III

—Pero no son justos contigo, Haru-chan. —Había dicho Makoto, repentino. De hecho, todo el ambiente era bastante repentino y bastaba con decir que el joven apareció en terrenos escolares, citando a Haruka hacia un rincón apartado.

Más allá de aquella faceta taciturna, la cual siempre cargaba, a Haruka le picaron centenares de cosas —pensarlas bajo acotaciones de emociones de contentamiento, le fue imposible.

Entonces, cuando estuvo por preguntarle a qué venía y qué quería, sus ojos —tan vivos a él, como el azul a la naturaleza— le mostraron una mezcla jamás presenciada. En ella, la pena, consideración y algo más raro al miedo fluían cuan arroyo infectado.

Además de sospechar que Makoto había frecuentado el lugar todo este tiempo, Haruka creía, se debía a su deficiencia hacia cualquier deporte fuera del agua, lo que le descartaba instantáneamente en cada elección para partidos de fútbol en los recesos; o en gimnasia, para cada actividad; o en las carreras hasta la cantina, puesto que apenas trotaba si se lo pedían.

Cabellos castaños intentaban ayudarle, mientras simples morochos decaían por segundo en su sonrojado existir.

—Siento conocerlos, y engañan, roban… ¡Podrían hacerte lo mismo, Haru-chan! —decía, en inclinaciones sutiles para llevarlo consigo, a más del prometedor cercado por el cual se separaban.

Haruka también lo esperó.

—No me harán nada mientras no se acerquen. Tampoco les hablaré si no me hablan. Ellos no me interesan, creo que es algo recíproco. —articuló, al tanto de evitar la caída de las cenizas dentro su cabello a su garganta. Sentía el peligro hasta en el semblante inmutable de Makoto, puesto que nunca había hablado tanto, amalgamando tantas palabras, con tal tono y ligereza.

Makoto recordó verlo así únicamente cuando nadaba bajo las brazas de olas saladas entre atardeceres calurosos. Por aquellos días en los cuales solo podía disfrutar la vista y extenderle sus manos para alejarlo de resfríos primaverales, le regaló una sonrisa de costado, con sus ojos a medio cerrar.

Esperaría, siempre y cuando Haruka traiga esos actos impredecibles consigo ¡Porque cada pizca cuenta!

«Makoto, me gustaría que confiaras en mí y no vengas a…»

—Confío en ti, Haru-chan. Soy incondicional en ello y lo sabes a la perfección —continuó. Y Haruka tragó en seco, no comprendía como podía adivinarle, aun dentro del repugnante clima.

—Pero, siendo franco, confío en Haru-chan. El Haru-chan parado frente a mí, no existe nadie más.

—Como digas. Pero quita el «chan».

Haru se alivió al no tener nada más para decir. Sin embargo, le aterró que la primera vista del sol por esos días se asomara a la par de la risa —suave y hechizante. Impropia a cada mundo que le vea— de Makoto. Se asemejaba a lo mágico, tornándose escalofriante ante el crudo sentimiento de: «Si esto es lo que queda ¿Qué será de mí al perderlo?»

Era la primera vez la cual aceptaba el privilegio del sol —astro contrario a su hidrógeno, a su anatomía— y si bien juraba, Makoto le tocó tanto a él, como él a Makoto —o sea, nada. Ni la cifra de un saludo— sentir su calidez también era un lujo.

El cuarto, apreciarlo.


N/A: Según mi poca experiencia por FF y la gran credibilidad que posee Wikipedia por ser Wikipedia, si el escrito tiene más de 100 o 500 palabras cuenta como viñeta, y con 530 supongo que lo sea (._.) No pude llegar a juntar las partes III y IV entonces alargué la tercera, mientras preparo a la cuarta.

Muchas gracias Natsuna27 y eclipse total, por tomarse el tiempo de leer y dejar review. Les juro, pensé que el proceso estaría muy confuso y nadie lo entendería; me alegra saber que les interesa y quieran seguir leyendo~ ;D

Centenares de disculpas en el caso de hallarse algún error de ortografía o gramática. No soy perfecta, word tampoco.

Si te gustó, tu comentario es bienvenido y alegra mis días~ ¡Saludos!