II.El primer rayo de sol
Una sola centella del astro amarillo que se posicionada en el punto más alto del cielo azul de aquel día, entró por la pequeña ventanilla del hospital iluminando la camilla en la que aún se encontraba el castaño dormido.
Harry al entrar a la habitación exhaló el aire de sus pulmones con resignación… El tiempo seguía avanzando y lo seguía dejando atrás; cada vez más atrás.
—Él dijo que si el destino nos quería nos volveríamos a encontrar — volvió a exhalar el aire de sus pulmones con la misma resignación que hace unos minutos atrás— si el destino me quiere a mí. Él volverá.
Luego de decir esto Harry quedó en silencio. No uno total, la máquina que mantenía a Cedric con vida emitía un leve sonido que al moreno lo relajaba.
No pasó mucho tiempo para que el estómago de Harry comenzara a producir gruñidos en protesta del poco alimento que había recibido en el transcurso de aquellas horas.
—Vuelvo en un momento
Vociferó un segundo antes de cerrar la puerta, caminó por los pasillos de la clínica. Saludando con un gesto a todos los médicos con los que se cruzaba. Bajó un par de pisos, y transitó por un par de corredores más para finalmente llegar a la cafetería.
No supo cuánto tiempo pasó para llegar al inicio de la fila en la que estaba formado pagó y dirigió sus pasos hasta alguna mesa vacía pero antes de llegar a la más próxima, sintió que sus pies quedaban pegados al piso, inhaló aire fuerte e intentó hilar una frase lo suficientemente coherente; pero fue imposible.
El culpable del acelero en los latidos de su corazón sólo pudo sonreírle, aunque solo elevó una de las comisuras de sus labios… haciendo a su órgano galopar en sus paredes con mayor fiereza.
—¡Vaya! ojos verdes creo que el destino si nos quiere
El moreno no respondió de inmediato. Ni siquiera fue capaz de asentir, sólo suspiró. Sólo se limitó a mirar directamente a ese mar plata sin importarle si se ahogaría o no.
— ¿Acaso no dirás nada? ¿Quieres sentarte?
Aún perdido en aquello que esos ojos estrellados le hacían sentir, asintió levemente.
—Dijiste que la próxima vez que nos encontráramos me dirías tu nombre— murmuró con la vista fija en la taza de café.
—Y como yo no puedo negarme te lo diré— antes de volver a pronunciar palabra alguna, tomó entre sus manos el brebaje humeante sobre la madera. Bebió casi la mitad del mismo de un trago y volvió a depositarlo sobre el tablón y habló —Draco. Me llamo Draco Malfoy.
Aquella mañana de invierno, cuando los débiles rayos del sol matutino llegaron a las sábanas del rubio; supo que ese día no sería el más rememorable de su vida. Tal vez solo tal vez aquel largo camino que aún le quedaba por recorrer, le tenía un cúmulo de sucesos nefastos que su corazón maltrecho difícilmente podía soportar.
Recorrió el camino de siempre. Y se subió al mismo autobús de siempre, buscó el asiento más apartado del resto y, qué además gozara de una privilegiada vista del exterior, dio un suspiro largo y tendido y dirigió sus pupilas hacia el vidrio un poco sucio del bus. Se colocó sus audífonos y durante el viaje se quedó dormido y, debido al ligero desliz bajó apresurado y se hizo camino entre los transeúntes hacia la clínica.
—Lamento la tardanza, Cedric— comentó un poco agitado por la corrida. Se acercó un poco hasta la camilla y estiró su diestra para acariciarle la mejilla. Y jamás había tocado una piel tan gélida como la del castaño aquel día — ¿Cedric?
Sabía que era algo tonto de su parte esperar una respuesta puesto que llevaba dos años y un poco más en coma, pero, aquel nombre salió de sus labios mucho antes de que pudiera meditar la situación en la que se encontraba.
Agitado e histérico giró su tronco en dirección a la máquina qué, extrañamente esa mañana no la había oído resonar. Y lo que vio allí le paralizó hasta la médula. Una línea verdosa y recta se dibujaba en la pantallita del aparato.
Corrió aún más rápido que cuando pensó que perdería el autobús aquella mañana. Corrió aún más rápido que en todos sus años de instituto, en los qué irónicamente había pertenecido al equipo de futbol, corrió aún más rápido de lo que lo había hecho en todos sus años de existencia. Buscó a cualquier doctor que le pudiera indicar que la máquina del cuarto de Cedric estaba fallando.
No hizo falta que el médico le dijera mucho, porque Harry había deducido de forma casi inmediata lo que el sujeto le iba a decir al momento en que ambos se miraron a los ojos.
—Está muerto.
Y esas fueron las dos palabras más dolorosas que había escuchado jamás.
—Tiene que ser una broma— murmuró tan bajito que juró que el individuo frente a él no lo había oído. Para su fortuna o desgracia, si lo hizo.
—Mi trabajo— comenzó a decir mientras examinaba el cuerpo —no es hacer reír a las personas. Lamento de corazón la mala noticia que he tenido que otorgarle, pero es la realidad. El señor Diggory está muerto.
Asintió. Y se retiró sin articular ninguna palabra más.
Intuía, por el cosquilleo en sus muslos, que al menos llevaba un par de horas sentado en aquel bar. El sonido de la música aturdía sus oídos, centró su vista en aquel vaso y miró fijamente a través del cristal empuñando su diestra ingiriendo de un sorbo el contenido del vaso, se sintió tan bien cuando aquel líquido realizó su recorrido por sus fauces que casi de inmediato pidió otro.
—Parece que la vida nos quiere lo suficiente como para hacernos coincidir por segunda vez en menos de un mes — enunció una voz que lo hizo sonreír en el acto.
—Al parecer la vida solo te quiere a ti— pronunció aquellas palabras con una voz tan sombría que alarmó al otro y lo obligó a irse con cuidado con lo que decía.
— ¿Qué pasó, Harry?
Sí. El moreno aquella vez en la cafetería del hospital también le dio su nombre al, hasta aquel entonces, desconocido de pupilas plateadas como el brillo de las constelaciones.
—Se fue. Se fue y jamás pude decirle que no le guardo rencor por sus decisiones. Comprendo el miedo que tenía, comprendo el temor de hacer sufrir a tu mejor amigo porque no le correspondías… de todas maneras no tiene caso comprender si no puedo volver en el tiempo y enmendar el daño que nos hicimos.
—La muerte no nos da tiempo para despedirnos— espetó comprendiendo de alguna forma el dolor que le embargaba al pelinegro
Negó. Y nuevamente elevó su extremidad izquierda bebiéndose el líquido casi al seco.
—La muerte es injusta. Llega cuando menos te lo esperas.
—La vida también es injusta, Harry— contestó el más alto quitándole el vaso y bebió lo poco que quedaba —pero hay que vivirla.
Harry no fue capaz de responderle puesto que Draco, se había parado del lugar y tan pronto como llegó; se marchó.
La vida se compone por un sinfín de accidentes nefastos y, tan complicada e impredecible con tantas vueltas…que Harry apenas pudo comprender cómo es que de un segundo a otro su pequeña historia se derrumbaba frente a sus pupilas sin compasión ni clemencia.
Caminaba a pasos apresurados hasta el cementerio. Se golpeó mentalmente cuando notó que se dirigía hasta él con las manos vacías, posó su vista en los alrededores… y como si fuese magia encontró un jardín lleno de narcisos de los colores del arcoíris. Se colocó delante del de color blanco y arrancó un par. Luego repitió el proceso con los rojos y los amarillos. Retomó su camino cuando se sintió satisfecho con el ramo que llevaba.
Tomó una bocanada de aire cuando se encontró frente a la lápida perteneciente al recientemente fallecido Cedric. Tocó con cuidado el grabado en ella y exhaló. Con cuidado en su cabeza ordenó las palabras que quería pronunciar.
—Quería— comenzó a decir mientras depositaba con sumo cuidado y cariño las flores que había llevado —quería darte las gracias Cedric. No me di cuenta de lo que ocurría entre ambos… estaba tan enamorado de ti y tan cegado qué, aunque estuviese frente a mi, jamás me habría dado cuenta que tú no sentías lo mismo. Pero, me puse en tus zapatos y lo entendí, me viste tan ilusionado que no quisiste romperme el corazón. Y te lo agradezco hasta cierto punto porque talvez tú no estarías muerto si ninguno de los dos hubiera cometido tal error. Te amé. Pero ya es tiempo de dejar todo atrás y junto con ello a ti. No sé si será la última vez que vendré quizás vuelva. Quizás no.
Y sintió que su corazón tendría un ataque cuando sus falanges se pasaron frente al nombre tallado en la lápida.
—Hasta pronto.
Cerrar un capítulo en su vida jamás había sido tan difícil para él. Ni siquiera cuando su padre un día de sol tomó sus maletas y se marchó dejándolo a cargo de su familia. Ni siquiera sintió tanto dolor cuando vio descender el ataúd que guardaba el cuerpo de su madre. Ni mucho menos cuando el doctor con nada de tacto le dijo que Cedric había muerto.
La vida no entiende de razones, la vida sólo dispone de un par de obstáculos en tu travesía. Quizás retorciéndose en risas al observar como no eres capaz de sobrellevar todo aquello. Harry creyó comprender que su carretera tendría un millón de curvas más, mientras el cielo se tomaba tonalidades entre rojizas y anaranjadas, dándole un ligero aire aún más melancólico a su conclusión.
Transitó los parajes noctámbulos en busca de mitigar su dolor con un par de copas. No supo cuánto fue lo que caminó hasta toparse con las luces de neón de aquel bar.
—Una cerveza por favor— le habló al barman. Este asintió sin siquiera mirarlo.
El moreno al recibir el vaso, lo llevó hasta su boca y lo bebió con voracidad el líquido amarillento le recorrió la garganta dejándole una sensación tan grata que no sólo pidió una más sino pidió dos.
—Ojos verdes— susurró una voz en su espalda. Y aunque el ojiverde se le aceleró el corazón con una sola palabra; no quería verlo… no en esas condiciones —Al parecer la vida no es tan injusta después de todo. Nos ha hecho coincidir nuevamente.
Harry frunció el ceño y solo se limitó a tomar un sorbo del vaso en la barra.
—Eso depende de lo que tú creas que es injusto. Además ¿Por qué crees tanto en que la vida y el destino nos condicionan? ¿de qué sirve esperar a que las cosas sólo pasen? ¿Acaso vives realmente?
Draco no dijo nada. Meditó un poco su respuesta era propio, al menos de la mayoría, creer en algo espectros, dioses, ciencia. Y él como la inmensa mayoría creía firmemente en el destino.
—Es propio de la humanidad creer en algo y yo soy humano— sólo eso se limitó a contestar mientras elevaba una de sus extremidades para realizar un gesto que le indicase al cantinero que él iba a consumir algo también. —tal vez no esté viviendo como debería… pero no soy de las personas que arriesgan, si algo debe pasar pasará.
—En la vida hay que arriesgar, Draco. Si no, no sería vida.
El de irises plata lo meditó con la vista fija en la botella. Quizás, sólo quizás el moreno tenía razón.
—Quizás tengas razón, Harry. Pero es demasiado tarde para volver a vivir.
Las pupilas esmeralda de Harry, lo observaron detenidamente, las luces de coloraciones frías lograban que el perfil de Draco se mirase aún más atrayente y hermoso de lo que le había parecido anteriormente. Una necesidad de juntar sus labios con los carnosos de aquel, le nacía desde el estómago. Desvió su mirada en busca de mitigar aquel fuerte sentimientos en su estómago.
—Aún no logro comprender cómo es que siempre nos encontramos— balbuceó.
—Quizás nuestros caminos siempre se encontrarán al final— soltó una risita al observar el ceño fruncido del ojiverde —Es broma, ojos verdes. Había estado durante la tarde por el sector, puesto que he estado buscando departamento en donde vivir definitivamente ya que este mes he vivido de arriendo. Y decidí que sería bueno tener algo que tomar.
— ¿No tienes donde vivir?
Negó.
—Tenía. Pero yo mismo lo abandoné, ese había dejado de ser mi hogar desde hacía tiempo… sólo que yo no fui capaz de notarlo.
Harry intuyó con suspicacia por la mirada angustiosa del más alto qué vivía con alguien más y quizás su relación no salió como lo esperaban. El mismo había vivido aquella situación como para no reconocerla cuando alguien más era el protagonista. Sintió como volvía al inicio de aquel libro que aquella tarde había cerrado pensado que jamás volvería a él, ahora lo tenía ahí.
— ¿Qué pasó? — interrogó.
—Creo que no es ni el momento ni el lugar indicado para contarte lo que ocurrió. Quizás otro día, la vida ya nos demostró en reiteradas ocasiones que— mordió su labio inferior dubitativo ¿sería lo correcto seguir hablando? Dirigió sus irises plateadas hasta Harry el cual lo miraba expectante, era tal vez, demasiado obvio que deseaba que continuara y con suspiro ahogado en el cristal. Draco continuó —nos quiere juntos.
Había pasado un par de horas y los orbes marrones ya evidenciaban el cansancio y ebriedad del poseedor de los mismos.
—Harry. Estás ebrio, ven te llevaré a "mi casa"
El nombrado sólo asintió. Y él otro pasó su brazo izquierdo por entre sus hombros obligando al más bajo a aferrarse a su cintura.
Intentó moverse, pero estuvo a punto de irse de bruces contra el suelo si Draco no hubiese sido tan rápido y lo tomó justo a tiempo.
—Ten cuidado, Harry. Nos podemos caer si no cooperas.
Despertó con un horrible dolor en su nuca que le perforó la cabeza cuando intentó levantarse de aquella cama en la que, jamás se había encontrado antes, recorrió con su irises la instancia y pensó de inmediato que la persona a la que le pertenecía aquel cuarto tenía un exquisito gusto en la decoración de interiores.
De inmediato y como un bosquejo se proyectaron en su cabeza miles de imágenes de la noche anterior.
—Draco— pronunció en un susurro el nombre del arrendatario, ya que recordó lo que le había dicho el ojiplata la noche anterior.
Salió del cuarto y notó que el lugar no era ni muy grande ni muy pequeño. Tenía el espacio suficiente para que el más alto viviese allí. Buscó con la mirada al susodicho y se extrañó un poco al no verlo por ahí.
Revisó la habitación contigua, pero no estaba. Revisó en la cocina y tampoco se encontraba allí. Revisó la pequeña sala de estar y nuevamente no lo encontró. Pegó un saltito un su sitió cuando sintió que la única puerta que no había revisado, se abría con lentitud. Una pequeña nube de vapor se disipó por el pasillo del apartamento y unos segundos después apareció el rubio con una toalla rodeando su cintura.
—Draco— murmuró él medio perdido en la figura del poseedor de aquellos irises que lo hipnotizaban, se vio obligado a utilizar todo su autocontrol para no lanzarse sobre él y besar, morder, lamer esa piel tan blanca que lo atraía con mayor intensidad que un imán — ¿Por qué estoy aquí?
Draco no presto mucha atención a lo que Harry le decía, solo rebuscó entre sus pertenencias una camiseta lo suficientemente larga que pudiese cubrir por completo aquellos lugares que no deseaba que Harry viera "aún" se golpeó mentalmente al pensar en eso.
—Draco— repitió — ¿Por qué estoy en tu casa?
—Harry, estas aquí por que estabas muy ebrio— comentó Draco con mucha seriedad —aún te debes sentir mareado ve a la sala de estar. Voy en un segundo
Harry acato la orden que Draco le dio y se retiró. El contrario llegó unos segundos después.
—Recuerdo que me dijiste que me dirías que ocurrió con tu antiguo hogar— habló Harry vcon timidez, El rubio solo suspiró y se sentó a su lado.
—Quizás es demasiado pronto.
El de ojos verdes asintió, tal vez era demasiado pronto para ganarse la confianza de Draco.
