¡Hola! Me pasé un poco, en realidad, se suponía que lo subiera anoche. Pero me olvidé. :P Pido disculpas por eso, así que acá les traigo el capitulo que debía subir anoche. Es el capitulo uno.
Los personajes de la saga no me pertenecen, sino a SM. Personajes que no conozcan son míos al igual que la trama.
Summary completo: A sus siete años, Bella había presenciado como su familia se derrumbaba después de la desaparición de su hermano dos años mayor, Ethan. Diez años después, ella es una adolescente de diecisiete años completamente normal que dejó la gran ciudad para irse a vivir al pequeño y lluvioso Forks. Allí, ella conoció a sus mejores amigos y se enamoró de Edward Cullen. Pero, de repente, el pasado regresa para torturarla y ella se ve obligada a alejarse de sus amigos y el chico que ama.
Aunque Bella no estará sola, a pesar de alejarse de los únicos amigos que había tenido desde que había llegado a Forks, ella conocerá mejor a otro grupo de personas con los que no había tratado jamás. Ellos la ayudarán a recuperar a sus amigos y al chico que quiere, mientras crean un plan para vengarse de la causa de todos los males de Bella.
Superando el dolor
Capitulo uno: ¿Un normal y aburrido día de escuela?
Bella
Abrí los ojos poco a poco para poder adaptarme a la luz del día, pero casi me golpeó por eso. Aquí no había luz de sol. Aquí no había sol. Aquí no había calor. Aquí había solo lluvia, nubes, árboles y frío. Incluso hasta nieve cuando era invierno. Pero no sol.
— Como olvidarlo, esto es Forks — mascullé mientras apartaba las mantas de mí cuerpo de un tirón y me ponía de pie.
Caminé hacia el armario y tomé lo primero que encontré en él. Una blusa, un polerón marrón y unos jeans. Luego fui hacia la puerta de mi cuarto y salí de él para ir al baño por una ducha como todas las mañanas antes del instituto.
Tomé una rápida ducha y me vestí con la ropa que había escogido. Luego me pare frente al espejo observando mi rostro. Tenía unas ligeras ojeras y bolsas debajo de mis ojos y estaba muy pálida. Pero no había caso con eso, la última semana había estado con pesadillas y no había dormido mucho. No había nada que hacer.
Suspiré con resignación y comencé a acomodar mi cabello, pero este no quería colaborar demasiado por lo que lo até en una simple coleta y abandoné el baño.
Fui a mi cuarto de nuevo para tomar mi bolso y mi chaqueta.
Cuando llegué a la cocina no había nadie allí. Ni en la sala, ni en ninguna otra parte de la casa, suspiré de nuevo al notar que en el refrigerador, adherido con un imán con forma de un tomate, había una nota. La nota era de mis padres y decía que tenían que irse temprano debido a sus trabajos y sentían dejarme sola desde tan temprano.
Puse los ojos en blanco.
Eso era normal, y dudaba demasiado que ellos lo sintieran. Siempre era así desde que nos habíamos mudado a Forks. Y de eso había pasado ya un largo, largo tiempo. Aunque, en parte, los comprendía un poco así que no los juzgaba.
Además, eso me daba la libertad de hacer lo que me viniera en gana.
Tomé una manzana y luego caminé fuera de la cocina con mis cosas en mano, lancé la nota al cesto de basura cuando pasé junto a él y caminé hacia la puerta principal.
Apenas puse un pie fuera de la casa supe que no sería un buen día.
Otra vez estaba lloviendo, para variar. Aunque, no hay otra cosa que pase en Forks que no sean las constantes lluvias y días nublados. Alguna que otra vez, no más de cuatro veces al año, había sol. Pero era en contadas ocasiones.
Caminé hacia mi vieja camioneta roja, abrí la puerta del conductor y lancé mis cosas dentro mientras me subía cerrando la puerta detrás de mí. Puse la llave en el contacto y el trasto, como le decía de cariño, soltó un horrible gruñido mientras se ponía en marcha.
Conduje los pocos kilómetros que me separaban del instituto.
El instituto de Forks era uno de los edificios más grandes que había en el pueblo, además al hospital, por no decir el más grande. Al ser el único instituto en el pueblo, obviamente tendría que ser el más grande para que todos los chicos fuéramos allí y no hubiera problemas con el espacio.
Cuando llegué al instituto, estacioné mi camioneta junto a un carro negro y apagué el motor. Apoyé mi rostro en volante sin soltarlo y me quedé así unos minutos. No quería entrar a clases, pero no podía faltar ya que en un par de meses comenzaban los exámenes finales y no podía perder las lecciones tan pronto luego de las vacaciones de invierno.
Salté en mi asiento y me golpeé la cabeza contra el techo al oír unos golpeteos en mi ventana. Me sobé al cabeza mientras me volteaba a ver de quien se trataba solo para encontrarme con unos ojos esmeralda mirándome emocionados.
— ¿Qué sucede, Alice? — pregunté bajando la ventana hasta la mitad.
— ¡Hoy iremos de compras luego del instituto, Bella! — chilló con voz cantarina.
Puse mis ojos en blanco ante su emoción.
— ¿Otra vez? ¿No fuimos hace tres días? — pregunté con aburrimiento.
Ella me miro casi ofendida por lo que había dicho.
— ¡Por Dios, Bella! ¿Cómo puedes decir eso? — chilló histéricamente, como si hubiera dicho el peor de los insultos.
Si bueno, supongo que la había ofendido, pues ella era toda una apasionada por la moda y con mis palabras había dicho el peor insulto que podías decirle a alguien como ella.
— Como castigo iremos por ropa interior también.
Todo el aire en mis pulmones desapareció y comencé a sonrojarme cuando me percaté de lo que Alice había dicho. Y no precisamente por sus palabras, no, no me preocupaba ir a una tienda de lencería. Lo que si me preocupaba era que su hermano mellizo, el popular Edward Cullen, nos estuviera viendo y escuchando.
Bien, Alice era mi mejor amiga y yo la adoraba pero esto no lo olvidaría. Estaba segura que ella sabía muy bien que Edward estaba aquí y solo quería avergonzarme.
Edward y Alice Cullen eran dos de los chicos más populares del instituto. Eran hermanos mellizos e hijos del mejor doctor que yo haya conocido nunca. Venían de una familia rica y eran extranjeros. Eso volvía locos a los chicos de este pueblo. Además, ellos eran realmente guapos. En mi opinión, eran sus genes, porque todos los miembros de su familia a los cuales yo conocía eran igual de guapos.
Alice era una chica bajita, era delgada y pequeña. Sus facciones eran delicadas, con aspecto de duendecillo. Su piel era pálida, su cabello era corto, a la altura del mentón, de un intenso negro azabache con las puntas yendo en diferentes direcciones y sus ojos eran de un intenso verde esmeralda.
Edward por otro lado, era un chico bastante alto y atlético. Su rostro era muy perfecto para ser real. Pómulos salientes, mandíbula fuerte, nariz recta, labios redondeados, rojos y muy tentadores. Su cuerpo era... él era, en pocas palabras, como un Dios bajado del mismísimo Olimpo. Era esbelto, fuerte y musculoso. Era objeto de envidia para muchos y deseo para muchísimas más. Su cabello siempre iba desordenado y despeinado de una forma muy sexy y era de un extraño color cobrizo. Sus ojos, al igual que los de Alice, eran de un bello color verde esmeralda.
Me sonrojé furiosamente al notar su mirada sobre mi y recordar las palabras de Alice.
— Buenos días, Bella — me saludó con su muy atrayente voz de terciopelo mientras me regalaba una de sus sonrisas torcidas. Sin duda, mi favorita.
— B-Buenos días, Edward.
Sip, tartamudeé. Por si no lo habrán notado, si, estoy completa y totalmente enamorada del hermano de mi mejor amiga.
Mis ojos se encontraron de nuevo con los llamativos y hechizantes orbes esmeraldas de Edward y nos quedamos mirando unos cuantos minutos. Minutos que fueron interrumpidos por mí, en este momento, odiosa mejor amiga.
— Bueno, ¿ya terminaron de comerse con la mirada? Porque si es así, sería bueno que nos fuéramos a clases. ¿No creen tortolitos? — bufó fingiendo aburrimiento, aunque yo bien sabía que estaba todo menos aburrida.
— Es cierto, Alice, tienes razón — respondió Edward mientras yo me sonrojaba y volteaba para "tomar mis cosas". Cuando regrese mi mirada al exterior de la camioneta Alice ya se estaba alejando y Edward había abierto la puertezuela de la camioneta para mí.
— Gracias, Edward — dije avergonzada.
No es que odiara las atenciones que él tenia conmigo, es decir, ¿quién en su sano juicio lo haría? Pero tenía miedo de que alguna de sus locas fans nos viera y luego viniera a reclamarme. A veces podían ser algo aterradoras.
— De nada, Bella — me respondió con su magnífica sonrisa dejándome deslumbrada. Eso, definitivamente, tenía que ser ilegal. Él no podía simplemente ir deslumbrando a la gente por la calle como si nada y ni siquiera notarlo. ¿Cómo podía él no notarlo?
Caminamos hacia el edificio principal y nos detuvimos en el vestíbulo.
— Eh… entonces, nos vemos para el almuerzo — dije con nerviosismo.
Sip, el tenerlo cerca me ponía así y más nerviosa. Mi corazón latía con tanta velocidad que yo pensé que podría salir de mi pecho en cualquier momento.
— Claro, suerte con tus clases, Bella — en un inesperado movimiento, él se acercó y dejó un beso muy cerca de mis labios. Eso me dejó en completo shock y solo pude ver como se alejaba por el corredor hacia sus clases mientras yo me quedaba ahí, de pie y muy sorprendida.
Oh por dios, oh por dios, ¡OH POR DIOS! ¡Edward Cullen, el chico más popular de todo el instituto y de quien yo me había enamorado, acaba de besarme!
"Eso no fue más que un simple beso en la mejilla, no te hagas ilusiones" dijo mi conciencia con malicia le fruncí el ceño y la ignoré. "Sabes que ignorándome no ganaras nada" dijo con aburrimiento.
Ignorando por completo a mi conciencia caminé como en una nube hacia la clase de cálculo, que era mi primera clase del día. Iba tan distraída pensando en el beso de Edward que me tropecé y trastabillé varias veces camino al salón y terminé llegando tarde. Pero eso no me importó. Yo estaba en mi mundo perfecto, un mundo donde solo estábamos Edward y yo en un hermoso prado.
Por cierto, olvidaba presentarme.
Mi nombre es Isabella Swan, pero prefiero que me llamen Bella, tengo diecisiete años y estoy a un año y medio de graduarme del bachillerato. Vivo con mis padres, René y Charlie Swan, en una pequeña casa de dos pisos en un pueblito frío y lluvioso llamado Forks que se encuentra en el estado de Washington.
Tomé mis libros y me puse de pie de mi escritorio con una sonrisa en mi rostro.
¡Al fin era la hora del almuerzo! Ya tenía ganas de ver a los chicos, pero sobre todo, tenía ganas de ver a Edward.
Cuando salí del salón logré ver un manchón negro correr hacia mí. Un segundo después sentí unos delgados brazos rodear mi cuerpo y el aroma como de flores.
Era Alice, solo ella hacia esas cosas.
— ¿Qué sucede, Alice? — pregunté cuando se apartó de mi.
— Nada en especial. Solo estoy contenta. Hoy por fin, después de una semana, mi Jazzy va a poder almorzar con nosotros. Estoy tan molesta con ese maldito consejo de estudiantes. No entiendo porque Jasper se metió en eso, pero bueno. ¿Vamos a almorzar?
No sé como lo logró, pero habló todo en un solo aire y sin agitarse.
Asentí y luego nosotras caminamos hacia los casilleros para dejar nuestros libros, o al menos yo lo haría. En el camino a la cafetería ella me iba contando cómo es que sus planes con Jasper la última semana se habían visto truncados debido al "malvado" consejo estudiantil del cual Jasper era el presidente.
Jasper y Alice estaban saliendo desde hacía poco más de dos años, desde que nosotras habíamos entrado a tercero de bachiller. Habían estado "tonteando", palabras usadas por Alice, durante un año luego de conocerse hasta que, un día, por fin, Jasper tuvo el valor y le pidió ser su novia. Desde entonces ellos están juntos y son más que inseparables.
También me platico que Rosalie, la hermana gemela de Jasper, había decidido unírsenos en nuestra "tarde de compras", no programadas, por cierto, al haberse enterado que iríamos al centro comercial.
Cuando llegamos a la cafetería fuimos por nuestros almuerzos. Tomé un trozo de pizza, una coca cola y una manzana. Creo que tenía una rara obsesión con las manzanas. Me encogí de hombros mientras pagaba mi almuerzo y me encaminaba con Alice hacia la mesa que ocupábamos siempre.
Allí ya se encontraban todos. Edward estaba hablando con Jasper mientras Rosalie bromeaba con Emmett, el hermano mayor de Alice y Edward.
— Hasta que llegan, mis pequeñas hermanitas — grito Emmett abalanzándose sobre nosotras para abrazarnos. Alice y yo tuvimos que hacer malabares para no tirar nuestro almuerzo.
— ¡Emmett! — lo regañó Alice molesta.
— Lo siento, enana — se disculpo él con un puchero. Era gracioso ver a alguien como Emmett en esa clase de situaciones.
Emmett era alto, muy alto medía casi unos dos metros. Su cabello era negro, corto y rizado. De piel pálida y ojos marrones. Su cuerpo era musculoso, muy musculoso, como si fuera un levantador de pesas profesional. Tenía una apariencia intimidante, que se debía a su complexión física. Aunque en este momento parecía todo, menos intimidante ya que estaba haciéndole pucheros a Alice para que lo perdonara.
— Osito, ya la has fastidiado. Déjalo ya, ¿quieres? Lo único que lograras es enfadar más a Alice — intervino Rosalie.
Ella era más alta que yo, delgada y con curvas bien marcadas y estilizadas. Sus facciones eran finas y muy femeninas. Su cabello dorado caía en una cascada de ondas hasta la mitad de su espalda. Sus ojos eran celestes como el cielo, enmarcados por unas largas pestañas.
— Como tú digas, osita — dijo Emmett y obedientemente se sentó junto a ella como se lo había exigido con la mirada. Ella le sonrió y lo beso castamente en los labios.
— Tu sí que no cambias, Emmett — se burló de él Jasper mientras Alice y yo nos sentábamos con ellos en la mesa. Alice se sentó junto a él y yo me senté entre Emmett y Edward — Hola, cariño — dijo sonriéndole a Alice quien le devolvió la sonrisa con el mismo cariño.
Jasper era alto también, aunque un no como Emmett era musculoso también pero sin exagerar. Su cabello era de color miel y rizado, le llegaba casi hasta el mentón. Su piel era clara y sus ojos eran celestes. Era la persona más tranquila sobre la faz de la tierra, eso se los aseguro.
— ¿Cómo estuvieron sus clases?
Y así nos enfrascamos en una interesante conversación acerca de lo genial que eran las clases de cálculo del profesor Simmons, por favor nótese el sarcasmo en la frase.
Estuvimos conversando durante todo lo que duro el almuerzo, bueno, ellos estuvieron conversando ya que yo me encontraba más interesada en mirar furtivamente a Edward esperando que él no lo notara, pero claro que lo iba a notar, él no era tonto. Varias veces durante el almuerzo nuestras miradas se encontraron, él me sonreía, yo me sonrojaba y desviaba la mirada. Así estuvimos durante lo que duro el almuerzo y para el final de este me di cuenta que no había tocado mi almuerzo que estaba casi intacto.
Unos cuantos minutos después la cafetería estaba casi completamente vacía. Solo quedábamos nosotros seis y algunos chicos de primer año. Caminamos hacia la puerta de la cafetería y unos segundos después Emmett y Rosalie estaban alejándose por el pasillo mientras se alejaban tomados de la mano y nos saludaban con sus manos libres.
Le siguieron Jasper y Alice, ya que Jasper iría a acompañar a Alice a su clase de química y luego iría a la suya de física que estaba en el otro edificio, cosa que me pareció muy tierno.
— ¿Vamos juntos, compañera? — me preguntó Edward con una hermosa sonrisa cuando nos quedamos solos.
Oh, lo olvidaba, Edward era mi compañero de laboratorio en la clase de biología.
— C-Claro — respondí sonrojada.
Así, nos pusimos en marcha hacia el salón de biología.
Cuando llegamos al salón la mayoría de nuestros compañeros ya estaban en sus lugares. Cuando me senté en mi escritorio junto a Edward y la clase comenzaba a llenarse podía sentir una penetrante mirada sobre mi espalda.
Me volteé disimuladamente solo para confirmar mis sospechas. Se trataba nada más y nada menos que de Mike Newton, el chico más idiota y mujeriego de todo el instituto. Él vivía "compitiendo" con Edward, y digo "compitiendo" ya que siempre que él desafiaba a Edward en cualquier cosa terminaba perdiendo miserablemente.
Él notó mi mirada y me sonrió queriendo parecer, creo yo, seductor y yo me volteé rápidamente hacia la pizarra.
No entendía. De verdad que no.
¿Qué diablos le "llamaba" la atención de mi? ¡Desde que entramos al instituto no deja de perseguirme! Y ya son cuatro años. No entendió en todo este tiempo que yo no estoy interesada en él. Incluso cuando él estaba saliendo con alguien.
Bufé y rodé mis ojos justo en el momento que el señor Mason entraba al salón. Suspiré con alivio, ahora al menos libraría de verle la cara a Mike ya que siempre era la misma rutina.
Entrábamos a biología —que por suerte era la única clase que compartíamos— y me miraba largo rato, yo volteaba al sentir la su mirada y él me sonreía. Yo desviaba la mirada hacia la pizarra y rezaba porque no se pusiera de pie e intentara hablarme. Pero cuando eso pasaba, Edward me salvaba de mantener una conversación con él que durara más de un minuto y medio.
Volví a suspirar y decidí prestarle atención al profesor. No tenía que distraerme pensando en ese "acosador", como Rosalie y Alice lo llamaban, y perder clases. Muchísimo menos cuando estábamos tan cerca de los exámenes.
Al final del día estaba agotada. Luego de biología nos había tocado la clase de deportes que habíamos perdido días atrás cuando el profesor había faltado por estar enfermo. ¿Desde cuándo, me preguntó yo, hacen recuperar una clase tan inútil como deportes? Y no es por nada, pero yo, Isabella Swan, no soy la persona más coordinada del mundo y suelo tropezarme cada dos minutos. ¡Incluso podría tropezar, caer y romperme unos cuantos huesos caminando en una superficie plana!
Suspire con cansancio mientras abría mi casillero y tomaba mi bolso, cuando estaba a punto de cerrar la pequeña puerta de nuevo me encontré con un sobre blanco dentro del pequeño espacio. Eso me extraño ya que ese sobre no estaba ahí la última vez que había pasado por aquí, ósea hace una hora, antes de la clase de deportes.
Lo tomé confundida y extrañada. Primero pensé que no era para mí, pero luego vi que en la parte frontal tenia escrito "Isabella Swan" con una perfecta caligrafía que no reconocí.
— Bien, esto es extraño — murmure confundida. Mi conciencia se mostró de acuerdo mientras asentía. Vaya, hacía rato no la veía.
"Ábrelo ya y deja de dar vueltas" me regañó, rodé mis ojos pero hice caso.
Cuando abrí el sobre me encontré con un papel y otros papeles más debajo. Leí el papel que estaba al frente, con la misma caligrafía de antes.
Si te vuelves a acerca a Edward Cullen,
haré que todos los días te lleguen estos.
Eso era lo que decía.
Aparté el papel y decidí mirar lo demás que venía en el sobre junto a la nota. Aunque no hice realmente mucho con ellos cuando las lancé dentro del casillero de nuevo y las veía con lagrimas cayendo por mi rostro.
No podía ser.
Esto no podía estar pasando. Nadie sabía acerca de eso, muchísimo menos aquí en Forks. Y además, ¿cómo es que tenían esos recortes? ¡Solo había salido en las noticias de Phoenix! Sin contar con que Charlie se había encargado de que gran parte de esos periódicos desaparecieran cuando salieron.
Cerré el casillero horrorizada y corrí torpemente hacia el estacionamiento, tratando de no matarme en el intento y de que nadie me viera mientras intentaba detener mis lágrimas. Pero no podía. Esto era horrible.
Yo no podía entender como alguien, por más malvado y retorcido que fuera, llegara a hacer algo tan bajo por esto. ¿Solo para alejarme de Edward? ¡Era el colmo! Y jugar con un tema tan delicado y doloroso para mí. Era definitivamente algo demasiado bajo para cualquiera que yo conociera.
Llegué hasta mi camioneta, y por suerte no me encontré con nadie en el camino. Al menos nadie conocido. Me subí al trasto y lo encendí lo más rápido que pude, ya que con los nervios que me cargaba mis manos estaban temblando. Cuando salí del estacionamiento, mis lágrimas no se detenían por lo que decidí pararme a un lado del camino antes de terminar metida en un accidente de tráfico.
Lloré desconsoladamente mientras pensaba en alguien que pudiera saber de ese tema y, por sobre todo, que tuviera recortes de eso. De aquél suceso que yo había tratado de superar y que, con el tiempo, con el paso de los años y los pocos amigos que había hecho desde que habíamos llegado a Forks, había logrado aceptar.
¿Quién podía ser capaz de mandar fotos del día en que todo mi mundo, y el de mi familia, se derrumbó? Aquel día que lo perdí todo y que mi mundo quedo de cabeza luego de que mamá y papá me explicaran que Ethan se había ido y que era posible que no lo volviéramos a ver.
¿Reviews?
M.C Hale.
