Notas: Me referiré a algunos de los viceapitanes por sus posiciones (Vicecapitán Tormenta, Vicecapitán Flama, etc.), ya que no tienen nombres oficiales.


Sugerencia #1: Consigue una Novia


–Entonces, ¿para qué me necesitabas? –pregunté, frunciendo el ceño. Había estado practicando mi esgrima cuando el Vicecapitán Tormenta me llamó–. ¿Y por qué está aquí tu novia?

Junto a nosotros estaba una clériga del Santuario de la Luz. Ella se echó el cabello por sobre el hombro, arrogante, cuando la mencioné.

El hombre junto a mí movió su dedo de un lado a otro.

–Tyler, no seas tan suspicaz. Sólo queremos ayudarte. Pensamos que necesitarías unos consejos, considerando que eres un novato en este asunto de ser un vicecapitán hecho y derecho, y eso.

¿Quiénes son "nosotros" y por qué necesito consejos? ¿Me supongo que su novia no tiene interés en ayudarme?

Me volví a verla con suspicacia, y ella bufó, claramente nada impresionada.

Aunque no había tenido un capitán hasta ahora, nunca había dejado de ser un vicecapitán. Miré la empuñadura de mi espada sombríamente.

¿He sido un vicecapitán tan malo que necesito una intervención? Hasta Adair me ha recriminado mi comportamiento...

Levanté la mirada. Eso no explicaba la presencia de la clériga, así que me decidí a preguntar.

–Lo siento, pero, ¿qué tiene que ver esto con tu novia? Todavía no entiendo la situación.

Él exhaló.

–Tyler, ¡es indispensable para los vicecapitanes tener novias!

–De veras –dije monótonamente. No recordaba que Adair o Vidar tuvieran novias, y parecía que se estaban desempeñando muy bien como vicecapitanes.

–Sí, de hecho, deberías hacer que todos en tu pelotón consigan novia!

–No te entiendo nada.

Suspiró.

–¿De veras tengo que explicártelo con dibujitos? Bien, sólo observa.

Confundido, lo seguí mientras avanzábamos a hurtadillas por los corredores. Noté que, aunque nos escabullíamos, habíamos reunido un grupo de caballeros tormenta, mientras íbamos hacia doquiera que fuéramos. Lo curioso era que ellos también habían traído mujeres, que posiblemente eran sus novias.

No será esto una cita grupal, ¿o sí...?

Finalmente, tras escabullirnos por varios corredores tan bien como podíamos hacerlo siendo un grupo tan grande, llegamos a una plaza abierta cerca de la entrada del Templo Sagrado. Había un gentío considerable por el lugar.

–Bien, hay un montón de testigos... quiero decir, gente, por aquí. Cielo, es todo tuyo ahora –le dijo con voz dulce a su presumida novia. Cuando dejó de hablar, se escondió detrás de un pilar.

Fruncí el ceño. ¿Qué está haciendo...?

No tuve mucho tiempo para preguntármelo. En medio de la muchedumbre se veía una cabeza de cabello azul que sólo podía pertenecer al Capitán Caballero Tormenta. Sin amilanarse por el gentío, la clériga se abrió paso a empujones hasta que todos captaron la idea y se apartaron de su camino.

El Caballero Tormenta levantó la mirada, sonriendo ampliamente, y guiñó el ojo; pero, en lugar de ceder ante sus encantos, la clériga gritó.

–¡Caballero Tormenta, eres un mujeriego!

Mis ojos se desorbitaron cuando acompañó eso con una fuerte bofetada. Desafortunadamente para el Caballero Tormenta, sus manos estaban ocupadas: llevaba muchas hojas de papel, lo que tal vez era la razón por la que no había hecho el más mínimo intento de defenderse. Eso, y que era el Caballero Tormenta, a fin de cuentas. Jamás levantaría la mano contra una mujer, ¿verdad?

La expresión en el rostro del Capitán Caballero Tormenta no cambió mucho. Todavía tenía una sonrisa en el rostro, aunque parecía un poco... congelada.

–Auch –dijo el hombre que me había traído aquí, el que había traído a su novia aquí para gritarle a su capitán.

–¿Qué fue eso? –siseé, acribillando con la mirada al pilar junto a mí. ¡¿No me digas que los vice-capitanes deben dejar que sus novias golpeen a sus capitanes?! Una mano apareció desde atrás del pilar, haciendo una especie de gesto que significaba "ssshhh"

La clériga esnifó.

Apurado, volví mi atención a la escena que se estaba desarrollando frente a mí.

Para los que no la conocían, podría haber parecido que estaba a punto de llorar; pero a mí me pareció que su esnifar sonaba bastante parecido al bufido que había soltado cuando me había visto despreciativamente, hace poco.

–¿Crees que eso sea suficiente? –susurró uno de los caballeros tormenta. Noté que, al igual que su vice-capitán, muchos de ellos se habían escondido, unos detrás de arbustos, otros detrás de pilares, otros detrás de mí...–. ¿O debería mandar a mi novia, también?

–¿No creen que estamos exagerando un poco...?

–¡Nah, esto no basta!

–¡Mándala! ¡Mándala!

Miré atónito como otra mujer caminaba y empezaba a cantarle sus verdades al Caballero Tormenta. Después de ella siguieron otra, y otra, casi como un torrente interminable.

Los caballeros escondidos detrás de mí se estremecieron. Algunos hasta se estaban frotando los ojos y aferrándose el corazón. Los arbustos se agitaron.

–Ay, pobre de mi capitán –dijo un arbusto.

¡¿Entonces porqué dejaste que tu novia le gritara?!

No entendía para nada lo que estaba pasando. Después de que la comitiva de mujeres habían tomado su turno para contar cómo el Caballero Tormenta les había roto el corazón, empecé a escuchar al gentío a mi alrededor murmurar y suspirar.

–¡Qué casquivano es el Caballero Tormenta!

–Un donjuán.

–Siempre anda rompiéndole el corazón a las mujeres.

Los caballeros tormenta escondidos alrededor parecieron suspirar aliviados colectivamente.

–¡Uff, funcionó! ¿A quién le toca la próxima semana?

–Creo que mi novia no ha tenido su turno aún.

Yo todavía estaba impactado, cuando el Caballero Tormenta esbozó una sonrisa torcida y empezó a hablar, atrayendo mi atención. No sabía porqué había estado tan callado hasta ahora.

–Ah, mis damas, temo que deben permitir que vague, como el viento, pues ésa es mi naturaleza –hizo una reverencia y guiñó el ojo–. Me honra que me hayan permitido acompañarlas en este breve pero hermoso momento. Si tan sólo el viento no tuviera mi atención, sería toda suya.

Después de eso, todas las mujeres presentes empezaron a aclamarlo y decir "¡Ahora elígeme a mí! ¡Elígeme!", y toada animosidad contra el Caballero Tormenta se desvaneció así nada más. Hasta la mayoría de las mujeres que habían pasado a acusarlo lo veían con ojos soñadores. Creí oír a los caballeros tormenta celebrar y decir "¡Ése es mi capitán!"

Estaba muy confundido, pero salí de esa situación pensando que el Caballero Tormenta era, en efecto, tan donjuán como decían los rumores. Después de todo, me parecía que había coqueteado con todas las novias de su pelotón, a juzgar por las que habían ido a gritarle, pero por mi alma que no podía entender porqué los caballeros tormenta se veían tan felices por eso.


–Es por eso, mi compañero vicecapitán, que deberías conseguir una novia.

–¿Para que le grite a mi capitán? –pregunté, todavía sin entender. Y no me hagas hablar sobre las embrolladas relaciones en tu pelotón. ¿Qué diantres está pasando?

Exactamente. Hace maravillas para la reputación de mi capitán.

Fruncí el ceño.

–¿De verdad tu novia salió con tu capitán? ¿No es eso un poco... raro?

Me vio con una cara rara.

No creí que fuera a entenderlo nunca, así que decidí dejar de preguntar.


La Primera Sugerencia Sobre Cómo Servir a tu Capitán: Consigue una Novia (Para que le Grite a tu Capitán para Mejorar su Reputación)


continuará


N/A: Bien, ahí lo tienen, ¡así es como será el resto de la historia! El POV de Tyler. Y he aquí que pensé que el primer fic largo que escribiría sobre los vice-capitanes sería sobre Adair... Tyler, ¿de dónde saliste?

La idea de que el Pelotón de Caballeros Tormenta enviara a sus novias para ayudar a la reputación de coqueto de su capitán fue inspirada por una persona que dejó un comentario en mi LJ. ¡Si alguien recuerda haber tenido esa conversación conmigo, díganme! ¡Gracias por tan genial idea!

Si cualquiera tiene en mente escenas que les gustaría ver, siéntanse libres de sugerirlas por MP o en un comentario en mi LJ (¡tengo un post fijo hasta arriba de mi journal para eso! Si no es en este fic, quizá vean esa escena en otro~.