Posesión Nocturna II
El hombre abrió los ojos e instintivamente llevó su mano a un lado de la cama y al no sentir a quien esperaba sentir se enderezó entre las sábanas de seda y miró en torno. Su sonrisa se volvió luminosa y el brillo en sus profundos ojos azules intensamente apasionado cuando miró, sentada en el borde de la cama, a la mujer, cuya silueta perfecta y sensual se dibujaba en toda su estatuaria belleza a través de la luz de la luna que entraba por el ventanal de la habitación. Él se enderezó y aun con la sábana enredada malamente entre su torso musculoso se puso de rodillas y caminando sobre la cama con estas y sus manos se acercó a ella.
Al estar cerca, delicadamente apartó con sus manos el cabello negro de la mujer de su espalda y lo colocó a un lado del hombro marfileño sin evitar para nada rosar con sus dedos la piel perfecta de la espalda desnuda de ella. Para él fue perfectamente perceptible el temblor que recorrió la piel de su hermosa compañera cuando la tocó y sonrió satisfecho mientras besaba su hombro con un camino de besos suaves.
-¿Qué haces?-pregunta el hombre con voz ronca cerca de la oreja de la mujer mientras se sienta a sus espaldas y pasa sus brazos por la cintura desnuda de ella atrayéndola en un abrazo intenso y apasionado.
-Cosiendo tu camisa…ayer fui demasiado…-dice la joven con voz algo ahogada.
-¿Salvaje?-susurra sonriente el hombre deteniendo su barbilla en el hombro de ella que sonríe con nerviosismo arrancando una sonrisa del de ojos azules. Le fascinaba que sus palabras aún pusieran nerviosa a una mujer como ella.
-Iba a decir apasionada…pero ya que la denominaste de tal modo no puedo sino aceptarlo-responde la pelinegra que con una aguja e hilo blanco unía un desgarre de la camisa masculina con cuidadosas puntadas.
-Deja eso…y regresemos a la cama…aun no amanece y hay muchas cosas que aún quiero hacer contigo-habla con voz ronca el hombre subiendo sus manos en caricia intensa por el abdomen desnudo de su compañera hasta detenerse en el nacimiento de sus senos.
-¿Y cómo…va a explicar el estado de su…regia indumentaria…señor príncipe?-inquiere como puede ella cortando la pregunta por el gemido intenso que salió de su garganta al momento que él tomó sus senos con ambas manos mientras con dos de sus dedos pellizcaba suavemente la piel blanca de uno de los pechos de ella. La mujer dejó caer la ropa que cosía.
-Diciendo que una hada de fuego me secuestró cuando iba para mis habitaciones-respondió el. Una sonrisa de la mujer pelinegra que de pronto, con uno de esos arranques de apasionamiento que tanto amaba él, lo empujó sobre la cama con fuerza quedando encima, a horcajadas, con la bella cortina de cabellos oscuros enmarcando su rostro que sonreía con la expresión más sensual que el hombre pudiera recordar, mientras lo sujetaba de las muñecas.
-No puso mucha resistencia, majestad-respondió ella.
-Nunca la puedo poner…tu mandas-cedió el encantado antes de que ella bajara su rostro y chocara con violencia desmedida sus labios con los de él en una apasionada danza de pasión…
-Hino…Hino…¡HINO!-el golpe sobre la butaca la hizo salir de su ensoñación y abrir los ojos de golpe dándose cuenta, con las risas de los compañeros de clase, que no estaba en una habitación oscura con sábanas de seda sino en el salón y la mirada severa del profesor francés le indicó que, en efecto, se había quedado dormida en clases.
- Boissieu sama…-balbuceó ella.
-Ponga cuidado lo que queda de la clase, Hino san, y véame al final-concluyente el profesor francés mientras la chica asintió y sacó apresurada su tablet para seguir las anotaciones de la clase de Estadística orando por que el color rojo de sus mejillas sea atribuido por sus compañeros a la vergüenza de haberse quedado dormida y no a la naturaleza de sus sueños.
Al final de la clase la joven esperó a que sus compañeros salieran y luego se acercó al escritorio del profesor que terminaba de desconectar su laptop del proyector del aula.
-Boissieu sama…Gomen-apenada la chica se inclina. El francés baja sus gafas y clava sus ojos verdes en la joven japonesa.
-Hino san…¿No está durmiendo bien?-inquiere el profesor.
-Últimamente no, Boissieu sama…de igual forma no debí dormir en clase-se excusa la joven.
-Lo pasaré por alto solo porque siempre ha sido Usted una alumna modelo y la mejor de la clase. Y como consejo, busque una solución. Algo de herbolaria o medicina natural a veces hace efecto o un ejercicio para que el estrés de fin de semestre no la abrume.
-Arigatou Boissieu sama, le aseguro que no se repetirá. Mañana mismo recibirá mi ensayo en su correo-se despide ella estrechando la mano del francés.
-Saludos a su padre, Hino san, hace tiempo que no viene a preguntar por Usted, pero si viene pasaremos por alto este detalle-Rei se sonroja más al pensar en las posibilidades de que su padre se enterara de que se quedó dormida en clase de Estadística.
-Le agradezco, Boissieu sama. Con su permiso-se aleja la joven saliendo del salón y caminando apresurada por los pasillos de la Universidad de Meiji hacia los baños, donde entra apresurada y dejando su maletín en el suelo se mira en el espejo respirando agitadamente-esto no puede estarme pasando…va en aumento… es…imposible que ahora incluso de día…-balbucea la de ojos morados.
Con cuidado, Rei desenrolla la bufanda que cubría su cuello y desabrocha unos botones de su blusa color paja mirando por encima del encaje de su sujetador blanco la marca enrojecida. Un suspiro profundo de la chica y luego de abrochar los botones se moja las manos y la cara para tratar de volver en sí. Luego se seca con una toalla de papel y sale de los baños caminando hacia la salida de la Universidad hacia el estacionamiento donde busca el Mazda rojo estacionado al final de una larga fila de autos. Al llegar quita la alarma.
-¡Rei san!-la llama alguien, ella voltea y mira acercarse corriendo al joven castaño de ojos verdes que le sonríe-Te alcancé…
-Sean kun-saluda ella al joven irlandés que era su compañero de intercambio de la Universidad de Dublín-¿Quieres que te lleve a algún lado?
-Si me dejas de pasada en Shibuya estaría bien. Voy a comprar una memoria nueva, con todas las tareas del semestre la que traje de casa ya está llena-sonríe el chico. Rei asiente y abre la puerta del lado del copiloto para su compañero de clases entrando ella en la del piloto y encendiendo el auto sale del estacionamiento.
-Lindo auto. No tienes mucho con él…¿Verdad? Antes tomabas el bus-comenta el chico.
-Recién lo compré, es de segunda mano, modelo pasado, y lo estoy pagando aún, pero me facilita la vida más ahora que estoy estudiando y trabajando.
-Eso supe. Así que ayudante en las oficinas de Murayama…
-Gané la colocación y no quise desaprovechar. A dos años de elecciones están en plena campaña ya-indica ella mientras conduce por las calles de Tokio.
-¿Y tu padre no te dice nada por estar trabajando con un político de un partido contrario al suyo?-inquiere el joven Irlandés, que aunque extranjero estaba muy bien enterado de la política japonesa. Rei sonríe de lado recordando el "trato" al que llegó con Takeshi para aceptar que pagara su costosísima carrera en Meiji.
-Otou san es un hombre de política, Sean kun, él sabe que en este juego cada quien decide de qué lado está y también sabe la enorme enseñanza que me dejará trabajar directamente para Tomiichi Murayama-termina la chica y se detiene en un alto.
-¿Tienes insomnio?-inquiere el chico irlandés. Un nuevo sonrojo de ella-no te apenes, es entendible, con el fin del semestre muchos no dormimos por las tareas.
-Si eso debe ser…veré si con un té relajante mejoro. Qué vergüenza hoy en la clase-dice ella apenada.
-No te preocupes, todos alguna vez nos hemos dormido en clase-sonríe el joven irlandés-Rei san…una cosa más…¿Sería posible que alguna vez te pueda acompañar a las oficinas del Partido Social Demócrata? Me gustaría ver más de cerca cómo funciona un partido político japonés y hacer unas entrevistas para mi proyecto final.
-No hay problema Sean kun, justo mañana por la tarde voy a llevar unos informes de sondeos ciudadanos en los que estoy trabajando, pasa a Hikawa a eso de las seis y vamos-accede ella.
-¡Arigatou, Rei san! Eres maravillosa-se emociona el chico y besa la mejilla de la pelinegra que le sonríe amistosamente-Aquí me bajo-Rei se orilla para que el chico baje en una zona del centro de Shibuya en que había muchas tiendas electrónicas y el luego de bajar cierra la puerta despidiéndose con la mano.
-Hasta mañana a las seis, Sean kun…-dice la chica.
-Es una cita-le guiña un ojo el chico irlandés a Rei y ella tomando todo a broma sonríe mientras arranca su Mazda rojo de regreso a la avenida que la conduce a casa. Mientras conduce se mira en el retrovisor y nota sus ojeras y las marcas de los anteriores moretes en su cuello.
-De verdad necesito ayuda…mucha ayuda…-se dice a si misma la joven mientras estaciona su auto en la acera de enfrente de Hikawa y baja su maletín.
Templo Hikawa, dos horas después.
La Suzuki roja se estaciona frente a la escalinata del templo Hikawa y el joven pelinegro se quita el casco mirando hacia arriba con sus ojos azul cielo. Hacía mucho tiempo que no recorría solo las escaleras del templo Shintoista, algunas veces había ido con Serena pero solo evitaba hacerlo…un momento…¿Evitaba?...se tuvo que confesar a si mismo que sí, que deliberadamente lo evitaba. En verdad sus relaciones con la mejor amiga de su novia eran cordiales y amistosas, como debía ser, pero algo en su interior le hacía evitar siempre quedarse a solas con ella o visitarla solo. No podía decir si era cierto malestar por haber tenido una relación en el pasado, o más que eso, por jamás haber tocado el tema del final de su noviazgo cuando él comenzó a salir con Serena.
Subió dos escalones y luego los volvió a bajar, acobardado. Después suspiró. En verdad no lograba vencer cierto temor de cómo sería el trato de ella hacia él al verla a solas…además…¿Qué le diría? ¿Que ha tenido sueños extraños y perturbadores de los que solo recuerda su aroma y que tiene uno de sus aretes?.
Sí que era complicado. Además el mismo sentía que había partes de su noviazgo que jamás quedaron aclaradas. Ella jamás lo pidió y él nunca tuvo la voluntad para tocar ese tema. ¿Qué esperaba encontrar en Hikawa y en ella? Respuestas…solo respuestas… no tenía nada de malo visitarla.
-Bien, Darien, hazlo, solo hazlo, pórtate natural- se dijo a sí mismo el joven y decidido subió a grandes zancadas los escalones de Hikawa hasta la cima de la colina donde el Torii del templo y los dos komainu parecían imponer más la entrada del visitante. Al fin se decide y entra en el templo caminando por la explanada hacia el kami-dana el cual no puede resistirse a tocar y aplaudir dos veces con respeto. Cuando está allí de pie, puede recordar algunas escenas de hace unos años, cuando él entraba a Hikawa sin reservas ni remordimientos. Hasta ese momento nunca se había acordado de nuevo de esos días.
A sus oídos llegan sin embargo, las voces conocidas de Rei y de su abuelo y algo instintivo, más fuerte que él, lo hace ocultarse tras un árbol y mirarlos pasar.
-Si ni siquiera el té de raíces te hizo efecto entonces no sé qué más hacer, hija-habla el sacerdote-hemos intentado todo lo posible e imposible desde acupuntura hasta somníferos poderosos.
-Lo sé abuelo y esto realmente me está matando. Un día más sin poder dormir y creo que me echarán de la facultad. Ahora ha empeorado, me pasa incluso de día-confiesa ella. Darien, oculto tras el árbol, clava sus ojos azules en la joven pelinegra que se queja, y no puede dejar de notar las marcas violáceas debajo de los ojos de ella…¿Era acaso que también tenía pesadillas?.
-Y no te has planteado quizá…-comenta el anciano-que esos sueños no deben irse hasta que descubras porqué los tienes-insinúa él. Un evidente sonrojo de la joven pelinegra perfectamente bien percibido por el chico oculto tras el árbol.
-No digas eso, abuelo, no existe razón válida para que alguien tenga pesadillas y estas estén arruinando su vida-se queja ella.
-Veré que puedo hacer para contrarrestarlas, aunque me parece que la única respuesta la encontrarás cuando te enteres de lo que tu espíritu te pide con esos sueños. ¿Has probado con un psicólogo?-inquiere el anciano.
-No abuelo, esto no es de psicólogo, es de médico. Algo debe haber en el universo que haga que se detengan-molesta frunce el ceño la chica. El anciano sacerdote niega con la cabeza-estaré en mi habitación haciendo tarea.
-Y yo preparando la cena. Te aviso cuando esté lista-se despide el anciano. La chica de Chihaya roja camina en dirección opuesta al sacerdote y los dos despejan la zona de la explanada de Hikawa. Cuando él está seguro de que nadie lo ve, sale de detrás del árbol y camina cruzando el patio hacia la zona de las habitaciones de Rei, entrando por el pasillo de paredes corredizas y caminando un camino conocido que no había cambiado mucho en esos dos años. El joven se detiene frente a la puerta corrediza de la que escapa un leve olor a fresas y canela, el aroma de ella que pudo recordar, dentro se escucha una música de gaita y a la chica que con su bella voz la está tarareando, hay luz de velas dentro pues Darien puede ver la silueta que viene y va con algo de ropa en sus manos, duda un poco antes de alargar la mano y abrir la puerta.
-¡Se valiente! ¡Solo hazlo! ¡Solo pregúntale!-se dijo en la mente el chico y entonces lo hizo…
La joven pelinegra que elegía la ropa que usaría al día siguiente, cuando fuera a las oficinas del partido, tenía en sus manos una falda gris y un saco y había comenzado a abrir su chihaya blanca con rojo. Al momento que la puerta de madera se deslizó y apareció ante ella el joven de ojos azules y cabello negro, el más completo asombro se plasmó en sus pupilas amatista que se abrieron desmedidamente con sorpresa y con desconcierto a la vez.
-¡¿Darien?!-preguntó casi en un grito la pelinegra dejando caer la ropa que tenía en sus manos y tratando de cubrir sus hombros que ya estaban descubiertos de nuevo con la tela de la chihaya-¿Qué haces aquí?-en un reclamo la chica. El joven la mira, pasa saliva y cierra la puerta detrás de sí dando dos pasos largos hasta estar cerca de ella-¡Vete! ¡No se supone que debas…-Pero no logra terminar la frase porque una mano firme se planta en su boca impidiéndole gritar. Los ojos azul cielo se clavan en las aterradas pupilas moradas.
-¡SHHH! No grites por favor…solo déjame explicarte y no hagas mucho ruido…alguien nos puede descubrir-dice el en voz baja y poco a poco baja su mano de la boca de la sacerdotisa. Esta se calma y no huye.
-¿Por qué hablas en voz baja? ¿Por qué entras en mi habitación como un ladrón? ¿Qué se supone queres de mí que no puede esperar a vernos de día y en un lugar público?-le reclama ella en el mismo tono bajo, pero los ojos azules del pelinegro ya no están mirando sus ojos sino que están clavados en los hombros a medio cubrir con la tela blanca de la chihaya. Cuando ella nota la dirección de sus ojos se sonroja y lo empuja con sus manos dándole la espalda para poder cubrirse de nuevo.
El empujón hace que el joven estudiante de medicina pase saliva saliendo de la abstracción con la que estaba contemplando la piel de porcelana de ella.
-Se…sé que no es muy propio de mi venir a verte. Pensé mil formas de tratar de hablar contigo de este tema…de abordarte…pero no es sencillo…-habla el en voz baja sin despegar los ojos de la mujer que está delante de nuevo hipnotizado por la forma como ella se recoge el cabello negro para poder colocarse de nuevo su uniforme de miko. Cuando ella se gira de nuevo, lo mira de arriba abajo envolviéndolo en una mirada de hielo que lo desconcierta por completo.
-Sal ahora mismo de aquí y hablemos afuera, como la gente civilizada y educada que se supone debemos ser-indica ella terminante y autoritaria. Darien se sonroja y la mira pasar a su lado para salir de la habitación, entonces algo se revela en él y la sujeta de su brazo con fuerza.
-No iremos a ningún lado que no sea aquí…vengo a que me devuelvas algo mío que te llevaste-exige el muchacho. Los ojos morados de la joven sacerdotisa de clavan en los de él incrédulos del tono de mando y del brillo autoritario de estos.
-¡Yo no tengo nada tuyo! ¡Suéltame y vete de mi habitación!-exige ella revolviéndose en su brazo para liberarse sumamente asustada al recordar que de hecho, la camisa rosa del novio de su mejor amiga estaba doblada con cuidado dentro de uno de sus cajones. Sin embargo no consigue soltarse de la mano que engarza a su brazo sino que más bien, la otra mano varonil la sujeta del otro brazo y él la hace mirarlo con el rostro firme de quien ha tomado una decisión.
-He estado evitando por todos los medios encararme contigo…me daba miedo mirarte a los ojos y pedirte perdón por el pasado-dice el con valentía que no sabe de dónde ha salido, cada vez más enajenado por el aroma de la habitación y de ella-pero últimamente me está pasando lo mismo que a ti…tengo sueños perturbadores…sueños extraños…apasionados e intensos y muy reales, sueños con una mujer que no logro diferenciar muy bien más allá de su perfume y de lo que me hace sentir…y el único indicio que tengo en mi cabeza de esa mujer atormentante es tu perfume…y esto…-dice él y la suelta para buscar en el bolso de su camisa un pequeño arete de rubí engarzado en oro.
Al ver ese arete, la chica pelinegra se zafa del agarre de la otra mano del chico y da dos pasos atrás asustada. Justamente el arete que había perdido.
-¿Sabes dónde lo encontré?...engarzado en mi camiseta blanca ayer por la noche-explica el joven-No niegues que es tuyo, ni niegues que también te pasa. Escuché lo que hablabas con tu abuelo afuera. También tienes esos sueños…
-No confundas las cosas, Darien, lo que me pasa a mí es por el estrés de la escuela así que solo vete y deja de decir cosas incoherentes que…-se trata de defender ella pero el joven de nuevo la sujeta de los hombros.
-¿Sabes que es lo que era mío y ahora tienes tú? ¿Sabes por lo que vine a verte?...Por mi tranquilidad, Rei. Tú la tienes escondida…y yo sé muy bien cómo recuperarla -firme Darien estrella sus labios sobre los rojos de la aterrada muchacha que intenta negarse a ese fiero beso que más parecía una mordida, empujando con sus manos al joven médico y golpeándolo en el pecho con los puños cerrados, pero él no la suelta, antes bien pasa sus manos por su espalda y profundiza ese beso entreabriendo sus labios y tomando posesión de la boca de Rei. Ella, poco a poco, va perdiendo la fuerza con la que lo intentaba alejar, perdida en aquel beso que iba volviéndose apasionado y dulce y sus manos se sujetan del cuello del joven mientras este la empuja poco a poco hacia atrás hasta detenerse en una viga de madera que estaba en un extremo de la habitación de Rei donde la presiona a ella mientras él la sigue besando de modo intenso y posesivo…
-¿Rei? ¡Hija! ¿Quieres Yakisoba de pollo para la cena?-se escucha por el pasillo la voz del anciano sacerdote de Hikawa y eso hace que Darien salga de su abstracción y se dé cuenta de que todo lo que había pasado era producto de su imaginación y que en verdad aún estaba parado afuera de la habitación de ella con su mano en el borde de la puerta corrediza aun cerrada. Asustado corre por el otro lado del pasillo y se oculta tras una esquina de este, justo a tiempo de que el sacerdote llegue a la habitación de su nieta-¿Me oíste? ¿Hija?-la puerta se corre y aparece el rostro de porcelana de la joven miko que le sonríe a su abuelo.
-Genial idea, abuelo, Yakisoba está bien, y kalpi helado con melón por favor-pide ella con tono suplicante.
-Sea como la reina pide-se inclina el anciano.
-¡Arigatou abuelo! ¡Te adoro!-se inclina Rei a besar la cabeza calva del señor.
-Anda, anda, te espero en la cocina no demores-se despide el sacerdote de Hikawa y ella con su risa cristalina y alegre, que muy pocas veces dejaba escuchar, cierra de nuevo la puerta y sigue tarareando su melodía celta. Darien deja escapar el aire y se deja caer de espaldas deslizándose por la pared hasta sentarse en el suelo de madera de aquel pasillo del templo.
-Qué demonios estaba imaginando…¿Qué me pasa?-se queja él pasando su mano por su rostro. Luego mete su mano al bolso de su camisa y toma el pequeño arete rojo negando con la cabeza-mejor me voy de aquí…-se levanta y abatido sale de los pasillos de Hikawa corriendo con fuerza y velocidad por la explanada y el Torii, bajando los escalones como su huyera de algo terrible hasta su motocicleta, en la que sube con la misma velocidad encendiéndola, colocándose el casco y arrancando a velocidad considerable por las calles de Tokio rumbo a su departamento con cientos de dudas en su mente y una terrible vergüenza consigo mismo por lo que estuvo a punto de hacer. Molesto detiene la motocicleta a un lado del camino y toma su celular mirando los doce mensajes de texto que a esas horas del día ya había acumulado de su novia, así que abre uno dando la opción LLAMAR al número.
-¡Darien! ¡Al fin me llamas! No me llamaste luego de las cuatro de la tarde-se queja la vocecita de timbre intenso de su novia.
-Lo siento Serena, estuve…estudiando con Andrew-ni él sabe por qué dio aquella respuesta-¿Dónde estás?-pregunta el chico.
-En el estudio de Mina en Shibuya seleccionando música para nuestro álbum de aniversario del mes de Octubre-responde ella.
-Perfecto…paso por ti y te llevo a cenar. ¿Te gusta la idea?
-¡AWWW! Darien mi amor, me encanta. Estaré esperándote, besos de chocolate-dice ella y comienza a mandar besos por el teléfono, el chico sonríe.
-No tardo…y Serena… ¿Ya te dije que te amo?-repite el con vehemencia.
-Hoy no, no en vivo, yo a ti también, muchísimo-responde ella.
-Te veo en media hora-cuelga Darien el celular y suspira mirando el cielo-¿Por qué esos sueños? Yo la amo…de verdad la amo…-se repite él como si tratara de convencerse y negando con la cabeza vuelve a subir a la Suzuki y se pierde por las calles de la ciudad.
Departamento de Darien Chiba. Día siguiente.
La chica de cabello negro estacionó su Mazda rojo enfrente del edificio de apartamentos del centro del barrio de Nerima, y bajó de éste poniendo las alarmas. En su pecho llevaba presionada con fuerza una bolsa de papel con algo dentro y sus asustados ojos morados miraron directo hacia el piso número 8 en el cual a pesar de ser las siete de la mañana, había luz. Suspiró con pesar y se atrevió a atravesar la calle hasta llegar a la puerta de vidrio la cual abrió, caminando hacia donde el guardia de recepción estaba jugando videojuegos en su celular.
Cientos de consideraciones de por qué ella no debía estar en ese lugar cruzaron su mente. Era consciente de que deliberadamente había mantenido una distancia cordial con el novio de su mejor amiga y que presentarse en su apartamento a decirle que "Accidentalmente" ella tenía una de sus camisas, no entraba en el denominativo de "DISTANCIA CORDIAL".
-Buenos días… ¿Chiba sama en el apartamento 812?-pregunta la joven. El guardia la mira un momento y asiente.
-Pase, aún no ha salido a la universidad, solo registre su visita-le ofrece un bolígrafo y ella escribe de prisa su nombre y la hora de su ingreso-siga hacia el ascensor, señorita-le sonríe cordial el guardia.
-Arigatou…-se despide ella y camina al elevador, presionando el número 8. Cuando las puertas del ascensor se abren, ella se recarga en la fría pared de metal y niega con la cabeza-Cálmate Rei…solo hazlo…dile la historia que ensayaste y termina con este equívoco…después de todo…muy seguramente él no le tomará importancia…la importancia la tomas tú por idiota, pero él tiene todo muy claro, quizá ya ni siquiera se acuerda…-dice ella esto último con un dejo de melancolía y un involuntario suspiro escapa de sus labios justo cuando la puerta se abre en el piso número 8.
Ella sale y camina por aquel camino que hace cuatro años recorría con la alegría e ilusión de su primer noviazgo (deliberadamente ella no quiere llamarle "primer amor") y después recorriera cuando, con sus amigas, estuvo en ese mismo lugar para estudiar o tener alguna conferencia sobre cosas relacionadas a su misión de senshis.
-Darien…buenos días…pasaba por aquí rumbo a la Universidad y como me queda de paso decidí dejarte la camisa que accidentalmente…-ensaya ella el diálogo como si se tratara de una actuación pero al detenerse ante la puerta con el número 812 parece que lo que había venido ensayando todo el trayecto se borra de su mente-¿Accidentalmente qué?-se pregunta nerviosa y presiona más la bolsa de papel en su pecho negando con la cabeza-no puedo hacerlo…no puedo…-se repite ella, pero justo en ese momento, como si quisiera el destino resolver todas sus dudas, la puerta se abre y aparece ante ella el atractivo joven de cabello negro, ojos azul cielo, camisa beige y pantalón negro que la mira sonriente.
-¡Darien!-asustada ella.
-¿Rei chan?-dice él. Ella parpadea confundida un par de veces y no logra hacer que palabras coherentes salgan de su boca-¿Qué haces aquí? –extrañado él se agacha a recoger el periódico que estaba en el suelo al lado de los lindos tacones azul marino que ella usaba ese día. Luego levanta sus ojos y recorre las bellas piernas de la sacerdotisa aprisionadas en la minifalda. Un sonrojo de ella hasta que se encuentran sus ojos.
-¿Me permites?...estas parada sobre el diario-sonriente él.
-A si…si disculpa…no me di cuenta-se retira ella y él puede tomar al fin el diario, el cual enrolla en sus manos y luego los dos se miran a los ojos y ríen divertidos, Darien es el primero que detiene la risa y se queda mirando reír a la muchacha.
-¿Puedo ayudarte en algo?-le pregunta él-como nunca vienes a visitarme…es decir…no sola…-con leve tono de recriminación el chico.
-No tengo mucho tiempo ahora. Con la Universidad y mi trabajo en el partido-se excusa ella tratando no mirar los ojos del joven y presionando con fuerza el envoltorio de papel en su pecho.
-Supe por Serena que trabajas en tus ratos libres como voluntaria en las oficinas de Murayama-comenta el mirándola con una sonrisa.
-Así es, quiero aprender muchísimo de la política en acción y gané este puesto en el área de estadística así que…
-Es increíble que puedas con todo. Universidad, trabajo y además atención de Hikawa, porque no lo dejas ¿Cierto?
-Jamás dejaré Hikawa, es mi esencia, mis raíces maternas y japonesas, tampoco dejaría al abuelo-resume ella. Darien sonríe al escucharla
-Que bueno...No había tenido tiempo de decirte, porque nunca te veo, pero mi abuelo te manda saludos…me preguntó por ti-comentó el joven. Ella al fin levanto la vista sonriente.
-Saluda también a Chiba sama cuando lo veas, de mi parte-indica ella. El asiente. Un momento de silencio incómodo.
-¿Qui…quieres pasar?-ofrece el. Ella niega con la cabeza.
-No, para nada, tienes que estar en Todai antes de las ocho y aun te queda lejos con el tráfico de esta hora, no quisiera que llegaras tarde, estás en tu año de especialidad y debes concentrarte-responde ella. Una sonrisa más de Darien al escucharla decir eso, y luego se recarga en el dintel de la puerta con su brazo quedando a un lado de la chica.
-Recordaste eso…-dice él. Un sonrojo de ella.
-Serena nos dijo que decidiste especializarte aquí en la Universidad de Todai y no en el extranjero, al menos hasta que se casen y decidan qué hacer. Me…¡Nos!...dio mucha alegría que al fin estés en tu especialidad de cardiología, tal como deseabas-responde la joven.
Darien mira atento el rostro de ella, y no puede evitar recordar cuántas veces su novia llegó a esa misma hora y no lo dejó salir hasta prepararle el desayuno o llevárselo ella misma de algún establecimiento, mirándolo comer atenta cada bocado hasta que terminaba sin importarle mucho su horario ni su escuela.
-Darien…sé que no vengo muchas veces y que nuestra relación siempre ha sido más bien cordial forzada que real, pero…hay algo que tengo que te pertenece y debo dártelo-alarga ella el envoltorio de papel-por favor, por lo que más quieras no me preguntes cómo es que tengo eso, o cómo llegó a Hikawa, solo tómalo y olvídate de que alguna vez vine a verte…¿Si?-suplica ella. Asombrado el joven toma el envoltorio de papel y en cuanto lo toma la chica pelinegra corre hacia el ascensor por el pasillo.
-¡Rei!-se asombra el chico y al verla irse, desenrolla el envoltorio mirando doblada con cuidado nada menos que su camisa rosa, la que desapareció de su habitación la noche anterior. Ver la camisa y correr tras la joven fue todo uno en la mente de Darien-¡Espera! ¡Espera no te vayas aun!-suplicó al llegar a la puerta del ascensor que aún no abría para tomarla de la muñeca, hacerla girar y verla a los ojos.
-¡Darien! ¡Por favor no me preguntes nada! ¡No me detengas ni me mires con esos ojos!-suplicó aterrada la de ojos amatista.
-¿Con cuales ojos?-pregunta el perdido en su mirada, pero antes de que ella responda, dominada por algo más fuerte, sujeta con sus manos el cuello de la camisa del chico y lo acerca a ella besándolo en los labios de forma apasionada e intensa. Darien parpadea confundido un par de veces ante este acto inesperado de Rei, pero luego cierra los ojos, deja caer al suelo la camisa y coloca sus manos en la delgada cintura de ella acercándola a su cuerpo en un abrazo posesivo mientras responde al beso de ella abriendo sus labios y luchando por el dominio con la lengua ansiosa de la miko…
El sonido de unos pasos la hizo salir de su abstracción y darse cuenta de que tenía el dedo índice sobre el timbre sin atreverse aún a tocar. Asustada al adivinar de quién eran los pasos, quitó su dedo del timbre, dejó en el suelo, sobre el periódico, el envoltorio con la camisa, y corrió a ocultarse al final del pasillo, doblando la esquina.
No se engañó, porque la puerta se abrió y en el dintel de esta apareció el joven pelinegro, impecablemente vestido de camisa beige y pantalón negro, llevando su portafolios y la bata de médico en su hombro agachándose por el diario.
-¿Qué es esto?-dijo Darien al ver el envoltorio de papel sobre el periódico, y tomó ambos en sus manos. Enrolló el diario en su mano lanzándolo dentro, hacia uno de los sillones, pero mantuvo en sus manos el paquete. Rei, desde su escondite, lo vio abrirlo y contempló el gesto de asombro del apuesto rostro cuando sacó el contenido-¿Mi camisa rosa? ¿Pero cómo diablos…?-Rei se escondió tras la pared cuando vio que el chico miraba en todas direcciones del pasillo y no pudo ver como olfateaba el ambiente caminando con pasos firmes hacia la esquina en que ella estaba.
-Gran Kami…por favor…por favor que no me vea-suplica ella en su mente al oír más cerca los pasos, hasta que el sonido de su móvil hace que Darien se detenga.
-¿Si?...Himemiya…claro que me acuerdo de llevar las imágenes para la exposición…tranquilo voy saliendo ya…¿Tienes las tablas de morbilidad?...-Darien se aleja y lanzando al mismo sillón la camisa cierra la puerta de su apartamento y se aleja por el pasillo hacia el ascensor sin dejar de hablar por el celular. Rei suspira aliviada y se sujeta el pecho donde su corazón late con fuerza desmedida, sentándose en el suelo de aquel pasillo.
-Fue lo mejor…así jamás tendré que explicarle nada ni ponérmele delante lo que me quede de vida-decide ella y espera un tiempo prudente hasta que él se vaya, caminando hacia el ventanal y mirando abajo, donde esta estacionada la motocicleta del chico, decidida a irse cuando lo vea partir. Darien llega abajo y cuelga el móvil caminando hacia la recepción donde palmea la espalda del guardia que juega videojuegos.
-Me voy ya, Taido, te encargo la correspondencia-dice él.
-Descuide, Chiba sama, por cierto…¿Lo encontró la señorita que lo buscaba?-pregunta el guardia. Darien lo mira extrañado.
-No sé de qué hablas…
-Si claro, la señorita elegante de lindas piernas y ojos bonitos que preguntó por Usted-replica el guardia-mire aquí está registrada-señala él el libro y los atónitos ojos de Darien leen el nombre: "Rei Hino…7:12 am."
-A si si…Rei…se quedó arriba y bajará en cualquier momento…ya la verás salir-miente Darien y el guardia sonríe.
-Lindas amistades tiene, joven Chiba-indica este y Darien solo sonríe.
-Nos vemos a mi regreso, Taido-se despide el chico y sale a la calle guardando su portafolios y su bata en una caja adaptada sobre su moto y colocándose el casco enciende esta y arranca por la calle. Unos momentos después la joven pelinegra sale del complejo de departamentos y atraviesa la calle hacia su Mazda rojo, entrando en él y perdiéndose por el lado opuesto, rumbo a la Universidad Meiji. Darien, oculto en un callejón con su motocicleta, mira como el auto rojo pasa por la calle y sonríe.
-¿También a ti, Rei?...creo que va a ser inevitable que hablemos de frente. Más vale saber qué nos está pasando- decide el joven estudiante y enfila su motocicleta hacia las calles que conducían a la Universidad de Todai.
La bella mujer de vestido rojo se alejó del bullicio del baile. La música aún sonaba en el salón principal del reino de la luna y las luces reflejaban una gran parte de su brillo por el sendero de rocas blancas que conducía a los jardines. Su paso es calmado, pero su rostro es triste y su actitud cansada y abatida. Se detiene frente a una fuente de mármol blanco que muestra a un pegaso en pleno vuelo y delante del agua, el rostro de porcelana se llena de algo que muy poca gente en la galaxia podía jactarse de ver en semejante guerrera: lágrimas. Lágrimas que caen por sus mejillas y mueren en la comisura de sus labios rojos.
De repente unos brazos fuertes rodean su cintura aprisionándola en el abrazo más fuerte e intenso que se pudiera soñar y una voz varonil murmura en su oído.
-¿Por qué te fuiste del baile?-ella se estremece al reconocer la voz y al dueño de la misma, y velozmente limpia sus lágrimas con el dorso de su mano, para después, con furia y fuerza, deshacer el agarre férreo de las manos que presionaban su cintura y escapar de ese abrazo encarando de frente al hombre con mirada congelante.
-Porque no me daba la gana seguir escuchando a los principales hombres de la Galaxia hablar de lo conveniente de tu matrimonio con la princesa de la luna…¡por eso! ¡Y porque he estado a dos pasos de gritarles a todos que no puedes casarte con ella cuando tú ya eres mi Unmei no hito!-le reclama ella con furia mostrando la cicatriz de su mano izquierda. Una sonrisa del hombre es la respuesta.
-¿Mi hermosa Hōbijin tiene celos?-pregunta el joven de ojos azules y armadura mientras se acerca a ella. Un gesto de furia en los ojos amatista y los puños apretados se encienden en llamas deteniendo el avance del joven príncipe.
-No te atrevas a acercarte, Endymion, porque no estoy muy feliz contigo-insiste ella.
-Escucha, Hōbijin…yo no tengo como controlar lo que habla la gente, y sabes de sobra que el más interesado en que se supiera de nuestro enlace era yo, por mí lo habría publicado a todas voces desde hace tiempo, pero quien insistió en mantenerlo en secreto mientras duraba tu servicio como senshi fuiste tú.
-Sé que lo dije pero ahora…ahora al ver a la princesa mirarte, creo que me equivoqué. Me dolería que se enamorara de ti si ya eres mi Unmei no hito-insiste ella.
-¿Crees sinceramente que a mí me interese la chica rubia teniendo una esposa como tú?-inquiere el príncipe y se acerca a ella-tan bella, con esos ojos intensos de un tono que nadie en la galaxia posee, con ese rostro de porcelana y esos labios de coral, con el cuerpo más perfecto y las curvas más sensuales que existen, y sobre todo con esa alma poderosa que me domina y me subyuga con solo mirarla…-se adelanta a ella con valor el joven de ojos azules mirándola a los ojos aún con el riesgo de ser quemado por los puños llameantes de la temperamental princesa de ajustado vestido rojo.
-¿Crees que con palabras bonitas voy a…-ofendida la chica, pero no puede terminar porque los mismos brazos fuertes del príncipe la atrapan en un abrazo intenso y ella instintivamente apaga sus puños.
-Tenía pensado que fueran más que palabras-dice firme el príncipe-escucha, Hōbijin, te amo desde que te conocí en Marte, estamos unidos por un juramento de sangre…-el pone su mano derecha sobre la izquierda de la princesa de cabello negro y une sus cicatrices-también eres mi Unmei no hito y pase lo que pase siempre vamos a estar unidos, ahora…
-…y para siempre-completa ella sonriendo y enlazando sus dedos con los de él mientras une su frente a la suya sonriente-discúlpame, Endymion, es solo que ya quiero que todo esto termine y que Marte no tenga ningún compromiso diplomático con la luna para que todos sepan que eres mío…mío y de nadie más-insiste ella con tono posesivo.
-Ya lo sé y no me quejo, todo lo contrario, soy gustoso esclavo eterno de ti-cede el y ella sonríe, antes de que ambos se fundan en un beso intenso y apasionado, mientras se abrazan desesperadamente. Poco a poco las ansiosas manos del príncipe recorren los lados del cuerpo de ella y suben el largo vestido rojo hasta sentir sus piernas mientras baja sus besos por la barbilla y cuello de la joven arrancando suspiros de ella -Pase lo que pase…voy a buscarte y a encontrarte…en esta vida y en…todas las que queden-insiste Endymion entre besos. Una sonrisa de la chica de Marte y un fuerte empujón los hace caer en el pasto del jardín de la luna, ella encima de él, y sus ojos amatista brillan ahora con un brillo apasionado mientras posa sus manos en el pecho de él y comienza a desabrochar con habilidad de quien tiene práctica, los seguros del peto de la armadura del príncipe.
-Más te vale que me busques, Endymion, porque si no lo haces te haré pagar caro cada siglo que te tardes en encontrarme…eres mío…y espero que eso te quede claro-insiste ella. Una sonrisa del joven de ojos azules cuando ella lanza a un lado la parte delantera del peto de su armadura.
-Bastante claro, Hōbijin-decide el embobado por el tono posesivo y el rostro de su captora, a quien toma de los hombros y acerca a él para besarla de nuevo ansiosamente…
-¡REI SAN!-la voz masculina la despierta de su sueño trayéndola de nuevo a la realidad presente. Parpadea y enfoca la vista para darse cuenta de que está en su cubículo de las oficinas del Partido Social Demócrata japonés, con la computadora encendida, dormida sobre el teclado.
-¿Sean kun?-pregunta ella mirando al chico irlandés que la sujeta de los hombros.
-Si yo. He terminado mi entrevista con los directores de Recursos Humanos y venía a decirte que ya podemos irnos, solo que te encontré dormida. Veo que siguen tus problemas de sueño-dice el joven.
-Si eso parece-indica Rei y se estira pues siente adoloridos los hombros-aunque ya había terminado y estaba apagando la computadora para esperarte y regresar. No supe cuando me quedé dormida-Se excusa ella y termina de apagar la máquina. El joven la ayuda a recoger sus papeles.
-Fue asombroso conocer las oficinas y ver más de cerca cómo funciona un partido político japonés. No olvidaré la ayuda que me das para mi proyecto-comenta el joven con acento extranjero.
-Lo que pueda hacer por ti, Sean, solo dímelo-concede la chica guardando todo en su portafolios.
-No me olvidaré de esto, Rei san…y aprovechando esto, como forma de agradecimiento…¿Aceptas salir a cenar conmigo?-inquiere el joven. Una mirada asombradísima de ella es la respuesta-no hoy claro, sé que tienes muchísimo trabajo con fin de semestre, igual yo, pero quizá cuando terminemos y los dos tengamos tiempo libre. ¿Qué dices?
-Por qué no-le sonríe ella.
-Excelente, Rei san, pensaré un lugar interesante a dónde llevarte, verás que nos divertimos juntos-concede el chico y le alarga el folder con sus papeles-¿nos vamos ya?
-Si vamos ya. ¿Te dejo en algún lugar especial?-pregunta la chica mientras sale de las oficinas del partido con el joven a su lado.
-En Hikawa está bien. Tomo el autobús en la esquina del templo y me deja a las afueras de la residencia de estudiantes-cede Sean. Rei asiente y camina con él quitando las alarmas de su Mazda rojo y charlando animadamente con su compañero de clases sobre temas del partido y dudas que el joven le preguntaba.
Templo Hikawa. Mismo día por la noche.
El joven pelinegro estaba recargado en su motocicleta roja, jugando nerviosamente en sus manos con su casco, y usando la camisa rosa que había encontrado afuera de su apartamento. Había subido a preguntar por Rei al sacerdote y este le había dicho que la chica aún no llegaba del trabajo, así que declinó la invitación del anciano para esperarla arriba y decidió esperar abajo. Su Suzuki estaba estacionada en la esquina del templo para no obstruir el paso de los fieles que acudían a hacer su oración.
-Tarde o temprano tenía que ser…-suspiró Darien-más vale aclararlo todo-se convencía el chico. Su corazón comenzó a latir con fuerza cuando vio al Mazda rojo doblar la esquina contraria de la calle del templo y detenerse frente a las escaleras-al fin llegó-se dijo Darien y dejó el casco sobre la motocicleta caminando hacia el auto, cuando vio bajar a Rei, demasiado hermosa para su tranquilidad, con esa falda corta color beige con marrón, su abrigo del mismo tono de la falda, sus cabellos negros sujetos en una media cola, botas altas y un elegante broche, seguramente muy caro, con forma de flor de perlas, como único adorno. Ella no vestía tan formal de ordinario, siempre era más casual, pero en su trabajo en el partido seguramente debía vestir de ese modo.
Luego del primer encandilamiento, Darien sonrió y se acercó a ella, aunque sus pasos se cortaron en seco cuando vio bajar del lado del copiloto a un alto joven de cabello castaño y ojos verdes, quien rodeo el auto corriendo y ayudó a la chica a detener su portafolios mientras ella cerraba el Mazda
-Arigatou, Sean kun, tu siempre tan atento-le sonrió ella.
-No agradezca, bella dama, todo para servirla-se inclinó en extranjero ante ella con una reverencia exagerada que arrancó una risa de Rei-gracias por hoy, Rei san-dijo el dándole el portafolios.
-No las des Sean kun-indicó ella-para eso estamos.
-Te veo mañana entonces, y no te olvides de nuestra cita-le guiñó un ojo el extranjero besando su mejilla. Darien se quedó parado en su lugar mirando todo a unos metros de distancia.
-No lo olvido. Te veo mañana en clase, espero que me des una lista interesante de lugares que elegir-acabó Rei.
-Así será, Rei san, descansa y buenas noches-se despidió el chico poniéndose la mochila en su hombro y corriendo por la calle en dirección opuesta a Darien despidiéndose con la mano. Ella se despidió también y luego subió las escaleras de Hikawa con la rapidez y agilidad de siempre, sin mirar siquiera al alto joven de camisa rosa que seguía petrificado en su lugar sin atreverse siquiera a acercarse.
-¿Cita?-murmuró Darien en un tono demasiado molesto para ser imparcial-¿Rei una cita? ¿Con ese tipo? ¡Pero como puede…-las palabras de Darien murieron en su boca al darse cuenta de lo que estaba a punto de decir. Furioso y confundido regresó corriendo a su motocicleta y se puso en casco quizá con mucha fuerza, porque se lastimó los oídos al hacerlo, arrancando sin miramientos por la calle a una velocidad poco frecuente en un conductor tan precavido. Esa noche llamó a Serena y le dijo que no podía llevarla a comer pasteles a la nueva cafetería de Hello Kitty de Shinjuku porque tenía que estudiar…
Departamento de Darien Chiba. Doce de la Noche.
Todo es silencio y calma en el apartamento del joven estudiante de medicina. Es de noche y dentro se pueden ver sobre la mesa de la sala, sus libros de medicina en inglés abiertos junto con algunos papeles de notas y una taza con restos de café, señal inequívoca de que había estado estudiando. En la habitación, que estaba con la puerta abierta según la costumbre de su dueño, se encontraba durmiendo sobre la cama el joven de cabello negro, cubierto con una manta. El reloj de luz del su buró marcó con números rojos el cambio de las 11:59 a las 12:00 de la noche, y justo en ese momento, el sueño calmado y tranquilo del durmiente comenzó a volverse agitado y difícil. Gruesas gotas de sudor invadieron su frente, lanzó lejos la manta y comenzó a moverse de modo inquieto en la cama hasta que de repente sus ojos se abren de golpe y se endereza mirando en torno con la respiración agitada. Luego pasa sus manos por su cabello, y limpia el sudor de su frente.
-Vaya contigo, joven Darien, cada día más difícil de controlar-dijo la voz en un idioma diferente al japonés, una lengua que hacía milenios no se escuchaba en la Tierra, y el hombre pelinegro se levanta de la cama caminando hacia la silla al lado de la cual estaba la ropa de él, para comenzar a ponerse la camisa rosa encima de la camiseta blanca sin mangas-voy a sorprender a mi apasionada dama de fuego…-dijo con una sonrisa traviesa el hombre de profundos ojos azules, pero antes de comenzar a abrocharse la camisa, escuchó unos golpes en la puerta del apartamento.
Desconcertado y solo con la camisa encima, el chico caminó descalzo atravesando la sala y llegó a la puerta. De nuevo tres golpes sonaron en esta, y con algo de reserva este abrió la puerta solo un poco mirando afuera, pero su sonrisa se ensanchó al ver de quién se trataba y terminó por abrir la puerta de par en par para mirar aparecer, sujeta del dintel con ambos brazos, a la hermosa joven de cabello negro y largo, brillantes ojos púrpuras intensos y sonrisa sensual, vestida ahora con un short negro, blusa del mismo tono solo de tirantes, una chamarra blanca desabrochada encima, con capucha puesta, y tenis sin calcetas. Una sonrisa intensa se dibujó en las facciones del hombre de cabello negro que recorrió de arriba abajo a la sensual mujer que estaba afuera de su apartamento.
-Buenas noches, majestad, ¿Tiene espacio en sus aposentos para alguien más?-preguntó ella en el mismo lenguaje antiguo.
-Todo depende, Lady Mars…¿A qué debo tan agradable sorpresa? ¿No fui yo quien juró buscarla a Usted en todas las vidas que nos quedaran?-inquirió él sonriente cruzándose de brazos-esta modalidad es nueva…La bella y perfecta Lady Mars, la reina de hielo, viene a buscar a mi reencarnación a sus aposentos. Demasiado bueno para desperdiciarlo-dijo él y sin que la chica lo esperara la sujetó de la cintura atrayéndola a su cuerpo mientras cerraba la puerta de golpe y ni bien el sonido sordo de esta inundó el lugar, ambos se fundieron en un desesperado beso en los labios.
El hombre abrazaba con desesperación el delgado cuerpo de su nocturna visitante mientras ella se abrazaba a él casi como si fueran a fundirse en uno solo. Ella subió una de sus piernas a la cintura de él, y este de prisa la tomó con su brazo mientras jalaba la capucha de la chamarra blanca de ella para liberar su cabeza aprisionada en esta y continuó jalándola, sin dar tregua en el ansioso beso, hasta liberarla de la prenda que quedó tirada en el suelo mientras ella quedaba solo con su blusa negra de tirantes y el short corto del mismo tono. Las ansiosas manos del hombre comenzaron a vagar sujetas a la piel de ella por debajo de la blusa de tirantes mientras bajaba sus besos por el cuello de ella. Una risa de la mujer al sentir como él succionaba la piel de su cuello se escucha por el departamento de Darien Chiba.
-Un momento…su majestad… hay algo que no va bien aquí-dijo ella entre risas en aquella lengua olvidada y de repente giró con violencia sus posiciones siendo ella quien estrellaba en la madera de la puerta del apartamento al hombre, sujetándolo de las muñecas con fuerza y mirándolo con evidente deseo mientras pegaba su cuerpo al suyo atacándolo en un beso furioso que terminó por morder su labio inferior sacando un gemido ronco de la garganta de él. La mujer sonrió ante esta demostración de dominio en su pareja.
Luego, sus manos delicadas de piel pálida bajaron la camisa rosa que el hombre solo había sobrepuesto por los brazos musculosos de él acariciando en el proceso mientras besaba su cuello por el frente manteniéndolo contra la puerta provocando que este cerrara los ojos y respirara con dificultad, hasta que ella logra tirar al suelo la camisa rosa y mira al hombre con el labio levemente sangrado que la contempla fascinado y jadeante. La mujer sonríe triunfante y se acerca para lamer con su lengua la sangre que escurre por el mentón de él arrancando un nuevo gemido del hombre.
-Ya entendí…ya entendí…tú tienes el control ahora…¿Cierto?-balbucea el hombre en aquel idioma ancestral en que ambos hablaban.
-Respuesta correcta, su alteza-susurró ella en su oído-¿Vamos a seguir jugando aquí? ¿O su autocontrol alcanza para llevarme a sus aposentos?-le dijo ella en su oído antes de morder levente el pallar del mismo, provocando que el hombre la tomaba bruscamente entre sus brazos y caminara con ella hacia la alcoba. Una nueva risa de triunfo de la mujer es la respuesta y se sujeta del cuello del hombre con sus manos mientras el camina con ella en sus brazos.
-¿Puedo saber a qué se debe la presencia de Rei Hino en casa de Darien?-pregunta él hablando todo el tiempo en lengua antigua mientras camina con ella hacia la habitación.
-Decidí cambiar un poco la estrategia. Creo que mi joven e inocente…
-Ex inocente-corrige con autosuficiencia él a su acompañante mientras llega a la alcoba y la deposita sobre la cama, ganando otra risa cristalina de ella.
-De acuerdo…ex inocente doncella de templo, va a ser la primera que recuerde todo. Además de que me está siendo muy difícil confinarla para tomar control de su cuerpo, sus recuerdos están siendo muy intensos. Está teniendo sueños vívidos durante el día-confiesa en lengua antigua la mujer de ojos profundos mientras él se sienta en el borde de la cama mirándola y quitándole los tenis blancos lanzándolos al suelo.
-¿A sí?-comenta él y después comienza a tocar con el dorso de sus dedos la piel de ella, desde la punta de sus pies, subiendo por su tobillo y pierna con calma, ganando un estremecimiento de ella-¿Y qué tipo de sueños son?...
-De algunos de nuestros mejores momentos…me he divertido eligiéndolos. Uno…de esa vez en mi cámara de palacio cuando intentaba coser tu ropa-dice ella en el mismo idioma. Las manos de él se detienen en el borde del short negro de ella y lo va bajando poco a poco disfrutando de ver las reacciones de su acompañante.
-Recuerdo esa vez…luego de que te quité la idea de coser mi ropa fue…explosivo-sonríe sensual el hombre y ella asiente perdida en las acciones de él que baja su prenda despacio por sus piernas-espero que no hayas puesto en la mente de la pobre chica las partes más intensas o le ganarás un accidente vascular…-dice el bromeando.
-Claro que no…fue solo una escena corta…y luego aquella ocasión en la fuente del pegaso-indica ella.
-Otro excelente momento. Hacerlo sobre el pasto y con el riesgo de que nos descubrieran le añadió más fuego del que tú sola ya tienes en la piel-dijo el lanzando lejos la prenda negra-¿te digo algo, Hōbijin?-dijo el recorriéndola con la mirada-amo que tu chica de templo no use ropa interior para dormir-una sonrisa de ella es la respuesta y lleva sus manos al borde de la blusa sin mangas de él subiéndola con sus dedos hacia arriba descubriendo poco a poco el abdomen marcado del hombre.
-¿Tu Darien no tiene recuerdos tan intensos, verdad?-dice ella sin dejar de subir la prenda hasta que el la ayuda levantando los brazos y quitándosela, quedando con el torso desnudo ante la mirada intensa de la mujer de ojos púrpuras.
-Por desgracia le es más difícil. Su amor impuesto de siglos por la princesa de la Luna le evita avanzar en la comprensión de su pasado-indica el y pone ambas manos a los lados de ella mirándola a la cara aun sentado en el borde de la cama-aunque últimamente ha estado a dos pasos de perder el control, uno en Hikawa afuera de su cuarto…y otro cuando la vio con el compañero de escuela-una nueva risa de ella es la respuesta.
-Así que el señor control, enamorado de su novia, está muy cerca de perder el control. ¿Qué te parece cariño? ¿Cuánto más vamos a poder jugar con ellos?-inquiere la mujer en ese lenguaje milenario que usaban ambos colgándose del cuello del chico.
-No lo sé, Hōbijin. Espero que el tonto de Darien se dé cuenta pronto que su verdadera Unmei no hito es tu doncella de templo, aún antes que la princesa de la Luna, porque si no se da cuenta y se casa con la otra…
-Shhhh…no lo digas-pone ella un dedo sobre los labios varoniles del hombre-no lo digas, cariño…vamos a intentar que se den cuenta antes. Estoy segura de que ellos en algún lugar de su mente…saben que se necesitan, o de otro modo nunca nos habrían cedido el control a ti y a mí. Además él fue su primera vez…como tú la mía…
-Pero ella no fue consciente, Hōbijin-dice el subiendo ahora la blusa negra de tirantes por el abdomen de la mujer.
-Ya lo…sé…-dice ella sintiendo las manos de él en su piel-pero igual ocurrió…ellos lo desean…¿Por qué no se dan cuenta de que se aman tanto como…tú y yo?-inquiere la mujer.
-Quizá porque necesitan que los ayudemos más a recordar…¿qué dices?...¿Lo hacemos?...-pregunta el hombre presionando bajo la prenda los senos de ella hasta arrancarle un nuevo gemido de placer mientras enreda sus dedos ansiosos en el cabello negro desordenado de su amante milenario.
-Hay que…darnos prisa porque…ahora ella debe volver a su templo…y quizá no logre confinarla mucho…-dice la mujer mientras él masajea sus senos a sus anchas mirando sonriente las reacciones de ella.
-Perfecto Lady Mars…sus deseos son órdenes-indicó él y de prisa le quitó la blusa de tirantes, para después levantarse de la cama y retirarse por sí mismo el bóxer negro bajo la sonriente mirada de ella que aún estaba sobre la cama. En un momento el hombre de ojos azules estuvo sobre ella y ambos comenzaron a besarse con ansiedad, pasión y fuerza desmedida mientras ruedan en la cama de Darien con sus cuerpos enredados y sus piernas entrelazadas en desesperado toque.
Un fuerte grito de la mujer, cuando él bajó su ansiosa boca para atrapar uno de sus senos, resonó por toda la habitación y la hizo arquear su cuerpo enterrando sus uñas en los hombros de él y arrastrar estas hacia sus brazos fuertes. Los gemidos y gritos de ella continuaron cuando él pasó a su otro pecho succionando y saboreando con fruición para después dejar una serie de mordidas y marcas en sus senos con ansiedad.
-¿Quién…quién le hizo a mi miko favorita…esta marca?-preguntó en lengua antigua el hombre alzando su rostro y clavando sus ojos azul intenso en el rostro sonrojado de ella-si fue el compañero de la escuela…Darien va a recordar más de prisa de lo que crees-posesivo él la abraza por la cintura. Ella alcanza a recuperar un poco de cordura y volver el reino de placer en que estaba confinada para reír.
-Fuiste tú mismo…pero en el sueño de hace unos días-dijo ella-eres un posesivo de lo peor, Endymion-dijo ella en esa lengua que los dos hablaban.
-Mira quien lo dice…la que prometió que me haría pagar por cada siglo que tardara en encontrarla y que juró que era de su propiedad…-dijo el mientras separaba las piernas de ella con una enorme sonrisa en sus labios.
-Y sigue siendo así, su majestad…es Usted totalmente mío, ahora…
-… y para siempre-respondió él entrando en ella con fuerza de una sola vez, ganando un gemido intenso que él calla con un beso, la mujer lleva sus manos al cuello del hombre abrumada por las sensaciones de placer que la abruman conforme él comienza a moverse dentro de ella y ambos se entregan a aquella forma de amarse que habían luchado tanto por encontrar a través de milenios y que era la única que lograba saciar su intensa necesidad de que sus almas tuvieran al fin cuerpo.
Luego de llegar al punto máximo de placer, el hombre se deja caer sobre el pecho de la chica respirando con dificultad el aroma de ella mientras la mujer acaricia el cabello negro de su amante con una sonrisa de satisfacción.
-Ya son dos veces…-comenta él en lengua ancestral.
-Si…dos veces de muchas más. Si no logramos unirlos en esta vida tú y yo no vamos a dejar estos momentos, cariño-sonríe ella. El hombre levanta su rostro y la mira con amor, uniendo su mano derecha con la izquierda de ella y mirando la palma atento.
-Aún no aparece la marca del Unmei no hito. Tenemos oportunidad de jugar un poco más-indica él y besa la mano blanca de ella que sonríe-Entonces esa súplica que hiciste de que dejáramos de poseerlos un tiempo…
-Evidentemente queda en el olvido, cariño-dice feliz la mujer con una gran sonrisa y el se acerca y acaricia su mejilla.
-Vamos a buscarnos y encontrarnos siempre…y en esta vida tiene que ser duradero…aunque luchemos con este par de tontos que no se quieren dar cuenta-insiste él.
-Haremos que se den cuenta cariño…te lo juro…luego de milenios tienen que tener una oportunidad en que sí queden juntos-insiste ella antes de atrapar los labios de él en otro beso suave, dulce, amoroso…
- Is grá liom thú-dice su confesión de amor la mujer en ese idioma ancestral.
- Is grá liom thú, Hōbijin-responde el hombre mirándose en aquel profundo púrpura de Lady Mars que siempre lo mantenía cautivo…
Templo Hikawa, día siguiente.
La joven de cabello castaño vestida con filipina blanca y cargando una mochila en su espalda, espera en la escalinata del templo escuchando la música en sus audífonos mientras se recarga en el auto rojo mirando su reloj de pulsera con insistencia, hasta que ve a su amiga bajar las escaleras con su portafolios y una actitud de evidente cansancio bostezando.
-¡Buenas noches, amiga!-saluda con burla la castaña-Otro día que te ofrezcas a llevarme al restaurante no aceptaré. Llegaré tarde.
-Disculpa Mako…no dormí bien-dijo como disculpa la chica pelinegra retirando las alarmas para que su amiga suba al auto, entrando ella después y retirándose la bufanda y lanzando en el asiento de atrás sus cosas con fastidio mientras enciende el auto.
-Si ya veo por qué no dormiste bien-con ironía la castaña mirando las marcas del cuello de su amiga quien ya conduce su auto por las calles de la ciudad-dime quién fue el afortunado. ¿El joven de tu trabajo? ¿Tu compañero irlandés? ¿El chico de la cafetería del otro día?
-No es lo que crees, Makoto. Si tuviera un…
-¿Amante?-completa ella. Rei frunce el ceño y se detiene en un alto.
-Si lo tuviera, tú lo sabrías. No es eso…son…los sueños…van aumentando de intensidad y ahora ocurren incluso de día. Ayer desperté cerca de las dos de la madrugada en las escaleras de Hikawa…solo con mi pijama negra, unos tenis y una chamarra, con todas estas marcas y otras más que…
-¡WOW! ¿Por qué yo no tengo sueños húmedos con un joven desconocido que me haga moretones en el cuello?-se queja Makoto.
-No sabes lo que dices…es horrible. Tiene que pasarme justo ahora con el fin de semestre y el inicio de encuestas de precampaña-se queja la chica, omitiendo que el tipo en cuestión desde hace tres días ya no le era precisamente "Desconocido".
-Yo que tú lo disfrutaba y me dejaba querer-palmea su hombro la castaña logrando una mirada furiosa de su amiga-ya…era sugerencia. Si tanto te molesta ¿Por qué no buscas ayuda profesional?
-Eso haré. Si continúa voy a morir-se queja la joven pelinegra y arranca de nuevo su auto por las calles de la ciudad.
-Muchas quisiéramos morir en…-intenta comentar Makoto pero otra mirada de su amiga la obliga a callar.
-Pensé preguntar a Ami si conoce a un psicólogo, pero estando ella en Alemania es difícil y cuando nos llama a todas o hay video chat no me atrevo a sacar el tema.
-Conozco un psicólogo, el Dr. Ikeda. Me atiende a mí periódicamente, ahora solo una vez al mes.
-¿Vas al psicólogo?-duda Rei.
-Claro amiga, alguien con mi historia pasada y tantas decepciones amorosas necesita orientación-indica la joven logrando arrancar al fin una sonrisa a su difícil compañera.
-Bueno…pásame el número del Dr. Ikeda. Llamaré para hacer una cita. Grábalo en mi celular por favor-pide Rei dándoselo a su amiga mientras ella conduce. Makoto lo toma y mueve algunos botones.
-¡Hola!... Rei san: Buen día…¿Tienes los apuntes de la clase de Historia y Sociedad? Creo que los extravié. Y por cierto ya sé a dónde llevarte en nuestra cita. SEAN.-lee la chica un mensaje-Así que al fin dejaste tu actitud de reina de hielo y aceptaste salir con alguien.
-¡Makoto! ¡Deja de ver mis mensajes privados y solo graba el número del psicólogo!-se queja Rei entre las risas y bromas de su amiga quien no deja de reírse de ella todo el trayecto.
Facultad de Medicina, Universidad Todai.
El chico rubio espera en los pasillos a su amigo mientras mira su reloj a cada momento. Al fin mira a Darien llegar corriendo y sonríe.
-Al fin llegas. ¿Sabes que vas tarde a la conferencia sobre genética aplicada? Y luego me regañas a mí porque llego tarde y aun no termino mis materias básicas-se queja Andrew.
-Tranquilo Furuhata-sonríe él.
-¿Dormiste mal otra vez?
-Pues…días pasados sí pero…justo esta noche dormí demasiado bien…tan bien que me quedé en la cama sin oír el despertador-sonriente como pocas veces el joven pelinegro.
-Sí que estás demente, Chiba-opina Andrew-deberías atenderte profesionalmente y esto es como amigo y como médicos que som…-Darien lo mira severo mientras caminan por los pasillos de la Universidad-bien bien…como médico que eres, ya sé que yo aún no acabo-se corrige él.
-Ayuda profesional…¿te refieres a psicólogo?-duda Darien. Andrew asiente y busca en su cartera una tarjeta.
-Toma. Makoto me dio esta de su psicólogo personal. Me dijo que quizá me sirviera verlo para orientación vocacional. Nada pierdes intentando-comenta el rubio y entra en el aula de la usos múltiples donde el médico alemán que dará la conferencia ya ha comenzado esta. Darien se queda atrás y mira la tarjeta de Andrew.
-¿Taro Ikeda?...un psicólogo…bien…creo que nada pierdo-dice Darien guardando la tarjeta en el bolso de su saco antes de entrar al salón y sentarse al lado de Andrew a escuchar una conferencia a la cual no presta mucha atención…
NOTAS FINALES: ¡FELIZ DIA A LA MAGA MAS PERVERSA DEL FÉNIX CLAN! Amiga, sé que prometí algo diferente pero a la mitad del Hotaru-Helios me llegó inspiración para este y no me pude detener. No prometo seguir o al menos no en un año más pero lo dejamos como regalo de cumple anual..:XD…¿Me disculpas? Te debo el Hotaru-Helios para Navidad o alguna otra celebración ya que lo acabe.
Bueno…sé que dije COMPLETO pero solo llegó la idea, espero lo disfrutes y te guste. Salió algo de prisa porque como dije cambié la idea a la mitad y he andado ayudando a mi madre con unas cosas, pero lo bueno es que estrenando tu cumple tienes el regalo. Gracias por el apoyo y por seguir las locuras del Fénix clan (y las que aun nos faltan) feliz día y ojalá te guste. =)
PD: Este fic está inspirado en la canción GATO NEGRO del gran grupo AMARAL dejo link a youtube...XD
/watch?v=lQ2TRLW-JVA
ATTE: LADY PHOENIX.
