Capítulo 2
Algunos días, semanas, meses y años pasaron desde aquel encuentro. No lo había vuelto a ver desde entonces. De vez en cuando se preguntaba qué sería de él, en ese momento. De cualquier forma, ella había resuelto continuar con su vida. Seguía estudiando, pero decidió que era momento de hacerlo sin la ayuda de su padre. Buscó un trabajo de medio tiempo para financiarse los estudios, aunque su progenitor seguía aportándole con un poco de dinero.
Como las facultades de ella y de su mejor amiga no quedaban muy lejos la una de la otra, buscaron un lindo departamento cerca de ambas y decidieron mudarse juntas. Su estilo de vida actual no se acercaba en lo más mínimo a como ella pensaba que sería, unos años antes, pero estaba tranquila. Y bastante feliz.
Aquél, era un día como cualquier otro. Salió un poco más tarde de su última clase, ya que tenía examen. Se había preparado durante días, debido a que era muy importante. Cuando terminó, estaba de muy buen humor. Ese era su último año, antes de graduarse. No sabía muy bien que haría después, pero la idea de seguir viviendo con su amiga, por un tiempo, le agradaba bastante. Después de todo, se conocían desde la infancia. Quedó en juntarse con ella, para celebrar que ese día cumplían un año en el departamento.
Condujo tranquilamente de vuelta de la facultad y, aún así, llegó un poco antes al lugar de reunión. ¡Uf!, ese Café. Aunque le gustaba mucho el ambiente de aquel lugar, no le traía buenos recuerdos, por lo que no lo frecuentaba. Pero hoy era un día especial y su amiga insistió en que se reunieran allí. Además, quedaba bastante cerca de donde vivían. A la vuelta de la esquina, para ser precisos. Por lo mismo, dejó su auto en el estacionamiento del edificio y comenzó a caminar hacia el Café.
El sector era bastante agradable. Frente al edificio había una linda plaza con juegos y una gran fuente de agua, justo en el centro. Tenía árboles plantados por todo el rededor y muchas flores. Era muy concurrida. En especial por niños y por parejas de enamorados. De noche, se prendían unos pequeños farolitos que iluminaban tenuemente los caminos de adoquines que cruzaban por el pasto. El balcón de su pieza tenía vista hacia aquella plaza. A veces podía pasarse horas enteras mirándola. Observando a la gente.
La chica llegó a la entrada del Café y suspiró. Levantó la mirada y se enfrentó con el gran cartel de madera tallada que decía "Mokuzai", antes de ingresar. Se quitó los lentes oscuros, mientras echaba un vistazo. Había bastante gente, considerando que era día de semana. A un costado, sobre un discreto escenario, un hombre de unos sesenta años deleitaba a todos con las notas de su saxofón. Cerró sus ojos por unos instantes, para dejar que la música invadiera y se apoderara de su cuerpo. Era deliciosa. Luego volvió a la realidad. Su amiga aún no llegaba. Divisó una mesa desocupada y caminó hacia ella, esquivando las que se encontraban en el camino. El ambiente estaba climatizado. Dejó su mochila sobre una de las sillas para poder quitarse su grueso abrigo. El otoño estaba bastante avanzado en aquellos días, por lo que prefería andar preparada.
Aún no se sentaba, cuando sintió que algo tibio se alojaba sobre su hombro izquierdo. Tomoyo, pensó.
-¿Sakura?- preguntó quien posaba su mano sobre el hombro de la chica.
Ella, al oír esa voz, se puso pálida. No era posible. Se volteó de una manera que él consideró radiante. Estaba aún más linda de lo que recordaba. Se había cortado el cabello, el cual le caía graciosamente sobre sus hombros. Su semblante era más maduro. Pero su mirada era la misma que él había conocido años atrás. Aquella bella e inocente mirada esmeralda.
La chica abrió sus labios, pero ninguna palabra nació de ellos. Era verdad. Aquellos ojos marrones, que le quitaron el sueño durante tantas noches, estaban allí. Frente a ella. La observaban como si fuera la primera vez que la veían. Durante los casi tres años que habían pasado desde su último encuentro, ella se había planteado que lo mejor era dejar el pasado en el pasado. Y lo había conseguido. Hasta ese momento. ¿Por qué había vuelto? No encontraba ninguna respuesta en aquellos ojos de los que no conseguía apartar su mirada.
-¿Shaoran, eres tú?- preguntó una recién llegada inspeccionando el rostro de aquel chico y, un segundo después, se abalanzó a abrazar a su amigo; el que, luego de unos segundos, reaccionó para devolverle el abrazo. -¡Me alegro tanto que estés de vuelta!-. Tomoyo se separó un poco para poder observarlo –Sakura no me dijo nada…-.
-Es que… ella no lo sabía-.
-¿Ah no?- preguntó Tomoyo extrañada y recién ahí se detuvo a observar la situación.
Su amiga continuaba estupefacta ante la presencia del joven. No había dicho ni una sola palabra. Tenía un nudo en la garganta y otro en el estómago. Mil y una emociones atravesaban por su corazón en ese momento. De cualquier forma, Tomoyo supo con certeza que aquella no era una casualidad. Era el destino. No se dio cuenta, pero lentamente comenzó a nacer en sus labios una sonrisa que abarcó, finalmente, todo su hermoso rostro.
-Voy al baño, Tomoyo pídeme un "AISU KŌHĪ"- dijo repentinamente Sakura y, con la mirada gacha, caminó a paso apresurado en dirección al servicio.
Ambos la observaron atónitos, mientras la chica desaparecía detrás de una puerta de madera que, mediante un símbolo, indicaba "mujeres". Pero a él no le importó aquella reacción, realmente. ¡Cuánto había anhelado escuchar su dulce voz una vez más!
La amatista le hizo una seña a Shaoran para que tomara asiento. -¿Cuándo regresaste?-.
-¿Ah?- respondió Shaoran distraído y, negando con la cabeza al ofrecimiento de Tomoyo, se disculpó, -No te molestes, estoy esperando a alguien. No creo que tarde en llegar- el chico miró a su alrededor, tratando de encontrar un rostro familiar.
-Bueno, pero mientras llega…- insistió ella, sentándose.
-Está bien- dijo él, mientras se sentaba frente a Tomoyo.
Mientras tanto, Sakura hundía el rostro bajo el chorro de agua fría, para luego enfrentarse con su reflejo en el gran espejo que había sobre el lavamanos. Ni ella misma sabía cómo se sentía en aquel momento. Verlo otra vez había sido su mayor deseo desde el momento en que le dijo "adiós", paradójico ¿no?, pero ahora no sabía cómo reaccionar. Por suerte había llegado Tomoyo. Su amiga se ocuparía de todo, mientras ella intentaba ordenar las cosas en su cabeza.
-Y bueno, quiero que me cuentes todo…- lo abordó Tomoyo, en cuanto el joven estuvo sentado. -¿Por qué no nos avisaste que habías vuelto?-.
-No creí que fuera una buena idea- respondió él, mientras miraba la puerta del baño de reojo. –Volví hace un mes, aproximadamente. Justo cuando empezaron las clases. He estado ocupado con papeleos y trámites de la Universidad, por lo que tampoco he tenido mucho tiempo para asistir a clases. Es por eso que no me has visto en la facultad- le dijo Shaoran a Tomoyo, quién escuchaba atentamente.
-¿Eso quiere decir que vuelves para quedarte?- preguntó entusiasmada la chica. –Pero creí que la beca duraba por el resto de la carrera…- añadió la amatista, en semblante pensativo. –Un frapuccino y un café caramelo- pidió la chica al mesero, que se había acercado a ellos. Le hizo una seña a Shaoran, pero éste negó. –Eso por ahora, gracias-.
-Así es, pero desde el principio mi idea fue terminar mis estudios acá. Además, tres años son mucho tiem…- el chico no terminó la frase, porque se distrajo en responder el saludo que alguien le hacía desde la entrada.
Nota:
-Mokuzai: Madera
-AISU KŌHĪ: Café helado (con hielo), Frapuccino
Hola!!
Primero q todo, quisiera agradecer a la gente q me ha dejado reviews... (y a los q me han leido, sin dejar reviews tb )
Espero q las dudas q muchos me planteaban se hayan aclarado, en parte, en este segundo capítulo...
Cualker duda, sugerencia, critica, etc. será aceptada con gusto y tomada en cuenta o
Ahora... ¿Quién será la persona que esperaba Shaoran?
¿Por qué terminaron, él y Sakura, su relación tan fríamente?
¿Qué pasará con ellos ahora que él ha vuelto?
