Continúo subiendo (ya dije que iba a ir rápido ;P)

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Estaban los cuatro repasando los últimos apuntes que les habían dado. Tanto Sirius como James querían terminar pronto para poder irse a divertirse un poco. El silencio de la biblioteca y la mirada severa de Pince evitaba que hablasen animadamente entre ellos, pero no que intercambiaran gestos, entre risas ahogadas.

Remus, quien quería terminar ya el trabajo, se levantó y fue a por un libro de apoyo. Revolvió entre los estantes, alejándose cada vez más de aquella mesa, cuando finalmente, quedó oculta a su vista.

En una balda baja, encontró el volumen que le interesaba, y cuando alzó la vista, se encontró cara a cara con ella.

Su pelo moreno y rizoso enmarcaba y dulcificaba un rostro pálido, de facciones duras con gruesos labios, pintados con rojo carmín. Su silueta ya de mujer, no la inocente de Alice, no, sino una marcada y evidenciada por el uniforme del colegio. Sus piernas fuertes, bien formadas, su busto prominente. Parecía una diosa salida de un libro de Mitología, la tentación y la sensualidad personificadas.

- Buenas tardes- susurró ella. Y sus palabras, pronunciadas con una voz tan exquisita, hicieron que se quedara anonadado.

- Buenas…- pero no pudo decir nada más. Aún le parecía increíble que una joven, y más teniendo en cuenta su aspecto, le dirigiese la palabra. Las únicas que le hablaban eran Alice, y Evans, preguntándole sobre James y demostrándole cuanto sabía de todo en general.

- Perdona, pero, si no lo necesitara, no te lo pediría, es que necesito el libro que acabas de coger- declaró ella, como si le diera tremenda pena tener que arrebatarle ese manual.

Él se lo tendió, con la boca abierta como un bobo, mientras intentaba balbucear algo así parecido a que no le importaba. Ella cogió el libro, y le dio un suave beso en la mejilla.

Solo varios segundos después de que ella desapareciera tras la estantería, el pobre chico reaccionó, llevándose una mano a la zona de la mejilla que había entrado en contacto con sus labios. Y allí, sonriendo como un tonto, fue lentamente, arrastrando sus pies, preguntándose cómo demonios tenía tanta suerte de que una chica tan explosiva como esa, se hubiera fijado en él. Tenía presente de que ella era de Slytherin, pero parecía que no le importaba que él fuera un mocoso de Gryffindor.

Cuando llegó a la mesa, se dio cuenta de que le había dado a ella el libro que justo él necesitaba, así que se giró a sus amigos, y declarando que necesitaba un libro, se marchó, mientras ellos, se encogían de hombros y le decían que le esperaban fuera, ya que James quería practicar un poco de Quidditch.

Fue de nuevo a la estantería a ver si encontraba otro libro que le sirviera de ayuda, cuando, nuevamente, ella volvió a aparecer.

- Muchísimas gracias- le declaró ella.- Eres muy amable. Le miró sonriente y después dijo, como si dudara o tuviera miedo de equivocarse.- ¿Tú te llamabas Remus Lupin?

Él se quedó clavado en el suelo, sorprendido. Era increíble que ella conociera su nombre y él no.

- Sí…- declaró él con voz queda.

La joven le tendió la mano.

- Encantada- declaró ella.- Soy Bellatrix Black, prima de tu amigo Sirius- dijo, explicando así que conociera su nombre.- Eres muy encantador- alabó. Después, sonrió:- Y pronto descubrirás que yo también soy encantadora.

Se dio media vuelta después de devolverle el libro, y le lanzó un beso furtivo. Antes de desaparecer, le dijo, sonriente:

- Ah, Remus… no le digas a nadie nuestro encuentro. Ya sabes, soy Slytherin y tú Gryffindor.

- Te lo prometo- barbotó él, sin saber cómo esas palabras llegaron a sus labios. Ella le guiñó el ojo, cerrando así el trato, sellando un acuerdo secreto.

Tal como había prometido, no dijo nada. Salió de la biblioteca cargando las cosas y con el libro entre los brazos, sujetándolo fuertemente, no fuera a ser que se le escapara. Una chica mayor, una de curso superiores, encima de Slytherin le había dirigido la palabra.

Encima había sido amable.

Encaminándose hacia el campo de Quidditch, pensó en su figura. Apenas se había atrevido a fijarse en algo, porque toda ella resultaba magnífica. Y su voz tan suave. Aún recordaba el suave roce de sus labios contra su mejilla.

Cuando llegó a su objetivo. observó a Sirius, que junto a Peter apoyaban a James desde las gradas. Los observó desde la distancia. Qué bien se lo pasaban ellos, sin él. No hacía falta que los molestara.

Repentinamente se acordó de que la joven le había dicho que Sirius era su primo y, extrañado, se preguntó porqué el joven les había dicho que su prima loca y psicópata Bellatrix Black era lo peor y que pasaba de ella como ella pasaba de él.

Arrugó el entrecejo.

A él, Bellatrix no le había parecido tan mala. De hecho, había sido muy amable con él, y había reconocido que Sirius era su primo, así que ¿qué malo había en ello? Pero, por experiencia, Remus sabía que no debía fiarse de las primeras impresiones. Un ejemplo perfecto era él mismo.

Remus el estudiante aplicado, amable y cordial.

Pocos sospechaban que tras aquella máscara de gratitud y amabilidad se escondía una bestia espeluznante.

Se dio la vuelta y volvió a su cuarto, a estudiar.

A las dos horas, James, Peter y Sirius entraron en la habitación armando ruido y riéndose a carcajada limpia. Sirius se sentó en la cama de Remus y le miró.

- Por favor, Remus, vas a morir un día después de tanto estudiar- se rió mientras James se sentaba junto a él, observando al joven que estaba sentado en el escritorio.

- Es cierto, Sirius tiene razón, un día morirás de intoxicación aguda por estudios.

Peter se rió fuertemente mientras unos lagrimones comenzaban a caerle de los ojos. James al verle se empezó a reír fuertemente y, finalmente, los cuatro acabaron retorciéndose en el suelo mientras reían sin saber por qué.

- Bajemos a cenar, anda, que tengo hambre- dijo Sirius al rato mientras se llevaba las manos a la barriga.

James se enjuagó unas lágrimas que le habían saltado a causa del ataque de risa mientras se levantaba y ayudaba a Peter. Remus sonrió alegremente, aquellos eran uno de los pocos momentos en los que se reía con completa libertad.

Cuando bajaron las escaleras, mientras continuaban riéndose, Sirius, súbitamente, rodeó con un brazo el cuello de Remus y le dijo:

- Oye, una cosa ¿estás bien? No viniste al final…

Remus enrojeció:

- Bueno… es que me acordé que tenía que resolver unos asuntos y…- carraspeó él, intentando eludirse del fuerte brazo de su amigo.

Sirius se rió por lo bajo:

- ¿Te gusta Alice, verdad? No hace falta que finjas… me he dado cuenta- el tono de Sirius fue de un hermano mayor. Remus le miró durante unos segundos. Sí, aquella excusa podía servirle para ocultar el encuentro con Bellatrix. Antes de nada, debía cerciorarse qu la joven no buscaba nada más.

- Bueno, yo…- sin saber por qué, comenzó a sonrojarse. ¿Tan buen actor era? El corazón le latía con mucha rapidez.

Sirius le dio una palmada en el hombro y le dijo:

- Tío, para lo que quieras, dímelo… al menos, espero que no seas tan cobarde como James.

Le guiñó un ojo y continuó bajando la escalera. Los cuatro amigos se sentaron juntos en el lugar de siempre, mientras Remus intentaba recobrarse de la conversación con Sirius. ¿De verdad le gustaba Alice? Sirius había dicho que se había dado cuenta. O quizá era simplemente porque era con la única chica con la que podía tratar.

Intentando olvidarse del tema, comenzó a comer mientras que James les contaba apasionado, las nuevas de Quidditch, en las que informaba que Snape, un alumno de Slytherin con el pelo muy graso y con el que habían tenido un encontronazo el año pasado, había intentado entrar en el equipo de Slytherin y lo habían rechazado.

En esos momentos Lily Evan pasó por delante y le dirigió una mirada de furia a el joven jugador, y más tarde alzó su mirada al techo, como intentando que su nariz tocara el lejano y cambiante techo del Gran Comedor.

- Lily parece que tiene un palo metido por el culo- declaró Sirius mientras su amigo le golpeaba, Remus asentía con la cabeza y Peter se quejaba de que ella era muy simpática con él.

- ¡Pero si te trata como si tuvieras cinco años!- le espetó Remus con furia. Una de las tantas cosas por las que no soportaba a Lily era porque trataba a Peter como si fuera un ser inferior que no entendía nada.

Peter se encogió de hombros:

- Al menos no es desagradable conmigo- señaló.

James y Sirius se pusieron alerta. Ellos eran uno de los chicos más temidos de su curso, y mientras nadie supiera quienes eran, también lo eran de los cursos superiores. Solían hacer jugarretas, meterse en los dormitorios de los demás, dejar pequeñas sorpresas y gastar bromas. Normalmente elegían sus blancos entre las personas que molestaban a Peter, aunque también las hacían contra las chicas, que se enfadaban soberanamente y no entendían el humor de los dos amigos desconocidos.

Remus tenía la acertada impresión de que si las chicas supieran que James y Sirius eran los que solían entrar en sus habitaciones y dejarles animales de fango, trampas mágicas o vocifeadores, dejarían al instante de desear seguir todos sus pasos. Por suerte, ellos no se atrevían con las chicas de cursos superiores, porque no dudaban que si les descubría, posiblemente acabaran en calzoncillos en frente de todo el colegio.

- ¿Quién se ha metido contigo, Peter?- preguntó James.

- No, nadie… tranquilos…- dijo el chico bastante azorado, mientras intentaba cubrirse con una servilleta.

Los justicieros James y Sirius… Remus envidiaba el coraje con el que se enfrentaban a los problemas y a los adversarios para defender a un amigo. Él en cambio, se refugiaba en su fachada de chico amable y correcto y huía… huía como un indeseable.

Hacia el final de la cena, James y Sirius consiguieron sonsacarle el nombre de aquella persona: Lucius Malfoy, un alumno de cursos superiores de Slytherin. Sirius, como oveja negra de la familia Black, se dedicó aquella noche a informar sobre su objetivo, desoyendo por completo las advertencias de Remus sobre lo peligroso que era.

- Es de sexto, Slytherin, suele ir con la loca de mi prima Bellatrix y un tal Rabastan- declaró.- Así que supongo que él también es uno de esos gilipollas que creen en la pureza de su estupidez.

- Espero que no estéis pensando en molestarle… una cosa son las niñas esas de primero, pero él es peligroso…

- Calla, Remus- le cortó James, mirando a Sirius, esperando más información.

- Quizá podríamos atacarle cuando estuviera distraído… ¿os parece cerca del sauce boxeador?- preguntó Sirius mientras se reía.

- ¡NO!- exclamó Remus.

- Oh… sí, les lanzamos un hechizo para que se enteren…

- ¿Pretendéis tumbar a dos alumnos de sexto y una de quinto siendo vosotros de segundo? ¡Es imposible!

James se guiró hacia él y le dijo:

- Algo es imposible solo porque una persona se molestó en ponerle el im- delante.

- No estoy para bromas- le fulminó con la mirada Remus. Pero ellos no le hicieron caso y mientras Peter se acostaba y conciliaba el sueño, mientras él mismo fingía dormir, James y Sirius ideaban entre susurros la que sería su próxima travesura. La vez que traspasarían los límites más de lo que se habían planteado alguna vez.

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La traición quemaba como un puñal. Removía sus entrañas hasta arrancar sus últimos gritos. Y eso, que él había sido quien había traicionado y no al revés. Se preguntó cómo les dolería a ellos aquella traición, cometida por alguien insospechado.

Pero no podía permitirlo. Prefería que lo odiaran a que les pasara algo. Ellos habían sido lo más parecido a amigos. E iban a enfrentarse a algo demasiado grande, algo que iba más allá de sus capacidades. Y él, que lo sabía, debía impedirlo. Tenía que evitar que salieran perdiendo mucho.

Aquella pandilla tenía a dos prefectos. Lucius Malfoy y Bellatrix Black. Cada uno de su curso, eran Slytherins y aunque Rabastan no poseía ningún poder frente a los profesores, lo cierto es que era uno de los miembros más peligrosos del colectivo Slytherin, lo que suponía que tanto James como Sirius, si eran descubiertos, siendo Gryffindor, serían los dos alumnos más atosigados y odiados por las serpientes.

Él tenía que evitar aquella situación, y solo se le ocurría acudir a una persona.

Cuando ella le vio llegar lo recibió con una expresión de sorpresa. Pero apenas dejaba entrever aquel sentimiento. Simplemente, puso su mano en su cadera izquierda, mientras que con su mano derecha apartaba los traviesos rizos morenos que enmarcaban su rostro, y su expresión.

- Buenas tardes, Remus- saludó ella, con voz suave. Estaban en la biblioteca y ella estudiaba a solas una de las muchas cosas que estaba aprendiendo en Pociones.

- Perdona por molestarte- murmuró él, rojo como un tomate. Se había olvidado del aura misterioso y arrollador que la joven desprendía. Agitó la cabeza y carraspeó ¡estaba allí para ayudar a sus amigos!- Tengoalgomuyimportantequedecirte- declaró de carretilla, para evitar trabarse.

Al principio pensó que ella le iba a coger del pelo y sacarlo a rastras de allí, pero lo que hizo ella le dejó totalmente anonadado. Cogió dos sillas cercanas y las acercó a la mesa. Le ofreció sentarse y con una sonrisa esperó a que empezara a hablar.

Sonrojado y sin apenas mirarla, le contó lo que unos amigos suyos intentaban planear. No dijo nombres, pero sabía que ella lo sabría. Si no era por sus amigos, él no estaría allí desvelándole un plan contra Lucius Malfoy. Ella, en cambio, no dio muestras de conocer a los que iban a ser los autores de la obra.

Cuando él terminó de contarle lo que iba a ocurrir, ella se quedó en silencio, meditando y después le dijo:

- Me sorprende Remus que me cuentes esto- dijo, ella.

Él decidió poner las cosas claras. Por mucho que Bellatrix le hipnotizara, pero él debía poner a sus amigos por encima de cualquier cosa. Decirle a la "enemiga" lo que pretendían hacer James y Sirius a Malfoy ya era bastante traición como para encima que lo considerara porque deseaba acercarse a ella.

- Te he contado esto porque no quiero que sean denunciados a Dumbledore ni que sean blanco de toda la casa Slytherin.

Ella enarcó una ceja:

- Para ello hubiera sido mejor contárselo a un profesor.

Él desvió la mirada pero después, recuperó el aplomo.

- No veo a los profesores actuando con discreción.

Bellatrix asintió con la cabeza, dándole la razón y después, sonrió ampliamente.

- Tranquilo, confía en mí, yo lo arreglaré.

Las siguientes cuatro horas a aquella conversación las llevó bastante mal. La tripa comenzó a dolerle, empezó a esquivar a todos mientras sus manos sudadas se retorcían la una a la otra. Su corazón latía desbocado y con cada movimiento pensaba que iba a morir del susto.

La profesora McGonagall, en cierta ocasión le echó la bronca por estar merodeando por los pasillos y lo mandó a la sala común de vuelta, así que él, obediente fue casi corriendo a pesar de que quería invertir bastante en ese recorrido. Cuando llegaba vio salir a James y Sirius de la sala común, estaban muy serios.

- Lo sabemos- declaró Sirius con rotundidad. El corazón de Remus estuvo a punto de salir por la boca ¿cómo era posible que se habían enterado? Su primer pensamiento de ira fue para con Bellatrix, que posiblemente se había chivado a su primo.

Por suerte, James aclaró la situación antes de que Remus se delatara:

- No debemos hacerlo- declaró James.- Sabemos que es muy peligroso, así que tranquilo, no atacaremos al asqueroso de Malfoy.

- ¿Y a dónde vais?- preguntó, con desconfianza Remus.

- ¡Qué preguntas haces!- se rió Sirius.- Vamos al campo de Quidditch.- Miró a James y este completó la información mientras Remus los miraba alternativamente sin decidirse aún por creerlos.

- Sí, voy a hacer un entrenamiento especial… el capitán del equipo quiere probar una nueva estrategia.

- Oh, de acuerdo- sonrió Remus, contentos porque sus amigos habían dejado aparcada aquella horrible y alocada idea, y también, feliz por no deberle una a Bellatrix. Estaba seguro de que si no ocurría nada, ella pensara que se había burlado de ella y la tomaría con él, pero al menos sus dos amigos no se verían implicados.

Entró en la sala común contento cuando se encontró con Peter y Evans en una de las mesas de estudio. Arrugó el entrecejo al notar el tono con el que ella le hablaba:; melosa, despacio, marcando cada sílaba, tratándole como a un niño de cinco años. Él la atendía, absorto y Remus se cabreó también con Peter por permitirle que le trataran como a un despojo, cuando se acercó a ellos, Peter le saludó con una voz aflautada, la misma que ponía cada vez que estaba nervioso.

- ¡Hola, Remus!- saludó. Miró nervioso a Evans y sus ojos se salieron casi de su órbita cuando escuchó la pregunta de Remus:

- Hola, Peter…- miró a Evans y le espetó:- ¿Quieres algo?

Ella se levantó, resultona y se apartó el pelo de la cara como si fuera una diva. A Remus le irritó que intentara imitar tan mal el estilo y la elegancia de Bellatrix.

- Estaba ayudando a tu amigo.

- Tranquila que ahora le ayudo yo…

- No, no, yo estoy bien- declaró Peter. Miró nervioso a Evans, quien se retiró y cogió de la manga a Remus, impaciente.- Remus, Remus- dijo, bajando tanto la voz que le fue difícil entenderle.- Sirius y James se acaban de ir… Malfoy.

Remus palideció. ¡Le habían mentido! Tomó aire rogando con todas sus fuerzas que Bellatrix pudiera intervenir de manera favorable. Si lo hacía, quizá James y Sirius no acababan tal mal. Ella le había dicho que no se tenía que preocupar, que ya se encargaría ella.

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Bellatrix sonrió mientras caminaba por los desiertos pasillos en dirección al sauce boxeador. Su mano acariciaba el suave tacto de la varita mientras pensaba en aquel chico joven que había acudido a ella.

La primera vez que lo había visto, había sentido la necesidad de decirle algo al ser amigo de su primo, porque así podría saber lo que hacía acercándose a él, pero después, al ver cómo lo arriesgaba para que sus amigos se salvaran… había sido un juego muy peligroso pues ella no solía cumplir con las expectativas de sus compañeros y solía hacer lo más rastrero, pero quizá, aquella vez podía hacer algo por el chico.

Sonrió con perversidad imaginándolo como su propio esclavo, alguien que la siguiera con convicción. Ya tenía su pequeño ejército de serpientes en su propia casa, pero sería muy interesante contar también con un Gryffindor.

Luego se acordó de la mirada del joven, entre admiración y desconfianza.

No, quizá sería bastante difícil engañar a Remus Lupin, así que tendría que emplearse a fondo.

Se escondió tras unos arbustos algo alejadas del Sauce Boxeador, cerca de donde Lucius y Rabastan y observó a dos pequeños Gryffindor acercarse sigilosamente. Ella puso los ojos en blanco al ver a su primo y esperó pacientemente. Seguramente, cuando los dos jóvenes se dieran cuenta que sus objetivos eran demasiado… ¿pero que estaba pensando? ¡Era Sirius! Con menos cerebro que una mosca. Iría directo a suicidarse.

Se pasó la lengua por los labios, disfrutando con el espectáculo que iba a acontecer. Lucius y Rabastan solían ir allí después de que el año pasado a un chico casi tuviera un accidente y prohibieran el paso.

Cuando vio que los chicos arrojaban sobre sus cabezas dos bolas de poción y salían huyendo despavoridos, no puedo evitar pensar que eran unos inútiles. Pero en cuanto esas dos bolas fueron alcanzadas por dos hechizos ejecutados desde la distancia y estallaron, cayendo como lluvia fina sobre sus objetivos, Bellatrix no pudo ni reprimir la risa ni las lágrimas que le caían de los ojos.

Mientras, Lucius y Rabastan experimentaban una serie de transformaciones que les cambió el color de la piel a verde, y sus pelos se iban moviendo como serpientes mientras comenzaban a gritar por un picor que se les esparcía ahí donde había acabado posándose las gotas de poción.

Los dos se miraron, buscando al agresor, cuando escucharon la risa maníaca de Bellatrix, quien salió de su escondite, con las manos en la barriga mientras lloraba.

- Sois patéticos…- anunciaba antes de proferir una mayor carcajada. Hacía tiempo que no se reía tanto. Sirius solía ser bastante ingenioso con sus bromas, lo sabía de las veces que ella y sus dos hermanas habían sufrido sus pequeñas chiquilladas.

Lucius se enfadó con ella e intentó atacarla, pero a pesar de que Bellatrix no estaba preparada, aquella poción resultaba tan buena que le impedía ponerse en guardia. Bellatrix los seguía mirando con ojos llorosos.

- ¿Has sido tú?- preguntó Rabastan.- ¡Se lo voy a decir a mi hermano!

- Oh… que pena…- continuó riéndose. Bellatrix dudaba mucho que Rodolphus le dijera nada. Estaban saliendo juntos, a pesar de que él ya había dejado el colegio y si se enteraba que su hermano pequeño había sido blanco de una broma así, seguramente él saldría peor que ella. Decidió ayudarles a ir a la enfermería con la varita, a distancia, por si aquella sustancia que habían arrojado los dos niñatos de Gryffindor la afectaban a ella.

Cuando llegaron, Bellatrix les dejó allí, todavía riéndose de lo cómicos que estaban con aquellas pintas, cuando se cruzó con Sirius y James, quienes la miraron interrogantes, aún preguntándose porqué ella sabía lo que había ocurrido. Bella les puso la mano en el hombro y después de felicitarles por tan divertido espectáculo les siseó:

- Volvéis a tocar a un Slytherin sin mi consentimiento y estáis muertos.

Después, continuó su camino mientras seguía riéndose.

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