CAPITULO 2
Un nuevo comienzo
El canto de las cigarras y el de un rastrillo sobre la tierra la despertaron, de aquel casi fatídico accidente solo quedaba una pequeña cicatriz, con rapidez miro el lugar que le correspondía a kenshin vació, asustándose y colocándose la yukata con rapidez, dejando su cabello suelto y salio con una sombrilla para protegerse del incandescente sol de verano, encontrándose con kenshin rastrillando la tierra mientras a su lado tenia la primera sandia de la huerta y una gran canasta de cerezas y ciruelas, había pasado 1 mes desde aquella mañana en que había despertado y aun no asimilaba que estaba viva.
- Buenos días Tomoe san- saludo kenshin, parando su trabajo, mientras Tomoe guardaba la sombrilla
-Buenos Días Himura san- saludo la mujer acercándose a el, mientras le entregaba un vaso con cristalina agua que kenshin bebió con avidez
-el desayuno ya esta preparado, solo falta servirlo, mientras dormía aproveche de ver la huerta- murmuro, lavándose para desayunar, desde que había despertado tomoe de sus heridas, kenshin no aceptaba el comer solo, puesto que tenia su esposa. Para acompañarle
- serviré entonces mientras termina – murmuro Tomoe, comenzando a sacar los cuencos para el arroz y el resto de utensilios, sin dejar de mirar a su esposo, el que alguna vez fue el despiadado hitoriki Battousai, ahora cultivaba una huerta y era un hombre de paz, una extraña paz.
- espera, te ayudare- dijo kenshin a su espalda, sobresaltando a Tomoe, quien inconcientemente dejo caer uno de los cuencos quebrándolo
-lo siento, no quise hacerlo pero me has asustado y era el único par de cuencos iguales que quedaba – murmuro sonrojada, sacando otro cuenco similar al "sobreviviente"
-pues, luego del desayuno iremos a comprar, como la gente me prefiere a mi , puesto que ya me conoce, la venta de medicinas ha mejorado mucho, y perfectamente podemos comer ambos de un cuenco- comento tranquilo kenshin, mientras le regalaba una cómplice sonrisa.
- kenshin, gracias por hacerme vivir de nuevo- le agradeció la mujer, acurrucándose en el hombro de su esposo, ya terminado el desayuno
-gracias a ti Tomoe san, por vivir y aceptar mi pasado- contesto el hombre, jugando con el cabello de la mujer; a pesar de que aun se trataba con un respeto a ratos gélido, era solo una formalidad, una costumbre, comenzando desde hacia un mes atrás, habían comenzado a vivir realmente como marido y mujer, expresando a su manera cuanto se amaban.
-Kenshin, vamos? Se hace tarde y no quiero tomar mucho calor – murmuro tomoe siendo tomada por la muñeca-
-esta bien , pero no podemos ir así, necesitamos cambiarnos- le contesto besando a su esposa con tal calidez que hizo que esta se sonrojara, no se acostumbraba aun a esas muestras de amor.
Tomoe se trato de cambiar con rapidez, pero kenshin, la interrumpió mientras se peinaba lo que entre besos y caricias retraso el cambio de ropa en 1 hora, saliendo sonrientes y mas enamorados que nunca
-Tomoe san, Irán de compras?- pregunto Megumi , una pequeña vecina de tomoe y kenshin a la ambos querían casi como una hija
-Así es Megumi chan, te gustaría acompañarnos?- pregunto kenshin, mientras la niña corría a avisarles a sus padres y volvía
-vamos, mama me ha dejado pero tengo que volver antes del anochecer por la cena – contesto entusiasmada la chica, tomando la mano de kenshin y la de Tomoe , haciendo que la pareja se sonrojase.
-Tomoe san, parecemos una familia de verdad- comento alegre Megumi, mientras Tomoe se volvía a sonrojar y solo asentía en silencio, mientras que por suerte habían llegado al pueblo
-Ken san mira una muñeca que linda es- exclamaba la pequeña, haciendo que tomoe por un ínfimo instante pensara que esa niña era su hija-
- Megumi chan, verdad que la quieres?, pues ten te la regalo- dijo kenshin mientras le entregaba la muñeca a la pequeña que daba grititos de alegría y avanzaba delante de ellos lo que le dio oportunidad de sugerirle algo intensamente guardado y deseado por kenshin.
-Tomoe san… etto.. yo – comenzo a murmura kenshin sin sacar las palabras atoradas en su garganta y su corazon
-Tomoe san, creo que seria hermoso tener un hijo- le dijo kenshin finalmente casi como un ruego
-Ken san, yo me sentiría la mujer mas orgullosa del mundo si te pudiese dar un hijo- murmuro Tomoe, dándole una tímida sonrisa mientras sin importar la gente, depositaba un beso en esos labios color cereza en el momento en que volvía Megumi
-ken san, ya se hace tarde, llegaremos al oscurecer y mama me reprenderá – murmuro la pequeña haciendo volver a la realidad a kenshin y a tomoe
-por kami¡¡¡¡¡- Exclamo tomoe, mientras tomados de las manos los tres, elegían 1 docena de cuencos para arroz de un mismo color pero con diferentes diseños para evitar que estos quedaran desparejados.-
-tomoe san, te parecen bien estos?-pregunto kenshin mostrándoselos mientras tomoe los aprobaba con la mirada , mientras kenshin los compraba y los dejaba cercanos
-se me ha olvidado algo, vuelvo en un instante espérenme- pedía, sin darle tiempo a tomoe para preguntar donde iba, desapareciendo entre la gente
-que se le habrá ocurrido ahora- murmuro tomoe, mientras esperaban pacientemente; luego de 1 hora ; que a la pequeña y a la mujer les pareció eterna, apareció Kenshin con una bolsa llena de paquetes envueltos y una bandeja de sushi.
-perdón por la tardanza, podemos irnos ya- comento kenshin, mientras subía en brazos a Megumi, quien con las emociones del día se había dormido.
Llegaron a la montaña cuando el sol estaba a punto de esconderse y dejaron a la niña en su casa
-mama mira ken san me la ha regalado- le contó Megumi a su madre, mientras le mostraba entusiasmada la muñeca
-que linda megu-chan, pero no debieras agradecerles e irte a cenar?- murmuro la mujer, mientras la pequeña se despedía
-gracias por la hermosa tarde Sr. y Sra. himura – agradeció la niña mientras se inclinaba y entraba a su casa dejando a la joven pareja en la puerta de la casa de la pequeña, mirándose en silencio; silencio que fue roto por Kenshin
-Tomoe san, vamos a cenar- murmuro kenshin, tomando de la mano a su esposa y caminando por la noche la distancia que los separaba de su hogar, solo alumbrados por la luz de una redonda , blanca y brillante luna llena
En casa kenshin le entrego uno de los paquetes a tomoe, quien al desatarlo se encontró con un hermoso kimono de gala, rojo con peonías bordadas en hilo de oro, un obi Dorado y sandalias del mismo color de la tela.
-etto, arigatou himura san- agradeció la mujer, con las mejillas sonrojadas mientras acariciaba con delicadeza la tela
-quiero que lo uses esta noche, quiero que esta vez, sin miedos ni secretos seas mi esposa – Murmuro kenshin, no sin evitar ponerse tan colorado como su cabello, al recordar la noche antes de aquella lucha que casi termina con la vida de la mujer que amaba
- así será himura san- respondió, también sonrojada, mientras caminaba al dormitorio que compartían y frente a la luz de la lámpara , himura vio como una oscura silueta se dibujaba contra la pared de compartimiento, desnudándose primero, para luego vestirse, mientras himura, para distraer su mente, colocaba la mesa, poniendo especial cuidado en los detalles, en colocar los cuencos elegidos por ella, en arreglar todo para una noche de matrimonio, una noche de bodas como segunda vez, como marcando una nueva vida, un nuevo futuro.
-Himura san, te agrada lo que vez?- Pregunto sonrojada, dejando a kenshin asombrado ante lo que veían sus ojos, tomoe paresia una princesa, no había duda de que su linaje, a pesar de estar desheredada saltaba a la vista
-hermosa- Fue lo único que murmuro himura, mientras esperaba que Tomoe se sentara y diese el primer bocado, para luego con una sonrisa amable agradecía; Cenaron en silencio, como preparando sus mentes y corazones para una intima y sagrada comunión en la que solo dos personas eran la cantidad justa y necesaria. Terminaron la cena y luego de lavar los cuencos, kenshin se acerco a tomoe, con tal ternura y amor que la mujer solo se dejo amar
-Kenshin, gracias por darme una nueva vida – Murmuro la mujer, mientras kenshin le besaba el hombro, respondiéndole con un pasional beso en sus labios, mientras tomando por la cintura a su mujer, guiándola hacia el dormitorio principal, dejándola caer entre besos y caricias al futon, comenzando a con delicadeza a quitar el kimono, haciendo que el rostro de tomoe, tomase tintes carmin, al sentir el roce de las manos de su esposo en su piel
- no te agrada lo que sientes- pregunto kenshin, al ver que una sombra empañaba la felicidad de su esposa, deteniéndose, cuando el solo estaba con el pantalón y tenia a tomoe con la faja que cubría sus pechos y su ropa interior.
-no es eso kenshin, es que tengo temor- Se confeso tomoe, siendo callada por los besos de su esposo
-pierde el miedo tomoe-san, no tengas miedo a nada- la tranquilizo, comenzando a desatar la tela de sus pechos, dejando al descubierto unos senos pequeños pero bien formados, blancos y delicados; mirándolos con tal lujuria que tomoe no pudo evitar sonrojarse, pero kenshin ya no decía nada, mientras con delicadeza comenzaba a lamer un pezón de tomoe haciendo que esta escapase gemidos de placer; mientras el con urgencia incontenible ya, quitaba las prendas que estorbaban, quedando completamente desnudos
- estas preparada Tomoe san- pregunto kenshin, acomodando a su esposa, mientras se disponia a penetrarla, mirándola a los ojos con infinita ternura y amor.
-Hazme tuya Himura-san- le dijo a modo de respuesta, mientras el hombre con un movimiento suave pero constante metía su erguido miembro en la intimidad de su esposa, haciendo que esta soltase un grito de placer, al sentir en el interior a su esposo, mientras kenshin, comenzaba un placentero vaivén entrando y saliendo del interior de tomoe, sin salir completamente, haciendo que en cuestión de minutos que a la pareja llegase a un orgasmo que hizo que durantes segundos el tiempo se detuviese completamente.
- te amo kenshin- murmuro tomoe, cuando luego de repetir la dulce experiencia de hacer el amor hasta el cansancio, se acurrucaba para dormir entre los brazos de kenshin.
-gracias por hacerme creer en el amor- le agradeció el hombre para así, ambos abrazados y cansados, plenos de amor, se dormían sin sospechar siquiera que un milagro, de esos que son ansiados y anhelados pero casi nunca logrados haría girar en 360º la hasta ahora apacible vida de la familia himura
