Capitulo 1

La mañana empezaba a formarse en la capital inglesa, aquel día deparaba que algo bello iba a suceder; puesto que no siempre ocurría el hecho de que el día tuviera un exquisito clima.

Los primeros rayos del amanecer lentamente se colaron a través de las ventanas de diversas construcciones, pero sólo en una causaron los estragos necesarios para que un niño de aproximadamente nueve años despertara, aun siendo demasiado temprano para ello.

Su nombre era Anthony Edward Stark, y por nada del mundo le gustaba el hecho de madrugar, pero por alguna razón esa mañana desistió de emitir alguna blasfemia, decidiendo levantarse con buen ánimo. Cuando concluyó con la rutina de asearse, se dispuso a bajar a la primer planta de su casa y averiguar si de casualidad sus padres se habían despertado también, lo cual fue respondido de forma negativa; al notar que la mayoría de las cosas no mostraban alteración alguna, no había ninguna especie de ruido o movimiento que delatara la presencia de alguien.

—Madre. Padre. ¿Se encuentran aquí? —Anthony les llamó con voz prudente. De nueva cuenta, no había rastro de nadie— "¿Qué hora será?" —se preguntó, estirando la espalda como un gato para desperezarse— "Supongo que demasiado temprano —resopló—. Bueno, dado a que no tengo hambre, saldré un momento mientras se despiertan y mi estomago proteste por comida" —y así lo hizo.

Salió a la entrada para despejarse un poco la mente. A los pocos minutos, Anthony se encontraba caminando por la vereda de su calle, mientras contemplaba taciturno y pensativo el cielo, el cual se hallaba de un azul perfecto y con pocas nubes que dejaban el libre paso de los rayos solares. A pocos metros no muy alejados de su casa, su camino se vio interrumpido por el sonido de un automóvil, se trataba de un taxi que pasaba al otro lado de la calle. Al prestar más atención, Stark notó que el mismo aparcaba en aquella casa que hace unos días su madre había comentado se encontraba lista para recibir a una nueva familia.

—Vecinos nuevos —susurró el pequeño, y con curiosidad dirigió sus pasos hacia aquella vivienda de aspecto un tanto similar a la suya; con la intriga de ver si había algo bueno por descubrir.

Se detuvo cerca de la casa en un frondoso y ancho árbol para apreciar mejor lo que ocurría, sin estorbar del todo. Anthony vislumbró que del vehículo que había aparcado en la entrada salían los peculiares miembros de una familia. Primero descendieron los mayores. Notó que el sujeto que suponía se trataba del padre, portaba una vestimenta un tanto singular, era un tanto distinta a lo que había visto a lo largo de su corta edad; y eso que él se creía conocedor de la mayoría de las cosas, ahora dado cuenta que no era así. Sin embargo, quizás eso no fue lo que más le sorprendió, si no el hecho de que aquel sujeto llevaba un parche en su ojo.

—"¿Qué le habrá pasado a ese tipo?".

Dejó aquel pensamiento a un lado para poder llevar su atención a la siguiente persona que había bajado del vehículo. Se trataba de una mujer. Esa mujer de una belleza sublime, eso Anthony no lo pudo negar.

—"Es bonita, como mi madre" —pensó.

Tenía todas las facciones de una dama: sus ojos, su cabello, era algo grandioso de poder apreciar.

—Sí, es una mujer muy atractiva —añadió.

En aquel momento, los ojos de Anthony apuntaron hacia la parte trasera del vehículo justo en el momento en el que bajaban dos niños, uno era mayor que el otro. El mayor tenía el cabello de color rubio y el otro lo tenía de color negro. Los niños comenzaron a descargar algunas cosas del automóvil, junto con sus padres.

Cuando terminaron con la tarea, los mayores cogieron las últimas cosas que parecían pertenecerles y las metieron dentro de la casa. Entonces Anthony vio su oportunidad para acercarse.

Decidió dejar de esconderse detrás del árbol e iniciar su caminar plasmando una de sus características sonrisas. Llegó hasta donde se encontraba el auto mientras los hermanos aseguraban los compartimientos del mismo.

—Hola chicos nuevos —les saludó con tono burlón.

Al oír sus palabras, los dos niños voltearon hacia él y al advertir que se trataba de un niño con edad aproximada a la suya, el mayor reparó en la oportunidad de ganarse una nueva amistad en aquella ciudad a la que se habían visto obligados a vivir.

—Hola —respondió, correspondiendo a la sonrisa del menor de cabellos castaños con otra amplia y amistosa—, ¿cómo te encuentras querido amigo?

—Bien, gracias... ¿amigo? —contestó con algo de renuencia, pero conservando el júbilo por tener nuevos vecinos—. Y ustedes, ¿cómo están? —hizo mención, deslizando sus ojos cafés por cada uno de sus interlocutores.

Su nuevo amigo "el rubio" aún mostraba aquella expresión de innegable alegría en el rostro. Sin embargo al posar su mirar en el que Tony suponía era su hermano, noto algo completamente diferente dentro de sí mismo. No es que él fuera muy dado a la empatía, pero bien podía apreciar cuando no le caía en gracia a alguna persona, como ocurría en el presente caso. Anthony dejó pasar dolosamente saliva a través de su garganta al sentir aquella aura de completa antipatía que transmitía aquel niño; al estudiarla un poco se dio cuenta de que no sólo iba dirigida hacia su persona, sino que de igual manera hacia su supuesto hermano. Desconcertado Tony no supo qué hacer o cómo reaccionar, simplemente quedó prendado de aquella electrizante mirada esmeralda que le escudriña como si él fuera un micro-organismo bajo la lente de un microscopio, o algo peor. El pequeño de ojos cafés se olvido momentáneamente de todo, por un instante incluso llegó a no recordar su propio nombre.

A lo lejos Tony logró escuchar como si alguien le estuviera llamando, aunque su cerebro no reaccionó. De pronto sintió que era sacudido de forma enérgica, y tales movimientos fueron más que suficientes para sacarlo de su trance, tan sólo para encontrarse con un par de ojos azules que reflejaban un matiz de preocupación

—¿Te encuentras bien amigo? —cuestionó el niño rubio.

Anthony aún saliendo de su pasado estado de trance, calmo al rubio posando una de sus manos en su hombro y recuperando paulatinamente su positivo estado de ánimo. No obstante ninguna palabra logró salir de su boca.

Al percatarse de que el niño de cabellos castaños todavía no se recuperaba, el chico de ojos azules tomó la decisión de alejarse de allí durante un breve momento.

—Hermano, iré a dar un pequeño paseo con mi amigo —explicó llevando casi a rastras al chico—. No tardaré mucho en regresar— casi gritó esto último.

Puesto que ya estaba un poco alejado. Tony sólo se despidió con un cortés movimiento de mano.

—Como siempre… Me lo deja todo a mí —bufó molesto el niño de ojos verdes.

Mientras tanto, los nuevos amigos comenzaron a caminar por la acera en silencio, el mismo que no tardo en ser quebrado por el jovencito rubio

—Y bien, ¿cómo encuentras? —cuestionó éste todavía preocupado.

Para no preocuparle más de lo debido, Tony se apresuró a recobrar completamente la compostura.

—Me encuentro estupendamente, rubiales — contestó palmeándole el hombro—. Es sólo que ocurrió algo extraño, pero nada de qué preocuparse —y ensanchó su sonrisa.

—Me alegra escuchar eso —el oji-azul trató de mostrar aquel mismo sentimiento en su rostro, no obstante tenía plasmado otro; uno de desconcierto—. Oye, ¿me llamaste rubiales?

—Así es, es el apodo perfecto para ti; va contigo —Tony se sentía orgulloso de sí mismo por su ingenio; siempre se le ocurrían apodos geniales para las personas que conocía.

—Preferiría que me llames por mi nombre, el cual es Thor —vio como su amigo hacia una muestra de confusión—. Lo sé, mi nombre es inusual; y se debe a que nosotros provenimos de Islandia. Mis padres tomaron los nombres en honor a la mitología nórdica representativa de allí; es tradición familiar el tomar los nombres de ciertas deidades. Incluso mis padres tienen los nombres de dioses de la misma línea mitológica —Stark comprendió entonces la situación, pero no quiso profundizar más.

—Valla, es muy interesante. Ni siquiera sé de donde proviene mi propio nombre —indicó, riéndose—. Más tarde puede que investigue un poco sobre esa mitología. No es que no me guste indagar, sino que no soy dado a esa área; prefiero la ciencia. Incluso soy un genio en ese campo a mi corta edad —mencionó Tony con voz llena de satisfacción.

Ahora era Thor quien tenía el rostro lleno de asombro y dijo.

—No sé mucho de eso. Pero sé que ustedes los mu... —el rubio se tapó rápidamente la boca con ambas manos y tardándose unos minutos en recomponerse antes de pronunciar— Eh... Olvida lo que dije; no era nada. Qué te parece si pasamos a otro tema, por ejemplo: el mencionarme tú nombre —Thor comenzó a andar un poco más rápido, evitando la cara de confusión del castaño.

—Mi nombre es Anthony, aunque me puedes decir Tony; sin embargo ese no es el punto ahora —corrió hasta estar enfrente de el rubio, con el fin de detenerlo—. Tú me ocultas algo, así que dime que es —demandó Anthony obstaculizándole el paso con los brazos cruzados.

—Lo siento Tony, pero es algo de lo que tengo prohibido hablar —Thor desvió la mirada para no sentir el peso de culpabilidad. Entonces, Anthony reaccionó.

—Mmh... Comprendo. Sé que es algo que debes mantener en secreto. Sí... Entiendo completamente —suspiró Tony de forma afligida bajando la mirada. Con este gesto, un contrariado Thor se dio por vencido.

—De acuerdo, te lo diré; pero es algo bastante confuso, y sobre todo nadie debe de saberlo —inhalo profundo—. Soy... —entonces realizó una considerable pausa.

—¿Eres...? —inquirió Tony impaciente

—Soy... un...

—¡Anthony! —le interrumpió de pronto una voz a lo lejos.

—Diablos. Me tengo que ir —señalo Tony—. Es mi madre la que me llama.

Por un momento Thor olvido lo que iba a decir para proceder a buscar a la madre de su reciente nuevo amigo, suponiendo se trataba de la muy bella mujer que se encontraba no muy lejos de en donde ellos estaban parados. La mujer al ubicarlos, camino en su dirección.

—Anthony, ¿dónde estabas? Nos tenías muy preocupados —inquirió la mujer con un tono de suma preocupación. Al llegar junto a su hijo lo abrazo fuertemente—. No se te ocurra hacer algo así de nuevo, Anthony Edward Stark.

—De acuerdo mamá, no lo haré —dijo este un tanto incomodo con la situación

Una pequeña risa se escuchó, y la madre de Tony se percató de la presencia del otro niño.

—Hola pequeño. ¿Eres amigo de Anthony? —preguntó la mujer con una sonrisa, sin soltar del todo a su hijo.

—Así es señora. Mi nombre es Thor. Un gusto conocerla —el pequeño realizó una especie de reverencia pequeña.

—Valla. Pero qué joven tan educado. Deberías aprender un poco más de éste pequeño Anthony —Tony bufó en desaprobación—. Bueno, eso después lo veremos. Nos tenemos que retirar, Thor. Sí lo prefieres puedes acompañarnos a tomar el desayuno, estás plenamente invitado —la mujer anunció sonriéndole al niño de ojos azules.

—Lamento tener que rechazar su propuesta, señora; pero apenas nos acabamos de mudar. Tengo que ir a ayudar a desempacar y dejar la casa en buenas condiciones.

—No te preocupes pequeño, lo entiendo completamente. Son más que bienvenidos tú y tu familia a este lugar, y date por asegurado que en algunos días iré a visitarles y darles la bienvenida de manera adecuada a tu familia.

—Gracias señora. Y ustedes serán muy bien recibidos en la mía —Thor volteó a ver al castaño—. Nos veremos en otra ocasión Tony. Hasta pronto —estaba por retirarse cuando Anthony detuvo su andar.

—Espera, Thor —le dijo—. Aun no hemos terminado con aquel tema. Para la próxima espero una explicación.

—Adiós Tony —. Repitió Thor y giró hacia la madre de Anthony— Nos vemos después señora...

—María Stark. Para ti puedo ser María. Sí lo prefieres.

—De acuerdo... María —mencionó el niño para después retomar su camino.

Cuando el pequeño de ojos azules ya no fue visible, María pasó su brazo sobre los hombros de su hijo.

—Tú y yo jovencito, tendremos una larga charla —le reprendió mientras juntos emprendían el trayecto a su casa.