Disclaimer: Los personajes de Katekyo Hitman Reborn! no me pertenecen.

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2

Impulsos

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Xanxus siempre había sido un hombre de impulsos.

Por eso, cuando se le antojó follarse a aquella niña tonta en medio de la biblioteca, simplemente fue hacia ella y atrapó sus suaves labios en un beso salvaje, demandante y furioso, sin importarle que fuera una molestia, protegida de Sawada ni la hermana de uno de sus Guardianes.

Quería dejarle bien en claro que, en su reino, era él quien ponía las reglas; que si se le antojaba follársela allí y en ese mismo momento, simplemente lo haría sin pedir su consentimiento. Porque para nada le interesaba lo que ella pensara al respecto.

Al principio de aquel salvaje contacto pudo sentir cierta resistencia de parte de aquella pequeña escoria, sacándolo de quicio; y estuvo a punto de soltarla, pues no estaba dispuesto a ensuciar su orgullo tomando a una mujer a la fuerza. No obstante, se olvidó de todo cuando la chiquilla intentó corresponderle, colocando las frágiles y pequeñas manos en su pecho, pero sin intenciones de apartarlo. Ese simple gesto envió una punzada de deseo a su parte baja, junto a una electrizante sensación de desconcierto.

Confuso, Xanxus la alejó de sí y la observó por un momento; su rostro se mostraba sorprendido sin embargo no había temor en él.

Chiquilla estúpida.

Kyōko le devolvió la mirada como si esperara aquello; como si deseara entrar en sus pensamientos, en sus recuerdos, sin una pizca de miedo, pero a la vez como si supiera que Xanxus podría destruirla con un solo dedo, aunque eso no parecía amedrentarla…Todo eso podía leer el líder de Varia en aquellos brillantes ojos, siempre curiosos y alegres, y fueron esos mismos ojos los que lo hicieron reaccionar; aquella combinación de adoración y necesidad, como si buscara en lo más profundo de su ser.

«Cree que en el fondo no soy el monstruo que soy… que estúpida» Pensó, riendo de su propia ocurrencia. Xanxus lo sabía. Sabía que si ella seguía buscando, se encontraría con toda la podredumbre que llevaba dentro; se daría cuenta de que en el fondo era aún peor de lo que jamás pudo haber soñado, pues él no era un príncipe azul como los que había en esos estúpidos libros que la veía leer con tanto entusiasmo. No. Él era una pesadilla; un demonio al que todo el mundo debía temer.

Casi sin pensarlo la jaló más hacia él, chocando salvajemente sus bocas una vez más. Entonces, ella separó los labios, dándole más acceso y colocando las manos en su cuello ahora. Eso, sin duda, fue el principio del fin

Xanxus rompió el contacto y la miró nuevamente. Sus labios estaban hinchados y entreabiertos, sus mejillas arreboladas y su respiración es muy irregular; y aun así, aquella mota de inocencia seguía bailando en esos ojos color miel. Y es entonces cuando el líder de Varia vuelve a arremeter contra ella, furioso, excitado como nunca antes y decidido a eliminar cada rastro de inocencia de aquel cuerpo que tan dócilemente se dejaba manipular. Y una mueca de superioridad apareció en el frío rostro del Vongola.

La besó otra vez con rabia, empujándola hasta que su espalda tocó la pared y friccionó su cuerpo contra el de ella, esperando que Kyōko finalmente se resistiera, pero no lo hizo. Ardido por aquella actitud, la tomó de la nuca y la obligó a profundizar el beso, mordiéndola al invadir su boca con su lengua y provocando que el sabor metálico de la sangre se colara entre sus labios. Ella se sobresaltó, pero ni aun así intentó separarse, cosa que terminó de robarle la poca cordura de la que Xanxus usualmente disponía.

«Maldita mujer. ¿Qué me ha hecho? Debí haberla matado cuando tuve la oportunidad» Pensaba con rabia, decidiendo pasar al siguiente nivel y hundiendo sus fuertes manos en la suave piel de aquella estrecha cintura, para acabar sujetando el firme trasero y alzarlo hasta que tuvo aquellas finas y largas piernas enrolladas a su cintura. Y sin dejar de arremeter contra aquellos labios la sacó de la biblioteca como si cargara un saco de plumas, caminando con ella a cuestas hasta que llegaron a su olvidada habitación, pues ya no se le apetecía tirársela en su entre su preciada colección de libros.

Apenas cerró la puerta con un pie, tiró el delgado cuerpo de la chica sobre la mullida cama sólo para ver su rostro una vez más, distinguiendo la sorpresa y la confusión en él, pero nunca miedo o rechazo. Eso sólo lo enfureció mucho más.

Aplastó su cuerpo con el suyo y exigió esos labios nuevamente. Y ella, de nuevo, no se resistió. ¡La escoria no se resistía!

Si ella no le temía, le enseñaría a hacerlo.

No por nada era el maldito líder de Varia.

Xanxus quitó aquel estorboso vestido de su camino y ella sólo se dejó hacer, como cuando la desnudó por completo mientras tocaba partes hasta entonces inexploradas del cuerpo de la joven, sacándole gemidos poco decorosos que hacían que el asesino sonriera con burla, deteniéndose de improvisto para observar aquel jadeante rostro adornado por un par de brillantes y ambarinas gemas, la respingada nariz, los delgados labios carmesí que dejaban escapar provocadores gemidos, que él había probado violentamente; el delgado cuello que bajaba hasta los hombros de la mujer, y más abajo sobresalían dos grandes y voluptuosos senos, en cuyo centro se erguían un par de rosáceos y grandes volcanes, que subían y bajaban al compás de su respiración. Y de pronto, la encontró irresistible.

Xanxus contuvo el aliento con enojo; la sangre se le subía a la cabeza y la excitación de su miembro fue inmediata, sin embargo, él seguía inmóvil, contemplándola. Su mirada continúaba recorriéndola. La estrecha cintura guió a las dos brasas ardientes que el Vongola tenía por ojos hacia la pronunciada cadera y más abajo, sonriendo con sarcasmo al notar que ella ya no tenía ese brillo de inocencia en la mirada. No. Había algo más, algo mucho más sucio y pecamiso en ella: deseo.

Oh, sí...La chiquilla deseaba que se la tirara; estaba retorciéndose de deseo bajo su cuerpo. Eso le causó gracia, y no se molestó en ocultarlo.

Por un segundo, Xanxus tuvo la leve impresión de que, quizá, después de todo bajo aquel manto de amabilidad e inocencia que la chiquilla siempre se cargaba, escondía una mujerzuela que sólo buscaba lo mismo que todas las zorras que se había tirado anteriormente, las cuales siempre juraban amarlo, como hacían con cualquier otro amante de turno. Sin embargo, extrañamente, eso se le antojó ridículo viniendo de aquella mujer incapaz de captar o tener segundas intenciones; y entonces, soltó una carcajada.

Kyōko lo vio reír y demostró sorpresa por primera vez; pero no dijo nada. Alzó una mano temblorosa hacia aquel perfecto y masculino rostro, mancillado por aquellas cicatrices que, aunque visibles, no le restaban belleza, y posó sus dedos allí con suavidad, suplicante, provocando que el líder de Varia arqueara las cejas.

Sí; la chiquilla se moría por sentirlo, y Xanxus lo sabía.

En cuanto él también se liberó de los confines de su uniforme, se acomodó entre aquellas piernas tan suaves como el terciopelo, y sin ningún miramiento se hundió en ella, arrancándole un auténtico alarido de dolor. El más placentero que Xanxus hubiese oído jamás.

Sintiéndose aún más excitado, cosa que demostró con un ronco y pesado jadeo, cerró los ojos con fuerza. Ella era pura, tan pura como la había imaginado. Y ahora era sólo suya.

Pobre de aquel imbécil, escoria de la humanidad, que se atreviera a tocar a aquella mujer después que él.

Xanxus había desvirgado a muchas mujeres antes, pero Kyōko Sasagawa no era como ninguna de las otras. Para empezar, no era una prostituta; o tal vez sí, pero hasta el momento no había manifestado intenciones de querer cobrar por sus 'atenciones'.

Se deshizo de esa idea al instante cuando volvió a concentrarse en aquel rostro sereno, pero que no podía ocultar una mueca de dolor, y notó algo inesperado en sus ojos ambarinos: ella se entregaba a él sin segundas intenciones, al parecer, con la ingenuidad propia de quien se entrega por amor y no simple lujuria…

Inesperadamente, Kyōko lo besó sin que estuviera prevenido. Xanxus se sintió confundido con las nuevas sensaciones que ella le causó con ello, sin saber si lo enfurecía, si le gustaba o si le inquietaba; lo que sí supo fue que esa mirada lo estimuló de sobremanera, sin llegar a comprender si eso era bueno o malo, y en ese momento decidió poseer a esa chiquilla tonta tantas veces fuera necesario hasta verse libre de su necesidad de saciarse de ella.

Eso se le antojo ridículo, pero excitante a la vez. Presa de la lujuria, su cadera comenzó a moverse sin control, hundiéndose sin piedad en aquella endemoniadamente estrecha cavidad

Xanxus volvió a sellar sus labios, profundizando aquel beso, devorando y recorriendo la boca femenina con su lengua, y ella intentó responderle de igual manera, mientras sus manos se encadenaban a su cuello y las de él se posaban en su firme trasero y pegaba aún más sus cuerpos, llegando mucho más profundo dentro de ella.

—Estúpida…mujer…— gruñía entre cada embestida, aferrándose con fuerza desmedida a aquel frágil cuerpo— Estás tan… estrecha… Basura…— diciendo eso sus ojos se clavaban en los enrojecidos labios de su ahora amante, y luego en su pecho, que subía y bajaba completamente agitado, el cual mancilló a su antojo, sacando más gemidos de esos dulces labios, haciéndolo sentirse más cerca del éxtasis— ¡Maldita sea!— gruñó, liberándose como un torrente dentro de ella al sentir como sus paredes aprisionaban su miembro, acabando ambos en un ronco gemido, sudados y agitados.

El líder de Varia volteó su cuerpo, llevándose el de la chiquilla con él para posarla sobre su pecho, quedándose así durante varios minutos, en silencio, acompasando sus respiraciones.

Xanxus, extrañamente, ya no sentía ira ni molestia por aquella mujer que ahora invadía su espacio personal.

Era curioso, pero sentía una arrolladora y desconocida calma envolverlo, llevándolo a un lugar hasta entonces inexplorado por él.

Era fastidioso y lo odió, por lo que, recuperando su actitud habitual, arrojó a la mujer lejos, tirándola de la cama, regodeándose en la expresión de desconcierto de la protegida de Sawada.

—Tú, basura— gruñó, lanzándole su vestido a la cabeza— Largo de mi habitación.

Kyōko pestañeó, cruzando los brazos delante del pecho, ofendida y un poco molesta, pero aun así no había odio en su mirada.

Con lentitud se puso en pie, deslizando la fina tela por su piel mientras Xanxus se ponía los pantalones y se servía una copa de lo que fuera, contemplando todo el tortuoso procedimiento de reojo, cabreándose con cada segundo extra que ella tardaba en cubrirse, llevándolo al límite de su casi inexistente paciencia.

— ¡Lárgate de una vez!— gritó, arrojándole el vaso de su mano y haciéndolo añicos contra la puerta.

Ella se sobresaltó y cerró los ojos por la impresión, pero en ningún momento demostró miedo.

—Lo siento— se limitó a susurrar, bajando las mejillas con un leve sonrojo en ellas.

¡Mocosa idiota! ¡Acababa de follársela a su antojo y ella se sonrojaba por algo tan estúpido!

Basura, escoria de la humanidad…

—Xanxus-san… cuidado. Puede cortarse— su suave voz era casi insultante, y su avasalladora amabilidad mucho peor que un golpe en el rostro. Xanxus separó los labios para, una vez más, echarla de su habitación, pero no dijo nada, no quería gritarle. Y la odió mucho más por eso.

—Déjalo así, mujer— bufó, tomándola del brazo para evitar que recogiera los restos de vidrios rotos y la sacó fuera a empujones, maldiciendo en voz baja con cada paso que daba.

No la quería cerca, mucho menos dentro de su habitación.

Sí… odiaba a Sasagawa Kyōko, y se encargaría de demostrárselo otra vez esa misma noche.

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N del A:

¡Éste fic no ha terminado!

Es la primera vez que escribo un lemmon sobre estos dos, así que entiendan las incoherencias…

Gracias por leer.

H.S.