Capítulo I Lluvia

Recuerdo aquel amargo día, nunca volví a llorar como aquella vez, me encontraba en mi habitación, miraba con enojo una flor blanca que mi adorada madre había dejado en mi habitación. Se suponía que ese día sería el más feliz para mí, que estaría con mis amigos en la alberca, rodeados de globos y pastel, era mi séptimo cumpleaños.

Fuera de la habitación se encontraba mi padre, tras la puerta que cerré con todo mi enojo, ese día. La flor blanca sobre el borde de mi ventana, como ironía de la vida se había abierto por completo, dejado de ser un botón, para hacerse una hermosa flor, con un centro amarillo y naranja con puntos violentas. Habían sido varios días, mi madre y yo esperando por verla florecer y ahora, ella ya no estaba.

Odie pensar el motivo de su muerte.

—Ichigo— Habló mi padre— ¿puedo pasar?

—Escucha, hijo— parecía preocupado, sé que él lo pasaba peor y aun así, estaba ahí para mí y mis hermanas de 2 años—

—Vete, papá— Alcé la voz

—Ichigo— abrió la puerta, estaba parado bajo el umbral de la puerta, su pantalón oscuro y camisa blanca, su mirada triste pero su sonrisa radiante, lo odie, lo odie, porque no me reclamó.

—No es tu culpa, Ichigo— me dijo, yo lo miré—Ella te amaba con todo su ser, no es culpa de nadie,

— ¡Si yo no hubiera querido una fiesta! — Le grité— ella no hubiera ido por los dulces y no hubiera estado en el asalto donde le dispararon.

—Ichigo, ella estaría triste ahora, si te viera así de enojado—

—No quiero eso papá— corrí a abrazarlo—

—Deja de llorar y acompáñame a despedirla— él pesar de mi padre no tenía comparación, un hombre joven y de buena posición, había perdido a su amada esposa y yo a mi adorada madre

—Ella será feliz, si tú lo estás—

— ¡Mientes! Ella ya no puede estar feliz— le dije llorando

—Ichigo, escúchame…— mi padre me exigió, obedecí— Ella se encuentra allá— señaló el techo

— ¿En el techo? — le pregunté

—No—me sonrió— ven…— me dijo y me tomó de la mano para acercarme a la ventana

—Ves el cielo gris—

—Sí… lo veo papá—

—El cielo esta triste como tú, pues allá en el cielo se encuentra tu madre, si sonríes el sol brillará —

— ¿Estas triste como yo papá? —

—No, no lo estoy, — miro el cielo—soy feliz por la vida que eh vivido hasta el final de mi amada esposa y tengo dos preciosas princesas— me miró— y una gran y apuesto caballero, ustedes son los regalos del cielo para papá

— ¿Regalos del cielo? —

—Sí, son los regalos de tu madre para mí—

— ¿Eso es cierto?—

—Lo es, como esta hermosa flor, es el regalo de mamá para Ichigo—

—Entonces, no me odias—

—Jamás odiaría a mi pequeño hijo— revolvió mi cabello— Me tonto hijo pequeño— sonrió para luego caminar hacia la puerta

— Te espero abajo— me dijo saliendo de la habitación

—Ok…— respondí

La lluvia no cesaba, recuerdo que estuve al lado de mi padre todo el tiempo, miraba a Ishida Uryu tomado de la mano de su padre, el doctor Ishida, Tatsuki mí mejor amiga estaba con mis hermanitas y su hermana gemela Senna, estaba mi mejor amigo Chad con su abuelo, mucha gente que yo no conocía, amigos de mi padre y madre, gente extraña, el hermano mayor de mi madre Kisuke y su hermana menor Rangiku, había mucha gente totalmente desconocida. Se escuchó el ruido de un cascabel.

—Papá…— él estaba distraído

Entre tantos rostros hubo uno que llamo mucho mi atención, una esbelta figura de una chica con un extraño vestido, saltaba en la escalera, escalón por escalón, la única vestida de forma diferente.

—Papá hay un chica en los escalones—Mi padre volteo,

— ¿Puedes ir a ver Ichigo? — Me dijo

—Pero… sí— respondí, de pronto ya no la vi, pero al voltear ella ya se encontraba en el segundo piso. Corrí hacia arriba.

— ¡Detente! — ella no me obedeció siguió caminando, era verdaderamente rara, su vestido era blanco en forma diagonal, dejaba ver una de sus piernas, con unos listones azules que salían de la espalda, los listones flotaban, estaba descalza y traía unos arreglos de lo que parecía estrellas de hielo adornando su negro, abundante y largo cabello trenzado, los pies era muy pálidos

—Espera— estaba parada en mi puerta, semi abierto. La puerta se abrió por completo, volteo para mirarme y entró a mi habitación — Esa es mí ha…

Corrí y cuando entre a la habitación ella estaba de rodillas acariciando la flor que mi madre me dejó, se escuchó la campanilla de nuevo

— ¡Aléjate! — le grité y me acerqué, ella poso sus ojos en mí, eran de un intenso color violeta y sonrió maliciosa, salto sobre mi cama con una impresionante rapidez, como si se hubiera impulsado del suelo a la cama, bailo sobre esta, alzando sus manos, dejaba rastros de escarcha sobre lo que tocaba,

— ¿Quién eres? ¡Baja de mi cama! — intenté detenerla pero no podía alcanzarla, bailaba, se detuvo frente a una fotografía donde estaba toda mi familia se inclinó y volteo a verme, yo estaba molesto pero ella estaba divertida, ella irradiaba una especie de luminosidad pero no lastimaba, era toda blanca

—Te habló, debes bajar— Ella caminó hacia mí, retrocedí. Cuando retrocedí ella pareció confundida

— ¡Rukia…!— se escuchó como un lamento, ella se asustó y apareció detrás de mí, yo voltee a verle y escondía su cara en su trenza, había un mechón en su cabello, sin pensarlo, puse mi mano sobre una de ella, me miró y me sonrió, se acercó demasiado y un helado sabor a dulce apareció en mis labios, ella retrocedió hacia la flor, alzó la mano y se desvaneció dejando escarcha y una especie de brillos que parecían diamantes…

— ¿Ichigo que fue eso? — preguntó mi sofocado padre

—No sé,