónde se encontraba el Pachyderm Alado. Cuando encontró a alguien que le indicó la dirección, eran las 12.17.
Se apresuró hacia el lugar, se sorprendió al descubrir que era un simple café frente a la calle con pequeñas mesas metálicas, con la esperanza de encontrar a Malfoy allí. Para su alivio, Malfoy estaba sentado solo en una mesa del rincón, casi invisible detrás de un ejemplar de El Quisquilloso. Harry iba a marcharse cuando captó un brillo de pelo rubio platino.
—¡Lo siento, llego tarde! Merlín, qué mañana he tenido—dijo Harry.
Malfoy bajó el periódico. Se miraron el uno al otro por varios segundos y los labios de Malfoy se curvaron en una lenta sonrisa.
—Me alegra que hayas podido venir, Harry. Me tengo que ir pronto, pero te recomiendo la kofta(1).
Harry se dejó caer en una pequeña silla de metal con una mezcla de ánimo y decepción. Se sentía aliviado de que Malfoy no estuviese enfadado con él, pero le decepcionaba haber perdido unos minutos de su compañía.
—¿Quieres cenar conmigo esta noche?—masculló—. ¿En mi casa?
Las cejas de Malfoy desaparecieron tras su pelo. Pasados varios segundos, Harry se dio cuenta de que el local entero se había quedado en silencio. Él no había sido consciente de lo que ocurría a su alrededor, pero Malfoy se percató de que el lugar estaba repleto y eran el centro de atención. Las mejillas del rubio se pusieron de un interesante color rosado.
—Por favor —añadió Harry, repentinamente tenía miedo de que Malfoy se negara.
—Por supuesto, Harry. Llevaré el vino.
Harry le sonrió, posiblemente mirándolo embobado, o tal vez con un poco de locura. Malfoy dobló cuidadosamente el periódico y se puso de pie. Harry se levantó haciendo ruido con las patas de la silla y el rubio hizo una mueca.
—Me tengo que ir, Harry. Disfruta de tu almuerzo.
Harry asintió con la cabeza. Malfoy pasó por delante de él, pero el moreno se acercó impulsivamente y detuvo su avance. El rubio le dirigió una mirada fría que no surtió ningún efecto para poder calmar la oleada de calor que hormigueaba en la piel de Harry; en todo caso, añadió Incendio a la situación.
—Nos vemos esta noche—dijo Harry, y tocó los labios de Malfoy.
Era apenas un beso. Un niño habría besado a su madre con más entusiasmo, y sin embargo, Harry aún estaba reteniendo el aire en sus pulmones.
He besado a Draco Malfoy, pensó con desconcierto, ahogándose en los ojos grises que se encontraron con los suyos, y entonces Malfoy desapareció en un remolino de color verde lima dejando a Harry solo ante la muchedumbre silenciosa.
Harry apenas había regresado a su escritorio —se había llenado de kofta, que estaba delicioso—, cuando llamaron a la puerta. La cabeza de su secretaria apareció por la rendija de la puerta tras su llamada.
—Auror Potter, señor, hay una mujer…
La puerta se abrió de golpe y una mujer de cabello oscuro apartó a la secretaria dejándola sorprendida y se dirigió al despacho de Harry.
—Es es todo, Megan—dijo Pansy Parkinson mientras se aflojaba el cierre de su capa que estaba a la altura del cuello y se dejaba caer en la silla frente a Harry.
—Es Marjorie—corrigió la secretaria de Harry severamente. Era una bruja anciana, bondadosa y protectora, quien horneaba galletas para Harry los fines de semana y le anudaba la corbata antes de las reuniones importantes—, y el señor Potter no quiere ser molestado sin cita previa.
Ella levantó su varita.
Harry tosió cuando Parkinson se lo quedó mirando fijamente.
—¡Está bien, Marjorie! Será un momento.
Marjorie le dirigió una mirada severa a Parkinson y su varita tembló, considerando maldecirla y después alegando haber sido un accidente, pero luego asintió y agarró el pomo de la puerta.
—Estaré justo aquí, señor Potter, por si necesita algo.
—Gracias, Marjorie.
Pansy resopló.
—Qué mujer más molesta. ¿Eres completamente estúpido, Potter?
Harry frunció el ceño.
—Marjorie es extraordinariamente competente y…
—¡Ella no, imbécil! ¡Draco!
—Eh… Me temo que no...
—Gracias a tu estúpida escena de hoy, todo el mundo asume que estás bajo los efectos de la Amortentia. Tienes suerte de que Draco no haya venido y te haya hechizado los huevos.
—Eh…—desafortunadamente, sólo pensar en Draco y huevos en la misma oración llevó a Harry a pensamientos totalmente diferentes, antes de darse cuenta que Parkinson lo miraba con una expresión que era igual a la de las serpientes venenosas—. ¿Amortentia? —repitió amablemente, con la esperanza de evitar cualquier maldición que estuviese contemplando. Él era un Auror, después de todo, y quedaría mal que fuese hechizado, mientras estaba en su propia oficina.
—Sí, Potter. Amortentia, una poción de amor. Esta tarde fuiste a la cafetería a comportarte como un bufón enamorado. No se habla de otra cosa. ¿En qué estabas pensando?
—¿Qué… en qué estaba pensado yo? ¡Tú y Hermione nos tendisteis una trampa! ¿En qué estabas pensando tú?
Se quitó un poco de pelusa situada en su impresionante pecho.
—No importa lo que pensase. Lo que importa es cómo vas a hacer frente a este desastre. Es una maldita suerte que San Mungo esté protegido contra howlers o Draco no sería capaz de trabajar.
Harry frunció el ceño. Sabía que el hospital estaba protegido. San Mungo tenía hechizos que hacía que los howlers fuesen reenviados a sus remitentes, pero esos hechizos eran difíciles y necesitaban constante renovación. Harry había considerado ponerlos en su casa, pero no tenía tiempo para ir renovándolos.
—¿Qué sugieres que haga?
Ella se echó hacia atrás con una sonrisa nada tranquilizadora.
—Déjamelo a mí, Potter.
—¿Una conferencia de prensa? ¿Esa es tu solución?
—¿Quieres que ellos hablen por ti? Salazar, no tienes nada adecuado que puedas ponerte. Tenemos que ir de compras.
Harry no estaba seguro de por qué había dejado siquiera entrar a Parkinson en su piso. Apenas había llegado de la oficina cuando ya le estaba gritando a través de su chimenea. Harry casi fue presa del pánico. Draco debería… Malfoy debería llegar en tres horas. ¿En qué estaba pensando, invitándolo a cenar?
—Ya he enviado a Draco tus disculpas. No podrás verlo esta noche—agregó. Cogió con dos dedos unos pantalones tejanos andrajosos e hizo una mueca de disgusto—. ¿Qué es esto?
—¿Qué has hecho?—preguntó Harry. Ella desapareció los pantalones con un toque de varita—. ¡Eh! ¡Me gustaban esos!
—Era la mejor manera de sofocar los rumores de las ridículas pociones de amor. Draco estuvo de acuerdo. Planea trabajar hasta tarde y luego pasar un rato en Flourish & Blotts para comprar algunos libros antes de tener una cena pública, solo, en Diamante. Para añadir un poco de confusión al desconcierto y también para protegerse de algún periodista demasiado ansioso, he dispuesto a Granger para que vaya y le haga compañía.
—¿Hermione?—preguntó tontamente. Quizá toda su vida había sido cuidadosamente manipulada en el mismo momento que su mejor amiga le había sugerido una cita a ciegas—. ¿Cuándo os hicisteis amigas?
—Cuando empezamos a compararnos los pechos—dijo Pansy—. Yo gané.
Harry decidió no pensar en cómo había salido esa conversación en particular. Supuso que no debería haber preguntado.
—Está bien, espera, así que… ¿Draco no va a venir?
—Esta noche no, Potter, a menos que él se ofrezca voluntario—ella se rió con un gesto de dolor—. Oh, no seas tan mojigato. Lo he arreglado todo para que puedas reunirte con un grupo selecto de periodistas a las siete en punto, lo que no nos da mucho tiempo.
¿Esta noche?
Ella lo miró críticamente.
—Supongo que el traje de Auror servirá. No les hará daño recordar quién eres.
—¡No puedo hablar con nadie esta noche! ¿Qué diablos se supone que voy a decir?
Sacó un pergamino de su bolsillo, que debía ser un bolsillo mágico, teniendo en cuenta lo ajustada que le quedaba la túnica, y se lo entregó.
—Granger y yo escribimos un discurso. Tienes una hora para aprendértelo mientras intento hacer algo con tu pelo —ella conjuró un peine.
Harry se preguntó cuánto tiempo les llevaría encontrarlo si él se aparecía en el centro de África.
Harry trató de no sentirse resentido cuando Pansy realizó un último doloroso tirón en su pelo y finalmente se rindió con un suspiro. Ella sólo estaba tratando de ayudar, supuso.
—Vas a tener que hacerlo—dijo—. Ahora, sal y, ¡no tartamudees! Recuerda que mataste al Señor Oscuro. Trata de actuar como esa persona.
—¿Oh? ¿Te refieres al malvado mago al que intentaste entregarme durante la guerra?
—Es pasado, Potter. Déjalo pasar. Ahora ve—ella le dio un empujón nada delicado hacia la puerta.
Harry dejó escapar un suspiro y se fue. Por suerte, había organizado la "conferencia de prensa" en la antigua casa de un miembro del Wizengamot que había fallecido y donó su mansión al Ministerio. Se utilizaba para las funciones del Ministerio, pero también podría usarse para fiestas o reuniones privadas. La habitación que había elegido era la más pequeña, y Pansy había encargado cócteles y bocadillos. Harry prefería no pensar en la sangría que ocasionaría eso en su cuenta de Gringotts. Pansy no tuvo reparo en gastar su dinero. La pequeña colección de periodistas y fotógrafos, —eran ocho en total, se dio cuenta—, parecían relajados y de buen humor, no como las sanguijuelas que Harry se imaginaba.
Ron, Hermione y Luna también estaban presentes, mezclándose con los periodistas. Bueno, a excepción de Ron, que había acampado en la mesa del buffet hablando con Xenophilius Lovegood, mientras masticaba felizmente su plato de comida. Harry se las arreglaba por las caras conocidas y supuso que Pansy Parkinson no era tan horrible como lo había sido anteriormente. A pesar de que Hermione había sido destinada a reunirse "inesperadamente" con Malfoy, el plan había quedado cancelado porque San Mungo estaba repleto de varios casos de viruela de lagarto. Malfoy se había visto obligado a trabajar hasta tarde y hubiese tenido que cancelar la cita con Harry de todos modos. El moreno se alegraba por ello, ya que eso significaba que Hermione estaba ahí para darle apoyo moral en lugar de tener una pequeña charla con Malfoy.
Luna detuvo los pasos de Harry, que iban en dirección a Ron, y lo desvió hacia una persona desconocida.
—Hola, Harry. Encantado de verte. ¿Conoces a Madeline Wyndvane?
—No—dijo Harry torpemente, y antes de darse cuenta, la mano de una mujer sobresalía sosteniendo una copa de champán en una mano y un canapé en la otra—. Oh, lo siento.
—Hola, Auror Potter. Es bueno conocer finalmente al hombre misterioso. Yo trabajo para Corazón de Bruja.
Luna obligó a Harry a recorrer la habitación para las presentaciones y ayudarle a sentirse menos incómodo. En el momento que Hermione llegó, lo guió hacia el centro de la sala y Harry se sintió más relajado.
—¿Ves? No es tan malo.
—Por ahora—dijo.
Ninguno de los periodistas le había hecho pregunta alguna durante las presentaciones, y se sintió aliviado al ver que no había nadie de El Profeta en la conferencia. Rita Skeeter había hablado a través del artículo sobre los efectos de la posible Amortentia, a pesar de que no había mencionado a nadie en concreto. Probablemente estaba siendo chantajeada por parte de Hermione diciéndole que no publicase nada más sobre Harry bajo su propio nombre.
Hermione le dio un ligero puñetazo en el brazo y dio un paso atrás.
Harry se aclaró la garganta y fingió estar hablando con un grupo de Aurores. Por alguna razón, nunca había sido tímido a la hora de hablar ante una multitud en el trabajo.
—Señores y señoras, gracias por venir. Se les ha reunido aquí para que yo pueda hacer una breve declaración sobre mi vida personal. Por mucho que me gustaría que mi vida privada continuase siéndolo, no soy tan ingenuo como para creer que eso ocurrirá en algún momento.
Hubo varios que se rieron entre dientes y murmuraron un sonido de afirmación. Harry continuó:
—Probablemente leyeran en el artículo del diario El Profeta mi relación con Draco Malfoy —varias plumas se alzaron y todos los ojos estaban fijos en él—. Si bien es cierto que estoy saliendo con Draco, la mayoría duda que no esté sobre los efectos de algún tipo de hechizo, maleficio o poción de amor. Tan sorprendente como pueda parecerles a algunas personas, yo estoy con él por propia voluntad y mi intención es seguir viéndolo.
Las plumas garabateaban con furia.
—Ah… Eso es todo. ¿Alguna pregunta?—se abstuvo de ser servil. Esta era la parte que había estado temiendo. Sus manos se movían inquietas—. ¿Xenophilius?
—Gracias, Auror Potter. ¿Es cierto que uno de los ascensores del Ministerio de Magia está habitado por Náyades juguetonas?
La sala se quedó en silencio y todo el mundo miraba a Xenophilius, que frunció los labios y asintió con la cabeza de manera solemne.
—Son muy tímidos y suelen pasar desapercibidos, pero dejan tras de sí una nube de color melocotón y huele a manzanilla. Si los estudios son correctos, la niebla provoca ataques de risa nerviosa en los humanos, pero tiene un efecto soporífero en los vampiros.
Harry se aclaró la garganta y trató de recordar haber visto esa niebla o escuchar risas nerviosas inusuales en los ascensores del Ministerio, pero al final negó con la cabeza.
—Lo siento, señor Lovegood, no creo…
—Señor Potter—le cortó Madeline Wyndvane—, ¿cuánto tiempo lleva saliendo con el señor Malfoy?
—Tres semanas—mintió Harry. Parkinson había insistido que Malfoy había accedido a la mentira, para refutar los rumores sobre de la Amortentia.
—¿Y es ahora cuando han decidido hacer pública su relación?
—Sí—la voz de Harry era firme—. No tengo ninguna intención de ocultar lo que soy. No me avergüenzo de sentirme atraído por alguien del mismo sexo.
—¿Qué hay de sentirse atraído por un mortífago?—murmuró alguien. Harry miró fijamente al hombre, cuyo nombre había olvidado.
—Ese tipo de perjuicio es lo que nos llevó a la guerra—espetó Harry—. Me niego a permitir que salgan a relucir sus antecedentes, o las elecciones hechas durante su infancia, o las acciones realizadas mientras estaba bajo presión con la amenaza de dañar a sus familiares, mi opinión se basa en lo que se ha convertido. Draco Malfoy es un sanador en San Mungo, un compañero inteligente e interesante, y un miembro respetable de la sociedad. Cualquier persona que no pueda ver más allá de la Marca Tenebrosa en su brazo no merece conocerlo.
Las acaloradas palabras de Harry no estaban en el guion, pero la sonrisa de aprobación que le dio Hermione le dejó saber que su improvisación había sido aceptable.
—¿Malfoy tiene la Marca Tenebrosa?— preguntó, una joven bruja. Harry frunció el ceño y ella añadió: —. Los tatuajes son sexys.
—¡La Marca Tenebrosa no es sexy!— intervino un reportero masculino.
La bruja se rió.
—De acuerdo con mis lectores, lo es. Algunos de ellos lo ven como un fetiche y de hecho podrían estar interesados en saber si para el señor Potter lo es también—levantó una ceja y la cara de Harry ardía. Nunca había considerado que la Marca Tenebrosa de Malfoy pudiese excitarle, nunca había pensado en ello en absoluto, excepto como una conexión con Voldemort, pero supuso que era parte de Draco, otra cicatriz como la que Harry tenía. Malfoy había sido permanentemente marcado por los dos lados de la guerra. Era un pensamiento aleccionador.
—Es una pregunta muy personal—dijo Harry después de aclararse la garganta y disipar la imagen.
—Sin embargo, no ha respondido que no—respondió la bruja astutamente.
—No voy a negar que Draco Malfoy me parece muy atractivo—admitió Harry—. Tatuajes y cicatrices incluidas.
—¿Qué tipo de champú usa?
—Tendrías que preguntarle a él—dijo Harry con una sonrisa.
—¿No has estado, entonces, en su ducha?
—Buen intento. ¿Siguiente pregunta?—Harry ignoro el repentino deseo de ver a Malfoy en la ducha, preferiblemente con él dentro.
Harry respondió a las preguntas que faltaban sin entrar en pánico. Se negó a responder a preguntas personales, y la mayoría provenían de la joven bruja; "¿cuál es tu postura sexual favorita?" e ignoró los irrespetuosos "¿cuánto tiempo has sabido que eras gay?". Hasta que Hermione intervino y anunció el fin de la conferencia.
Harry salió de la sala con gratitud y se desplomó en una silla, mientras que Ron y Hermione conducían a los periodistas hacia afuera.
—Bien hecho, Potter—dijo Pansy.
—¿Sí?
Ella asintió con la cabeza.
—Corazón de bruja hará un artículo brillante sobre vuestra historia de amor. Y esos idiotas de Glamour escribirán sobre fetiches que ignoras tener, y los de Quidditch Trimestral pueden ignorarlo por completo o bien inventar sucias especulaciones sobre ti —el tipo era un homofóbico de cuidado—. Pero no importa, porque el próximo número no sale hasta dentro de un mes y medio. Una frecuencia que nos beneficia, pues, para entonces, seguramente seas noticia pasada.
Harry asintió con la cabeza y se aflojó el cuello de su túnica de Auror. Apenas podía esperar a quitárselas, tomar un baño caliente y meterse en la cama. Había sido un largo día, a pesar de que sólo fueran las ocho.
—El Quisquilloso escribirá... bueno, ¿a quién le importa lo que escriba? Ese idiota probablemente hable sobre criaturas invisibles en el ascensor del Ministerio y qué tipos de canapés preferían.
—Él no es idiota—dijo Harry con voz cansada, pero Pansy sólo agitó la mano impaciente.
—Da igual. Lo que importa es que te has sincerado y has absuelto a Draco de jugar sucio. El Profeta se subirá por las paredes e imprimirá más mentiras, pero no tienen nada sólido. Además, te voy a comprar algo apropiado para que te lo pongas mañana por la noche. Espera la factura de París Haversham y no te quejes del precio. Tú, evidentemente, no te has gastado más de cien galeones en un vestuario completo, por lo que es urgente comprarte algo decente.
—Espera, ¿mañana qué?
—¿Se me ha olvidado mencionarlo? Llevarás a Draco a... ¿podrías decirme cómo se llama eso, Granger?—dirigió su pregunta a Hermione, que había entrado con Ron.
—La Orden del Socorro en Colaboración con los Niños Necesitados. Mañana recaudarán fondos y hemos pensado que sería bueno que fueras visto con Draco en un acontecimiento social y no sólo por la ciudad. Si estás en el ojo público, habrá una disminución de rumores y especulaciones.
—O.S.C.N.N—Ron se rió disimuladamente.
—Ron—dijo Hermione, advirtiéndolo.
—Bueno, son mayores de edad—dijo Pansy, ganándose una sonrisa de Ron. Hermione le dio un codazo en las costillas.
—Bien. Lo que sea. ¿Puedo irme a casa?—preguntó Harry.
—Eres libre de irte, Potter. Te veré después del trabajo mañana. No llegues tarde.
—Buenas noches, Harry. Hiciste un gran trabajo—dijo Hermione y le besó en la mejilla.
—Adiós, amigo—Ron alzó una mano y sonrió.
Harry desapareció.
Una vez en casa, Harry se quitó su túnica de Auror y la lanzó sobre la silla de siempre. Rara vez la colgaba, y eso que la utilizaba cinco días a la semana, a veces más.
Estaba a punto de entrar a darse un baño caliente, cuando la red flu sonó.
—Siempre cuando estoy a punto de darme un maldito baño—murmuró, y se puso un par de pantalones de chándal raídos. Fue hacia la chimenea y esperaba que no fuera de la oficina, no estaba de humor para perseguir criminales.
Para su sorpresa, el rostro de Malfoy apareció entre las llamas.
—¿Draco?—se preguntó.
—Hola. Acabo de trabajar y me preguntaba si habías cenado—Malfoy hizo una pausa y luego hizo una mueca—. Claro que sí. Son las ocho y media.
—¡No! —Harry se apresuró a decir, con la esperanza de que Malfoy no rompiese la conexión—. En realidad, no.
—Bueno —Malfoy no dijo nada por un instante y luego continuó—. He comprado un poco de comida para llevar. Demasiada, en realidad, así que me preguntaba si querías un poco.
—Sí. Por favor, pasa.
La cara de Malfoy desapareció y luego salió tras las llamas, luciendo casual, pero increíble, con unos pantalones marrones y una camisa color melocotón. Harry lo miró fijamente, ya que no pensaba verlo con tonos que no fuesen verdes y plateados.
Malfoy frunció el ceño y se sacudió la parte delantera de su camisa.
—¿Qué tengo? ¿Polvos flu? ¿O algo repugnante del trabajo?
—¡No, nada!—dijo Harry rápidamente y trasladó su atención a la bolsa de comida para llevar que Malfoy cargaba—. Ten, lleva esto a la cocina. Podemos comer en platos de verdad, si lo prefieres.
—Me gustaría —dijo Malfoy.
Harry se giró y se dirigió a la cocina.
—Tú no llevas… camiseta—dijo Malfoy detrás de él.
—No te esperaba—se echó a reír Harry y le lanzó una mirada por encima del hombro—. ¿Me visto para cenar?
Para su sorpresa, las mejillas del rubio se pusieron de color carmesí.
—No, por supuesto que no, Potter. Sólo estaba haciendo una observación.
Harry pensó que era una observación bastante obvia, pero no dijo nada mientras sacaba los platos del armario y los colocaba en la mesa con un movimiento de varita. Decidió que sacar una botella de vino sería un bonito gesto y se metió en la despensa para ver la selección de botellas apiladas en la misma.
—¿Dónde guardas los cubiertos, Potter?
—¡En el tercer cajón a la izquierda de la pila!—gritó Harry y frunció el ceño ante las botellas. Los nombres eran desconocidos para él—. ¡Kreacher!—siseó en un susurró.
El viejo elfo apareció ante él con una mirada siniestra.
—¡Lo siento! ¡Necesito un buen vino! Ayuda.
Kreacher murmuró algo para sí mismo, pero señaló dos botellas, una roja y una blanca. Harry susurró su agradecimiento y las cogió, antes de regresar a la cocina.
—No estoy seguro de cuál iría mejor con….
—Comida caribeña
—¿Comida caribeña?
Malfoy asintió y sacó varios recipientes de la bolsa.
—Cerdo con especias picantes, curry de camarones, gachas de Jamaica y arroz jollof. He cogido un poco de cuscús porque me gusta. Y pan de coco.
El despliegue se veía increíble y olía aún mejor. La boca de Harry se hacía agua y se dio cuenta de que estaba hambriento.
—Nunca he probado la comida caribeña.
—Entonces estás de enhorabuena. Abre el rojo, sobre todo porque yo lo prefiero.
Harry cogió unas copas mientras Malfoy vertía la comida de los envases sobre los platos. Harry se sentó después de servir el vino.
—Gracias—dijo—, por venir. Y por pensar en mí.
Malfoy sonrió y le dio un tragó a su vino. Hizo un sonido de aprobación y dijo.
—Pansy me ha hablado de tu conferencia de prensa. Mis más sinceras condolencias.
—No ha sido tan malo.
—Me refería a trabajar con Pansy.
—Bueno. Eso ha sido terrible. Condolencias aceptadas.
Malfoy se rió entre dientes y Harry sonrió. Malfoy alzó su copa y chocó contra la de Harry antes de darle un gran trago. Se metió su comida en la boca y le pareció deliciosa.
—¡Este pan!—dijo Harry más tarde—. Es tan blando y dulce—tenía un sabor parecido a un pastel. Fácilmente podría haberse comido el pan entero, y ya había comido mucho. La carne de cerdo con especias era a la vez dulce y picante, y el camarón con ajo picaba lo suficiente para que Harry bebiese vino para refrescar su lengua.
Malfoy comió sin darse cuenta de lo que picaba la comida, lo que calentó a Harry aún más.
Harry se recostó y se acarició la tripa desnuda al terminar. Su piel se sentía tan estirada como un tambor tribal y los ojos de Malfoy se abrieron como platos al seguir los movimientos de Harry con la mano.
—No puedo comer ni un bocado más—anunció Harry con un gemido.
La mirada de Malfoy volvió al rostro de Harry.
—Menos mal que no hay postre.
Harry se rió.
—Sí. Podría reventar—cogió la botella y la sacudió. Habían acabado la primera botella de vino y ya iban por la segunda. Harry se sintió deliciosamente borracho—. Probablemente deberíamos acabarnos esta. No voy a beber más —llenó los dos vasos hasta rebosar—. ¿Quieres sentarte en el comedor? El sofá es mucho más cómodo que estas horribles sillas.
Malfoy asintió y cogió su vaso. Harry se dirigió hacia el comedor y de forma impulsiva encendió la radio sin aviso antes de sentarse en el sofá. Malfoy se sentó junto a él, aunque con una diferencia de espacio entre ellos. Los ricos sonidos de un concierto de violín sonaban mientras Harry daba otro largo trago a su vino. Trató de pensar en un tema de conversación y se dio cuenta de que había sido mucho más fácil durante la cena, disfrutando de los diversos sabores mientras escuchaba a Malfoy hablar sobre el origen de diversas especias.
—Nunca he estado aquí—dijo Malfoy, mirando su alrededor—. Esta es la casa ancestral de los Black, ¿no? Mi madre dijo que vivías ahora aquí.
Harry tomó el tema de la casa como un comienzo. Si no hubiese sido heredada a través de Sirius, probablemente habría sido de Draco.
—Entonces, ¿ella se crió aquí?
Malfoy asintió y arrugó la nariz.
—Me alegra que se casara con mi padre.
Harry se rió entre dientes.
—Sí, admito que esta no parece la casa más feliz del mundo. Probablemente debería hacer algo con ella. Hacerla familiar, o algo. Es difícil encontrar el momento.
—¿Demasiado ocupado salvando el mundo?
Harry soltó un bufido.
—Demasiado ocupado clasificando el maldito papeleo. No tienes ni idea de cuántos formularios tengo que rellenar para cada caso, y cuántos informes detallados tienen que ir a varios departamentos. Es peor que Hogwarts.
Malfoy se rió entre dientes.
—Sé de lo que hablas. Cada paciente requiere una tabla llenada por quintuplicado, y todo lo nuevo o poco común tiene que ser apuntado para la investigación y la posteridad.
—A veces odio a Hermione cuando tiene razón. Ella siempre me dijo que iba a necesitar buena caligrafía cuando saliese de la escuela.
—¿No es así normalmente?—preguntó Malfoy.
Harry se rió.
—Sí. Ella es así—impulsivamente chocó su copa con la de Malfoy.
—¿Cuán cerca estuviste de decir sí a Oliver y compañía?
—¿Quieres dejar el tema?—se rió de nuevo Harry y casi derramó su vino. La risa de Malfoy era más agradable que el vino, y parecía arder más en su sangre que el propio vino.
—Y a su vez te pones de un agradable color rojo cada vez que lo menciono—dijo Malfoy.
Harry sintió que sus mejillas se volvían más rosadas y se tapó con el flequillo.
—Eres malvado.
—Eso no ha cambiado desde la escuela—dijo Malfoy y se acercó más.
Quiere que lo beses, pensó Harry con un destello de sorpresa, rápidamente ahogándose por el pánico. El corazón le latía violentamente cuando se dio cuenta de que le gustaría besar a Malfoy sobre todas las cosas, y avanzar, pero Malfoy no podría querer darle un beso. No aunque estuviera sobrio y en su sano juicio. Él había consumido casi una botella de vino entera. Harry se echó hacia atrás y levantó una mano. ¡Acuerdo comercial!, se recordó salvajemente.
—No podemos… uhm. No podemos hacer esto.
Otra parte de su cerebro, posiblemente la parte conectada a su polla, empezó a gritar de frustrada rabia, pero incluso Harry se arrepintió, demasiado tarde, de su locura momentánea.
Malfoy se echó hacia atrás bruscamente, todo el humor y su suavidad desapareció de su rostro y en su lugar apareció la máscara fría con la que estaba familiarizado.
—Muy bien, Potter. Por supuesto que no —dejó la copa de vino sobre la mesa y se puso de pie.
Harry se puso de pie y trató de dejar el vaso en el mismo movimiento. Se cayó y la copa rodó sobre la mesa, derramando un chorro de que vino que se vertió sobre el borde y goteó en el suelo. Hizo caso omiso y siguió a Malfoy, que ya estaba a medio camino de la cocina y se dirigía hacia la chimenea.
—¡Espera!—lo llamó Harry, había desesperación en sus palabras—. Quería…
—Buenas noches, Potter. Te veré mañana a la hora acordada. Confío en que no actuarás como una virgen ruborizada mientras estamos en el punto de mira. Todo esto es un espectáculo —las palabras fueron dichas con una sonrisa burlona y Harry levantó una mano restrictiva, no muy seguro de lo que había hecho para provocar la ira de Malfoy. Seguramente Malfoyno tenía muchas ganas de querer besarlo—. Gracias por la cena—dijo Harry débilmente.
Malfoy asintió con la cabeza, se acercó a las llamas, y se fue.
Al día siguiente, a mediodía, Harry casi había roído su pluma. Había dormido mal, acostado en su cama, reviviendo el momento con Malfoy una y otra vez en su mente. Suponía que existía la vaga posibilidad de que Malfoy se hubiese excitado por el pensamiento de Oliver y el trío. ¿Por qué si no iba a querer darle un beso? A Malfoy ni siquiera le gustaba. A pesar de que, posiblemente, estaba dispuesto a tener sexo con él. Los sentimientos de amistad no obligaban a llevar a nadie a la cama, pero él ya sabía que Harry no jugaba a ese tipo de juegos, Malfoy había deducido el deseo de Harry como una relación.
Su cabeza golpeó el escritorio, no por primera vez en el día. "Soy estúpido", murmuró para sí. ¿Cómo podía haber dejado pasar la oportunidad de besar a Malfoy, y posiblemente incluso hacer algo más? Por supuesto, Malfoy no era un ejemplo para una relación, pero el sexo probablemente habría sido alucinante.
Pansy entró tan campante en la oficina de Harry sin llamar y dijo:
—Eso es todo, Matilda—la secretaria de Harry, gritó.
—¡Es Marjorie, maldita…—la puerta se cerró, cortando las palabras y Pansy se dirigió hacia delante para dejar una túnica sobre el escritorio de Harry.
—El evento comienza a las seis de la tarde, por lo que no tendrás tiempo para ir a casa a cambiarte. Te reunirás allí con Draco. Sugerí que sería bueno que fuese a recogerte, pero parecía molesto ante la idea. ¿Os habéis peleado?
—No —dijo Harry, y tiró la pluma que aún sostenía. Otros trozos de pluma cayeron en su mano y se dio cuenta de que probablemente tenía tinta en sus dedos.
Ella lo miró con mucha atención y Harry pensó que era afortunada por no haberse casado, al librar a un hombre de alguien como ella.
—Soy muy buena en Legeremancia, Potter—afirmó.
Él la miró.
—Yo soy un Auror y podría echarte de aquí, ya sabes.
Ella resopló y sacó un archivo desde la esquina de su escritorio.
—¡Hey! ¡Eso es confidencial!—gritó. Arrojó su pluma a un lado, cogió su varita y se lo quitó de las manos.
Ella hizo un puchero.
—No eres divertido, Potter. No sé lo que ve Draco en ti.
—¡Él no ve nada! —gritó Harry—. Ahora vete.
—Vale. Ni Granger ni yo estaremos allí, así que estarás solo. No hagas nada estúpido, si lo puedes evitar.
—Gracias. Intentaré seguir adelante sin ti.
Harry había esperado encontrar trajes de vestir aterradores y rígidos en el paquete, pero en su lugar descubrió un conjunto elegante de pantalones grises, una ajustada camisa de manga larga blanco brillante y una túnica de color rojo oscuro que se abrochaba con un cinturón ancho de color negro. La túnica no era más que una chaqueta y dándole vagamente el aspecto un pirata, pero a lo moderno. Harry había admirado ropas similares mientras estaba Draco —Malfoy—, en el restaurante.
Se cambió en su oficina después de dar el resto del día libre a Marjorie. Una vez vestido, se pasó los dedos por el pelo, dejó caer las barreras de su oficina, y se desapareció.
No sabía qué esperar del sitio, pero un campo de quidditch no era lo que se había imaginado.
—¡Señor Potter!—le llamó una voz aguda y él se giró y vio a una mujer pequeña y muy animada yendo hacia él. Llevaba un enorme sombrero adornado con una variedad de flores y mariposas revoloteando en su estela. Su vestido imitaba el patrón floral y se ajustaba a su figura más de lo que parecía conveniente—. Señor Potter, ¡qué alegría que vaya a unirse a nosotros! —finalmente lo alcanzó y lo cogió de la mano para estrechársela energéticamente.
—Gracias—dijo Harry—. Estoy contento de estar aquí.
—Soy Grimstone Gladys del Grimstones Pembroke. Los jóvenes se han entretenido con las hazañas de sus historias —metió la mano en el hueco del brazo de Harry y prácticamente lo arrastró por el césped a una pequeña multitud ante las puertas del campo. El cabello rubio platino de Malfoy destacaba entre la gran cantidad de sombreros y adornos y de gente canosa.
Cuando Harry se acercó, los ojos de Malfoy lo miraron sin expresión, y luego su mirada se suavizó y se dirigió hacia él.
—Harry—dijo cálidamente y deslizó su brazo alrededor de la cintura del moreno. Sus labios secos rozaron la mejilla del de ojos esmeralda.
Se armó de valor para no ruborizarse, pero sintió su cálido beso en su cara, impulsado por la proximidad de Malfoy.
—Hola —respondió Harry.
Gladys rió.
—No hay necesidad de ser tímido, señor Potter. Las chicas y yo estamos casi con un pie en la tumba, pero ¡estamos en contacto con la generación más joven! No es raro ver hoy en día chicos con chicos, ¿eh, Alice?—ella le dio un codazo a una mujer de cabellos grises.
—Cuidado con las costillas, Gladys. No me apetece ir de nuevo a San Mungo. Chicos besando chicos, chicas besando chicas, ¡bah! Todo el mundo al final se queda solo. ¿Qué más da?
—Ella está amargada porque su marido la dejó por una más joven en 1963 —dijo Gladys en un susurro.
—¿Podemos ir a ver el campo de quidditch ahora, y así dejas de balbucear? — preguntó la otra mujer en voz alta.
—Claro, querida. Vamos, chicos. Hemos traído refrescos. Están en la mesa de ahí junto a la puerta y tenemos asientos en la zona VIP —Gladys empezó a caminar con las demás mujeres.
El brazo de Malfoy se alejó de Harry y la máscara de frialdad volvió a su lugar. Harry perdió su calidez.
—Mira, quiero…—comenzó Harry.
—No te preocupes, Potter. Vamos a acabar con esto para que no tengas que pasar un momento más en mi presencia. Sonríe; se acerca un fotógrafo.
Harry mostró una sonrisa en su cara, sintiéndose violento. Siguió a Malfoy a la mesa de refrescos, de supuestas galletas y zumo de calabaza. Para su deleite, había varias botellas de whisky de fuego, vodka y ron extendidas sobre la mesa, junto con abundantes sándwiches de carne asada y filetes de pollo muy elaborados.
Harry cogió un vaso, haciendo caso omiso de los alimentos como si esa elección lo ayudara a lo largo de la noche con el temperamento complicado de Draco Malfoy. El rubio bebió un trago de whisky de fuego y luego se hizo con una bebida clara adornada con rodajas de pepino. Harry optó por llenarse medio vaso de whisky de fuego.
Malfoy frunció el ceño y se lo llevó, haciendo caso omiso de su protesta. Puso en su otra mano una copa, esta vez llena de algo rojo y rellena con una variedad de verduras.
—Bebe esto. Evitará que pierdas el conocimiento, ya que dudo que comas algo durante el almuerzo. El zumo te dará un poco de energía y puedes comerte las verduras. También deberías coger un sándwich. Recomiendo el de carne de vacuno y havarti.
Harry casi protestó, pero una de las señoras de edad avanzada apareció justo a su lado y se puso delante de él para coger una botella.
—Perdonen que me haya acercado, jóvenes, pero necesito esto para poder aguantar a Lenora hablar de su terrible hijo toda la noche.
Ella partió, cogiendo la botella, y cuando Harry se giró, Malfoy había puesto un plato sobre él y se dirigió hacia las puertas. Un mejorado Sonorus les dio la bienvenida, sofocando cualquier intento de conversación.
Harry corrió tras él.
El resto de la noche fue una tortura. Draco se sentó demasiado cerca, Harry abandonó completamente el pensar en él como Malfoy, le daba de comer bocados de su bocadillo con los dedos y comentaba sobre jugadores de quidditch reclinado y murmurando en su oído. Al final de la primera hora, Harry estaba medio duro y muy contento de que el plato le cubriese su regazo.
—¿Debo desvanecer tu plato?—preguntó Draco en un momento dado, deslizando sus dedos por el borde de la cerámica y rozando el muslo de Harry con los nudillos.
—¡No!—lloró Harry—. ¡Es…no he acabado!—levantó valientemente la corteza del pan y lo mordisqueó, decidido a hacer que el resto del juego durase.
Draco levantó una ceja y le sonrió antes limpiar los labios de Harry con una servilleta conjurada.
—Muy bien. Cariño.
La última palabra fue acompañada de un brillante flash y Harry gimió un poco. Se comprometió a no maldecir al próximo fotógrafo que viese, acuerdo comercial o no. El estúpido acto no acabaría a tiempo para poder satisfacerse.
Harry cerró los ojos cuando Draco descansó su cabeza en su hombro. El pelo del rubio le hizo cosquillas en la cara y el aroma tentador de productos para el pelo de Draco invadió los sentidos de Harry. Las mujeres que los rodeaban soltaron un "ohhhhhh" y rieron.
Harry se dio cuenta de que estaba condenado.
Las siguientes tres semanas fueron más de lo mismo. Draco era amable y dulce cada vez que estaban en público, aferrándose a Harry en un banquete de caridad, bailando con él en una recepción del Ministerio, riendo mientras le ponía un trozo de chocolate en la lengua de Harry en el Callejón Diagon, se ponía tan cerca de Harry que habría necesitado un hechizo para poder sacárselo cuando apareció un fotógrafo.
Era exactamente lo contrario cuando se quedaban solos. Interrumpía a Harry, hablaba monosílabos con puro sarcasmo, y nunca se ponía a menos de dos metros de distancia de él. Se comunicaba casi exclusivamente a través de lechuzas o a través de la persona sospechosa que habitaba el cuero de Pansy Parkinson.
—¿Qué pasa, Potter?—preguntó ella, entrando en su oficina después de abrir la puerta con tanta fuerza que golpeó la pared—. ¡Vete a la mierda, Melanie!
—¡No importa, Marjorie! —gritó Harry, y levantó una mano para evitar que su secretaria embrujase a Pansy.
—Algún día, Auror Potter…—advirtió Marjorie.
Harry se apresuró a cerrar la puerta, murmurando palabras tranquilizadoras a Marjorie y prometiendo llevarla dos veces a almorzar la semana que viene.
Se volvió hacia Pansy, quien se había sentado a un lado de la silla de Harry y cruzó las piernas. Su falda era demasiado corto para una pose y reveló mucha más piel de la que Harry hubiese preferido ver.
—¿Qué estás haciendo aquí?—preguntó.
—Estoy aquí por esto—dijo. Ella lo miró y le sacó un pequeño pergamino de su blusa antes de lanzárselo a él.
Harry lo cogió, frunciendo el ceño cuando lo desenrolló y leyó el interior. Era una copia del mensaje de Draco que le había enviado unos días antes.
—¿Cómo lo has conseguido?
Pansy chasqueó la lengua.
—Fisgoneando secretos. ¿A qué demonios estáis jugando?
Harry sacudió el pergamino.
—Obviamente, a ser novios. Aunque no por mucho tiempo —apretó los dientes mientras leía la lista.
Miércoles - Cena a las 20:00 en Alfonso, ponte una túnica esmeralda.
Jueves - No hay planes, tengo turno en el hospital, por lo que podría enviarte una nota.
Viernes – Cena y fiesta Edgecombe - te odian, así que usa colores de Gryffindor y estate preparado para esquivar los comentarios mordaces y sonreír falsamente.
Sábado - 15:00 - Espectacular ruptura en el Callejón Diagon – tú creas el argumento.
El guion involucraba una pelea a gritos de lo más evidentes porque Harry se estaba comiendo con ojos a otro hombre. Habían decidió poner a Draco como un novio celoso y a Harry como el que se estaba aburriendo de la relación. Tal acto implicaría que ambos no quedarían como los malos de la relación, con suerte. Todavía Harry se sentía mal al leer las palabras. Todo terminaría pronto.
—Quiero que me digas si habéis estado fingiendo todo este tiempo—demandó Pansy.
Draco ha…pensó Harry en voz alta, dijo:
—Sí. Lo hemos planeado desde el principio, desde el momento en que Hermione y tú nos organizasteis una cita a ciegas para que pudiéramos conocernos. Nunca has dicho por qué lo hiciste, por cierto. Draco dijo que era una broma cruel de tu parte.
—¿En serio?—preguntó ella descruzando las piernas y se levantó. Ella murmuró algo que sonó como "maldito estúpido, te voy a echar la bronca, idiota" y luego se marchó—. ¡Voy a ver a Granger!
Harry se pasó tres dedos por su sien. El dolor de cabeza había empezado mucho antes de que Pansy irrumpiese en su oficina.
Miró la lista de nuevo. En su copia, el miércoles ya estaba tachado. La cena de la noche anterior había sido particularmente difícil. Draco iba de blanco, y se veía tan delicioso que Harry apenas había probado bocado para suprimir el impulso de inclinarse sobre la mesa y arrastrar a Draco a un agresivo beso. Podría haberlo hecho por publicidad si no fuera por el temor de que Draco le habría hechizado las pelotas al quedarse a solas.
En su lugar, coquetearon, simularon una pequeña charla mientras le anhelaba con deseo.
Suspiró, pensando que tal vez era lo mejor y que no iba a volver a ver a Draco. Mándale una nota. Consideró ir de visita sorpresa a San Mungo, pero no sabía cómo sería recibido. Probablemente sería mejor seguir las instrucciones.
—Mándale una nota—murmuró—. Querido Draco, estoy perdidamente enamorado de ti —soltó una carcajada. Bueno, tal vez enamorado aún no estaba, pero ciertamente lo deseaba. Al parecer, sentía lujuria, intriga y locura.
Tocó la punta de la varita y conjuró el Spello-o-com(2) sobre su escritorio.
—Marjorie, si fueras a enviarle a alguien una especie de "te echo de menos", ¿qué le dirías?
—¡Voy enseguida, señor Potter!—respondió con su voz de "oh, pobre chico".
Draco estaba encantador. Hermione se complacería al saber cuánto sabía Harry de esa palabra. Delectable: significa mucho placer. Delicioso: enormemente agradable al gusto. A Harry no le gustaría nada más que poder degustar a Draco, empezando por esos increíbles labios y bajando hasta lo que él suponía que eran pies perfectos, y luego probar el camino de vuelta.
Se dio cuenta de que lo había estado mirando por mucho tiempo cuando la expresión de Draco se volvió cautelosa.
—¿Qué?—exigió.
Harry encontró su voz, perdida en alguna parte, mezclada con las visiones lujuriosas que hacían como si se deslizaran por el suelo.
—Nada. Te ves… muy bien.
Draco puso los ojos en blanco.
—Claro que luzco bien, Potter. Es una cena—sus ojos se posaron sobre Harry y luego se encogió de hombros—. Supongo que también luces bien. ¿Gracias a Pansy, imagino?
—Gracias. Y sí—el cumplido calentó a Harry más de lo que debía y quiso regañarse al sentirse tan complacido. Había llevado los colores de Gryffindor, según lo solicitado, pero se sentía un poco extraño con ellos. Había pasado mucho tiempo desde que había asociado cualquier cosa con Hogwarts, a excepción de un pensamiento ocasional sobre la valentía Gryffindor. Las túnicas rojas eran suaves, sin embargo, y ribeteadas con seda dorada. Harry pensaba que era demasiado ostentoso, pero Pansy aplaudió y declaró "¡Perfecto!" con una siniestra carcajada.
—¿Estás listo?
Harry negó con la cabeza.
—No. ¿Hay alguna manera de poder…?—hacer otra cosa, quiso preguntar. Ir a algún lugar solitario. Encontrar un café muggle para tomar algo y hablar. Pasear a lo largo del Támesis. Sentarse frente a la chimenea y ver las llamas. Caer en la cama y hacer el amor de forma salvaje y apasionada, hasta…
—No. Esto es vital para nuestra futura ruptura. Lo sabes.
—Sí. Sobre eso…
—No hay tiempo, Potter. Estamos perdiendo nuestra oportunidad de llegar elegantemente tarde. Ven aquí.
Las palabras sacudieron a Harry y dio un paso al frente, sin duda para envolverse en el calor de Draco. Apoyó la barbilla en su hombro y absorbió el calor que emanaba su cuerpo, con ganas de quedarse allí para siempre.
Draco lo empujó.
—¡No tan cerca! Idiota. Voy a aparecernos. Sólo coge mi mano.
Harry cogió su mano y sonrió encantadoramente, pero la sacudida de la aparición la quitó de su rostro. Cuando la sensación paró, se detuvo en un camino de piedra que conducía a una gran casa, no era tan grande como la Mansión Malfoy, pero era impresionante. Harry tragó, nerviosamente. Odiaba las reuniones públicas, especialmente aquellas que estaban llenas de gente que no conocía o aquellas que sabía que lo despreciaban.
—Oh, vamos. Todo irá bien—dijo Draco.
Harry lo miró.
—Es fácil para ti decirlo. No eres el que va a salir en la foto del periódico por equivocarte con el maldito tenedor.
—No vas a equivocarte de tenedor. No conmigo a tu alrededor. Ahora, relájate—para sorpresa de Harry, Draco cogió su barbilla y le besó en la comisura de los labios. Harry miró a su alrededor, pero no vio a nadie, ni periodistas, ni fotógrafos, ni siquiera los camareros. Draco nunca había mostrado afecto por él sin ninguna razón.
Draco tosió y ajustó más o menos la parte delantera de la túnica de Harry. Sus ojos se encontraron con los de Harry por un momento y el tiempo pareció detenerse. Harry quería apoyarse en él, tal vez, rogar un beso de verdad.
—Gracias—dijo Harry impulsivamente—. No hubiese podido hacer esto sin ti. Nada de esto quiero decir. Todavía seguiría dentro del armario si no fuera por ti. Así que, gracias.
Draco sonrió, una sonrisa genuina, una que Harry no había visto en mucho tiempo, no desde el malogrado beso, y ¡oh! Cómo habrían pasado ese momento si la situación hubiese sido diferente.
—De nada. Supongo que debo darte las gracias, también. Ahora la gente me escupe por la calle por atreverme a tocarte, más que por el simple hecho de haber sido un mortífago.
Harry hizo una mueca.
—¡No, es mejor! Confía en mí.
—Sigue sin ser justo.
Draco se rió y negó con la cabeza.
—Bueno, pasado mañana ya no será tu problema—ofreció su codo a Harry—. ¿Vamos?
Harry lo tomó, con más fuerza de la necesaria.
—¿Draco?
—No más sentimentalismo Hufflepuff, Potter. Necesito comida y alcohol, y no necesariamente por ese orden.
Con eso, Draco llevó a Harry a subir los escalones y entraron en la casa.
Gracias por leer y comentar.
Notas finales.
(1)- Kofta: se trata de unas bolas elaboradas con carne picada, similares a las albóndigas, se utiliza carne de vaca o de cordero que se suele mezclar con diferentes especias y a veces también con cebollas picadas. La carne se suele mezclar en algunas ocasiones con arroz, burghul, verduras, o huevo para formar una pasta que luego se asa.
(2)- Hechizo que sirve de interfono.
Respuesta a anónimos.
-Guest: A ti por leer y comentar. Un abrazo.
-raven black: A ti por leer y comentar, pero no soy traductora, sino traductor. Pero no pasa nada, estoy acostumbrado. Es normal, este es un mundo de chicas en el cual me estoy abriendo paso.
