CAPITULO 2
(Pov Hannival)
Después de un día como este solo quería meterme en la cama y dormir un poco pero al parecer el universo se había vuelto en mi contra.
Iba caminando por la entrada de la casa, los mayordomos estaban a mis lados y saludaban inclinando la cabeza.
Fui caminando hacia mi despacho y me encerré allí, sabía que Verio estaba cerca, olía a su tabaco de liar, igual al mío.
-Hola hijo- desabroché mi corbata y me senté en el sofá de cuero marrón en una de las esquinas.
Verio caminó hacia mí y se sentó a mi lado.
-Papá...-.
-¿Si?-.
-Mamá no está bien, está llorando arriba-.
Di un bote y le miré sin saber qué coño hacer.
-¿Por qué llora?-.
-Al parecer tenemos otro hermano-.
-¿QUE?-.
-Jane... la sirvienta, vendió a un bebé, el mellizo de Jade-.
"Un día tranquilo... sin duda"-.
Abrí la puerta y salí de allí, subí las escaleras y abrí la puerta de la habitación, allí estaba ella. Dormida, a su lado Máximo cerraba un libro y lo dejaba sobre la mesita de noche. Me hizo un gesto con la cabeza para que saliese fuera, retrocedí dos pasos y Verio estaba a mi lado y junto a él Duque y V.
-¿Donde está Jane?- dije entre dientes-.
-Está abajo, en el sótano, lista para ti- dijo Duque y me dio las llaves de su puerta del sótano- cuando acabes manda que lo limpien-.
-Vale-.
Cogí las llaves y bajé las escaleras hasta el sótano. Una vez allí,
Jacob, el encargado de la seguridad aquí abajo se hizo a un lado.
-Buenas tardes señor Casannova- dijo educadamente-.
La canción Just stay here tonight del grupoAugustana sonaba muy tenue.
Arrugué la frente, aquí solía haber música clásica y esto era para adolescentes.
-Ahora cambio el hilo musical señor...-.
-No te preocupes, sigue con lo tuyo-.
Puerta siete, abrí con la llave y allí estaba Jane colgada por las manos.
"Pelirroja..."-.
Ese "clic" imperceptible en mi cabeza se activó y sonreí como un carnicero hijo de puta.
-Señor... por favor-.
-Primero hablaremos-.
Me senté en una silla de metal plateado frente a ella, encendí un cigarrillo y cerré los ojos para intentar serenarme.
-¿Dónde está mi hijo?-.
-Se lo vendí a Esme Sanchez-.
-Esme Sanchez... dirección o número de teléfono...-.
-Vive en el este del país en un pueblecito pequeño... no tengo su teléfono-.
-¿Como se llama mi hijo?-.
-No lo se señor... la última vez que estuve con Esme me dijo que lo vendió-.
-¿Donde?-.
-No me lo dijo... pero ella lo llamaba... "Scorpion"-.
Apunté mentalmente todo lo que me dijo.
-Vale, se acabó la charla-.
-NO POR FAVOR-.
-Suplicar no te servirá de nada y con lo que respecta a mi... eres pelirroja, eso no te favorece-.
Apagué mi cigarrillo sobre el talón de ella y gritó, decidí ponerle una mordaza, me dolía la cabeza un poco, después de tanta información y tan de golpe.
Me quité la chaqueta y la camisa para no ensuciarlas, cogí una de mis navajas y corté uno a uno sus dedos.
A mi derecha había un recipiente plateado con sal, y sabía perfectamente para que servía, eché un puñado de sal sobre cada corte, las lágrimas de la pelirroja no dejaban de salir, preparé una jeringuilla con un excitante que usábamos para las torturas, para evitar el desmallo.
Se lo inyecté en vena despacio... me estaba tomando mi tiempo con esto.
Llené esta vez la jeringuilla de lejía y se la puse en vena, eso la quemaría por dentro.
Los ojos de Jane estaban en blanco por el dolor y había vomitado.
Detrás de mí la puerta se abrió y sabía que era Troy, cerró la puerta y se apoyó en la pared mirándome.
Le corté los tendones con un cuter después le rajé la cara y saqué los ojos, para finalizar con la lengua, finalmente inserté una sierra metálica entre sus piernas cortándola por la mitad, un bonito trabajo sí señor.
Me giré y vi a Troy impasible vestido con una camiseta de manga larga negra y unos pantalones vaqueros del mismo color, unas botas negras con unas cuantas tachas brillantes y una pulsera de pinchos junto a una pulsera de hilo rojo.
-¿Y eso que te ha crecido en la mano?-.
Encendí otro cigarro, estaba cubierto de sangre, que pena de pantalones.
-Me la ha hecho Judit-.
-Entiendo-.
-¿Estás bien?-.
-Estoy más que hundido en mi pozo de mierda-.
-Ve a darte una ducha-.
-Hasta tú me ordenas marica, algo debo estar haciendo mal-.
-Mira... date la vuelta y fíjate en tu trabajo, ni el jodido Miguel Ángel podría igualar algo así, dúchate, vístete y ve a consolar a tu mujer dame los datos que esa puta te ha dado y en menos de veinte horas lo tendremos localizado-.
-Gracias...-.
-Esa palabra no queda bien en ti marica-.
-Lo que tú digas-.
Encendí la luz del baño de manieses blancos y me metí en la ducha.
Olía el tabaco de Troy desde aquí.
-Esme Sanchez es quien tiene a mi hijo- alcé la voz para que se me escuchase-.
-Vale- dijo también en voz alta- ahora mismo me pongo con eso, llamaré al castillo de las mentes prodigiosas-.
-¿Donde?-.
-A la casa de Hakon, a ver si él nos puede contar algo-.
-Vale-.
-Te espero en tu despacho-.
