Disclaimer: D! PowerPuff Girls Z y sus personajes no son de mi pertenencia.

Nota de Autora: ¡Hola de nuevo! Quiero dar las gracias por sus comentarios y favoritos, me alegró mucho saber que les va gustando la historia, y si tienen alguna duda o sugerencia, no duden en hacérmela saber, estaría agradecida por ello ^^ Sin más preámbulos, ¡enjoy!


Chapter 2.

Nunca le había gustado la enfermería, ni siquiera la usaba de excusa para saltarse clases, Kaoru solo se iba a los jardines de la escuela o a la azotea, que era mucho más tranquilo y se sentía mucho mejor en aquellos lugares; en la enfermería, en cambio, tenía que estar sentada totalmente aburrida bebiendo alguna clase de remedio asqueroso mientras oía una y otra vez a la enfermera Annie hablar de su miserable vida amorosa, cosa que a ella no le importaba en lo más mínimo, así que trataba de evitar a toda costa aquel lugar, pero cuando su pelirroja amiga fue golpeada por segunda vez con un balón de básquetbol en la cara no tuvo más remedio que ir, seguida de Miyako, el chico culpable y el capitán del equipo de baloncesto.

—Estoy bien, en serio, no es necesario —Momoko se quitó el pañuelo blanco de la nariz que Brick le había dado y, apenas se lo quitó, gruesas gotas de sangre empezaron a salir de ella—. N-no pasa nada...

Miyako daba vueltas por el lugar, buscando a la enfermera aún más desesperada de lo que estaba antes cuando vio a la nariz de su amiga gotear sangre y, de paso, exasperando a Kaoru, que le veía por el rabillo de su ojo mientras discutía con el salvaje que había golpeado sin querer a Momoko.

—Te demandaré, te lo juro.

—¡Oh, joder, no fue intencional! ¿Cuántas veces tengo que repetírtelo?

— ¡¿Qué pasa si Momoko se muere desangrada, eh?!

—¡Sólo se golpeó la nariz, deja de exagerar!

—Uy, sí, solo se golpeó la nariz, no es nada de que preocuparse, claro que no —Kaoru habló con una voz extremadamente aguda y caminó hasta una esquina de la enfermería—. Ya verás, idiota... —refunfuñando, cogió con brusquedad un trozo de tela para limpiar y se lo lanzó a la cara a Butch.

—¿Qué diab...?

—Has algo útil y limpia la sangre que ha caído al suelo.

—Perdona, creo que he oído mal, ¿me acabas de ordenar algo?

—Sí, he hecho eso, sordo repugnante.

—¡¿Repugnante?! —indignado, le lanzó de vuelta el trapo a la chica, que lo atajó en el aire.

—¡Sólo limpia! —le ordenó, y el trapo fue lanzado otra vez.

Brick los miró, negó con la cabeza y se sentó junto a Momoko en la camilla. Ésta se volvió un poco colorada, excusándose con que de repente le había subido la presión. Ambos ignoraban la discusión de Butch y Kaoru.

—Demonios, dónde está esa enfermera cuando se necesita —murmuró molesto, mientras examinaba el chichón que se había vuelto morado en la frente de Momoko, y mientras lo hacía, sus ojos captaron a la rubia que iba de un lado a otro con andar preocupado—. Eh, chica rubia, ¿puedes hacerme un favor?

Miyako detuvo su andar y miró a Brick con inquietud.

—¿Un favor?

—¿Puedes ir al gimnasio y decirle a Boomer Akimoto que venga contigo a aquí? —le preguntó con seriedad, a lo que Miyako abrió mucho los ojos, como si le pidieran que saltara del edificio más alto.

—A-ah, bueno...

Brick le dio las gracias y la rubia salió apresuradamente de la enfermería, recuperando su paso preocupado. Caminó por los pasillos desiertos, preguntándose a qué clase de brutos se enfrentaría sin siquiera tener compañía y, antes de que se diera cuenta, ya estaba frente a las puertas del gimnasio. Con una mano temblorosa abrió una de las puertas y entró; vio de inmediato a los jugadores del equipo de baloncesto que habían vuelto a jugar, corriendo de aquí para allá dando botes con la pelota de básquetbol y a sus compañeras en las esquinas chillando fascinadas.

—Por favor, que salga viva...

Miyako Gotokuji no conocía a ningún miembro del equipo de baloncesto, excepto a aquellos dos chicos que estaban en la enfermería con sus amigas, y uno de ellos parecía totalmente salvaje y le causaba miedo, y el otro, que se veía más civilizado, también le daba miedo. Además, estaba el hecho que todos los jugadores del equipo eran bastante altos y ella, tal vez, era demasiado menudita, y se sentía como si se fuera a transformar en una pequeña pulga en cuanto se les acercara.

Se acercó con pequeños pero rápidos pasos al centro del gimnasio, sin saber muy bien qué decir. Miró a todos los jugadores uno por uno, preguntándose cuál de ellos tenía más cara de llamarse Boomer Akimoto. Se decidió por acercarse solo un poco más, al menos hasta estar a una distancia prudente de ellos y también donde podría ser notada con facilidad.

—Umh, disculpen... —nadie la oyó—. Eh, h-hola, estoy buscando a Boomer Akimoto... ¿Hola?

Sus intentos de preguntar por el tal Boomer fracasaron penosamente, y el hecho de que un montón de chicas chillasen cada segundo no la ayudaba mucho, y se imaginó que todos esos jugadores pensaban que ella también era una de esas chicas gritonas. Suspirando, pensó en otra opción y de nuevo se preguntó a sí misma cuál de todos ellos tenía más cara de Boomer, pero como todos le parecían igual de aterradores, decidió hacer algo que no pensó demasiado bien y que simplemente le salió de la boca.

—¡Boomer Akimoto, ven aquí, Boomer Akimoto!

Su grito había sido demasiado alto y, por consecuencia, los adolescentes ya sudados que jugaban, se detuvieron a mirarla con una ceja alzada, y ella, ya sintiéndose una pulga, se puso totalmente colorada, hasta el punto que sentía las orejas calientes de la vergüenza.

—Ah, h-hola... Busco a Boomer Akimoto, p-podr...

—¿A Boomer? —un chico bastante alto de cabello castaño la miró con picardía—. ¡Eh, pecoso, una chica está preguntando por ti! —el chico castaño se volvió y empujó a un muchacho un poco más bajo que la mayoría de los jugadores, de cabello rubio bastante alborotado y de ojos azules que la miraban con sorpresa—. ¡Ve y aprovecha, rubio!

El chico rubio de pecas fue empujado hacia adelante, deteniéndose justo a tiempo antes de chocar contra Miyako, que lo miró con cierto temor, mientras que el rubio sentía el calor subirle a las mejillas.

—Lo siento... —se disculpó, apenado.

—¿Tú eres Boomer Akimoto? —le preguntó, sintiéndose aliviada cuando él asintió con la cabeza, ya que era el que parecía menos animal de jungla en todo ese grupo de jugadores—. Soy Miyako. Tu amigo... Ehm, Brick, creo... Él me ha pedido decirte que vayas a la enfermería.

—¿A la enfermería? —preguntó extrañado, mientras seguía a la rubia de camino a la salida del gimnasio—. ¿Le pasó algo a él?

—No, no le ha pasado nada —salieron a los pasillos desiertos y caminaron con cierta distancia hacia la enfermería—. Él sólo me pidió que viniera a buscarte.

—Oh, ya veo.

No hablaron en todo el trayecto hasta la enfermería, pero Boomer le enviaba pequeños vistazos con nerviosismo a la rubia mientras caminaban; era difícil admitirlo, pero nunca había estado tan cerca de una chica tan linda como ella...

Llegaron a su destino y Miyako abrió la puerta, entró seguida del muchacho y se dijo a sí misma que la escena no había cambiado mucho; la enfermera aún no se dignaba a aparecerse, Kaoru y ese chico salvaje seguían discutiendo, y Momoko seguía con la nariz sangrando y colorada junto al pelirrojo medio civilizado/medio aterrador.

No hizo faltar anunciar su llegada ya que, en cuanto entraron, todos los presentes los miraron. Boomer se quedó detrás de la rubia, mirando como su capitán suspiraba de alivio al verlo.

—Boomer, necesito tus conocimientos aquí —apuntó a Momoko con su pulgar, que pestañeó un par de veces, sujetando un nuevo pañuelo en su nariz.

—¿Y la enfermera? —preguntó mientras caminaba hacia la pelirroja, seguida de Miyako y los dos pelinegros que habían concluido su discuta.

—¿Quién es este? —preguntó a su vez Kaoru, desconfiada.

Boomer la miró por sobre su hombro con expresión curiosa, mientras que Butch fruncía el ceño notablemente.

—Éste, niñata, es el que salvará a tu amiga —le soltó de mala manera—. Deberías ser un poco más agradecida.

Antes de que Kaoru pudiera responderle, Brick se apartó de Momoko y se posicionó junto al rubio, que examinaba el exterior de la nariz de la Akatsutsumi.

—Además de ser un jugador, Boomer también es algo así como el doctor o socorrista del equipo —les informó Brick, con cierto toque de orgullo en sus palabras—. Él ayudará a Momoko.

Pasados unos minutos, la nariz de Momoko había dejado de sangrar, el chichón de su nuca y la frente ya no eran tan notorios y un pequeño rasguño que tenía en su mejilla ya había sido desinfectado y cubierto por una bendita de Hello Kitty que Boomer halló entre una de las estanterías de la enfermería.

—Puede que luego te duela la cabeza, Momoko, así que sería bueno que tomaras ahora algunas pastillas —le recomendó el rubio, mientras permitía que la pelirroja se bajara de la camilla—. Y también trata de no tocar mucho tu nariz, no queremos que vuelva a sangrar.

—Ah, sí, muchas gracias —Momoko sonrió y fue al encuentro con sus dos mejores amigas, que la esperaban en la salida de la enfermería—. Nos vemos, chicos.

—Adiós.

Las tres salieron y se fueron directo a los vestidores, ya que el timbre acababa de sonar, anunciando que las clases ya habían terminado, y ellas aún seguían con su ropa de gimnasia. Caminaron contra los estudiantes que iban hacia la salida de la escuela, riendo y charlando, y en un par de minutos habían llegado al gimnasio de la escuela. Caminaron por un par de pasillos de cerámica blanca y, una vez dentro de los vestuarios de chicas, fueron a sus taquillas para buscar sus prendas.

Momoko se observaba la nariz en el espejo que colgaba de la puerta de su taquilla, mientras esperaba a que Miyako y Kaoru acabaran de cambiarse de ropa.

—¡Este es mi día de suerte!

Kaoru terminó de ponerse sus medias y levantó la cabeza para mirar a Momoko, tratando de encontrar alguna nota de sarcasmo en las palabras de la pelirroja, pero parecía más que no, porque la Akatsutsumi se veía realmente feliz mientras seguía observando su reflejo en la puerta de su taquilla. Rodó los ojos con cierto toque de diversión; algunas veces Momoko resultaba bastante extraña.

—¿Te pone tan contenta que alguien te lance dos veces en un día una pelota de baloncesto? Porque yo mañana podría lanzarte un par más...

—No seas idiota —Momoko la fulminó con la mirada—. Bueno, la verdad no estaría mal. Me refiero a que, gracias a eso Brick vino a mi rescate. ¡Les dije que era el comienzo de mi historia de amor!

—¿Cómo dices?

—Ah, ella habla sobre que era Brick el que se le había quedado mirando antes de que ocurriera lo del golpe con el balón —le aclaró Miyako, que ya estaba completamente vestida.

—¡Así es! —Momoko se mostró triunfante—. ¡Es el destino, les digo!

—Ya, claro —Kaoru soltó una risa de burla—. Para la próxima, me gustaría no ser parte de los factores que contribuyan en tu destino, no quiero volver a toparme con ese papanatas.

—¿Hablas de Butch, el de cabello negro? —le preguntó Miyako, curiosa.

Kaoru asintió con desagrado, como si el solo hecho de oír el nombre de ese tipo le resultara horriblemente espantoso.

—Pero, ¿por qué? —inquirió Momoko en un tono que sonaba decepcionado— ¡Él también es muy guapo! Además, seguro que harían una linda pareja.

Miyako dio vuelta el rostro para que Kaoru no se diera cuenta de lo mucho que le había hecho gracia la expresión de horror que había puesto al momento en que Momoko había expuesto su inocente opinión entre ella y el tal Butch.

—Está claro, el golpe en la cara te afectó la vista —gruñó molesta mientras agarraba con fuerza su bolso de deportes verde—. Salgamos de aquí pronto, estoy superando mi límite de permanecer en la escuela.