—No seas amable con tus oponentes, ellos no merecen tal cosa, estos solo sirven como un objeto de entrenamiento...

—sin la amabilidad sería un monstruo ¿acaso los humanos son monstruos como ustedes?


La niña sonrió un poco al ver como ese hombre quería hacerle reír con sus bromas, la pequeña tenia vendas en su pequeño cuerpo y un parche cubría su ojo.

—que bien que al fin ríes... —habló el hombre de cabello rosa opaco.

La niña bajo la mirada tímidamente.

— ¿cómo te llamas pequeña? —preguntó la mujer rubia que se encontraba a su lado.

La pelirrosa abrió sus labios para poder hablar pero solo salió un gemido de dolor. El hombre le paso un vaso de agua.

—Toma pequeña —la niña asintió y se bebió el agua.

—Sakura... —susurró la niña minutos después —Sakura... —volvió a decir con más fuerza.

— ¿qué edad tienes? —volvió a preguntar el hombre.

—seis... —respondió tímidamente la niña.

—bueno yo soy Mebuki y él es mi marido Kizashi... Kizashi Haruno y Mebuki Haruno—se presentó la rubia con una gran sonrisa.

Los humanos son divertidos —pensó la niña al ver a esa pareja.


Había pasado un año y la niña había sido adoptada por la pareja Haruno, esta olvidaba de a poco lo que había sufrido y trataba de no pensar mucho en eso.

Actualmente estaba viviendo en Konohagakure, una aldea ninja y cuando le pregunto a sus padres como proteger este lugar que le dio una segunda oportunidad, ellos decidieron anotarla a la academia Ninja. Ella se encontraba muy emocionada en su primer día, en la fila giraba a donde estaba sus padres adoptivos y les sonreía como nunca lo había hecho en su corta vida.

La pequeña tenía un parche en su ojo derecho, cubriendo toda su cicatriz, sus brazos siempre estaban vendados por las cicatrices que no se borraban de su piel y llevaba un vestido rojo con el logo del clan Haruno en su espalda. La joven se encontraba dichosa pero la felicidad siempre tiene un final.

Días después de ingresar a la academia sus padres se disculparon con ella porque le habían encargado una misión. Un hombre rubio de ojos azules le había dicho que ellos iban a regresar sanos y salvo. Él se hacía llamar el cuarto Hokage.

La niña se encontraba muy preocupado por esas personas que la sacaron de esa Oscuridad hasta que recibió la visita del hombre rubio. Ella pensó que venía a verla para avisarle sobre sus padres. Pero al escuchar sus palabras su corazón se estrujó tanto que le dolía.

Sola y desamparada —pensó ella con tristeza —la desgracia es mi segundo nombre después de todo...


Frente a las tumbas de sus padres se encontraba en solitario, el cuarto y tercer Hokage la habían acompañado en ese momento, pero el cuarto se tuvo que ir por asuntos de papeleo y se disculpó con la pequeña. El sandaime miraba con tristeza a la niña que lloraba en la tumba de sus padres adoptivos, él no sabía de su pasado ni el por qué llego en un estado tan deplorable, pero sentía que había pasado por mucho y verla ahí lo había destrozado. El anciano se acercó a la niña y se arrodilló a su lado, la pequeña alejó sus manitas de su rostro y sin pensarlo se arrojó a sus brazos. Ella necesitaba un abrazo con desespero.


Los días habían pasado y cada día era más doloroso para la pequeña niña, cada noche tenía la misma pesadilla. Fuego y a los señores Haruno morir y ser tragado por las llamas.
La pequeña había dejado de sonreír y se mantenía sería, cada día iba al hospital para chequear la herida de su ojo, como siempre lo hacía con los Haruno.

Su soledad era su más fiel acompañante ya que hablando de amigos, ella no los tenía. Había un grupo que la maltrataba verbalmente hasta físicamente, aunque en este último no sentía el más mínimo dolor, ella no sentía en si el dolor físico.

Una peliazul y su grupo de amigas siempre le decían esos apodos que la marcaban, más de lo que ya estaba.
"Frentona"
"frente de marquesita"
"tuerta"
"fea" "débil"

Los humanos son crueles —había pensado la niña al recordar esas palabras que para una niña de siete años no podía dejar de lado.

Ella no era como Naruto, el hijo del hombre rubio, él no le importaba los insultos él siempre seguía sonriendo.

Un día la pequeña Sakura se desesperó y cambio drásticamente, ya no usaba sus típicos vestidos rojos, ahora usaba una pequeña capa con capucha que cubría todo su cuerpo y una máscara que cubría una parte de su rostro, acompañado por su inseparable parche en el ojo.

La pequeña no llamaba la atención, y cuando cambio fue un golpe duro para sus compañeros. Aunque ellos intentasen recordar a la Haruno, no podían recordar su rostro, excepto por algunas personas que estuvieron en su vida, como sus abusadoras, los dos hokages y la doctora que siempre la atendía, una linda rubia recogida con dos coletas.


La niña tenía una inteligencia más allá que cualquier ninja, en secreto entrenaba el arte del Taijutsu como el ninjutsu y el genjutsu. Gracias a sus antiguos entrenamientos ella tenía una resistencia ante las heridas, y podía hacer técnicas sin necesidad de hacer sellos manuales. Ella recordaba perfectamente como esas personas le enseñaban técnicas sin necesidad de sellos de manos.

Aunque fuera la mejor de todo, ella todavía sentía que algo le faltaba y que su soledad no la estaba ayudando.

los humanos tienen unos pensamientos que pueden crear dolor hacia la otra persona... —pensó la niña viendo como un rubio recibía insultos de unos aldeanos.

Continuará.


Los personajes son de Naruto.
Datos: El Cuarto sigue vivo y la masacre Uchiha se evitó, el bijuu igual sigue en Naruto.

MARIAANGELZ.