Abby

Escuche que golpeaban la puerta así que rápidamente me desperté. Al abrirla me encontré con Ann.

— Señorita, su padre dice que baje a cenar — enseguida se retiró.

Me cambie por algo más cómodo —ya que me acosté con la ropa puesta—me dispuse a ir al comedor. Entre un poco nerviosa dado que no tenía la confianza necesaria para entrar tan despreocupadamente. Una vez entre pudo notar a mi padre sentado en el extremo del comedor, leah estaba sentada en el lado derecho de la mesa junto a papá y por ultimo Travis estaba del lado izquierdo.

— Buenas noches — digo en voz baja sentándome junto a leah

— Hola hija, ¿qué te pareció tu habitación? — pregunta tratando de entablar una conversación

— Bien — dije simplemente, todavía no me acostumbro a verlo y mucho menos a hablar con él después de tantos años.

— ¿Ya te desempacaste todo? — dijo dándome una pequeña sonrisa

— Si — dije, en ese instante trajeron la comida así que me dispuse a comer para no seguir hablando con él.

Durante todo ese tiempo Travis no dejo de verme sinceramente ya me sentía incómoda por su penetrante mirada sin embargo la ignore.

Después de un silencio incomodo Travis hablo haciendo que mi mirada subiera a su rostro para esperando a que hablara.

— Voy a salir esta noche con mis amigos — dice pasando sus ojos de mi a su madre.

— No, no quiero que pase lo de la otra vez — dice rápidamente.

— Igual voy a ir así que no gastes palabras — dice con esa voz arrogante que tanto me molesta.

— No le hables así a tu madre — dice Papá parándose de forma brusca nunca lo había visto así de enojado como ahora.

— Pues entonces no me jodan — se levanta de la mesa y se va enojado de la sala.

Todos en la mesa miramos por donde se fue, un ves salgo del trance miro a papá y Leah, estos dos se miran furiosos, después de unos segundos recuerdan que estoy aquí y me lanzan una mirada de disculpa.

— Lo siento Abby — dice bajando la cabeza avergonzada por la actitud gro era de su hijo.

— No te preocupes no fue tu culpa — digo dándole una sonrisa tranquiliza dora

—Se verdad no sé qué le pasa a este niño siento que ya no puedo con el - dice con los ojos cristalizados - cada vez está más incontrolable, y finalmente empieza a llorar desconsoladamente, papá trata de calmarla en este punto ya me siento incomoda así que me levanto de la mesa y me retiro sin más.

Unas ves en mi habitación cierro la puerta y me dispongo a bañarme, saco una toalla y el pijama de la maleta, entro al baño y me desnudo para a continuación entrar a la ducha. Una vez salgo del baño me seco y pongo la pijama para acostarme a dormir.

Me despierto por unos ruidos afuera de mi habitación, miro la hora en mi celular que estaba en la mesa de noche junto a la cama, son las 3 de la mañana me pongo de pie, me pongo mis pantuflas y me dispongo a salir. Una vez fuera empiezo a caminar y cada vez se escuchan más claras las voces, escucho risa acompañada de gemidos.

— Te gusta muñeca — dice voz ronca

— Si — dice la voz de una mujer, aunque sinceramente es la voz más aguda y molesta que he escuchado, una vez cera puedo ver las dos siluetas, una tiene cargada a la otra por la cintura.

Me sentí asqueada al instante al ver de quien se trataba. Era Travis cargando a una mujer desconocida en sostén mostrando sus enormes pechos, tosí falsamente para que se separaran pero no funciono así que tosí aún más fuerte hasta que por fin logre captar la ante con de ambos.

— ¿qué quieres? — dice Travis mirándome sin Vergüenza alguna de a verlo encontrado en esta situación

— No se tal vez que vayas a hacer tus cosas a otro lado — digo señalando a la castaña tetona.

— Y a ti que te importa — espetó con fastidio.

— Sus ruidos no me dejan dormir — dije bruscamente rodando los ojos.

— No me importa — habla para continuar besando a la castaña, ¡no le da vergüenza!

— Haces tus cosas fuera o despierto a tu madre y a mi padre — amenazó

— No lo harás — dice con una seguridad que me sorprende — Elena vete — le dice a la chica.

— Me llamo Marisol — dice indignada

— No me importa ahora vete — dice con una voz tan obscura y tenebrosa que me asusta hasta a mí Se gira hacia mí de nuevo y yo retrocedo unos pasos antes de volver a hablar

— ¿C-como estás tan seguro que no le voy a decir nada a papá? — preguntó un tanto nerviosa porque empezó a acercarse. Empecé a retroceder hasta que me topo con la pared y el me acorrala.

— Porque si hablas, voy a ser que tu estadía aquí sea un infierno — dice a centímetros de mi rostro.

Y así fue como empezó todo.