Capítulo 2

Cuando salí por fin de aquel atasco y llegué al instituto todavía seguía nublado, mejor para mí. Entré al edificio que, por su estructura, me recuerda a los castillos del este de Europa, adonde había viajado tras mi partida de Halloween Town. Pero vayamos adelantando acontecimientos. A última hora tuve clase con los de octavo y, como ya había nombrado, hablaríamos de los planes que tendrían para Halloween. No sé cómo, pero he logrado que mis alumnos me consideren uno de los mejores profes que han tenido.

-¡Bueno, chicos! No hace falta que saquéis los libros. Ya que esta noche es Halloween, me pregunto qué planes tendréis. Yo no obligo a nadie. Solo pido que, quien quiera, me diga que si va a hacer una fiesta de disfraces, asustar al vecino, o tirarle huevos a la fachada de su casa.

Los chicos no pudieron aguantar la risa. Yo había rodeado mi mesa y me había sentado en el borde.

-Bueno,-continué- como veo que nadie dice nada, empiezo yo. Esta semana voy a estar fuera para visitar a unos familiares y amigos. Y seguramente haré una fiesta de disfraces.

-Seguro que irá de vampiro- susurró uno de los chicos. Logré escucharle gracias al finísimo oído que tenemos los vampiros.

-¡Pues sí, iré de vampiro, Cameron! ¿Cómo lo has adivinado?

Cameron se quedó desconcertado. ¡Ya sabía yo que no se lo esperaba!

-Pues… no sé, profe. Creo que por su aspecto y por las lentillas que usted lleva… consideré que iría de vampiro.

La gente cree que llevo lentillas amarillas sin saber que ese es el color natural de mis ojos. Bueno, así oculto mi identidad como vampiro.

-Tranquilo, si crees que me ofende el comentario, no pasa nada. Ahora, y no quiero ofender a quienes les gusta Crepúsculo, no voy a disfrazarme de esos que, en mi opinión, no son vampiros ni por asomo.

Hubo varias personas que me dieron la razón, mientras que otras protestaron. Después de aquel asunto, el resto de la clase habló de sus planes para Halloween hasta que tocó el timbre que indicaba la hora de salir.

-Pues os vemos, chicos- me despedí- ¡y Feliz Halloween!

-¡Igualmente!- exclamaron todos al unísono.

Cuando salí del instituto tras saludar a varios compañeros de trabajo, fui rápido a mi coche, ya que empezaba a salir el sol, y conduje hacia mi casa, que tenía siempre las cortinas corridas. Por suerte no hubo atasco esta vez. Cuando entré vi un sobre encima de la mesa de la cocina. Lo cogí y no pude evitar la sonrisa. El sello tenía forma de viuda negra. Lo abrí y leí el contenido.

"Estimado Vladimir:
Tengo el orgullo de comunicarle que está invitado a la fiesta de Halloween. Sería un gran honor que asistiese como cada año.

Atentamente el Alcalde de Halloween Town."

"El Alcalde, siempre con formalidades", pensé antes de guardar la carta.

Aquella noche cerré la puerta de mi casa con llave y me dirigí al cementerio que estaba a una manzana y abrí una de las tumbas que tenía un pasillo en su interior. Miré hacia los lados para asegurarme de que nadie me observaba. Entonces me transformé en murciélago y entré, mientras la tumba volvía a cerrarse tras de mí con un lúgubre chirrido.