CRUCE

Reencuentro

Era lunes por la mañana y el aeropuerto de Kanagawa estaba bastante lleno. Kaede Rukawa se puso las gafas de sol y suspirando, cogió su maleta y buscó un taxi. Tantos años evitándole y ahora le tenía que matar. El mundo es un pañuelo, le dijo Sarah cuando le dijo que conocía al encargo. Hazle ver la realidad, añadió cuando le contó de qué se conocían.

- Kitsune, mañana será la graduación...

- Do'aho.

- ¿Qué vas a hacer?

- Tengo una beca en New York.

- ¡Waw, es fantástico! ...Oye, kitsune... ¿Qué vas a hacer este verano?

- No sé. Entrenar, supongo.

- ¿Qué te parece si pasamos unos días en la playa?

- ¿Pasamos?

- Claro, tú y yo. ¿Qué te parece?

El moreno sacudió la cabeza ligeramente, como si quisiera expulsar el recuerdo con ese gesto. Al llegar a su habitación de hotel se dejó caer en la cama y se quedó dormido.

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- Muchas gracias por venir, señora – saludó cortésmente mientras abría la puerta y daba paso a la mujer a la tienda.

- Sólo tengo dos años más que tú, puedes tutearme – sonrió ella.

- Jeje, es verdad – rió.

- ¿Cuándo venderás el cuadro que te traje?

- Vale por lo menos 50000 dólares. Pero aún no me has dicho por cuánto lo quieres vender.

- Lo que sea está bien. Me quiero deshacer de él, me recuerda demasiado a mi marido – dijo la mujer alisándose un pliegue imaginario de su vestido negro, tras unos momentos de silencio, añadió – Te estarás preguntando por qué no lo guardo como recuerdo.

- Los recuerdos se guardan en el corazón... – contestó él, más para si mismo que para su acompañante.

Ambos bajaron la cabeza, sumidos en sus pensamientos.

xXxXx

- Hanamichi... Yo...

- Sólo ha sido sexo, kitsune. No tiene por qué significar nada.

Kaede Rukawa se despertó sobresaltado, hacía tiempo que su subconsciente no le traicionaba así. Lo justificó con el hecho de que estaba en Japón de nuevo, y que tenía apuntada la dirección y el teléfono del dueño de su mente y su corazón en un papel que su ayudante le había metido en el bolsillo de la chaqueta antes de partir. No me ha dado tiempo de averiguar más datos, se disculpó ella mientras le daba un beso en la mejilla. Pero el moreno no necesitaba nada más.

Pensó en volver a dormir, pero estaba demasiado ansioso. Observó el techo blanco del hotel, del cual colgaba una bonita lámpara de estilo moderno; luego centró la mirada en el ventanal, ya era tarde y el cielo era de un color anaranjado. Fijó la vista en un punto del paisaje, sin ver nada realmente. Tras unos instantes, miró la hora y se levantó de la cama.

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Hanamichi Sakuragi entró en su piso. Estaba algo oscuro, como siempre que llegaba tarde a casa. Saludó silenciosamente un retrato de sus padres; tenía esa costumbre desde pequeño, tal vez fuera algo infantil a sus 29 años, pero le gustaba hacerlo. Sobre uno de los sillones dejó caer el maletín y decidió ducharse antes de preparar algo para cenar.

En el baño, se miró en el espejo. Pasó una mano por el pelo mientras suspiraba cansado, aún lo llevaba teñido de un color rojo vivo y eso le daba un aspecto juvenil y desenfadado a pesar de vestir con traje. Se quitó la ropa y tras la ducha, se vistió con unos pantalones de chándal y una camiseta de algodón.

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Un hombre alto vestido con vaqueros y una camisa de manga corta color azul cielo se encontraba parado enfrente de unos apartamentos en un barrio de clase medio-alta. Había oscurecido hace un buen rato y empezaba a levantarse una brisa suave pero fría. Pronto se arrepintió de no haber cogido una chaqueta; pensó en volver al hotel para coger una y aprovecharlo como una excusa para volver mañana. Enseguida desechó la idea, no voy a echarme atrás ahora que estoy aquí.

Echó un vistazo al papel para comprobar que estaba en la dirección correcta y, suspirando para espantar sus propios miedos, se dirigió al interior del bloque de pisos.

- Buenas tardes – saludó el portero, un hombre algo mayor. - ¿Puedo ayudarte en algo?

- Buenas tardes - contestó Rukawa, - vengo a visitar a Hanamichi Sakuragi, del 7ºB.

- Sí, a Sakuragi, un chico muy amable... ¿Quieres que le avise?

- No, no hace falta, gracias.

Antes de que el hombre pudiera replicar, Kaede subió los peldaños de las escaleras de tres en tres. Tal vez hubiera dejado el baloncesto profesional, pero seguía en buena forma. Momentos después, se encaró a una puerta de madera maciza con un pomo pintado en dorado viejo.

Dando el enésimo suspiro de la tarde, pulsó el timbre. Se oyó una voz desde el interior del piso seguida de unos cuantos ruidos. Tras unos segundos, Hanamichi Sakuragi y Kaede Rukawa se vieron las caras después de más de 10 años.

- Kitsune...


¡Mil gracias por los reviews! Los que lleven dirección los contestaré cuando los reciba (si alguno se me pasa, lo siento mucho) y los que sean anónimos pues aquí:

Andrea: Si, quieren matar a nuestro lindo Hana xD ¡Espero que este capítulo te guste!

KuroNekoChan: Espero que esta continuación conteste a tu review )

Ale: Supongo que la gracia de los asesinos a sueldo es que reciben toda clase de encargos, aunque puede que lo haya redactado de manera demasiado "tranquila". Lo siento si es así, pero sólo puedo basarme en películas y novelas… Pronto el fic va a adquirir un tono más romanticón, pero espero no perder el aura que tienen las historias de asesinatos.

En serio, gracias a todos por los reviews y gracias también por leer.