2º capítulo: El juego del Campeón.

El ataque dio en el blanco. Fue devastador, totalmente crítico. Cheren ya se lo esperaba. Ese Sofoco fue realmente efectivo contra su Simisage, pero al menos logró cansarlo un poco. Sofoco bajaba el Ataque Especial del usuario, así que Volcarona lo tendría crudo para acabar con el siguiente pokémon del entrenador. No obstante, Mirto parecía muy seguro de sí mismo, como si ya tuviese planeado toda la estrategia ¿y si era así? No, era imposible que lo controlase hasta tal punto de obligarle a sacar los pokémon con los que quería combatir. Pero Mirto era todo un misterio y, a pesar de todos sus entrenamientos en la Calle Victoria, jamás consiguió derrotarle. Sin embargo, parecía que en ese momento tenía alguna posibilidad. Se encontraban igualados. Cheren había derrotado a todos los pokémon de Mirto, excepto Volcarona. A él mismo sólo le quedaba uno también, el cual sacaría en breves segundos, pero, a diferencia de la criatura del Campeón, el suyo estaba totalmente descansado y a punto para luchar.

-¡Adelante, compañero!- gritó Cheren a la vez que lanzaba la pokéball al centro del estadio. De ella salió el último pokémon del joven, el dragón Haxorus.

Haxorus rugió, desafiando a su contrincante a dar lo mejor de sí y demostrándole que él no le temía en absoluto. Volcarona debió de entenderle porque comenzó a mover las alas mucho más rápido y a mirarlo más fijamente. Iba a ser una pelea de grandes, pensaba Cheren, pero sólo el mejor ganaría. El entrenador pretendería ser él, mas nada estaba del todo claro. Para empezar, Haxorus tenía una evidente ventaja por ser de tipo dragón: el Sofoco del Sol le afectaría lo mínimo. Zumbido e Hiperrayo serían otra historia, y Cheren pretendería evitarlos lo máximo que pudiera, contando con la suerte de que la ejecución de Hiperrayo requería descansar un turno.

-¡Haxorus, utiliza Surf!

Aunque en el campo de batalla no había agua por ninguna parte, el Bocahacha hizo aparecer una ola gigante de varios metros de altura por encima de él. La ola se dirigía peligrosamente hacia el bicho-fuego, quien se mostraba impasible ante tan poderoso ataque, el cual podría llegar a ser mortal.

-¡Danza Aleteo!- ordenó Mirto tajantemente.

Volcarona batió las alas a una velocidad vertiginosa a la vez que daba una vuelta sobre sí mismo. Casi a un instante de impactar el Surf de Haxorus, el Volcarona escapó de la ola volando sobre ella con suma rapidez. Ahora el Sol parecía mucho más fuerte y veloz, con ganas de luchas, con ganas de vencer. Cheren se intimidó ante la visión de tener cerca a Volcarona a su pokémon, por lo que le mandó alejarse un par de palmos., los suficientes para ejecutar un Avalancha que fue golpe directo contra su oponente. Volcarona gimió de dolor pero se repuso rápidamente. Su suave pelaje blanco estaba ligeramente manchado de sangre, debido a la ventaja del ataque.

Cheren aprovechó el momento para realizar un nuevo Surf. Mirto no se vio engañado y mientras Haxorus lanzaba la ola gigante contra él, el bicho-fuego usó Zumbido. El dragón estaba demasiado ocupado controlando su propio ataque y le fue imposible esquivar de manera alguna la acción ofensiva. Cayó de espaldas con un rugido pero aún le quedaban fuerzas. Volcarona volvió a la carga, realizando otro bello Danza Aleteo que aumentó mucho más su Velocidad y, además, subió su Ataque Especial de manera que recuperó sus fuerzas perdidas en el Sofoco anterior. Cheren estaba frustrado, Mirto cuidó a ese pokémon a la perfección y no estaba cometiendo ningún fallo. Era todo un as. Tenía que acabar cuanto antes con el combate.

-¡Haxorus, ponte bajo Volcarona!- el Bocahacha obedeció y, con suma agilidad, para sorpresa de Mirto, logró agarrarse al cuerpo de su enemigo- ¡Avalancha!

Miles de rocas, grandes como meteoros, cayeron del techo del estadio. Volcarona no tuvo más remedio que quedarse inmóvil ante la posibilidad de verse aplastado bajo la lluvia de piedras. Cheren vio la victoria a un segundo. El Sol no podía maniobrar sin verse en peligro de ser derrotado, así que alguna de aquellas rocas impactaría en el pokémon. Su celebración tendría que esperar. Mirto no era conocido por ser derrotado muy a menudo. De hecho, sólo N y su amiga White habían conseguido tener bajo sus pies al Campeón de Teselia. Pero Mirto no quería otra mancha en su currículum.

-¡Volcarona, ponte panza arriba, ya!- le espetó justo cuando su pokémon iba a ser echo papilla por el Avalancha.

Volcarona obedeció y se quedó de frente a las rocas en plena caída, con Haxorus sobre su barriga y vulnerable a ser alcanzado. Cheren no pudo hacer nada para evitar que el dragón no recibiese de lleno el Avalancha. Haxorus fue aplastado por nada menos que tres piedras, y Volcarona había escapado a tiempo de la trayectoria del cuerpo del Bocahacha. Era muy rápido, demasiado. Todo se debía al Danza Aleteo.

-"Por el amor de Arceus, tengo que ganar"- se dijo a sí mismo en su cabeza, mientras Haxorus se incorporaba.

Intentó un nuevo Surf, pero con una sutil diferencia. La ola iba ligeramente torcida y Haxorus corría al lado de ella, blandiendo su hacha bucal hacia los lados. Mirto frunció el ceño, extrañado por la misteriosa estrategia que había tomado Cheren. Suponiendo que el entrenador quería atacar a Volcarona por ambos lados, éste obligó a su pokémon a esquivarlos hacia el flanco sin proteger. Cheren se echó a reír. Había caído en la trampa. La ola de agua se derrumbó sobre Volcarona justo cuando éste pasaba volando por el lado desatendido. El pokémon lo vio venir demasiado tarde y todo el torrente se le vino encima como un alud. Mirto gritó, desesperado, a lo que Cheren sonrió con triunfo.

-No creas que has ganado, jovenzuelo- le dijo el Campeón con sorna- ¿Sabes? He vivido mucho tiempo. Volcarona lleva conmigo desde que fue un Larvesta, y es una polilla dura de pelar. Te lo aseguro.

Las palabras de Mirto no eran fanfarronería. Cuando toda el agua se hubo desparramado por todo el estadio, Volcarona echó a volar de nuevo. No se encontraba en su mejor momento. Sus heridas se habían pronunciado y el cansancio en su respiración era evidente. Pero ahí estaba. Firme e imponente como en el momento en que salió de su pokéball. No obstante, un golpe más y estaría acabado ¡sólo un golpe más! Cheren tendría que arriesgarlo todo. No podía usar otra vez Avalancha y Surf, había gastado todas sus tácticas, además que la emoción le impedía pensar con claridad y Mirto estaría atento a ambos movimientos. Tijera X no acabaría con él. Quedaba Enfado. El riesgo estaba ahí, en la posible confusión. Volcarona seguía siendo rápido gracias a los dos Danza Aleteo ejecutados. Esquivaría alguno de los dos turnos de ataque. Pero era alcanzarlo una vez, y ya habría ganado. No había opción.

-Haxorus, Enfado- sentenció, con el temor en su voz. El temor de perder el ansiado título de Jefe de la Liga. El temor de no entrar en el Hall de la Fama. El temor de seguir siendo un "Don Nadie"…

El cuerpo de Haxorus se tornó rojo y sus ojos reflejaron el brillo de la furia y la ira. Bajo él, salieron chorros de energía granate que bailaron alrededor del dragón. Un denso humo gris comenzó a salir de su figura, envolviéndolo. La potencia del ataque era increíble. Haxorus estaba completamente rabioso, no sólo por el comando realizado sino por la frustración de no ser capaz de vencer a su oponente, a pesar de todos los ataques efectivos que había ejecutado.

Por su parte, Mirto no podía hacer otra cosa que esperar a que Haxorus accionase el movimiento. Si se acercaba, temía que el Bocahacha se terminara de preparar y golpease a Volcarona directamente, provocando una derrota segura. Un tercer Danza Aleteo fue generado. El bicho-fuego era más veloz que nunca.

Haxorus lanzó el rugido más poderoso de la batalla y con una explosión producida en torno a él, fue derecho hacia su preciado objetivo. Estaba encerrado en una gran capa de poder que chisporroteaba a cada paso que el dragón daba en su carrera que, en su carencia de control, era realmente vertiginosa. Los ojos de Haxorus volvieron a brillar con cólera cuando alzó un recio puño a la cabeza de Volcarona. El Sol lo esquivó con dificultad y se colocó tras él. Haxorus siguió atacando al vacío con todas sus extremidades hasta que logró caer en la cuenta de que su adversario había escapado. Se volteó, cada vez más fiero y rabioso, y pretendió morderlo con inquebrantables mandíbulas. Nuevamente, Volcarona lo evitó, pero esta vez una de las armas bucales le rozó el ala. El dragón pataleó otra vez al aire, ignorando que había perdido a su rival. El bicho-fuego usó Zumbido para quitárselo de encima y Haxorus voló hasta el otro extremo del campo de batalla. Se levantó con pesadez, con toda su figura temblando y con la cola gacha. Sus pupilas se movían de un lado para otro, sin poder fijarse a su enemigo con precisión. La pesadilla de Cheren se hizo realidad. Haxorus no había dado en el blanco y ahora estaba confuso.

-¡Volcarona, termina con Hiperrayo!

-¡Haxorus aprovecha para un último Surf! ¡Sé que puedes hacerlo!

El pokémon de Cheren logró entender la orden e intentando concentrarse lo más posible, creó otra ola acuática en dirección a un Volcarona cargando un impresionante rayo de energía dorada. Ambas criaturas iban a dar lo mejor de sí, dejarse el honor en aquellos dos definitivos movimientos. Cheren se olvidó de la confusión y lanzó el Surf. Mirto disparó el Hiperrayo, que retumbó como un trueno en las paredes de la sala. Las dos acciones ofensivas impactaron, pero una totalmente a traición. El estado confuso de Haxorus había sido más fuerte de lo que nadie hubiese predicho y las consecuencias se habían manifestado. El Surf cayó sobre el dragón a la vez que Hiperrayo golpeaba toda la masa de agua con Haxorus en su interior. No hubo más que decir o hacer. El Bocahacha estaba tendido en el suelo, inconsciente, empapado, agotado, con miles de magulladuras en su dura coraza. Sus párpados estaban siendo apretados con fuerza debido al sofocante dolor de los golpes de la batalla.

Mirto dijo algo que Cheren no escuchó y posteriormente Volcarona regresó a su pokéball. Entre tanto, el joven perdedor se encontraba en estado de shock, como si la propia confusión de Haxorus hubiese penetrado en él. No pudo sentir al Campeón aproximándose hacia él. El vacío que había agujereado su corazón le había aislado del mundo real, atormentándolo con el sabor de la derrota en su boca. Temblaba de la cabeza a los pies, descubriendo que todos sus esfuerzos, que todas sus ilusiones, se habían desvanecido en aquel preciso momento. Ya no quedaba más que hacer que marcharse de la Liga Pokémon, de ver pasar a los miembros del Alto Mando mientras se dirigía a la salida. Volvía a llevar el apellido de "Don Nadie". Guardó a su débil pokémon y salió del campo de batalla sin decir ni una palabra y antes de que Mirto le colocase una mano estimulante en sus hombros caídos. Cheren sabía perfectamente que le estaba dando la espalda a la entrada al Hall de la Fama, donde una máquina grababa tu nombre y el de tus compañeros con el fin de que todo el mundo te recordase para la posteridad.

-Lo has hecho francamente bien, Cheren- le felicitó justo en el instante en que Cheren cruzaba el umbral de la puerta- Todo esfuerzo se ve recompensado algún día- finalizó, pero eso último no llegó a oírlo.


El agua caliente de la ducha fue un fiel tranquilizante. Había llegado al Centro Pokémon de la Liga demasiado turbado por los acontecimientos previos. La Enfermera Joy le había aconsejado descansar mientras sus pokémon se recuperaban, captando, sin duda, su malestar mental. No fue a cenar, no fue a caminar. Simplemente subió las escaleras del establecimiento y se acomodó en su habitación. Decidió que un baño sería lo mejor. Estaba demasiado agarrotado y no podía pensar con claridad. El acierto fue innegable. El calor del líquido relajó sus músculos y despejó su privilegiado cerebro. Poco a poco fue asimilando el día de hoy y descubrió que ya nada le afectaba tanto como minutos antes. Pero, realmente, no quería darle muchas vueltas al asunto.

Una vez se hubo enjuagado la cabellera, Cheren salió de la ducha. No se preocupó de ocultar su desnudez. Al fin y al cabo, no había nadie más allí. Las estrellas brillaban etéreas en el cielo oscuro de la noche. Al horizonte, la silueta de la majestuosa Calle Victoria recortaba el paisaje. Cheren hizo una mueca de desagrado con los labios al recordar los meses que había estado entrenando allí. Tendría que volver a hacerlo. No obstante, no estaba dispuesto a recaer una vez más porque el hambre estaba llamando con avidez a su estómago. Cogió sus cosas y salió corriendo hacia el comedor. El olor de la comida que se estaba ofreciendo en el buffet libre inundó su nariz.

El comedor estaba lleno. Apenas había mesas libres y los manjares comenzaban a escasear. Cheren se apresuró a coger un plato y a echarse en él todo cuanto podía. No importaba cuánto fuese la cantidad, se la iba a comer sin dejar ni una miga. Las punzadas de hambre en su tripa eran dolorosas. Consiguió sitio cerca de las ventanas que constituían un bello mirador de todo el recinto de la Liga Pokémon y sus alrededores. Cheren apenas se había fijado cuando se sentó y empezó a devorar un muslo de pollo de los seis que había cogido. Ensimismado en su tarea, ni siquiera se percató del alboroto que aumentaba en el lugar debido a que más y más gente iba llegando. Estaba acabando de mordisquear una suculenta mazorca de maíz untada en mantequilla cuando escuchó a alguien disculparse. Con las mejillas hinchadas, el entrenador se giró hacia el origen de la voz.

-¿Estás comiendo solo?- preguntó con cortesía una dulce muchacha de ojos azul-grisáceos, finos labios y pelo castaño.

Cheren se avergonzó de su supuesta apariencia y se limpió como pudo con la servilleta de papel. La dejó echa un cristo, impregnada de grasa y jugos.

-Sí- respondió, seco, como acostumbraba responder él.

-¿No te importaría dejarme cenar contigo? Es que está todo lleno- el color salió a bailar en sus mejillas. Su pecho estaba ligeramente encogido. Agarraba un plato con ensalada y dos muslos de pollo. No era un festín. Cheren dudaba de que aquello calmase el hambre.

-No

La chica profirió una exclamación ahogada y se colocó en la esquina opuesta de la mesa cuadrada. Cheren no se molestó en prestarle atención pero le molestaba en tener que recatarse por educación delante de ella. Estaba siendo feliz engullendo con voracidad. Su angustia volvió a amenazarle con estallar dentro de sus pulmones ¿es que no podría estar tranquilo ni cinco segundos, por Arceus? Giró su cabeza hacia la muchacha. Parecía muy inocente, invalida, insegura, tímida. Le recordó a White, pero no por las similitudes sino porque su amiga era todo lo contrario a ella a primera vista: valiente, decidida, firme y a veces un poco informal. Un pinchazo de nostalgia le invadió. Echaba de menos a White e incluso a Bel…Hacía siglos que no las veía, a sus colegas, desde que eran niños.

-¿Cuál es tu nombre?- curioseó con toda la normalidad del mundo. Al menos tenía el derecho de saber con quien compartía el mantel.

La chica terminó de picotear la lechuga chorreante de aceite y vinagre y respondió:

-Me llamo Diana- respondió con un hilo de voz- Tú eres Cheren ¿verdad?

-Sí ¿cómo lo sabes?

Diana no contestó esta vez. Se concentró en la lechuga que estaba picoteando y dejó la conversación en un silencio que sólo era roto por el barullo de los residentes mientras cenaban. Cheren la miró de arriba abajo y, cuando estuvo convencido de que su compañera no iba a decir nada más durante toda la noche, la ignoró y contempló el hermoso cuadro nocturno que se alzaba tras las ventanas.