Hola a todos, gracias por entrar en el capítulo dos de esta historia.

Capítulo dedicado a Coeli Nara, espero que te guste.

Disclaimer: Naruto y todos sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto. La historia es mía y la publico sin ánimos de lucro.

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Situaciones problemáticas

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Capítulo 2.- Todo se arregla conversando.

Kankuro salió del salón dejando sola a la pareja. El incómodo silencio se hizo presente, Temari aún continuaba con la mirada en el piso, ya no estaba sonrojada, la vergüenza había desaparecido, aunque la ira comenzaba a invadirla. El estratega la observaba algo preocupado; sabía que la rubia iba a explotar, y lo más seguro era que él pagaría las consecuencias de su enojo; en parte, era culpable. También estaba consciente de que no podría huir de su enfado, ya que estaba a un metro de ella. Quizás había hablado de más, pero si no lo hubiese hecho, quien sabe hasta qué hora, ella hubiese seguido discutiendo con el marionetista.

—Temari, sé que estás molesta por lo que dije enfrente de Kankuro —habló con mesura, el pelinegro —, pero ¿qué querías que hiciera?

—Callado te veías mejor, Nara —respondió irritada, la rubia, aguantando las ganas de golpearlo—, no debiste entrometerte entre Kankuro y yo, era una discusión entre hermanos.

—¿Discusión entre hermanos? —acotó contrariado, el moreno —por favor mujer, el origen de esta disputa era que yo había llegado en mal estado. Debiste haber tratado ese asunto conmigo desde un principio, no con Kankuro.

—Tienes la desfachatez suficiente para decirme eso —refunfuñó, la kunoichi fuera de sí —, ni siquiera fuiste capaz de responderme cuando te lo pregunté, simplemente continuaste durmiendo.

—¿Me preguntaste por qué estaba ebrio? —inquirió confundido, el de coleta, llevando su mano derecha a la nuca —. La verdad, no lo recuerdo, mujer.

—Como lo vas a recordar, ¡si estabas durmiendo! —profirió con furia, la embajadora, apretando los dientes.

—La verdad es que sólo recuerdo gritos y a Kankuro sacudiéndome —dijo avergonzado, el Nara, rascándose la cabeza y desviando la mirada—, no sé muy bien que pasó antes de eso.

—Vaya, y ahora me sales con eso —articuló con ironía, la rubia —. Tan seguro que hablabas enfrente de Kankuro.

—Está bien mujer, tú ganas —habló cansinamente, el pelinegro, llevando sus manos a las sienes —, me equivoqué, no quise indisponerte frente a tu hermano, pero entiende, problemática, mi cabeza estaba a punto de reventar, igual que ahora.

—Me dejaste en evidencia enfrente del idiota de Kankuro —replicó con molestia, la kunoichi —, cada vez que pueda me lo sacará en cara.

—Lo siento, mujer —habló arrepentido, el pelinegro, frotándose las sienes —, no fue mi intención.

—Crees que con un «lo siento, mujer» se arregla todo, Shikamaru —profirió con molestia, la mujer —, tendrás que hacer méritos para que te disculpe.

—Está bien, mujer —rogó, el moreno, tratando de convencerla —, haré todo lo que me pidas, pero por favor, consígueme unos analgésicos que no aguanto el dolor.

—Ese dolor es consecuencia de tus actos —refunfuñó, la kunoichi, frunciendo en ceño.

—No seas cruel mujer, apiádate de mí, y ve a buscarme lo que te pedí —suplicó con la mirada, el estratega—, te devolveré el favor con creces.

—Más te vale recordar todo lo que me estas prometiendo, Shikamaru —habló con un tono amenazante, la rubia—, porque te juro que te cobraré la palabra.

—Sí, sí, lo tendré presente, mujer —musitó desesperado, el de coleta —, sólo apúrate.

La mujer salió de la sala dejando al estratega parado en medio del salón, éste al verse solo, se dirigió hacia el sillón más cercano y se sentó; apoyó su espalda en el respaldo, lo que lo incitó a quedarse dormido.

—Shikamaru, despierta —habló, la dama, golpeando varias veces la mejilla del moreno —, te traje los analgésicos.

—¿Qué hora es? —preguntó somnoliento, el pelinegro, recibiendo los analgésicos y el vaso de agua de su novia.

—Faltan quince minutos para las cinco de la mañana —señaló, la rubia con tranquilidad, sentada en el sillón.

—Medokusai, es bastante tarde —musitó, el moreno, luego de ingerir los analgésicos que le había pasado Temari—, me iré a dormir. —Tú también debieses hacer lo mismo, mujer —señaló con pereza, el pelinegro, dejando el vaso en la mesita que estaba enfrente, para luego comenzar a pararse.

—Espera un momento, Shikamaru —profirió ansiosa, la kunoichi, tirando del brazo de su novio, devolviéndolo al sillón —, deja que te haga efecto los analgésicos y de ahí te vas a dormir.

—Mmm… prefiero que los analgésicos hagan efecto mientras duermo —musitó con los ojos cerrados, el estratega, acomodándose nuevamente en el sillón.

—No puedes dormir aquí, Shikamaru —la voz de la mujer hacia deducir que algo planeaba —, es un sillón y no es tan blando.

—¿Qué pretendes mujer? —inquirió, el pelinegro, abriendo los ojos y enarcando una ceja—. ¿Mantenerme despierto el resto de la noche?, ya va amanecer.

La rubia se sentó sobre sus rodillas y sonrió con descaro; luego se acercó peligrosamente al torso del moreno, y apoyó sus manos en el pecho de éste.

—Ésa no parece la pregunta de un genio — susurró con sensualidad, la dama, cerca del oído del jounin —. Dijiste que harías todo lo que yo quisiera, ¿verdad?

La cercanía de la embajadora, puso ansioso al de coleta, sabía que la mujer era de las personas que no daba puntada sin hilo, una mujer calculadora, en toda la extensión de la palabra. Iba a cobrarle el favor en ese preciso momento y sin miramientos. El moreno sonrió de medio lado y tomó a la mujer por la cintura, sentándola sobre sus piernas.

—Problemática, ¿no esperarás ni un sólo día para cobrarme el favor? —musitó con pereza, el moreno, atrayendo el cuerpo de la mujer hacia él—, no estoy en mi cien por ciento.

—No, no es mi culpa que te duela cabeza —habló en su tono característico, la rubia, mientras apoyaba su cabeza en el pecho del estratega —yo no te obligué a salir con Kankuro.

—Si me hubieses avisado, desde un comienzo, que tenía planes conmigo—continuó con parsimonia, el pelinegro—, no habría salido con tu hermano.

—Siempre estuve con Kankuro en la oficina —prosiguió la kunoichi, mientras apoyaba sus manos en el pecho del shinobi, para separarse de él y mirarlo a los ojos —, ¿cómo querías que te avisara?, además era obvio que quería estar contigo, no te veo hace tres semanas, y te dices llamar el hombre más inteligente del país de fuego, hasta un hombre con menos de la mitad de tu coeficiente intelectual se da cuenta.

—No me ofendas mujer —Shikamaru acarició el rostro de la dama con sutileza— tú sabes que las cosas obvias que te involucran, no son mi fuerte, y menos si no te veo hace tres semana, mi capacidad de razonar se detuvo con sólo verte.

La rubia se sonrojó y mordió su labio inferior, pero eso le duró unos segundos, luego frunció el ceño y apretó los dientes.

—No creas que con palabras bonitas se me va a olvidar que saliste a beber con Kankuro —refunfuñó, la embajadora.

—Mujer problemática, a veces creo que sufres de bipolaridad —musitó aburrido, el Nara—, pasas por todos los estados en cuestión de segundos. No discutamos más la salida con Kankuro, eso ya fue; ahora estoy aquí contigo. La salida me dejó un terrible dolor de cabeza, que con tanta plática, ya casi desapareció, y a todo esto, ¿qué me diste de tomar?

—Una dosis doble de analgésicos para la reseca —sonrió triunfante, Temari —, y gracias a Kamisama te hizo efecto.

—Problemática, quieres que me dé una úlcera —espetó, el estratega, enarcando una ceja—, conociéndote triplicaste la dosis.

Temari sonrió de forma maligna, Shikamaru la había descubierto, pero ya no importaba, ella había ganado y él tendría que cumplir sus deseos. La mujer cambio de posición y volvió a sentarse sobre sus rodillas al lado de su novio.

—Te traje los analgésicos y además te quité el dolor de cabeza —prosiguió, la kunoichi, apoyada en el hombro de su novio, a la vez, que deslizaba una de sus mano, peligrosamente, hacia el pantalón del moreno —, merezco mi premio, shinobi, o ¿no?

—Tsk, eres terrible mujer —musitó extasiado, el de coleta, al sentir la suave mano de la dama adentrarse bajo la tela de su pantalón—, siempre te sales con la tuya, no me queda más que cumplir tus caprichos.

—No siempre se gana, Nara —susurró expectante, la dama, mientras acariciaba el miembro prominente de su novio por encima de la ropa interior —, esta vez se harán las cosas a mi manera.

—Te vengarás de mí, ¿cierto? —masculló excitado, el estratega, tratando de mantener la compostura, aunque sus manos ya habían comenzado a buscar piel de la mujer —. ¿Cómo piensas torturarme?

—¿Ansioso?, Shi… ka… ma... ru

—Tortuosa lentitud —murmuró absorto, el moreno—. Es desesperante, pero me encanta, mujer.

La rubia lentamente se deslizó hasta el cuello del shinobi. Ella besó y succionó esa piel que tanto la tentaba, definitivamente la excitaba sobremanera. Dirigió su mano libre hasta el pantalón de éste, para desabrocharlo, y así otorgar mayor movilidad a su otra mano, que un rato atrás, había comenzado a masajear la zona que la obnubilaba. La kunoichi dejó de frotar la masculinidad de su hombre por encima de la ropa interior, e introdujo su mano bajo la tela con el fin de masturbarlo.

—Te-Temari… ya era hora que te animaras a tomarlo, me estabas desesperando —musitaba, el pelinegro, con los ojos en blanco—, me encanta que hagas ese trabajo por mí.

—Eres un vago de primera, todo lo tengo que hacer yo —habló con ansiedad, la embajadora, mientras su mano ascendía y descendía por el miembro enhiesto del moreno.

—Problemática, se supone que me estás torturando —susurró absorto, el jounin, mientras jadeaba —, yo sólo me dejo hacer.

—¿Alguna vez dije que te iba a torturar, genio? —preguntó con ironía, la rubia, cesando su tarea—. Eso fue lo que tú creíste.

—Aaahhh…

—Ahora te pondrás a trabajar, shinobi—espetó con altivez, Temari—. Recuerda que vas hacer lo que yo quiera. Eres literalmente mi esclavo.

—Mendokusai

La mujer se abalanzó con desesperación hacia la boca del moreno, rodeando el cuello de éste con sus brazos. Shikamaru respondió ese beso con pasión; entrelazar su lengua con la de ella, alteraba todos sus sentidos, ya estaba extasiado, pero los besos de la rubia hacía que su temperatura corporal se elevara mucho más. El shinobi sentó a la mujer a horcajadas sobre él y aprisionó su cuerpo con los brazos, luego de unos segundos, deslizó una de sus manos por debajo de la falda de la dama para amasarle el glúteo derecho, al mismo tiempo que su otra mano atendía el seno izquierdo de la rubia. Por su parte, Temari encaminó una de sus manos hacia el objeto de su perdición, mientras la otra mano seguía presionando la nuca del moreno para continuar profundizando el beso.

Ensimismados en sus acciones, los embajadores no escucharon el ruido de unos pasos acercándose, los cuales se hacían cada vez más audibles.

—¿Pero qué diablos está pasando aquí? —espetó furibundo, Kankuro —. Son unos inmorales sin remedio.

Estupefactos ante la aparición del castaño, la pareja dejó de sobajearse, arreglaron sus vestiduras y volvieron a sentarse de forma normal. Shikamaru en estado de shock, contaba los segundos de vida que le quedaban antes morir en manos del despiadado marionetista, de seguro iba a echarle toda la culpa, miró de reojo a Temari, la cual tenía cara de pocos amigos, peor que la de su hermano. La rubia frunció el ceño, su semblante denotaba ira, la rabia comenzaba a expandirse por todo su cuerpo.

—¿Por qué mierda estás aquí, Kankuro? —gritó encolerizada, la kunoichi, poniéndose de pie, la ira le salía por los ojos —. Siempre estás importunando.

—¿Y tienes el descaro de hacerte la ofendida? —refunfuñó, el castaño —. Estoy aquí porque fui a tomar un vaso de agua, y vi la luz encendida. Pensé que ustedes habían olvidado apagarla.

—Desaparece de aquí antes que te aniquile con mi propias manos—vociferó la mujer, mientras le aventaba el vaso que Shikamaru había dejado en la mesa.

—¡Estás loca, mujer! —reclamó, el marionetista, agarrando el vaso en el aire —. Quieres que Gaara despierte. Deja ese abanico donde estaba, estoy desarmado, no ves que ando con pijama.

Shikamaru estaba perplejo ante la escena, no supo en que momento Temari cogió el abanico del suelo, supuso que fue cuando aventó el vaso. Esa mujer era de armas tomar, el estratega lo sabía muy bien, por eso la amaba, aunque veces lo asustaba.

—Veo que te has rendido, cobarde —acotó con desdén, la rubia.

—Oye Temari, no vine a pelear contigo —prosiguió con su sermón, el castaño—, tampoco estoy molesto por lo que estabas haciendo en el sillón. Me disgusta el lugar en dónde lo estabas haciendo, ¡es el salón principal!, ¡es mi sillón favorito!, que desde hoy dejó de serlo. No pudiste aguantar unos minutos para hacer tus cochinadas en la habitación.

—Kankuro, disculpa que interrumpa la conversación —habló con mesura, el pelinegro —, pero todo esto es mi culpa, todavía no estoy sobrio, el alcohol no me permite pensar.

—Pero ella está buena y sana—arremetió, el marionetista—, y puede pensar.

—Cállense —interrumpió con moderación, la kunoichi —. Nos vamos a dormir, Shikamaru. Kankuro, cuando te vayas apaga la luz del salón.

—¡Queeeé! —exclamó sorprendido, el castaño.

—Buenas noches, Kankuro —se despidió, Shikamaru, mientras la rubia lo tiraba del brazo.

La pareja salió de la sala rumbo a la habitación, subieron la escalera en silencio, ese mismo sigilo continuó hasta llegar al dormitorio de Temari. La mujer abrió la puerta y avanzó a oscuras hasta la mesa de noche y encendió la lámpara.

—¿Qué esperas para entrar, Shikamaru? —habló con seriedad, la rubia —. Bien sabes que tienes que dormir aquí, ya que tenemos cuentas pendientes.

—Lo sé, mujer —masculló con pereza, el moreno, avanzando hasta la cama—, no tienes que recordármelo.

—Ésta ha sido una larga noche, Shikamaru —prosiguió, la dama, desvistiendo al moreno—. Sé que estás cansado, pero si no satisfago mis deseos ocultos, no podré dormir.

—¿Deseos ocultos? —murmuró con ironía, el pelinegro —, hasta tu hermano sabe lo quieres de mí.

—Deja de hablar, shinobi —musitó con sensualidad, la rubia, abrazando al estratega por la espalda, el cual ya estaba desnudo —, vamos a disfrutar un rato antes de dormir.

La mujer deshizo el abrazo y comenzó a desvestirse. Shikamaru se sentó en la cama, estaba realmente cansado, pero no podía negarle un momento de placer a la rubia, ¡claro que no!, ya que él también lo necesitaba. Tres semanas sin verla era mucho tiempo, necesitaba a esa mujer como el aire, y él, tan idiota, había preferido salir a beber con Kankuro, ya que la rubia iba a tener una jornada laboral más larga. —Tendría que haberla esperado acostado —pensaba, el moreno; pero ya no era tiempo de lamentarse, ahora simplemente debía actuar.

El estratega se puso de pie y abrazó a la mujer por la espalda, ciñéndola a su cuerpo. Tenerla tan cerca lo excitaba sobremanera y anulaba por completo su raciocinio, lo convertía en una especie de animal guiado sólo por sus instintos.

Temari se giró para quedar enfrente del pelinegro, manteniendo el abrazo. El aroma de ese hombre la hechizaba, simplemente la enloquecía. Ella deshizo el abrazo para llevar sus manos al rostro del moreno. Él al sentir sus manos, inclinó su cabeza para alcanzar los labios de ésta. Comenzaron a besarse lentamente. El estratega deslizó sus manos por la blanca piel de su amada; amasando los senos de ésta, para luego seguir con los glúteos. La mujer condujo una de sus manos hacia el miembro erecto de su hombre, lo tomó con sutileza, acarició su glande con su dedo pulgar y luego comenzó a masturbarlo. Escuchar los gruñidos del moreno, la extasiaba tanto, que inconscientemente comenzaba a mojarse.

—¿Estás cansado, Shikamaru? —susurró con lujuria, la rubia, al separar los labios de la boca del estratega —, si quieres hago yo todo el trabajo.

—Imposible estar cansado en esta situación —murmuró jadeante, el pelinegro—, pero si tú quieres tomar el mando, te cedo el lugar.

La kunoichi sonrió ante los dichos del Nara, lo empujó a la cama y éste se acomodó en el colchón. La mujer se abalanzó sobre el cuerpo de shinobi para así saciarse de él. Recorrió con su boca el torso del moreno, succionó con fruición su piel, su sabor la volvía loca. Deslizó su lengua hasta el estómago de éste, donde depositó varios besos húmedos, continuando así su descenso. La dama llegó hasta el objeto de su perdición, luego de pasar sobre los bellos púbicos de su amado. Ella quedó embelesada con esa erección tan magnifica, estaba fascinada; por fin, después de tres largas semanas iba poder degustar nuevamente esa exquisitez. Guió su boca al miembro enhiesto de su hombre, pasó la lengua sobre su glande, saboreando su líquido pre seminal, introdujo la punta de su lengua en la abertura del glande donde sobajeó por unos segundos, luego de esto, engulló sin miramiento ese pedazo de carne prominente. Ascendió y descendió su boca a lo largo de la erección, repetidas veces; apretó ese duro músculo con su lengua contra el paladar, ¡por Kamisama!, cómo le gustaba hacer gruñir de placer a ese hombre. Así la mujer, continuó su afanosa tarea por un largo rato, hasta que decidió sacar su boca de ese delicioso bocado.

—No quiero que acabes en mi boca —susurró extasiada, la dama —, capaz que no puedas continuar.

—Mujer problemática, crees que no tengo resistencia—, musitó entre jadeos, el moreno —, si quieres puedes hacer la prueba.

La mujer sonrió mostrando su bella dentadura y se puso a horcajadas del moreno, pero dándole la espalda. Tomó con su mano la base de la erección, y la ubicó en la entrada de su hendidura penetrándose a la brevedad. Gruñidos y gemidos se escucharon a coro, un acoplamiento perfecto y delicioso. Al fin, después de tantas discusiones, pudieron estar unidos, sin duda todo ese embrollo había valido la pena. La rubia comenzó moverse rápidamente sobre su eje, apoyándose sobre los muslos del pelinegro, ascendía y descendía con desenfreno, estaba como poseída. Al ver el aceleramiento de la kunoichi, Shikamaru no quiso quedarse atrás, no podía quedar como un vago después de todo, así que embistió desde abajo tomándola firme por las caderas.

—No me dejarás hacer todo el trabajo, Shikamaru —susurró entre jadeos, la mujer —, como siempre tan machista.

—No seas tan problemática, mujer —masculló excitado, el moreno, mientras arremetía con más fuerza —, no puedes quedarte callada alguna vez.

Continuaron chocando sus cuerpos extasiados, era como una especie de competencia, de quién tenía más resistencia. Ambos jadeaban y gemían con frenesí; la fricción que se producía con el choque de sus cuerpos, los estaba matando, pero ellos continuaron con ahínco; ninguno de los dos se detendría.

Las piernas de Temari comenzaron a flaquear, Shikamaru se dio cuenta que ella estaba a punto de llegar a su clímax. Él sintió la contracción de la cavidad de la mujer, alrededor de su pene, además del estremecimiento del cuerpo de ésta. El moreno sonrió victorioso, había ganado. Unos cuantos embates más bastaron para que él derramara su esencia en ella.

Unos segundos después de haber terminado ese intenso encuentro, el moreno ayudó a la rubia a incorporarse y la atrajo junto a él; la abrazó con fuerza y besó su frente.

—Te gané y cumplí tus deseos —habló con pereza, el estratega, sonriendo de medio lado —, supongo que ahora vamos a dormir.

—Supones mal, shinobi —acotó con sensualidad, la rubia —, ahora viene la segunda ronda.

—Ayyy… mendokusai… por qué pregunté.

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CONTINUARÁ...

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Saludos, un abrazo.