NdA: Este fic llevaba escrito unos dos años... Lo rescaté hace undos días y lo he estado retocando para adaptarlo a mi modo de escritura actual... Espero que os guste :)


2: Cuadros y superioridades

Abrió los ojos, parpadeando difícilmente ante la luz solar que le abrasaba la cara, ahora que era consciente de ello.

-¡Hermione, levanta!... ¡Hoy te vas a Italia! –avisó Parvati con algo de celos.

Se revolvió entre las sábanas, empapada de sudor. El calor estival se colaba por las ventanas de su dormitorio, y a pesar del calor que pasaba en la cama, su pereza podía con ella.

-¡Venga! -insistió- ¡Aún me extraña que yo te tenga que despertar!

-Ayer me quedé hasta las cuatro y media leyendo, por los nervios –dijo, entre sonoros bostezos.

Se desperezó, estirando su espalda hasta el extremo, y se levantó para lavarse la cara en el pequeño baño que compartían en el dormitorio.

-Bueno¿y qué nos traerás de Italia?

-¿Traeros? -alzó la ceja- ¿Acaso piensas que puedo meter toda Italia en mi maleta?

-Si eso incluye a los italianos... –se introdujo Lavender en la conversación-. Dicen que son algo inexplicable en la cama –añadió con una sonrisa picarona y ensoñadora.

Hermione enarcó aún más la ceja.

-Mi propósito de viaje no es ese, pero gracias por el consejo –dijo, secándose la cara con una toallita que había dejado a su derecha, mirando a Lavender a través del reflejo del espejo.

-¿Y cuál es, entonces? –Parvati ladeó su cabeza, sin comprender.

-Visitar varias partes del país –contestó rápidamente, con una sonrisa de oreja a oreja.

-Ahhh... –Parvati arremetió un leve codazo a Lavender, que se encontraba detrás de ella.

-Tevijto –trató de decir Hermione con la boca llena de pasta de dientes.

-Mujer¡es que a Italia no sólo se va para estudiar, fotografiar, y leer!, sino para dar vueltas por la noche, subir en la góndola, bailar en las verbenas, comer helados, spaghetti,... y tontear con alguien –volvió a sonreír Lavender picaronamente.

-Ojalá pudiera hacer eso, pero no con la persona que me han asignado...

-¿Y se puede saber quien...?

-Draco Malfoy.

-¡¿QUÉ?! –exclamaron Lavender y Parvati en un mismo grito.

-Sí, ni más ni menos que el príncipe de la pedantería.

-Di más bien el rey –dijo Parvati, ayudando a Hermione a introducir las últimas cosas en su maleta.

-No me espera un viaje agradable –murmuró la chica entre dientes, molesta.

-¡Bah!...¡ya verás como con un par de palabritas bien dichas se le va la tontería! –dijo Lavender, positiva como siempre.

-Eso espero... Bueno, voy a cambiarme.

Y cogiendo unos vaqueros y una camisa azul celeste, se introdujo en el baño con pesados pasos.

Parvati se giró hacia Lavender:

-¿De verdad piensas eso?

-No. Tan sólo era para alentarle a que se divierta –dijo, con gesto culpable...


-Draco, despierta, hoy te largas a Suecia.

-Italia, Zabini, Italia... –dijo una voz ronca con la boca medio abierta del bostezo.

-Pues eso. Va, levántate, que llegas tarde al desayuno.

Esa mañana desayunaban Hermione y él juntos, debido a la madrugada para el viaje, por eso no tenía muchos ánimos para levantarse...

-No quiero...

-Yo tampoco quería despertarte...¿no te jode?, y me hiciste quitar el despertador ya que no parecías enterarte cuando sonó, y despertaste a todo el dormitorio.

-Como si me importara... –murmuró el slytherin mientras se desperezaba.

-A ti, puede que no, pero a Flint...

-¡Pero si estos muros son demasiado gruesos!...¡no exageres! -dijo riendo por la bajo, aún tapado por las mantas- ¿Cómo puede haberla oído Flint, si está a dos muros de piedra de aquí?

En ese momento, la puerta se abrió estruendosamente.

-¡Malfoy! -gritó, iracundo- ¡Métete el despertador por tu culo de pijo, imbécil!

Y volvió a cerrase, haciendo que del techo cayera un polvillo casi inapreciable.

Blaise miró a Draco significativamente.

-Vale, de acuerdo, de acuerdo, ya me visto...

Se levantó de la cama desperezándose y bostezando de nuevo, asiendo la ropa de su baúl con total parsimonia.

-Por cierto, a ver que hacemos con Granger… -dijo el otro entre dientes.

Draco le lanzó una furiosa mirada.

-Me inclino más a considerarlo un insulto que una broma, así que no te pongas idiota de buena mañana.

-Buenoooo, que humor de perros recién levantado¿no? No sé para qué te digo nada, no se te puede hacer ni un comentario gracioso…

-Sabes que no me gustan ese tipo de "comentarios graciosos", Zabini…

-No es necesario que lo digas, no te lo tomarías en serio ni por cuestión de orgullo… -murmuró con cierto veneno.

Draco entrecerró los ojos.

"Ya ha picado", pensó Blaise. Sí, definitivamente, por cuestión de orgullo, Draco Malfoy sí se lo tomaría en serio…

-¿Qué te juegas?

-¿Qué decías…? –se hizo el loco.

-¿Que qué te juegas que me ligo a Granger antes de que estemos de vuelta?

Blaise fingió sobresalto.

-Draco, no es necesario que hagas algo así para causar impresión…

-¿No decías que no me tomaba ese comentario ni como cuestión de orgullo? Pues entonces…- Draco esperó respuesta.

Zabini se detuvo un momento, pensando el comentario correcto para enredar más el nudo.

-Tú mismo, pero no creo que sea posible, y no lo digo por ti –añadió al instante al ver la cara frustrada de su amigo- sino, por ella. Sabes de sobra que te odia…

Draco se paró a pensar también. Tenía razón, pero una apuesta era una apuesta. Si la deshacía ahora, dejaría su valor por debajo del nivel del mar.

-¿Y?- soltó tras su meditación- He dicho que lo haré y lo haré. Puedo lograrlo, si quiero. Parece que no me conoces, Zabini- dijo, por último, con cierto tono superior, mientras se cerraba en el pequeño baño compartido, dispuesto a ducharse.

Blaise sonrió maliciosamente.

-Precisamente porque te conozco, te he hecho picar el anzuelo, Malfoy…


Cuando Draco bajó las escaleras que dirigían el hall principal al Gran Comedor, pudo distinguir la figura de la chica tomando una copa de jugo de calabaza mientras leía tranquilamente.

Reprimió una mueca de asco al pensar que tendría que compartir dos semanas de su vida con una muggle sin talento para las artes mágicas, imaginando dos semanas de insoportables sermones acerca del arte renacentista italiano, mientras perdía la oportunidad de hablar con una belleza que le sonreía desde la barra de una verbena en una plaza bajo la luz de la…

-¿Piensas quedarte de pie para desayunar? -le sobresaltó la joven castaña sin apartar su mirada del periódico mágico.

Volvió a la realidad. Ahora había alzado la cabeza y le observaba con indiferencia absoluta.

-¿Acaso crees que una miserable gryffindor como tú tiene que decirme lo que debo de hacer?

Ella rió, negando la cabeza y suspirando.

-Tú mismo. Deberías ahorrar la energía de tus piernas para visitar el lugar.

-Cómo si tú me fueses a llevar a dónde te venga en gana.

-No creo que te sepas los lugares italianos donde celebren verbenas nocturnas para pasar el rato¿me equivoco? –respondió rápidamente, sabiendo la respuesta de antemano.

Draco calló. Eso estaba claro, la sangre-sucia se sabría Italia de comienzo a fin, y sino, se lo habría estudiado, así que…

-Bueno, todo depende de dónde tengas pensado ir.

Ella lo miró de arriba a abajo evaluadoramente. Él se cruzó de brazos. La muchacha entornó sus ojos pardos, que titilaban con odio resuelto.

-Hablas como si me fueras a contratar de guía… -sonrió de una forma un tanto temeraria.

El rubio enarcó una ceja.

-Que sepas que, aunque conozca el país, no pienso llevarte por dónde tú quieras. Consíguete un mapa y arréglate tú solito; ya eres mayorcito para eso… Y dicen que los hombres os apañáis mejor que nosotras con los planos.

Draco quedó boquiabierto internamente. ¿Quién era ella para osar hablarle de ese modo?

Se sentó en la banqueta frente a ella y comenzó a servirse patatas y bacon junto a su taza de café.

Hermione ojeó unos instantes, fingiendo leer el periódico. ¿Tan orgulloso era la maldita serpiente, que además se sentaba delante de ella para demostrar su indiferencia? "Patético", se murmuró para sí. El chico no hacía más que intentar demostrar la falsa apariencia de un slytherin. "No es más que un presuntuoso hipócrita", se dijo bajo una risita.

El rubio viró su mirada hacia ella, mientras la chica tomaba un sorbo de su café.

-¿De qué te ríes? –preguntó tras dudar unos segundos.

-¿Acaso no puedo reírme de la tira cómica semanal? –inventó Hermione en el último momento.

Draco regresó a su desayuno maldiciendo por tener boca y siguió a lo suyo.

Al otro lado de la mesa, la castaña rió su reacción…


-¿Y ahora qué? –dijo Draco, sentándose en una banqueta del aeropuerto.

-Esperaremos hasta que llegue el hombre que nos tiene que recoger. Hemos quedado aquí dentro de media hora.

-¿Media hora? –bufó con el ceño fruncido.

Hermione le miró como a un detestable niño caprichoso.

-¿Por qué no podíamos haber utilizado el transporte mágico? -masculló, cruzándose de brazos.

La muchacha rodó los ojos, cansada. El viaje le iba a resultar de lo más divertido...

Un hombre con gabardina les recogió cuarenta y cinco minutos más tarde y les llevó en un taxi hasta un lujoso hotel donde les llevaron las maletas a su habitación, después de un intercambio de susurros entre el hombre que les había transportado hasta allí y el responsable del hotel.

Cuando abrieron la puerta, Hermione no podía creerse lo que veía.

Era gigantesco, con un espacioso salón comedor, minibar, baño con jacuzzi y una enorme cama de dormitorio, acompañada de un armario con suficiente espacio para dos personas...

Parpadeó, frotándose los ojos con rapidez y volviendo su vista adelante. Descartada la ilusión, pensó.

Sin embargo, Draco pasó con toda la naturalidad del mundo. Tiró su maleta encima de la cama, golpeándola con la varita y observando estirado sobre la cama como su ropa se iba ordenando sola en el armario de su izquierda.

La chica borró la sonrisa de su cara al saber con quien tendría que compartir aquél paraíso y se asomó al baño para contemplar los pétalos de rosa que flotaban sobre el agua del jacuzzi.

Aproximándose a la cama, comenzó a deshacer la maleta pulcramente.

Draco la observó entre sorprendido y entretenido.

-¿Piensas deshacer la maleta así?

Hermione viró su mirada hacia él.

-Pues claro. Corro el riesgo de que me descubran; recuerda que estamos en civilización muggle. Además, con la magia luego no sé dónde está lo que busco...

Él asintió con lentitud y una ceja alzada.

-Ya veo...

Cuando hubo acabado, Draco seguía extendido sobre la cama con los ojos cerrados.

Ella le miró de reojo, y suspiró internamente. Estaba claro que el niño de papá estaba más que acostumbrado a que se lo hicieran todo sin abrir apenas la boca. No pudo imaginar como estaba tan sumamente delgado, si nunca movía un solo dedo.

-Voy a bañarme –dijo recogiendo una toalla del baño y cerrando la puerta para cambiarse.

Tomando el pomo de la puerta para asegurarse de que la puerta principal, cercana al baño, estaba cerrada, se sorprendió viendo que el muchacho terminaba de colgar una señal de "No molestar" en el pomo exterior.

Al fin y al cabo, sabía cuando ser educado, pensó Hermione.

-Gracias–dijo a Draco, quien se acababa de acomodar en un mullido sillón.- Ha sido un detalle por tu parte colgarla.

Él le dirigió una mirada interrogativa:

-No me gusta que me molesten mientras leo…-dijo con cierto sarcasmo, señalando un libro…

No supo cuanto tiempo perdió paralizada y boquiabierta, tratando de sacar a flote su cordura. Al cabo de cinco desquiciantes segundos, recuperó la compostura, aún sin dar crédito al egocentrismo y egoísmo del joven, y se metió en el jacuzzi, respirando hondo y tratando de relajar los músculos tensos.

Si acababan de empezar el viaje y ya empezaba con chiquilladas como esas, Hermione no aguantaría más de dos días con él. Su paciencia tenía límite, pero su genio no.

Además, apostaba lo que fuese a que las visitas a los museos y ciudades no irían sobre ruedas teniendo a alguien así al lado…

Hermione salió del baño y casi tuvo que caerse de culo por no tropezar con una gran mesa de ruedas con grandes bandejas.

-Acaban de traer la cena los del hotel –respondió Draco (aún acomodado en su sillón) lo que Hermione iba a preguntar.

Ambos se sentaron en la mesa cercana y cenaron en silencio. Cada uno con la vista fija en su plato, ajeno al otro, como tratando de demostrar su destreza con el manejo refinado de los cubiertos.

Hermione pensó de pronto en cómo reaccionaría cuando cayera en la cuenta de que tenía que dormir con ella. Esperó con pesadumbre que Draco no eligiera ese momento para sacarle de quicio…

Y como por arte magia…

-¿Dónde piensas dormir esta noche? –murmuró sin mirarle a la cara, con el tenedor casi en la boca.

Hermione se quedó sin habla, y tras varios segundos…

-¿Qué? –respondió en un hilo de voz, secamente.

-¿Qué dónde piensas dormir, te he preguntado? –dijo, aún sin dirigirle la mirada.

-¿Dónde me sugieres que duerma? –comenzó sarcásticamente la chica, oliéndose por dónde iban los tiros.

-¡Ah! No sé. Tú sabrás…

No podía creer lo que estaba escuchando…

-¡¿Pero tú quién coño piensas que eres?!... ¡No sé cómo te tratarán tus padres, pero ésta no es tu casa, y yo no pienso dormir en otro lugar por que a un estúpido crío caprichoso le resulte más cómodo dormir sólo en una cama de matrimonio!... ¡¿Me entiendes?! –trató de no perder el aliento tras el grito.

Malfoy seguía en su anterior pose, esta vez mirándole a los ojos con un toque felino en su mirada.

Soltó una pequeña risa malvada entre dientes.

-Eres muy predecible... ¿sabes? –espetó, con rostro divertido.

Silencio…

-¿Qué? –la muchacha alzó una ceja.

-Sabía que ibas a reaccionar así. Tienes mucho genio. –soltó entre risitas.

Hermione bajó su mirada a su plato, molesta.

-No te pongas así, sólo trataba de reafirmar y cerciorarme de tu personalidad. No ha sido más que una broma… -dijo sin darle importancia.

-¿Y desde cuando un slytherin bromea con una gryffindor? –dijo ella irónica.

-No estoy en el colegio. Nadie está pendiente de a quién tengo y no tengo que odiar...

-A eso le llamo yo personalidad… –respondió mordaz.

-No eres la más indicada para hablar... ¿no crees? Tus "amigos" – remarcó acentuada la palabra con asco –son los primeros que no soportan verme por los pasillos…

-Draco –pronunció también marcado y por primera vez su nombre ante él-, no es competencia entre casas. Mis amigos no me obligan a odiarte. Te lo ganas tú con tu despreciable forma de ser.

-Bueno, el caso es que…-dijo, tras tragar su trozo de carne, intentando fingir que ese comentario no le había dolido.- Aquí no voy a odiarte por que me obliguen a ello…

Hermione alzó sus ojos a los suyos.

-…que no quiere decir que vaya a ser agradable contigo si no me nace –contestó con la típica y genuina sonrisa Malfoy colgada de sus labios.

Hermione odió por primera vez haber sacado buena nota en un exámen.


-¡Vamos a llegar tarde al museo! –exclamó Hermione entre zancadas exageradas.

-¿Y no podemos ir otro día? –se quejó su compañero a regañadientes.

-No. ¡Las visitas de esta tarde y mañana las tenemos reservadas también!... Sabía que no se podía contar con tu puntualidad…

-¡Eh!, avisaste nada más levantarme de que teníamos que ir a un museo. Además, no es muy agradable que te despierten zarandeándote... ¿sabes?

-¿Y te quejas de cómo te despierto¡tus ronquidos me han tenido toda la noche en vela!

-Yo no ronco –dijo, secamente.

-Claro, las ojeras me salen por gusto. No fastidies… -Hermione seguía esquivando la gente para poder ganar tiempo.

Malfoy apreció el tono sarcástico en la voz y se dio por vencido.

Por fin llegaron al museo antes de comenzar la visita libre y compraron las entradas. Entraron tras un grupo guiado, esperándose a que las salas por las que iba pasando el grupo eran las siguientes para ellos, de modo que podían observar cuadros y esculturas en soledad y con paciencia (Draco, con aburrimiento).

Hermione no supo cuanto tiempo permaneció viendo un cuadro de un atardecer en Venecia. La pintura retrataba a la perfección los tonos anaranjados de la ciudad en el ocaso, era un exquisito placer para sus ojos. Era tan bello, tan atrayente, tan…

-¿Quién es el autor? –preguntó de pronto la voz del slytherin tras ella, con un tinte intrigado.

Miró la placa a la derecha del cuadro, pero tan sólo ponía el título.

-No se indica, parece anónimo. Tan sólo pone "Ocaso veneciano".

Draco se posó a su derecha, observando el cuadro un poco más interesado que en las otras obras. Quizá era una copia de…

-¿No es precioso? –dijo Hermione, maravillada por sus colores y tonalidades.

Él asintió, percatándose de la afición de la chica por el arte.

-Si te gusta este cuadro, te encantaría la colección que tengo en casa.

Hermione se giró inmediatamente hacia él.

-¿Tienes una colección?... ¿de qué autor?

Draco le miró de reojo. No esperaba que se lo tomase con tanta ilusión y admiración, tratándose de él…

-Midgrey Yentlay. Fue una maga muggle que vivió hace ciento cincuenta años. Mi padre la obtuvo en una subasta y me la regaló para mi cumpleaños.

-¿Midgrey Yentlay?... ¡¿una de las primeras secretarias del Ministro de Magia de entonces?!

El rubio asintió.

-No me lo puedo creer…- Hermione no salía de su asombro.- He leído muchísimo sobre ella en libros de la escuela. Sus cuadros sólo los he visto en fotos… y curiosamente, los matices y la técnica de este cuadro son muy similares a su estilo… y también es óleo…

Draco rió por lo bajo.

-Es una copia de una original que tengo en casa.

Ella volvió a mirarle con los ojos como platos.

-Mi padre solucionó el problema en el departamento de arte mágico, enviando una copia idéntica al original gracias a la magia. El dueño del museo, muggle consciente de la existencia de la magia, quería el original para que permaneciera aquí, pero mi padre siempre se sale con la suya, y el resto ya lo sabes…

Ella no pudo evitar que un brillo de envidia brotara en su mirada. Draco, por su parte, no mostraba expresión alguna. Estaba acostumbrado a que la gente admirara que su padre tuviera tan buen gusto para las obras de arte, pero Hermione adoraba demasiado aquella pintora.

-Quizá… quizá pueda enseñarte algún día la colección.

Hermione rió por lo bajo.

-Muy bueno, Malfoy, pero no tiene ninguna gracia…

-Mmm… Lo decía en serio.

Y parecía que por su expresión y mirada, sí…, pensó ella. Pero no quería hacerse ilusiones. Contemplar la colección de la Midgrey sería fascinante, pero tal y en las manos en las que se encontraban…

-Vamos… -dijo Hermione tristemente.- Quiero comprarme una lámina de este cuadro antes de salir…

Draco no comprendió la situación. ¿Había dicho algo hiriente…?

Sacudió la cabeza. ¿Qué hacía pensando él en si le había hecho daño a Granger o no? No debería de importarle… ¿no?

NdA: ...¿Y bien?... ¿Qué tal la experiencia?... :P Los reviews son siempre bienvenidos ;)