-Capítulo 2-

Intento de captura

Cuando salió de su pueblo, Alejo pensó que no lograría alcanzar a Juanber antes de llegar a Ciudad Símil, pero se equivocaba.

La Ruta 23, llamada Camino Soleado, era un lugar que hacía honor a su nombre. Bajo los crueles rayos solares, el amigo y rival de nuestro protagonista intentaba, sin éxito, capturar a un pequeño Pokémon con forma de cachorro de zorro. Según la Pokédex de Alejo, la criaturita en cuestión se llamaba Eevee, y su especie era Evolución. Por alguna razón, a excepción de su peso y altura (datos que consideraba irrelevantes), el resto de la información, como su nivel y sus movimientos, no aparecía.

Con todo, no era eso lo más preocupante de la situación.

—Juanber… Sabes que para atrapar un Pokémon tienes que debilitarlo primero… ¿no?

La expresión de su compañero le dio su respuesta.

—Ya veo… Bueno, pues nada. ¡Froakie, Burbuja!

La rana azulada obedeció la indicación de su entrenador y, concentrando agua en sus manos, liberó el torrente de burbujas que se correspondía con el movimiento ordenado.

Juanber ojeó su Pokédex, no para ver los datos de su rival, sino para consultar el progreso del combate. Alejo hizo lo mismo.

—Sólo le quedan dos puntos de vida… —murmuró— Ahora deberías poder capturarle.

El más alto asintió en señal de entendimiento y, pulsando el botón central de su Poké Ball, la lanzó sobre el Eevee salvaje, que se tambaleaba de a un lado a otro débilmente. Sin embargo, en lugar de absorberle, la esfera captora rebotó en su cabeza y cayó al suelo, sin activarse.

—Qué raro… Ahora debería haberlo atrapado, ¿no? —comentó Juanber rascándose la nuca.

—Sí, deberías…

—Quizá eso se deba a que ese Eevee no es un Pokémon salvaje —dijo una voz a sus espaldas.

Ambos entrenadores se giraron, sólo para encontrarse con un joven algo mayor que ellos de piel bronceada, cabello castaño peinado en una especie de cuerno y ojos color miel. En contraste al color marrón que predominaba en su físico, su vestuario carecía casi en su totalidad de color: su sudadera era de color blanco y sus pantalones, negros.

La pequeña criaturita anadeó hasta donde estaba el recién llegado. En cuanto llegó, se desplomó a sus pies. El castaño lo recogió y le acarició el pelaje con ternura.

—Veréis, chicos. Este Eevee es mío. Lo siento, tengo la mala costumbre de dejar libres a mis compañeros por esta ruta, aunque no es común que los entrenadores locales los confundan con Pokémon salvajes. ¿Acabáis de empezar vuestro viaje?

—Sí… —admitió Alejo.

El desconocido sonrió.

—Ya veo. Entonces, ¿a dónde os dirigís? Si puedo preguntar.

—A Ciudad Símil. Me gustaría retar al gimnasio local.

—Ya veo… Pues os advierto de que necesitaréis más de un Pokémon para retar al gimnasio. Al menos, os convendría tener más de uno.

El chico de ropas monocromáticas les explicó que los líderes de gimnasio son entrenadores fuertes con equipos numerosos, por lo que enfrentarse a ellos con un solo Pokémon complicaba aún más el reto.

—Es decir… Que tenemos que atrapar algún Pokémon más… —concluyó Juanber.

—En efecto, así es —confirmó el desconocido—. ¿Por qué no tratáis de capturar alguno en esta ruta?

Alejo sonrió en señal de agradecimiento.

—Eso haremos, gracias.

El chico asintió con la cabeza, y posteriormente se despidió de ellos, tomando la ruta en dirección a Ciudad Símil.

—Bueno… Entonces, ¿tú qué vas a hacer? ¿Desafiar al gimnasio?

Juanber se encogió de hombros.

—No creo. De momento, me limitaré a viajar y a hacerme más fuerte. Quizá así encuentre un objetivo.

—¿Planeas viajar por toda la región sin un objetivo fijo? —rió ligeramente Alejo— Típico de ti.

El otro sonrió.

—Supongo que sí. Bueno, pues entonces me iré adelantando. ¡Suerte con las capturas!

Ambos chicos chocaron sus manos y, moviendo su mano, Juanber desapareció entre los árboles.

Alejo extrajo una Poké Ball de su bolsillo y la hizo girar en la palma de su mano.

—Vamos a ver… ¿Qué tenemos por aquí?

El chico se metió en la zona de hierba más alta. Era espesa y llegaba hasta sus tobillos, lo que le dificultaba caminar. Con paso lento y cuidadoso, se desplazó entre la maleza, en busca de algún Pokémon salvaje.

Entonces lo oyó. Era un sonido agudo y casi etéreo, que recordaba al gruñido de alguna bestia sagrada. Alejo lo siguió, intrigado por saber qué podía estar emitiéndolo. Lo que vio le dejó fascinado.

Era una pequeña criaturita de color lila y rosa, sin piernas y con dos grandes cuernos grises sobresaliendo a los laterales de su cabeza, de los cuales colgaban dos enormes anillos dorados. Sus bracitos flotaban alrededor de su cuerpo, sin estar directamente unidos a él.

El extraño ser contempló a Alejo por unos segundos con sus enormes ojos verdes y amarillos. Después, fijó su vista en la Poké Ball en su mano. Se llevó sus pequeñas manos a su boca y, emitiendo de nuevo su extraño sonido en lo que parecía ser una risotada, descendió hacia el suelo y desapareció a través del mismo.

Alejo, sorprendido por haber visto a tan extraña criatura, se quedó boquiabierto. Cuando ésta desapareció, parpadeó un par de veces, y entonces reaccionó. Había estudiado a las diferentes especies de Pokémon que habitaban la región, y jamás había visto o escuchado nada de la existencia de una con esas características.

"Aún así, será mejor que centre en capturar alguno que sí conozca", pensó.


—¡Charmander, usa Ascuas!

En un rápido movimiento, el pequeño reptil giró sobre sí mismo y, sacudiendo la cola, liberó desde la llama de la misma algunas pequeñas chispas que impactaron sobre el cuerpo del Pokémon salvaje: una pequeña criaturita humanoide de color blanco, cabeza verde y dos cuernos rosados.

El Ralts juntó sus bracitos sin manos frente a su cara y, formando una pequeña esfera blanca, comenzó a liberar múltiples ondas semitransparentes de muchos colores. Charmander se llevó las manos a su cabeza, dolorido, y se postró de rodillas.

Alejo dirigió su vista a su Pokédex.

—Confusión, ¿eh? —los Puntos de Salud con los que el indexador medía el grado de consciencia de su Pokémon se habían reducido ligeramente. En cambio, los del Ralts ya estaban casi a cero— Supongo que ya es el momento.

El pelinegro guardó la máquina en su bolsillo, extrajo una Poké Ball de uno de los muchos compartimentos de su bolsa de viaje, y pulsó el botón en su centro. La esfera captora dobló su tamaño y comenzó a temblar. Alejo, con un preciso movimiento, la lanzó hacia el Pokémon salvaje. Cuando el proyectil impactó contra su cabeza, se abrió, liberando una fuerte luz blanca que absorbió a Ralts al interior de la Poké Ball.

La esfera rojiblanca tembló un poco. Alejo estaba tenso, no sabía si eso significaba que el Ralts se iba a escapar, o si todo iba bien. Tembló de nuevo. Ya iban dos veces, el chico se mordió el labio inferior. Una tercera. El pelinegro no podía con la tensión que estaba sintiendo. Cuando pensó que iba a dar otra vuelta, o a romperse y liberar a la blanca criaturita, la Poké Ball liberó un pequeño destello y se detuvo totalmente. Entonces, la Pokédex vibró en su bolsillo.

La consultó.

—Ralts; especie: Sensible; tipo: Psíquico-Hada; nivel: 4; peso: 6,6 kg; altura: 0,4 m; habilidad: Sincronía; movimientos: Gruñido, Confusión —leyó—. Así que está al nivel 4… Tendré que entrenarlo un poco si quiero desafiar al gimnasio con él. Por otro lado…

Alejo cambió de página. Charmander había subido al nivel 10 y había aprendido Pantalla de humo. Al menos, por el lado de su amiguito anaranjado ya había terminado.


El leoncito marrón se desplomó sobre la hierba, debilitado. Haciendo uso de sus últimas fuerzas, huyó para ocultarse en algún lugar del bosque hasta recuperarse. Alejo le echó otro vistazo a su Pokédex.

—Nivel 10 —se dijo—. Gruñido, Confusión, Doble equipo y Teletransporte. Debería ser suficiente. ¡Ralts, vuelve!

Rodeado por una luz blanca, el pequeño humanoide regresó a su Poké Ball. Alejo la colgó de su cinturón y, saliendo de la hierba alta, tomó el camino de tierra hacia Ciudad Símil, donde desafiaría y derrotaría al líder de gimnasio.

Sin embargo, algo, o mejor dicho, alguien, se interpuso en su camino.

Era un hombre de altura prominente. Vestía un traje negro y una camisa blanca, y llevaba unas gafas de sol negras cubriéndole los ojos. Su pelo, también negro, estaba peinado hacia atrás. Parecía un auténtico mafioso. Sonrió con autosuficiencia.

—Chico, te he estado observando… Eres bastante bueno entrenando Pokémon… Dime, ¿te interesaría unirte a nuestra causa?

Había algo en ese hombre que infundía temor sobre Alejo. Dio un paso atrás, temeroso.

—¿Quiénes sois?

—Oh, ¿no has oído hablar de nosotros? Somos el Team Noir.

Al escuchar ese nombre lo recordó. Noir era el nombre de una gran empresa que operaba en Spalis, su región. Se trataba de una compañía de políticas agresivas que controlaba la construcción de todo tipo de edificaciones oficiales orientadas al mundo de los combates Pokémon, como gimnasios, centros Pokémon, e incluso la sede del Alto Mando. ¿Por qué intentaban reclutar a un adolescente?

—Estoy seguro de que una empresa como Noir no quiere a un chico sin preparación trabajando en ella…

El hombre le dedicó una sonrisa socarrona.

—Noir no, Team Noir. Somos una división especial de la empresa… La que se encarga del trabajo sucio, por así decirlo.

El joven tragó saliva.

—Ya veo… Pues entonces, lo siento. Me temo que no estoy interesado.

El hombre le tendió una mano, como si esperara que le dieran algo.

—Entonces, dame tus Pokémon.

—¿Cómo? —Alejo se quedó congelado.

—Como lo oyes —reafirmó el hombre de negro—. Necesitamos muchos Pokémon para lograr nuestro objetivo. Y los tuyos tienen una buena base. Además, si no nos los das…

Chasqueó los dedos. Otros tres hombres con su mismo uniforme salieron de la maleza, rodeándole. Los tres sostenían sus Poké Ball con fuerza frente a él, como si le estuvieran amenazando.

—Por muy bueno que seas, no podrás con los cuatro —dijo el que tenía a su derecha.

—Ríndete, chico.

Los tres misteriosos hombres liberaron a sus Pokémon. Las tres criaturas tenían forma de murciélago, pero cada uno era diferente de los demás. Uno carecía de ojos y tenía una boca enorme con dos colmillos, otro tenía forma esférica, era azul y su nariz parecía un corazón. Tampoco tenía ojos visibles. El tercero era púrpura y tenía unas orejas enormes.

El desconocido que tenía en frente, el que había hablado con él y no había liberado ningún Pokémon, fue el que dio la orden.

—¡Zubat, Noibat! ¡Supersónico! ¡Woobat, Confusión!

Los tres murciélagos se dispusieron a liberar sus respectivas ondas, pero de repente…

—¡Shuckle, protección!


Fin del capítulo 2!

The Nova 6: Bueno, no va a tener un humor constante, pero sí más de un toque cómico con mayor o menor frecuencia. O así lo intentaré ^^. Con respecto a la historia, sí, irá en la línea de un juego de Pokémon común y corriente, pero trataré de darle un toque más… maduro en ciertos aspectos.

Chuuny: Gracias por todas las anotaciones, de verdad. Voy a seguir tu consejo y aumentar el nivel de narración todo lo que pueda (aunque meto muchos diálogos por manía, así que no esperes un cambio repentino), y trataré de darle un sentido al tema de los PS y el nivel de forma que se asemeje bien a los juegos, y a la vez tenga algo más de realismo. Ya me dirás cómo lo ves. Con respecto a Froakie, pensaba darle la habilidad Torrente, de hecho, pero gracias por el aviso. Y, por cierto, los iniciales Charmander y Froakie no fueron exactamente decisión mía. Es algo largo de explicar, así que si quieres más detalles, puedes preguntármelo por mensaje privado. Perdón por las molestias. ^^U Ah, cierto! Con respecto a las líneas, las seguiré usando como medida temporal, hasta que se me ocurra una forma de marcar un cambio claro de escena o un salto temporal sin cortar el ritmo. De nuevo, gracias.

Lo dicho, si alguien quiere mandar algún OC para el fic, es libre de ello, por cierto.

Desquiciados saludos de un humilde loco más.