Holaaaaaaaaaaaaaaaa!

Antes que nada que agradecer enormemente por sus comentarios, por ponerme en sus favoritos, por el apoyo y por todo, no saben lo feliz que me hicieron .. se los agradezco de todo corazón!

El gran enigma... ¿Quién es ella? ¿Quién murió? ojalá no se me haya olvidado resolver esos misterios...

Esté capitulo está dedicado a... Mary, Diana feliz cumple supeeeer atrasado jajaja las quiero! Obviamente a Myriam y en especial a ustedes, lectores!

Espero que les agrade el capitulo, nos leemos más abajo


Con el corazón acelerado, el estomago revuelto, la vista borrosa y una gran opresión instalada en el centro del pecho, Harry Potter, el famoso actor de Hollywood, conducía como alma que lleva el demonio por las calles de Edimburgo.

Aquellas calles que tanto añoraba y recordaba, sobre estas calles, sobre estos paisajes, sobre este país se había comenzado a escribir su historia. Todas y cada una de las etapas que había vivido sobre esta tierra, las atesoraba en su corazón; unas más importantes que otras, más felices que otras. Este país, su país le había dado demasiado. Su familia era feliz aquí, sus amigos también, las personas a las cuales conocía desde niño eran felices aquí; claro, con uno que otro problema pero los enfrentaban con una positividad increíble. Algo que a él se le había olvidado.

Todas aquellas cosas que siempre le habían caracterizado y las cuales había aprendido de sus padres, de pronto, en un punto crucial en su vida, se perdieron, dejaron de existir. En el mismo instante en que ella se había esfumado, su personalidad y todo lo que era se lo había llevado con ella dejándolo vulnerable, descubierto, en un vacio y oscuridad interminable.

La época más feliz de su vida, sin duda fue cuando ella apareció en su camino y del que estaba seguro nunca saldría. Que idiota fue al creer eso. Que tonto fue al creer en todo ese amor verdadero que juraban tenerse. Que iluso había sido al pretender construir un matrimonio como el de sus padres.

Siempre se había cuestionado si existía el amor eterno, si existía el alma gemela. Y cuando ella apareció todo tuvo respuesta, cuando ella apareció pudo de verdad comprender y admirar el amor de sus padres, cuando ella apareció lo creyó todo posible. Después de que ella se marchara, todo en su vida comenzó a derrumbarse, aun no sabía cómo fue que no llegó a suicidarse. Las dos mujeres más importantes de su existencia se alejaban y el impotente no podía hacer nada para detenerlos. Luego de la partida de ella, Hermione le dio una terrible noticia. Una de las mujeres que tanto amaba estaba enferma.

En frente de él se encontraba la casa de sus padres, esa magnífica casa llena de amor y comprensión. No había cambiado nada, desde que era pequeño la recordaba así, con la fachada en color blanco, todas la ventanas abiertas, y un delicioso olor a comida recién hecha escapando de la cocina, la casa rodeada de un hermoso jardín perfectamente cuidado, los rayos del sol le daban de lleno, haciéndola ver aun más acogedora. Pero en esta ocasión no se veía así, de ninguna manera. Esta vez no sería un encuentro caluroso colmado de felicidad, esta vez sería un adiós doloroso y desolador.

Esta vez la casa no sería testigo de una feliz reunión familiar, esta vez sería diferente. Por más que quería volver a ver la casa con las mismas cualidades no podía. Esa casa era testigo de miles de experiencias tanto agradables como desafortunadas. Antes su casa la sentía como un templo, como su refugio personal porque dentro de ella se encontraban las personas que eran piezas claves en su felicidad.

Fue por eso que en dos años no pudo regresar. No pudo soportar ver a esa mujer apagándose día a día, no pudo soportar el constante recuerdo de ella en su memoria, todo su alrededor era un incesante recordatorio de ella. Tenía suficientes recuerdos en su mente como para revivir más veces de las necesarias lo que había sido su vida con ella. Simplemente no pudo regresar y se odiaba por eso.

Aparcó frente al porche de su casa, con pasos inseguros fue acortando la distancia entre él y la entrada. No podía abrir, no podía tocar, no podía estar allí, sintió como sus ojos verdes, esos ojos idénticos a su madre se le humedecían. Estaba punto de tocar cuando de pronto la puerta se abrió y vislumbro una sombra, no sabía de quien se trataba pues su vista era borrosa a causa de las lágrimas contenidas.

— Así que… ya estás aquí – murmuró una voz masculina

— Eso parece – respondió Harry con un nudo en la garganta - ¿Cómo fue?

— Tranquilo, como ella se lo merecía – se encogió de hombros – Estaba dormida pacíficamente cuando sucedió

— Yo…

—No digas nada – le cortó – Ella te perdono y pensó en ti hasta su último aliento – dio un paso hacia fuera

— Neville…

— ¿Y tu manda? Pensé que ellos también vendrían – lo volvió a interrumpir

— Dejé plantado a Clyde

— ¿Quieres decir que has venido solo? – preguntó Neville incrédulo

Harry asintió, se miraron directamente a los ojos y Neville supo que su hermano estaba a punto de colapsar. Sabía lo que necesitaba Harry. Necesitaba un abrazo, el cariño de su familia, pero el aún no estaba preparado para olvidar todo. Le apretó cordialmente el hombro transmitiéndole su afecto y solidaridad, pero no podía dar más. Al parecer Harry captó el mensaje porque sólo asintió con la cabeza.

— Entremos, todos te están esperando – Neville se hizo a un lado y dejó pasar a su hermano. Desde el recibidor se escuchaban los lamentos y las palabras de afecto, le llegó un olor fuerte a flores. Con paso tambaleante y un sudor frio se dirigió a la sala, ahí los sofás fueron reemplazados por sillas, todas ocupadas. Se sintió rodeado de rostros familiares, de llantos, de palabras de consuelo, de un gran afecto, pero se enfocó en las primeras sillas justo frente al ataúd color caoba que se ubicaba hasta delante, con las pulsaciones a mil llegó al frente y se situó a lado de su hermana Hermione; percatada de su presencia se giro para observarlo con una expresión de desconsuelo total.

— Hermione – susurró al mismo tiempo que se le humedecían los ojos, la estrechó en un apretado abrazo. Hermione se encontraba en un conflicto, por un lado estaba feliz de tener a su hermano con ella, pero por otra parte, al igual que Neville, tenía sus reservas. Aun así se permitió llorar sobre el pecho de Harry mientras que éste le acariciaba tiernamente la espalda y le murmuraba palabras de consuelo. Cuando estuvo más tranquila se separó un poco de él.

— ¿Por qué Harry? Dime ¿por qué ella? – cuestionó con desesperación y rabia

— Nadie sabe eso… cosas del maldito destino – respondió Harry visiblemente afectado, se dio la vuelta en dirección al ataúd, el cual estaba abierto.

Qué bella era, hasta en esas circunstancias se le veía hermosa y serena, desprendía un aura de ternura y tranquilidad insuperables. El rubor permanente de sus mejillas había desaparecido y su color rosado era reemplazado por el asqueroso color inerte de la muerte. Lo único que la muerte no se había podido llevar ni arrebatarle era el color de su cabello, ese increíble color rojo fuego; su color favorito, ese color que le traía innumerables recuerdos, ese color que la definía, ese color que la caracterizaba, ese bello color que siempre sería de ella.

Se inclinó hacia dentro del féretro y depositó un suave beso en su frente, su último beso, su beso de despedida, su último adiós. ¿Podía una persona experimentar tanto dolor? ¿Cuáles eran los límites del sufrimiento? ¿Por qué ella? ¿Por qué él? ¿Por qué esto? ¿Por qué todo?

Sintió que alguien le tocaba ligeramente el hombro, se volteó con brusquedad y se asombró de encontrar a su padre; James Potter, parado frente a él, se le veía un poco más viejo y pálido, sus ojos rojos, hinchados y con unos enormes círculos oscuros signo de que no había dormido, su desmejora era muy notable.

— He vuelto a casa – fue lo único que pudo decir. James no necesito más y estrechó a su hijo entre sus brazos. Se abrazaron con firmeza, a pesar de los temblores que les provocaba el llanto, la ira, la tristeza, la desesperación, el dolor, y un sinfín de emociones contenidas.

— Ella está feliz de tenerte aquí – susurró James con la voz entrecortada, se dio vuelta y abandonó el salón, Harry lo siguió con la vista y se percató que ya nadie se encontraba allí, sólo él y ella.

Cuando escuchó la puerta cerrarse giró de nuevo, observó por unos minutos el féretro; incontables pensamientos cruzaron por su mente. ¿Por qué ella? ¿Por qué así? ella no había hecho ningún mal, siempre buena, siempre honesta, siempre bondadosa, siempre caritativa, siempre amable, siempre tierna, siempre confiable. ¿Por qué no desaparecían los malos? Como él, por ejemplo, ella no se lo merecía y se sintió culpable. Culpable por no apoyarla, culpable por no estar a su lado, culpable por darle más problemas, culpable por darle preocupaciones, culpable por defraudarla, culpable por hacerla sufrir, culpable por no haber luchado hombro con hombro a su lado, culpable por abandonarla, culpable por no haber muerto en su lugar, culpable por ser egoísta.

Él y solo él, era culpable de todo. Lo único que le reconfortaba era saber que su muerte había sido tranquila, sin dolor, ni agonía; simplemente se sumió en un profundo sueño del cual ya no despertó ni despertaría. Porque ella estaba muerta. Porque ella nunca iba a volver a abrir esos impactantes ojos que poseía, nunca más iba a sonreírle, nunca más le iba a decir que lo quería, nunca más le iba a consentir, nunca más le iba a cocinar, nunca más le iba a dar consejos, nunca más lo iba a estrechar entre sus brazos, nunca más le iba a hablar, nunca más iba a escuchar su melodiosa voz, nunca más iba a escuchar su risa, nunca más la vería bailar, nunca más la oiría cantar, nunca más le iba a leer un libro, nunca más lo iba a regañar, nunca más la haría enfadar, nunca más la iba a proteger, nunca más estaría a su lado, nunca más iba a poder disfrutar de su compañía, nunca más la podría besar. Nunca más podría hacer nada con ella. Simplemente ya no existía físicamente.

La cruda realidad le pego desprevenido, realmente ella estaba muerta, realmente ella nunca volvería.

Realmente su madre, Lily Potter estaba muerta y el no había estado presente para ser testigo de su último suspiro. Se abalanzó sobre el ataúd golpeándolo con todas sus fuerzas, gritando de dolor, impotencia y rabia.

Cuando el coraje se disipó dio paso al dolor, al resentimiento y a la terrible realidad. Torpemente extendió sus brazos alrededor del féretro, apoyó su frente en la de su madre, le acaricio la mejilla con infinita ternura y delicadeza. Entonces y sólo entonces se permitió llorar, expulsando todo lo que tenía reprimido. Lloró como nunca lo había hecho ni lo haría, lloró como si su vida se fuera en ello. Lloró su perdida. Lloró su soledad. Lloró sus idioteces. Lloró su existencia. Lloró sus errores. Lo lloró todo y trataba de convencerse de que todo cambiaria, que su madre estaba bien, estaba feliz, de que ella seguro estaría triunfando y logrando sus sueños, de que su familia lo perdonaría, de que volvería a encontrar el camino correcto, que saldría adelante, que cambiaria, que se solucionaría su vida, de que a partir de ahora todo iría para bien. No volvería a cometer los mismos errores, se lo debía a su familia, a su mamá, a ella, pero sobre todo se lo debía a sí mismo.

La incesante lluvia arremetía con fuerza contra la ventana de su antigua habitación. Un estruendoso trueno interrumpió su intranquilo y escalofriante sueño. Abrió los ojos lentamente y enfocó si vista a la puerta esperando que sus pupilas se acostumbraran a la oscuridad. Giró sobre su propio cuerpo y consultó la hora en el reloj que tenia sobre su mesa de noche. Faltaban diez minutos para las tres de la madrugada y no hacía ni dos horas que se había ido a dormir después de tener que pasar por uno de los peores días de su vida. Estaba seguro de que todo por lo que había pasado el día anterior dejaría una huella en su alma hasta el fin de sus días.

Se incorporó y permaneció sentado en su cama, mirando al vacio y oyendo lejanamente la salvaje lluvia. Tantas preguntas sin hacer, tantas cosas sin decir. Que tarde se había dado cuenta de sus errores. Que tarde se había arrepentido. Que tarde lo había hecho todo.

Se levantó y salió al pasillo pero rápidamente regresó a su dormitorio, afuera hacia un frio de los mil demonios. De su armario sacó unos pants desgastados y una sudadera. La madera crujía bajo sus pies, trató de no hacer ruido para no despertar a nadie ni que se percataran de su presencia. Entró a la sala y encendió las luces, se dirigió hacia la chimenea y depositó varios troncos en ella para avivar el fuego y el calor en la estancia. Cuando se levantó sus ojos se toparon con varias fotografías sobre una repisa arriba de la chimenea. La primera era del día de la boda de sus padres, a los dos se les veía extremadamente dichosos y enamorados. La segunda imagen retrataba a sus hermanos y a él junto a sus padres en un parque de diversiones, pasó la mirada por cada fotografía que se encontraba ahí.

Los ojos se llenaron de lágrimas cuando tomó un marco en el cual se apreciaba a él rodeando con sus brazos a sus padres. Recordaba muy nítidamente aquel día, se encontraban en la fiesta ofrecida a galardonados y nominados de la entrega de los Globos de Oro del año 2004. Esa, había sido una de las últimas veces que estuvo junto a su madre, delicadamente trazó un tierno recorrido con su dedo índice por la cara de Lily Potter. Se disponía a colocar la imagen en su lugar cuando su campo de visión se vio concentrada en un libro, en el que se recargaba esa foto;lo tomó con manos temblorosas y dejó en su sitio el marco. Tenía la frente surcada por el sudor. Recordó el libro, recordó el día. Se trataba del libro "The writing of one novel" del escritor estadounidense Irving Wallace. Abrió la contraportada, notó como se le agitaba la respiración al ver la dedicatoria en la primera página.

No sueñes tu vida, vive tus sueños
Feliz Cumpleaños
Ginny, 23 de Noviembre de 1993

— Vaya, pensé que era el único que no podía dormir – Harry dio un salto, sobresaltado dio media vuelta para encararse con su padre, sin poder evitarlo el libro se deslizó entre sus manos

— ¿Qué haces aquí? – cuestionó el actor recuperando la compostura

— No podía dormir, te escuché bajar y decidí hacer lo mismo

— ¿Hace cuánto que estás ahí?

— El suficiente para darme cuenta de algunas cosas – desvió la vista hacia el libro en el piso del cual se había desprendido una fotografía, Harry siguió el rumbo de su mirada. James observó la expresión de su hijo al admirar la fotografía. Harry se agachó para recogerla mientras James no apartaba su vista de él, con semblante reflexivo murmuró

— Voy a preparar café bien cargado

— Que sean dos – alcanzó a decir Harry antes de que James abandonara el salón

Minutos después, los dos se encontraban sentados, uno en frente del otro y sostenían una humeante taza, mirando al vacio. El libro y la fotografía estaban encima de la mesa que los separaba. Ninguno había dicho una solo palabra, hasta que James decidió romper el silencio.

— ¿Hay algo que quieras decirme? – preguntó James lo más tranquilo que pudo

— No sé por dónde empezar – respondió Harry perturbado

— ¿Cómo te sientes?

— Eso debería preguntártelo a ti – esbozó una triste sonrisa – Has perdido a tu compañera, a tu verdadero y único amor, a tu todo, no entiendo cómo puedes estar aquí hablando conmigo, yo en tu lugar me habría muerto con ella – terminó con un hilo de voz

— Vuelvo a preguntar, ¿Cómo te encuentras?

— Perdí a mi madre

— Esa respuesta no me vale – espetó, en sus ojos se pudo leer la profunda tristeza que sentía

— ¿Qué quieres que te diga? – inquirió Harry con enfado

— Lo que estés dispuesto a compartir conmigo

— Muy bien, ¿quieres saber cómo estoy? Pues te lo voy a decir, estoy que me lleva la fregada, estoy mal, soy un asco de persona, me siento culpable por esto, me carcome una enorme tristeza, estoy solo. No sabes lo difícil que es regresar a la que una vez fue tu casa y no encontrar lo mismo, no encontrar amor, no encontrar a mamá. Hoy pude ver el rencor que Hermione y Neville me tienen, ninguno de los dos se acercó realmente a mí, me veían como a un extraño, he fallado, les he fallado a todos, me he convertido en un ser mezquino, en un ser ruin, siento que no soy nada, siento que… siento que no merezco nada, es más; ni siquiera estoy seguro de si aún puedo sentir, acabé con todo, acabé con mi sueño, acabé con mi vida, acabé con lo que soy. Estoy perdido y no sé a dónde dirigirme pero lo más importante es que estoy arrepentido por todas esas cosas, pero ¿Sabes qué? Que eso no me va a devolver a las personas que perdí y sinceramente ya no sé que más hacer – se le escapó un sollozo, James Potter lo contemplaba en silencio, bebió un sorbo de su café y sin decir una palabra se levantó.

— ¿A dónde vas? – murmuró con desesperación

—Tengo algo para ti, no tardo – le apretó cariñosamente el hombro cuando paso por su lado

No tardó ni cinco minutos en regresar, colocó sobre la mesa una vieja y delicada caja de madera.

— ¿Qué es esto?

— Tu madre lo tenía guardado para ti, nos llegó a vísperas de navidad. Te espero en el salón

—Pero…

— Es mejor que lo descubras tu solo – lo interrumpió su padre – Te estaré esperando – dicho esto salió llevándose consigo la poca tranquilidad que Harry conservaba

Harry miró de nuevo la fotografía que salió del libro que Ginny le había regalado. Ahí estaba el junto a su amada, los dos con unas estupendas sonrisas dibujadas en sus rostros. Estaban rodeados por varios amigos, todos tenían en la mano una jarra de cerveza y se podía percibir el buen rollo que tenían allí.

Con manos temblorosas se apresuró a abrir la caja. Dentro encontró fotos de su último año en la facultad, amuletos, entradas de museos, portadas, recortes de artículos y críticas que se hacían eco del estreno de sus películas así como de eventos en los que siempre era noticia. También encontró varios recortes de periódico que no hablaban precisamente de lo buen actor que era sino más bien de su falta de prudencia. Parecía como si aquella caja quisiera recordarle de un golpe lo que había sido de su vida durante los últimos diez años. Pero lo que realmente llamó su atención fue un sobre amarillo. Lo cogió, abrió y sacó su contenido, se trataba de un manuscrito encuadernado y un sobre adherido a este. Antes de abrir el cuaderno rasgó el sobre que contenía su nombre y extrajo la carta escrita a mano. Aquella letra la conocía la perfección. Suspiró intranquilo, desdobló la carta y comenzó a leer.

22 Diciembre 2005

Aquí estoy de nuevo Harry. He regresado a Escocia después de varios años. Esta vez el motivo de mi visita ha sido diferente. Sencillamente en este momento de mi vida necesitaba volver aquí, aún sabiendo que no te encontraría, pero una vez me hiciste prometer que el día que decidiéramos poner una fecha al cumplimiento de un sueño encontraríamos la manera de hacérselo saber al otro y el tuyo se ha cumplido. Sé que merececías una explicación después de todo lo que ocurrió pero tuve razones más que justificadas para hacer lo que hice. Bien sabe Dios que fue la decisión más dura que he tenido que tomar en toda mi vida. Supongo que cuando quise darme cuenta del error que había cometido ya era demasiado tarde. Pasados los años he visto que a pesar de todo, ha merecido la pena. Has llegado a la cima y eso es lo único que importa. No te escribo estas letras para hacerte reproches. A pesar de que nos unían los mismos deseos e inquietudes, la vida nos ha llevado por caminos totalmente opuestos. Finalmente cada uno ha encontrado lo que realmente quería o al menos espero que así sea. Parte de mi sueño era que se cumpliera el tuyo. A pesar de tu aparente vulnerabilidad siempre me ha faltado el arrojo y la rapidez de toma de decisiones que tú tuviste y de sobra sabes que te admiro por ello.

Aunque no lo creas, has demostrado ser el más valiente de los dos, has luchado hasta conseguirlo. He seguido tus pasos a través de tus padres. He visitado Escocia en varias ocasiones y siempre que he podido los he visitado. Tú sabes mejor que nadie lo que fue para mí el cariño mostrado por tu familia después de la perdida de mi padre. Espero, de corazón que tu madre se recupere. Es tan injusto todo lo que le está sucediendo. Te estaré eternamente agradecida por haberme hecho pasar en esta bendita tierra el año más feliz de mi vida, como tampoco me olvido del tiempo que tuve la suerte de tenerte a mi lado en San Francisco. Fui a verte en tu primera obra de Broadway y no sabes lo orgullosa que me hiciste sentir. Todavía tiemblo de la emoción solo de pensarlo.

He visto tus películas cientos de veces, aunque he de confesarte que habría hecho michos retoques en algunos guiones que interpretaste ¿Recuerdas? Yo escribo, tú interpretas. Nuestro lema. Espero de corazón que seas feliz de verdad, sé que has creado tú propia productora. Adjunta a esta carta, te mandó una preciosa historia. Una historia con la que te identificaras plenamente porque tú formas parte de ella. Pero tiene una particularidad. No está terminado Harry. Volviste a aparecer en mi vida en un momento crucial y no he dejado de pensar en ello desde entonces. Tengo la vaga sensación de que en el mismo instante en que volví a sentirme inundada por la inmensidad de tus ojos en el hotel Alvear Place el barco de mi vida comenzó a hundirse de nuevo, si bien sospecho que a pesar de mis intentos nunca llegó a estar a flote. Sé que esto llegará a tus manos en el momento apropiado. Ahora es tu decisión. Esta vez tú escribes el final.

Te quiere siempre, Ginny.

Releyó la carta un par de veces más, aún no daba crédito a lo que estaba escrito, a lo que había leído. ¿Por qué después de tanto tiempo? ¿Por qué ahora? ¿Por qué en ese preciso momento? Su respiración estaba agitada, le costaba trabajo respirar ¿Por qué de esa forma? ¿Qué pretendía? Dejó la carta a un lado y cogió el manuscrito, abrió la contraportada donde se leía:

Dedicada a Harry Potter

Pasó la página y se centro en la segunda hoja.

AEROPUERTO INTERNACINAL DE EDIMBURGO
26 de Agosto de 1993

No pudo leer más, cerró bruscamente el manuscrito, cerró los ojos con fuerza, se tenía que centrar, asimilar todo lo que estaba ocurriendo y pensar, pensar mucho. Se obligó a recobrar la compostura y levantarse, las rodillas se le doblaban y con paso inseguro llegó hasta su padre.

— ¿Por qué me lo has dado ahora? – cuestionó molesto

— Tu madre quería esperar hasta que…

—Hasta que estuviera muerta – interrumpió con sarcasmo, se sentó frente a su padre

— Claro que no – aclaró también enfadado – Ella esperaba hasta el día que regresaras siendo tu mismo, siendo el hijo que criamos y del que estábamos orgullosos

— ¿Entonces qué cambió? ¿Por qué me lo das hoy?

— Hace un momento, cuando dijiste cómo te sentías fuiste sincero, volviste a ser el mismo, tu mirada brilló como la de tu madre y esa era la señal que yo esperaba

— ¿Señal? ¿Cuál señal? Esperaba hasta verme tocar fondo, hasta que no pudiera salir de ese pozo sin fondo en el cual yo solo me arrojé

— Sabes tan bien como yo que eso no era lo que esperábamos – contraatacó su padre – Lo dices porque estas enojado, estas enfadado con tu madre por haberse ido, con ella por alejarse y sobre todo contigo mismo porque ni siquiera tú te reconoces, ni siquiera sabes en lo que te has convertido, pero ¿sabes qué? Yo no te juzgo y nadie de aquí lo hace, porque somos tu familia y te queremos y estamos para apoyarte.

— No sé qué hacer… y estoy arrepentido por todo – se pasó la mano por el cabello signo de su frustración

— Lo sé – musitó James

— ¿Es cierto que siempre que ha regresado a Escocia ha venido a visitarlos? – cambió abruptamente el tema. James asintió - ¿Cuándo fue la primera vez? – le tembló la voz

— En Diciembre del 98. Dos semas antes de Navidad

Harry rememoró el día en que tan solo meses antes de esa fecha había visto con sus propios ojos como Ginny ya estaba fuera de su alcance

— No puedo creerlo – espetó, se levantó y comenzó a pasear de un lado a otro sin pronunciar ninguna palabra. De repente de detuvo.

— Estuvo aquí y no me dijiste nada ¿Cómo pudiste hacer algo así?

— Ella nos pidió que no te dijéramos nada – Harry se dio cuenta que comenzaba a acelerarse, apretó los puños y tomó aire antes de hablar

— ¿Y después de aquella primera vez?

-Todos los veranos hasta el año 2001. Sólo felicitaciones durante los primeros años. Después se esfumó, hasta que recibimos esta caja hace unos meses

— ¿Por qué dejó de visitarlos? ¿Qué ocurrió?

— La última vez, vino solo para darnos la feliz noticia

— ¿Qué feliz noticia?

— Se iba a casar – Harry permaneció en silencio mirando a su padre, sintió que todo daba vueltas y se sentó

— ¿Les dijo con quién? – preguntó con sufrimiento el cual fue demasiado evidente

— Creo que su nombre era Jorge Stich, argentino. Al igual que ella, abogado; una vez que se casara se marchaba a vivir a Buenos Aires

— Bueno Aires – repitió Harry en un débil murmullo. Recordó con una dolorosa claridad su viaje a Buenos Aires para promocionar "Delito de omisión"

— Estaba en todo su derecho Harry – se volvió a levantar para dirigirse a la ventana que daba al jardín. Ahora lo comprendía todo. Aquello fue un duro golpe que no supo encajar. La furia estaba punto de hacerlo estallar.

— ¿Derecho a qué? – cuestionó resentido girándose hacia su padre - ¿Derecho a dejarme cómo lo hizo? ¿Derecho a romper el pacto que teníamos? ¿Derecho a visitar a mi familia y a pedirles guardar silencio? ¿Derecho a meter en una vieja caja de madera los escombros de mi vida para después invitarme a que escriba el final de una historia que podíamos haber escrito los dos juntos? ¿Derecho a qué a papá?

— A ser feliz – declaró – Tú buscaste la felicidad a tu manera, hijo y no puedes negar que la conseguiste. Has alcanzado tu sueño más preciado

— No puedo creer que estés diciendo esto – le dijo con una mirada entristecida

— Si se hubiera quedado junto a ti sabía que no lo conseguirías. Te dejó volar. Así de simple – Harry comenzó a sonreír con sarcasmo

— ¿Me estás diciendo que ella hizo el sacrificio de apartarse para que consiguiera mi anhelada fantasía de convertirme en actor? Joder… eso es lo más vil y cobarde que alguien ha hecho por mí

— Por duro que te parezca así es. No seas injusto, Harry. Tú estabas viviendo en unos niveles que estaban a años luz de Ginny. Hace once años que decidiste cruzar el atlántico para probar suerte y lo conseguiste. Eres rico, guapo y poderoso y estas rodeado de mujeres por las que muchos hombres darían su vida. Tú elegiste un camino y Ginny eligió otro. No tienen derecho a reprocharse nada el uno al otro. Su relación no llegó a madurar. Siempre fueron más amigos que pareja.

— ¿Amigos? – Volvió a esbozar una sonrisa melancólica – Eso es lo que les dijo… "amigos". Su mejor amigo resulto ser la persona que lo dejó todo para seguirla. No me marché a California para ser actor. Me marché para iniciar una vida junto a ella.

— Pero no salió bien. Desde que se fue nunca volviste a mencionarla

— ¿Cómo pretendías que la mencionara después de lo que había hecho? Me abandonó. Desapareció sin darme alguna explicación ¿Cómo podían mirarme sabiendo que ella había estado aquí? – sus ojos ardían con rabia contenida

— Tenerla a ella aunque solo fuera durante unas horas era como tenerte a ti Harry. Siento si nos equivocamos pero así lo pidió Ginny. Ella juró que tenía sus razones para hacer lo que hizo. Lo hecho, hecho esta, ya no hay marcha atrás

— Si sabes que ya no hay archa atrás ¿Por qué me has enseñado la caja? ¿Por qué precisamente ahora?

-Por una razón muy sencilla hijo. Te he visto coger el libro que te regaló, he visto esa mirada cuando has leído sus letras dedicadas y cuando has sujetado la foto entre tus temblorosas manos

— ¿Y qué mirada es esa si se puede saber?

— La misma mirada que se reflejaba en mis ojos cada vez que tu madre estaba cerca.

Sintió un leve cosquilleo cerca de la nariz y escuchó un par de risas ahogadas. Manoteó en dirección a su nariz para alejar lo que le molestaba, lo zarandearon y oyó carcajadas de dos pequeños. Con fuerza sobre humana logró abrir los ojos para encontrarse con un par de caritas sonrosadas y sonrientes frente a él.

— ¡Niños! – Los reprendió Hermione – Van a despertar a su tío – dijo desde la entrada de la sala

— Ya está despierto mamá – contestó Hugo

— Si tía, al fin despertó el dormilón – afirmó Sarah, Hermione entro enfadada y llegó hasta los niños

—Lo siento Harry, estos niños son unos demonios – se disculpó su hermana, Harry se incorporó y se quedó sentado sobre el sofá

— No hay problema – dijo Harry con diversión mirando a sus sobrinos - ¿Y la guerra de cosquillas? – preguntó con los brazos abiertos esperando el ataque de aquellos dos diablillos

Hugo y Sarah se abalanzaron en contra de su tío y comenzó el ataque de cosquillas, Harry los dejó hacer consciente de que más tarde llegarían las consecuencias con hematomas y dolores musculares.

— ¡Basta, me rindo! ¡No puedo más! – gritó Harry carcajeándose mientras sus sobrinos se alejaban

— Vayan a desayunar – mandó Hermione firmemente

— Pero ¿No iremos al parque tío Harry? – preguntó Sarah

— No, su tío está muy cansado, hizo un viaje largo y tiene que descansar – contestó Hermione

— Pero…

— Nada, no hay peros que valgan, a desayunar – los niños estaban a punto de marcharse cabizbajos y tristes cuando Harry con alegría y fuerzas renovadas les dijo:

- -Desayunen, yo me voy a dar una ducha y en cuanto esté listo nos vamos ¿De acuerdo? – los chiquillos saltaron emocionados, asintieron y corrieron a la cocina

— No tienes que hacerlo – musitó Hermione

— Si tengo, esos niños son mi adoración, además si no los consiento a ellos ¿A quién?

— De acuerdo. ¿Cómo estás? – inquirió su hermana sentándose a un lado de él

— Bien… supongo, algo confundido, no pude dormir mucho – Harry siguió la mirada de Hermione para encontrarse con el manuscrito de ella sobre el reposabrazos del sofá - ¿Lo has leído? – Hermione asintió

— No es una historia de ficción. Es esplendida por la sencilla razón de que es real. No la leas a la ligera, hazlo cuando estés preparado

— No sé si alguna vez lo estaré

— Lo estarás. Todo a su debido tiempo – Hermione se compadeció de él, su hermano, el guapo y famoso Harry Potter, con los ojos enrojecidos y un poco hinchados. Se podía leer la tristeza, la confusión y un sinfín de emociones en su rostro. ¿Por qué la vida se empeñaba en hacerlo sufrir? Sabía que si ella le hablara sobre lo que estaba escrito ahí, un poco de su sufrimiento se iría pero no debía, no podía. Ginny confiaba en el tiempo, el tiempo servía para pensar, para reflexionar, para aprender a querer más o para odiar, para abrir las heridas pero también para sanarlas. Y ella también lo haría, confiaría en Ginny y en sus creencias.

— Necesito un abrazo – susurró Harry con lágrimas contenidas

Hermione abrió sus brazos y rodeó a su hermano con ellos, lo sostuvo mientras se desmoronaba, mientras colapsaba.

— La hecho tanto de menos – repetía varias veces entre sollozos

Hermione supo que no solo lloraba por su vida, por su miseria, por su perdición, por su madre, por Lily Potter también lo hacía y con un terrible dolor por Ginny Weasley.

Era casi medio día cuando Harry llegó al parque acompañado por sus sobrinos. Finalmente Hermione y Neville habían accedido a que se los llevara. Aunque Neville pensara que no era buena idea que en su estado manejara por carretera y fuera responsable de los niños, con la ayuda de Hermione diciendo que eso los ayudaría a los tres y sería favorable, finalmente aceptaron.

Y ahí estaba, junto a sus emocionados sobrinos y no era porque la perspectiva de ir al parque fuera grandiosa sino porque estaban en su compañía, sus sobrinos lo adoraban e idolatraban y el mejor día de todos, el mejor regalo de todos era estar con él. Les propuso rentar unas bicicletas para hacer un circuito de no más de tres kilómetros, los niños aceptaron encantados y corrieron por las bicicletas.

Dos horas más tarde, ya agotados, hambrientos y con sed, devolvieron las bicicletas y corrieron al restaurante más cercano. Harry firmó algunos autógrafos bajo la atenta y orgullosa mirada de sus sobrinos. Cuando acabaron se dirigieron al estanque para dar de comer a los patos. Se hicieron varias fotografías para que los niños presumieran a sus envidiosos compañeros del colegio y para que Harry tuviera un valioso recuerdo de esos pequeñines que le robaban el corazón. Luego de darles de comer a los patos se sentaron en el fresco y bien cuidado césped para contemplar el atardecer.

— ¿Cuándo vas a regresar? – preguntó Sarah entristecida

— Pero si aún no me he ido – respondió Harry

— ¿Entonces te vas a quedar? – cuestionó Hugo

— Quizá, aún no lo sé

— Papá dice que ya no te gusta venir – musitó Sarah pensativa

— No es así, lo que pasa es que tengo mucho trabajo y no me permite visitarlos ni hablarles tanto como quisiera – pasó cada brazo alrededor de sus pequeño cuerpos y los atrajo más hacia el – Quiero que entiendan que si no vengo no es porque no los quiera o me haya olvidado de ustedes, si no lo hago es por todos los compromisos que tengo que atender, pero eso va a cambiar, les aseguro que pasaré más tiempo con ustedes, los adoro y son mis consentidos – terminó con una sonrisa juguetona

— Obvio tío, somos los únicos sobrinos que tienes – dijo Sarah y los tres comenzaron a reír

— ¿Es por eso que tampoco tienes hijos? – inquirió Hugo. Esa pregunta le pilló de sorpresa a Harry y por un momento quedó bloqueado

— Ajá y también porque debo encontrar a una mujer que quiera tener hijos conmigo

— ¿Una novia verdad? Pero mamá dice que tienes novia- intervino Hugo

Harry se acordó de Lisa, su "novia" de seguro, cuando encendiera su celular tendría cientos de llamadas de ella. Explicaciones, tenía que explicarle, pero ¿Podría hacerlo?

— El que tenga novia, no quiere decir que tendré hijos con ella

— Claro tonto, tiene que encontrar a la adecuada – explicó Sarah

— ¿Y la traerás? – preguntó Hugo

— Por supuesto, quiero su opinión

— ¡Genial! – chillaron los pequeños

— Promete que vendrás a visitarnos lo más rápido que puedas – suplicó Hugo con semblante serio

— Lo prometo, es más, en las vacaciones vendré por ustedes para llevarlos conmigo a California – los niños se aventaron sobre él, lo abrazaron y lo besaron con un amor infinito

— Si tío, tienes que convencer a nuestros papás, por favor – rogó Sarah

— Está bien, pero tenemos que hacer meritos, ustedes a portarse bien ¿Entendido?

— Lo prometo – Hugo alzó su palma, pasó su lengua por ella y extendió el brazo

— Lo prometo – Sarah y Harry hicieron lo mismo y se apretaron las manos sellando así su promesa

— Volvamos a casa, no queremos tener problemas con la sargento Hermione – los tres soltaron sonoras carcajadas y se dirigieron al coche. Los niños con enormes sonrisas, pletóricos de felicidad.

Hermione salió sigilosamente de la recamara de su hijo, en el pasillo se encontró con Harry recién salido de la ducha con una toalla alrededor de la cintura.

— Hugo y Sarah están más que felices. Gracias

— Yo tengo que agradecerles a ellos por darme fuerzas y motivación para salir adelante

— Me alegro por ti Harry – dijo Hermione con voz temblorosa

— Gracias a ti también, por interceder por mí con Neville – agradeció Harry emocionado

— No es nada – Hermione se acercó y le tocó la muñeca con gesto tierno, pero Harry la jaló hacia él y la estrujo en un gran y amoroso abrazo – Te quiero hermanita – susurró Harry y depositó un beso en su frente

A Hermione se le escaparon un par de lágrimas, estaba emocionada, tantas veces había añorado este momento, el momento en que su hermano volviera, en que volviera a ser como era, se sintió protegida como cuando eran niños, se sintió reconfortada. Había extrañado demasiado todo esto y de pronto le dio un poco de miedo creer que se lo estaba imaginando, que aquello no era real, se aferró con más fuerza a Harry, una vez que se tranquilizó se apartó delicadamente.

— Te quiero – respondió Hermione – Ponte algo o pillaras una pulmonía – riñó cariñosa – Y date prisa que la cena ya está.

— No tardo, en un momento bajo – dijo Harry con la mirada puesta en su hermana, hasta que la perdió de vista al fondo del pasillo

La cena transcurrió de forma agradable. Todos se esmeraron en hacerla amena y familiar con el objetivo de distraer a James de su profundo dolor

Hanna, la esposa de Neville había cocinado una deliciosa cena, y Ron, el esposo de Hermione contribuyó comprando un apetecible pastel de chocolate. Como era costumbre en las reuniones familiares, los caballeros recogían y ponían todo en orden, Neville se empeño en hacerlo todo junto con Harry, su intención era evidente por eso nadie le debatió y todos se retiraron a descansar.

Neville metió platos en el lavavajillas y recogió el comedor mientras Harry fregaba algunas cacerolas, hablaron de temas sin importancia como la política, la economía, el vecindario; la tensión era palpable, ninguno de los dos decía nada de la muerte de su madre, cada uno llevaba su pena de forma diferente y silenciosa. Neville se dirigió a la alacena y sacó una botella de whisky.

—No sé si sea apropiado ofrecerte una copa – dijo colocando la botella sobre la mesa de la cocina

— Si tu objetivo es ponerme a prueba la respuesta es no – respondió Harry con la vista fija en el fregadero

— No ¿Qué?

— No es apropiado que me ofrezcas alcohol

— Entonces beberé por los dos – añadió Neville

Abrió un armario para coger un vaso. Lo llenó y lo dejó sobre la mesa. Después abrió un cajón cercano al horno y extrajo un pañuelo limpio para secar lo que Harry iba dejando en el escurridor.

— No hace falta, yo puedo hacerlo – dijo sin mirarlo

— Así acabaremos antes – contraatacó Neville. Ninguno dijo nada por varios minutos hasta que Neville rompió el silencio

— Gracias por llevarte a los niños hoy al parque. Les has hecho pasar un día inolvidable. Necesitan saber que aún estas aquí

— Siempre he estado ahí – le respondió con semblante serio

— No siempre Harry, al menos no de la manera que nosotros hubiéramos querido

— Lo he hecho lo mejor que he podido. Me gustaría saber cómo lo habrías hecho tu si hubieras estado en mi lugar

— No quisiera estar en tu lugar

— ¿De veras? Pues yo diría que sí que te habría gustado – ambos se miraban con reto, uno en frente del otro separados solamente por la mesa

— Siempre envidié tu talento, si es eso a lo que te refieres, pero en ningún momento he envidiado al hombre que estaba empezando a hundirse y que no ha tenido la valentía para pedir ayuda

— Sí que la pedí

— ¿Dónde? ¿En una exclusiva clínica de rehabilitación para millonarios? No es esa la ayuda de la que yo estoy hablando ¿Y tu familia? Esa familia de la que tanto te enorgulleces cuando hablas con la prensa

Harry guardo silencio, sabía que su hermano aun tenía muchas cosas por decir y quería que de una vez por todas las sacara.

— Han sido casi dos años, Harry, dos años ¿Sabes lo que es ver la frustración en los ojos de tu hermana y de tus padres e incluso en los de tus sobrinos cuando sus compañeros de clase les repetían que su tío Harry, el actor era un borracho? Maldita sea, teníamos que cerciorarnos a través de Clyde de que estabas sobrio para que pudieras aparecer en la cámara web y hablar con ellos ¿Cómo crees que nos sentíamos todos sabiendo que cada vez te alejabas más y te hundías?

— Tú no lo entiendes

— ¡Entonces explícamelo de una maldita vez! – espetó con furia

— Me sentía humillado – respondió Harry cabizbajo – No podía acudir a ustedes en ese estado. Para mí era una deshonra. Si crees que no me importaba estar a su lado en aquellos momentos te equivocas. Lo único que pensaba era si todo aquello por lo que había luchado merecía realmente la pena. Había momentos en los que deseaba dormirme y despertar aquí, en Edimburgo. Si me metí en aquel problema yo solo tenía que salir de él.

— Sabes que en el momento en que nos hubieras llamado, habríamos acudido a ti, todos, sin excepción

— Ahora lo sé, pero en aquel momento estaba perdido. La decepción se había apoderado de mi persona. Estaba en medio de ninguna parte y no sabía qué rumbo tomar. Me había transformado de tal manera que no yo mismo me reconocía. He reaccionado tarde, Neville, pero lo he hecho – tomó aire para intentar calmarse – He vuelto a recuperar el control de mi vida, algo que creía que nunca volvería a conseguir

— Para volver a recuperar el control has perdido demasiado

— Nunca me perdonaré el no haber estado al lado de mamá en sus últimos momentos y eso será un peso con el que tendré que cargar el resto de mi vida

— Había momentos en los que ni Hermione ni yo parecía que existiéramos. Siempre lo mismo. El pobre de Harry, la tensión que tenia Harry, la soledad de Harry, Harry esto, Harry lo otro, una y otra vez… — se le quebró la voz – Y nosotros esperando en silencio a que Harry se dignara a aparecer para enfrentarse de una vez por todas a la realidad ¿Sabes lo que es verlos a los dos hundidos en la más absoluta de las miserias por tu culpa? ¿Sabes lo que es ser un cero a la izquierda?

— ¿Estoy oyendo hablar al mejor abogado de toda Escocia, padre de familia entregado, fabulosa esposa, encantadora hija, el que mi padre ponía de ejemplo desde que me levantaba hasta que me acostaba? – la furia de Harry empezaba a ser más evidente

— Sabes que eso no es cierto – musitó Neville consiente de que Harry tenia la razón

— Siempre estuve a tu sombra. Tú eras el hijo perfecto. Lograbas triunfar en todo aquello que te proponías. Yo sin embargo fui el mediocre, el inseguro pero encantador Harry que se quedaba siempre atrás esperando alcanzarte algún día. Y cuando parecía que iba a lograrlo entonces tú hacías otra cosa y yo me quedaba frustrado en el camino

— Si crees que lo que acabas de decir te disculpa de todo lo que has hecho estas equivocado.

— No estoy buscando culpables, Neville. El único responsable de mis actos soy yo.

— Lo que te diferencia de mí es que tú eres mejor en cualquier cosa que te propongas hacer – terminó de beber su copa, la dejó sobre la mesa y volvió la mirada hacia Harry

— No podía volver aquí y ver la decepción en sus ojos. Sabía que me estaba equivocando, Neville. Lo sabía pero aun así estaba convencido de que la única forma de empezar de nuevo era apartándome de ustedes. No supe enfrentar con valentía el cáncer de mamá porque no podía creer que justo en ese momento de mi vida también tenía que enfrentarme a la que probablemente sería su muerte.

—En ese momento deberías haber vuelto y lo sabes.

—Lo hice.

— No estuviste ni treinta minutos en el hospital, mamá no tuvo tiempo de verte, te volviste como alma que lleva el diablo sin pasar a vernos

— No estaba en condiciones de tomar esa decisión. Otras personas como Izzie y Clyde tuvieron que hacerlo por mí. Si no hubiera sido por Izzie no habría salido de ese agujero. Jamás olvidare las consecuencias de mis actos. Y tranquilo porque estoy pagando con creces mis errores y lo haré por el resto de mi vida

— Siempre decía que si tu ausencia servía para que volvieras a ser el Harry de siempre entonces todo valdría la pena

— A veces me pregunto si… - no pudo continuar

— Fue el cáncer lo que acabó con nuestra madre, no tú. Quiero que eso te quede claro – de nuevo el silencio – Nunca he dudado de tu capacidad para salir adelante. Si algo he admirado en ti, es eso precisamente

— ¿El qué? – preguntó Harry sin saber a ciencia cierta a lo que se refería

-Por muchas veces que caigas siempre te levantas y continúas sin ayuda

— Yo no lo veo como una virtud, más bien como un defecto que me ha hecho perder mucho – Neville se dirigió hacia él.

— Mamá siempre nos decía que a pesar de las apariencias eras el más vulnerable de todos nosotros, incluso en sus últimos días nos lo recordaba "Harry no es tan fuerte como todos piensan, los necesita. No le guarden rencor porque está sufriendo tanto o más que nosotros". Yo estaba furioso por eso, a pesar de todo te defendía, estaba cegado por la ira y lo único que veía era simple cobardía

— No te equivocaste – dijo Harry secamente

-Si, en cierto modo si lo hice. No supe entender por lo que estabas pasando, por una vez en la vida traté de ponerme en tu lugar. A pesar de todo tengo que darte las gracias

— ¿Por qué? – cuestionó Harry con expresión confusa

— Por haber vuelto – esta vez Harry recibió el abrazo que su hermano le había negado

-Gracias – susurró Harry con los ojos llorosos

— Hermano, es hora de descansar – declaró Neville, emocionado y un poco feliz por al fin aclarar todo con Harry, ahora sí podrían comenzar de nuevo

— Adelántate, yo tengo unas cosas pendientes – se despidieron con otro caluroso abrazo y se separaron.

Neville entró a su dormitorio al igual que Harry, fue directamente a su mesilla de noche donde sacó la caja que la había dejado ella. Con varios temblores recorriendo todo el cuerpo la abrió y extrajo de ahí aquel manuscrito que tanto le daba vueltas en la cabeza, lo cogió junto con una manta y salió silenciosamente, recorrió el pasillo, bajo las escaleras, atravesó la sala, el comedor y la cocina, abrió la puerta trasera que daba hacia el jardín, se dirigió a la hamaca situada debajo del árbol más grande, se recostó y se cubrió con la manta, desde ahí tenía una espectacular vista de la luna y las estrellas siendo testigos del momento en que volvería a abrir sus heridas y verlas sangrar, siendo testigos de lagrimas de sangre derramadas por sus ojos, volvería a rememorar aquellos momentos gloriosos al igual que dolorosos, agónicos, melancólicos, difíciles y horrorosos. Volvería a vivirlo de nuevo. Con decisión abrió la portada del manuscrito, deslizó el dedo índice por las palabras dedicadas a él, las cuales había escrito ella, hacerlo se sentía como si le clavaran varias dagas en el corazón, en la garganta, en las piernas, en casa uno de los puntos débiles del cuerpo, pasó a la siguiente pagina y con el terrible dolor ya plasmado en su rostro comenzó a leer…

AEROPUERTOINTERNACIIONAL DE EDIMBURGO
26 de Agosto de 1993

Mí llegada a Edimburgo... Así comienza la historia… Nuestra historia…


Como siempre agradezco el apoyo para poder escribir esté capitulo a: Angie, Ana (Miel tonks), Yaz, Jessi, Mary, Marleni, Belén, Natty, Mar, Angelito... etc... si no las puse perdón pero mi memoria es espantosa!

Cualquier comentario, sugerencia, puteada y demás, favor de dejar review ;)

Espero les haya agradado el capitulo...

Hasta la próxima, besazosssssssss